Jinetero,... ¿y qué?

Fidel y los frijoles mágicos

Con un sueño en las manos llegó venido de la loma. Traía la esperanza de millones de cubanos. Desgatados los ánimos por una guerra, afectados hasta la médula de tanta tiranía, tanta corrupción multiplicada, pero con ganas de hacer algo al fin que valiera la pena por ellos mismos y por sus hijos.

Llegó cuando mis padres eran aún mozos.

Vio entonces mi padre que sus hijos, sus negros hijos, tenían oportunidades que él no tuvo. Y vio que sus miedos se disolvían con el tiempo. Y puso su alma junto a la de este Mesías.

Y vio mi padre que era bueno

Y era mi madre una de las negras más hermosas de La Habana cuando pudo continuar hasta terminar su carrera en una nueva universidad reabierta para todos. Y vio allí, sentaba a su lado, al hijo del Director de Banco Nacional y pudo incluso esta moza pobre hablarle de tú a tú. Y su sueño de dedicarse a la enseñanza estaba a la vuelta de la esquina.

Y vio mi madre que aquello era bueno.

Y se conocieron y hablaron de unir sus vidas y de hijos por venir en un lugar muy diferente en el que ellos mismos habían crecido. Y diéronse juntos a la tarea de echar el alma por construir un país nuevo para sus sucesores…

Y fundieron sus sueños con los de la tierra, de hecho sólo había que poner algunas cosas en su sitio y seguir adelante.

Y aún en los momentos más difíciles, siguió ella sembrando amor en su escuela y él al timón de una ruta de guaguas habanera. Diéronle ambos un voto de confianza al timonel.

Pero el camino se hizo largo, muy largo, lo que parecía a la vuelta de la esquina se alejaba y aún cuando se decía una cosa en los discursos el mundo nos pasaba por el lado. Un día se preguntaron si avanzaban en círculos o alguien malintencionado había tornado en medio de la noche el timón de la nave y nos dirigíamos ahora al principio de los tiempos. Y preguntaron sus dudas de buena fe. Y alguien se ofendió por la falta de fe en la Dirección. Ellos sabían lo que hacían, ellos debían, ellos tenían que dormir confiados...

Y tiempo después, en medio de las tensiones del día, en medio de la ostentación de las doctrinas cuando llegaban a casa tenían ellos, mis padres, las mismas preocupaciones de antaño sus padres, mis abuelos.

Y cuando fue su primogénito hijo a Angola no lo entendieron. ¡Como es eso, con tanto por hacer en casa! Y aún así confiaron en quien les daba fuerzas para seguir en la tarea de.. ¿construir? el país.

Y las dudas se multiplicaron, mientras los panes y los peces desaparecían de la vida cotidiana…

Y ya con algunas canas y media vida de experiencia comprendieron ellos que habíamos tomado el camino equivocado, o elegido mal los enemigos. Y con terror veían a sus hijos dirigirse hacia el pasado que ellos trataron de evitarles. Y las imágenes de su niñez se hicieron presentes. Mi padre tuvo pesadillas cada vez más seguidas. Veía a sus hijos como él gritando al borde del tranvía: !Señor regáleme el ticket! y al otro más pequeño rogar al gallego que les fiara un kilo de harina...

Y vio la pareja a sus hijos marcharse uno tras otro en busca de nuevos aires allende los mares. Y no lloraron, suspiraron felices por su suerte. Fueron felices de verles tomar un atajo bueno para sus nietos. Porque ellos, sus nietos, no tendrían que esperar un millón de años como ellos para ver la luz al final del camino.

Y mientras sus nietos juegan en la nieve, ellos los añoran y mi madre teje abriguitos que no cubrirán los cuerpecitos de sus nietos. Y en la distancia oran por ellos y la abuela pregunta cuando vendrán por casa para cocerles dulces los fines de semana.

Y vieron mis padres que sus nietos no son los únicos desarraigados. También los de la vecina, los de la otra cuadra, los del primo de Santiago, los de Margarita la doctora…

Hoy mi padre nos mira desde alguna lápida en Colón, el barrio al que vamos a parar todos. Ella, mi madre se sienta en su gastado sillón donde durmió a sus tres hijos, donde no pudo mecer a sus nietos; frente al TV donde el ya gastado Mesías le explica a ella, abuela y madre, como hacer frijoles. Pretende explicarle a ella, autora de miles de frijoles mágicos en cumpleaños y bodas, como mejorar los mejores frijoles de La Habana…

Y apagó su TV, porque ella ya había oído demasiadas veces hablar de frijoles mágicos con los que construiríamos el socialismo…

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