Jinetero,... ¿y qué?

Un Lumpen patriota

La gente de mi barrio era de pinga, en na´ formaban un brete, una fajazón o un güiro que se acababa a las 6 de la mañana bailando sobre el muro del malecón. Eso sí, allí los hombres son hombre a to´, los amigos son amigos de sus amigos y las veces que la fiana entraba preguntando por tal o más cual persona “ni el sol le daba”…

El Teti, ratero de oficio.

Teti no llegó nunca a ladrón, no fue Arsenio Lupin o el mítico Fantomas de las películas francesas de nuestra infancia. No, él sólo fue un ratero de mierda que se contentaba con llevarse la ropa de las tendederas o apropiarse de algo cuando algún descuidado dejaba la puerta de la calle abierta en un barrio común de La Habana. Claro que sus necesidades se limitaban a la botella de chispa por eso no pasó de ser un tipo pintoresco al que la gente le metía un escándalo pero pasaba la página sin denunciarlo porque, con el tiempo, llegó a ser sólo el borracho del barrio; aunque el discurso oficial insistiera en denominarlo “un problema social”.

¿Por qué vivía así? No sé, cuando nací, él tenía ya muchos años.

En su juventud Teti hizo realidad el dicho de que cuando no andaba preso lo andaban buscando. Vivía seis meses en prisión y seis meses en la calle. De viejo me confesó que no sabía vivir de otra manera. Y aunque ya no tenía ánimo ni rapidez para pequeños atracos que lo enviasen a la cárcel, la ley de peligrosidad lo hacía por él y lo desaparecían de las calles por un tiempo aunque contra él no pesara denuncia o se hubiera cometido atraco alguno. No importa si eran los carnavales, o la Sexta Cumbre de Países No Alineados, Teti sabía que lo vendrían a buscar. Esperaba el “servicio de recogida” con una sonrisa de oreja a oreja y la cuchara en el bolsillo de la camisa. Caminaba sin esposar pasillo afuera delante de la pareja de policías, despidiéndose de sus vecinos entre risas, diciendo una frase que acuñó para el barrio y que lo ha hecho famoso: “¡Oye!, ni juicio hay”. Creo que de alguna manera algo no funcionaba bien en su cerebro.

Corría 1980, Teti acababa de salir de prisión. Las causas no me las pregunten, hace ya tantos años y fueron tantas las veces que entró y salió de prisión que aunque me maten ahora no lo recordaría. El hecho es que salía nuevamente a la calle. Pero no por mucho tiempo y esta vez por una razón totalmente ajena a su propio entendimiento volvería “al tanque”. Un mal día de ese año se presentaron en su cuarto unos uniformados no tan amistosos como los que realizaban el servicio de recogida.

- ¡Recoge! Te vas mañana del país.

- ¡¿Yo?! ¿Pa´ donde? ¡Si yo no presentao ninguna solicitud!

- Una lancha te espera en el puerto del Mariel, te vas a Estados Unidos.

- ¡Ja! Imagínate tú ¿que voy a hacer yo en el yuma? ¿A dónde voy a ir yo que más valga, guardia? Además esta es mi tierra y a mí no se me ha perdío na´ en el norte.

- Pues si no te vas ahora mismo vas preso. ¿Qué te parece?

Esa vez Teti no se despidió con risas, ni en su bolsillo llevaba la cuchara de las mil batallas. No le dieron tiempo a recogerla. Cuando pasó por delante de la puerta de mi cuarto lloraba y a gritos le dijo a mi viejo - ¡Estos hijoeputas me quieren botar de mi país, coño!

Pocas veces un hombre llora en público en mi barrio. Los hombres allí no lloran, pero a él se lo perdonaron porque por más que lo presionaron no hubo manera de meterlo en la lancha. Prefirió ir a prisión con una condena de cinco años de privación de Libertad por el increíble delito de no querer abandonar la tierra que lo vio nacer.

«DISCURSO PRONUNCIADO POR FIDEL CASTRO RUZ, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE CUBA, EN LA INAUGURACIÓN DEL COMPLEJO DE LA SALUD “ERNESTO CHE GUEVARA”, EN LA PROVINCIA DE LAS TUNAS, EL 14 DE JUNIO DE 1980, “AÑO DEL SEGUNDO CONGRESO”. (Fragmento):

…A propósito de esto, nosotros en broma decimos que ha surgido —en broma y puede ser que hasta en serio— una nueva categoría, cosa curiosa: el lumpen patriota (RISAS). Bueno, pues sí. Hay lumpen que dice: “Soy lumpen, pero este es mi país y esta es mi patria”, y no quiere irse. Pero hay delincuentes presos también que dicen: “Este es mi país y esta es mi patria”, y han tenido una actitud. Creo que eso es justo que lo tomemos en cuenta, es justo que lo tomemos en cuenta (APLAUSOS). Esa es la categoría de los presos patriotas. Claro, ahora podemos darles más empleo en las obras…»

El Teti sólo cumplió unos meses… el resto de la condena fue “perdonado” gracias a su patriotismo. Pero el daño ya estaba hecho.

Si algún izquierdoso no creyera en esta historia, puede encontrar al viejo Teti que, con más de ochenta años, sobrevive como puede vendiendo aguacates en las calles de mi barrio, por supuesto de manera ilegal. ¿cómo si no?

Porque ¿…donde puede ir que más valga este viejo lumpen patriota?

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