Jinetero,... ¿y qué?

Un jinetero de éxito

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- ¡¡Coño asere te vas a tener que buscar un cake más grande o un compresor pa´ soplar tantas velitas!!

Celebró sus 40 cumpleaños hace varios días.

Pedro y yo no nos habíamos visto en Cuba a pesar de vivir cerca. Nos conocimos aquí, en la lucha por abrirnos paso en tierra extraña. Nos contábamos las penas y las glorias, hicimos planes que casi siempre fracasaron… desde entonces Pello es mi socio.

Aunque ha llegado a los 40, su piel oscura conserva la lozanía de los 20. No fuma, no bebe. Rematan su figura sus tremendos ojos claros, voz de trueno y 190 cms de puro músculo. Nunca se casó, pocas novias tuvo. Fue en “sus mejores años” cuando aquello se descojonó y lo dejó como a todos los cubanos: pidiendo agua por señas, en desventaja total frente a los “Pepes” que llegaban en oleadas

No teníamos pa´ darnos gustos. Sólo frecuentábamos una disco porque el sábado en la noche un colombiano repartía entradas gratis en el cruce de calle Carretas y Cádiz. Recogíamos los tickets camino de “La negra Tomasa” y a eso de las 11 bajábamos pa´ “El Son”, donde esperábamos la mañana; tomando de cuando en cuando agua en el grifo del baño cuando ya no dábamos más.

Llegábamos juntos, pero muchas veces nos fuimos por “caminos diferentes” Y es que Pello no se iba en blanco en ninguna temporada. Nadie diría que este muchachón entraba hoy en la cuarta década de vida.

- Yo no pude disfrutar la juventud por falta de dinero. No tenía fulas en Cuba, por eso estaba fuera de juego. Ahora con cuarenta en las costillas voy a disfrutar lo que perdí allá en mi tierra.

Pero fuera de las discos también hay vida. Pocos trabajos y cientos de conquistas bastaron para descubrir que Europa abre fácil las piernas, pero no las puertas.

Pedro se hizo un autoanálisis, encueró literalmente su alma frente al espejo, preguntóle a la imagen qué puede vendérsele a esta gente que ellos paguen a buen precio. Y el espejo le devolvió el fulgor de su cuerpo oscuro, de sus músculos sudados, de su intacta dentadura. No tuvo más respuesta.

- Yoyo, este mundo es una mierda. Los años van pasando y na´. Cada día más miserias. Yo no me fui de Cuba pa´ pasar trabajo men. Pa´ pasar hambre aquí solo, paso hambre en La Habana acompañado de los míos. A nadie le interesa un viejo de cuarenta. Me voy a Mallorca, allí te juro que yo salgo adelante…

Y ese mismo día recogió sus cuatro mierdas y partió. No supe de él en mucho tiempo.

Pedro dejó la calle, las discos, el baile. Meditó su situación, trazó planes con premeditada frialdad. Había que invertir en el futuro. Gastó toda su plata en un par de camisas, una corbata y un traje en una tienda de segunda mano. La conquista femenina siempre fue su arte. La cosa no era hacer llorar o suspirar a lindas jovencitas que dependen del dinero de sus padres. Aprendió a jugar al golf, frecuentó entonces clubes alemanes. En la playa, por primera vez en su vida, ponía aceite en su bronceada piel frente a “las guiris” que hambrientas le proponían cosas asquerosas…

Y cuando un día en medio de un orgasmo una empresaria le imploró desde el séptimo cielo “Por Dios vente a vivir conmigo” supo que nada había sido en vano. 


Me ha llegado una postal de Munich, voy a visitarlo. 

Nada mejor para recordar y filosofar que una cerveza alemana en una terraza de la Marienplatz, rodeado del bullicio de la gente que se detienen ante el espectáculo de los muñecos del reloj de la Rathaus. 

- ¡Si algo saben hacer los alemanes es cerveza! ¿No, Pedro? 

- Lo mejor que hacen los alemanes son las alemanas, Yoyo. Mira pa´llá. 

Me señala indiscreto un grupo de bellas damas que pasan elegantemente ataviadas, que con descaro nos miran y sonríen. 

- Esto no es como tú piensas, Yoyo. Esto no es Cuba, ¡esto es el desarrollo men! Allá tienes que regalar flores, decir cosas bonitas y esas mierdas, aquí si le gustas a la tipa, ella viene y te lo dice. Y mañana no pasa na´. 

Pedro se siente orgulloso de haber triunfado, es un jinetero de éxito. Su color, su gracia, su dominio de la salsa lo pusieron en ventaja sobre los machos alemanes. Pero... ¿hay machos alemanes? 

- Ese es el secreto del éxito en este mundo: reconocer tus ventajas y usarlas mientras puedas. Total. ¿Pa´ que sirven los títulos si tienes que partirte el lomo por una paga miserable? todo es la misma mierda: Aquí, en Cuba o en Katanga. Yo vine a mejorar mi vida, buscando el dinero que no pude hacer allá. Pa´ que mi vieja no termine su vida miserable, comprarle una casa en La Habana y de vez en cuando traerla a que cargue las pilas en Europa… En esta vida vale todo. 

Mientras pagábamos la cuenta a la sonriente camarera me espetó: 

- Todos tenemos un precio en la vida. Mira –dijo al señalar la camarera–. Esta linda chica vende su mes por menos de 1000 euros y lo que gane de propinas. Pero aquí, donde todos son rubios, yo soy un producto raro, único, un lujo, un producto caro. ¿Me quieres? ¡Paga! Como mismo se paga una cerveza o una camisa. Yo le doy a mi señora las noches que ella ni en sueños hubiera tenido en esta tierra, a pesar de su dinero. A cambio, tengo acceso a buena vida y para cuando ya mis carnes no sean hermosas o tenga el elástico vencido, estoy invirtiendo “nuestro dinero” en negocio inmobiliario. “Business are business” Yoyo. 

Y su risa se resuena como un trueno en el medio de la plaza. 

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