Jinetero,... ¿y qué?

Yo te toco... y ¿tú?

Una vez un piquete de amigos decidimos ir a Berlín a la celebración de una especie de carnaval a la que ellos llaman “Love Parade”. Es muy conocido pues la ciudad recibe de un tirón un millón de visitantes en un día.

Habíamos llegado un grupo de chicos y chicas en tren nocturno desde Ámsterdam hasta la estación de trenes Zoologischer Garten en Berlín.

No habíamos venido a dormir así que a las 6 de la mañana sin preguntar donde se comía o se bebía, nos tiramos a la calle. A esa hora ya había tremendo movimiento en las calles de Berlín. ¡Que manera de haber niñas buenas dios mío!.

Dicho en cubano, aquello es el acabóse, el toca toca, pero a lo bestia. Yo te toco… y ¿tú? Bueno tú me tocas, me aprietas, me subes y me trepas…

Se aglutinó tanta gente en la calle bailando como no había visto junta en una marcha del pueblo combatiente en La Habana. Hacía un calor como no lo ha habido jamás en Santiago de Cuba.

La música era una mierda Techno que mantenía a aquella masa moviéndose aún sin ganas o quizás era que todos llevaban una botella en la mano, bebiendo y bailando a su manera. Los muchachos quitábanse los pulóveres y las chicas, pa’ no ser menos ya tú sabes, ¡Tetas al aire!

Estuvimos dando brincos hasta las 8 y pico de la noche.

Salíamos de regreso en el tren nocturno donde se suponía debíamos ir durmiendo.

¿¡Durmiendo!?

Con el impulso que tenían, la gente continuó quitándose la ropa. Otra gente se unió al grupo con más botellas y el mareito del tren hizo lo suyo. Pero no fue hasta que pasamos la frontera holandesa cuando se formó lo que se formó. En Holanda no se prohibe na´. Esta gente si le sabe al desorden. El día del juicio final que condenen mi alma a vagar por el infierno holandés, tomando, gritando y dándole a la maría…

El yoyo cogió un peo que empezó a cantar y a tocar la guitarra. Bueno, yo de guitarra no se ni cojones, pero si la viras y usas el cajón a modo de tumbadora, formas una rumba de cajón que no veas. Y a eso el yoyo, digno representante de las tradiciones de un solar de La Habana Vieja, si le sabe un mundo.

La bomba de los chicos no daba pa´ tanto y terminaron unos dormidos de la borrachera y los que no andaban dándose apretones entre sí en el baño.

¡De las chicas tuvo que ocuparse un servidor! ¡De todas tú!

Ellas con disciplina nórdica se tomaron tan en serio mis clases de rumba que con el impulso que tenían terminaron haciendo Streeptease… para mí.

Aquel tren fue la locura. Me tomó tres días el camino de regreso a casa.

A mi casa quiero decir porque hice escala en dos o tres casas a explicar en detalles como se baila la rumba de cajón.

Eso sí, terapia de grupo pa´ terminar más pronto.

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