Jinetero,... ¿y qué?

Yo era cubano

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Somos varios matrimonios los que ocupamos esta mesa en la fiesta de fin de año. Hay entre nosotros varios extranjeros, somos un arcoiris de razas, colores y religiones pues trabajamos todos en una empresa que no conoce de fronteras.

- ¿De donde eres? ¿De donde vienes? - Son las preguntas más recurrentes de la noche

- Yo soy chino

- Yo vengo de México

- Yo de España,

- Yo cubano, ella sueca,

- Yo soy mitad argentino, mitad italiano…

- Yo era cubano, ahora soy alemán …

Que alguien me explique como se puede ser mitad argentino y mitad italiano. ¿Cuál mitad pertenece a qué lugar? ¿Es la cabeza italiana y el culo argentino? ¿O es un culo argentino que aspira a cabeza italiana? Todos sabemos de esa epidemia argentina del “no ser”.

Pero más tristeza me da ver un compatriota querer deshacerse de la nacionalidad como quien muda la piel.

Soy de esos cubanos que va diciendo por doquier con orgullo que nací en esa isla. Me esfuerzo por reforzar mi acento. Fuera de la isla he reunido una larga colección de música cubana, cocino comida cubana y me llena de regocijo que mis hijos nacidos en el extranjero se sientan TAMBIEN cubanos. ¡Ah y que mi esposa baile la salsa como la baila!

Precisamente ser cubanos ha salvado a más de uno en el extranjero porque como dicen en España, ser cubano es un PLUS. ¡Y cómo se liga cuando dices: mimi, yo soy de La´bana!

Se puede ser cubano y sueco, cubano y español, cubanos y alemán o argentino e italiano. Yo soy y seré un cubano nacionalizado en otro país, un cubano con dos pasaportes. Mantener la identidad me es tan importante como respirar.

Quien no se respeta a si mismo, no puede esperar ser respetado, quien se deshace de la mitad de su historia, sólo puede esperar la mitad de su futuro. A lo más que puede aspirar un inmigrante es a ser acogido en el seno de otra sociedad, a tener su pasaporte, a tener derechos y deberes para con ese país, a jurar fidelidad a la tierra que pisa, pero no a un cambio de sangre.

Los pasaportes no son mágicos, ellos nos identifican ante las autoridades del país que nos acoge (o nos soporta), ellos no paren españoles, suecos o alemanes, son sólo la prueba de nuestra voluntad de integrarnos. Pero como te lo dan te lo quitan y dejas de ser sueco o español o comemierda.

Ningún país te pide que dejes a tus abuelos fuera de sus fronteras, ni que te olvides de cómo ellos te cantaban:

Mayeya,
No quiero que me engañes,
Respeta los collares,
no juegue con los santos…
no pretenda engañarme con ese cuento,
porque todo en Cubita nos conocemo´,
el que no lleva amarillo,
se tapa con azul
o punzó….

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