Jinetero,... ¿y qué?

El guajiro Erasmo

Conocí a Agnetha por su anuncio en el periódico.

Se busca persona de habla española (preferiblemente cubano o cubana) para intercambio de idiomas.

Es la forma, rápida y barata de aprender un idioma. Se citan dos personas en un café, y hablan un par de horas primero en un idioma, después en el otro y así cerveza por medio de una manera vertiginosa y agradable van entrando nuevos vocablos que enriquecen el idioma a aprender sin tener que estar repitiendo listas de verbos. Tiene este método ventajas colaterales: estas personas interesadas en el mundo latino y especialmente en Cuba se convierten con el tiempo en muy buenos amigos.Lo singular de este anuncio era la preferencia por un cubano o cubana sin importar su sexo, descartaba algún interés sexual, a no ser que fuera Bi, que de todo hay en esta viña del señor.

Ella era una muchacha no muy agraciada, pa’ qué engañarnos, una del montón. Calcada, hecha en el mismo molde de todas las que pasan en estos momentos ante mi ventana: Rubia, entrada en carnes, empleo estable de los que pagan por encima de los 4000 euros al mes, viviendo sola más allá de los 30, de las que se van solas a la cama cada día… y cuando no pudo más, se fue al Caribe. Estaba hasta la crisma de tanta nieve y hombres que no saben admirar sus grandes ojos azules. ¡Pero es que ojos azules son los que se sobran en este país! me decía.

Había volado tres años consecutivos a Santa Lucía, me contaba de su futura boda, de los trámites que hacía, de las fortunas que gastaba en llamadas a Erasmo, un guajiro de casi dos metros, fuerte como un roble jefe de animación del Hotel donde se había hospedado. Su cara era toda felicidad cuando hablaba de él y sólo se le nublaba cuando me decía que Erasmo no podía dejar su cargo del Hotel, que siempre le pedía un año más con alguna absurda razón.

Le expliqué como pude nuestra cultura, le conté de nuestras privaciones y miserias, del apego casi irracional que sentimos por la isla y no dejé de recalcar que también tenemos cosas buenas.

Con el tiempo le cogí aprecio, tanto que cuando viajé a la isla, me ofrecí para llevarle carta a Erasmo, aunque tuviera que viajar más de 600 kilómetros desde La Habana. Me picaba la curiosidad. Hasta donde yo conozco Cuba y su gente, nadie se pensaría dos veces empatarse con una yuma macetona que lo saque y lo mime mientras se adapta al frío europeo ¿Habrá cambiado tanto la isla?

Erasmo se podía dar por satisfecho, porque lo que le faltaba a Agnetha en belleza física, lo rebosaba en buen corazón Santa Lucía es como esas playas salidas de películas, una playa para enamorarse. Allí la yuma más fea llegada de la nieve se siente Brooke Shield en “La isla azul” y encuentra incluso en un guajiro como Erasmo su partenaire Joligudense.

Llegué al Hotel en el momento que Erasmo salió a no sé qué cosa a las caballerizas, así que me senté a vacilar yo también un poco de yumas en trusas que se paseaban por el vestíbulo. Entretanto rompió a llover y la gente que estaba en la piscina se agolpó en el lobby bar y entre mojitos y la salsa se puso bueno aquello.

Cuando vi a Erasmo supe que era él. Ella lo había descrito tanto y había besado sus fotos tantas veces que lo reconocí dentro del grupo de turistas que entraban chorreando agua entre carcajadas.

- ¿Erasmo?

- Sí, que se le ofrece.

- Yo soy amigo de Agnetha, quizás ella te haya hablado de mí…

- A sí coño echa pa´ cá compay. Cuéntame ¿cómo está ella? ¿Qué te trae por aquí?

- Vengo a cada rato a ver a los viejos, tú sabes nosotros no olvidamos esto ni aunque vivamos en el fin del mundo.

- Sí te creo.

Erasmo era un tipo chévere. Lleno de dicharachos, con una sonrisa blanquísima, de carácter noble, aunque tanto músculo le diera el aspecto de un animal. Hablamos sólo un rato, pues él tenía cosas que hacer, pero me propuso que volviera a la noche, participara de la función y después que esta terminara, hablar con más calma.

Quien vea un show de animación en un hotel cubano, cualquiera que este sea y donde quiera que este esté ya vio todos. Mulatas que hacen maromas con una cesta de frutas en la cabeza, mulatones de torso desnudo que impresionan a las más frías canadienses y al final los yumas corriendo de aquí para allá en la pista tratando de “seducirlos” con sus billeteras y llevarse uno a la cama.

Si algo sabía hacer bien Erasmo era “animar” a las turistas que llegaban por oleadas al hotel, ya fuera agarrándolas con sus manazas en sus delicadas cinturas durante las clases de salsa o cabalgando en un corcel por los campos de Cuba.

Erasmo es un típico guajiro. Un poco cepilla’ o, un par de idiomas, pero guajiro de corazón. De los que disfrutan el macho al pincho y conocen cada mata de la manigua cubana. Hablamos hasta bien avanzada la madrugada, recostados a la barra del lobby bar. Hasta que llegó el tema que me había traido hasta allí.

- Erasmo, ¿qué bolá con Agnetha asere? Esa jeva está muerta contigo y la verdad que la tipa vale su peso en oro

- ¿¡Y yo qué sé que pasa con Agnetha!? Ella vino como cualquier turista al hotel y nos empatamos por un par de noches y ya. Yo nunca le hablé de casarme ni un carajo…

- Asere, y cómo es que ella viene a verte y te escribe y te llama…

- Oye, ¿Y tú piensas que ella es la única que llega a verme? Te voy a decir algo, mira alrededor a ver si encuentras algún bailarín ¿Dónde tú piensas que están todos los bailarines que viste hace media hora? Todos andan dándole cabilla a una yuma perdi´os unos por ahí por la playa otros en el monte. A ellas eso de la naturaleza les encanta. Quien quiera irse pa´l yuma casado aquí en el Hotel sólo tiene que dar buena estaca, estas yumas no tienen cerebro compay, ellas se creen que se necesita amar pa´ dar buena estaca. Pero yo no estoy en na´, lo mío es gozar.

- Cojones, pues ella me ha hecho el cuento de cómo va a ser la boda y creo que hasta ya te compró un traje de matrimonio… ¿Tú no quieres irte? Mira que Agnetha tiene un baro largo…

- ¡Dime tú! Y no es sólo Agnetha, ellas vienen y se aparecen con cosas y me mandan dinero como pa´ comprarme y sabes qué, yo no les pido na´ pero tampoco le digo que no a los regalos. ¡Mira!.- dijo el guajiro mostrándome un Rolex Submariner de los de dos mil y pico de euros en su muñeca.

- Cojones guajiro ¿¡tú sabes lo que llevas puesto!?

- ¡Por supuesto! Entonces ¿Tú crees que yo estando donde estoy, con el cargo que tengo aquí, templando al por mayor, con yumas con plata que me hacen regalos y me dan dinero, me voy a ir? ¿Tú viste esa playa de día? ¿Qué cojones hace el guajiro Erasmo en medio de la nieve, el frío y noches de 6 meses? Tendría que ser muy comemierda. ¿No?

- En eso tienes razón, pero tú sabes que aquí la cosa nunca está segura. Mañana el gallego este te bota pa´l carajo, cierran el hotel o algún hijoeputa te serrucha el piso pa´ estar en tu posición y entonces sí que vas a cagar pelo.

- Compay, tú me ves así grandón pero yo soy una bola se sentimientos. Yo no puedo irme a gozar la papeleta y dejar a mi familia atrás a ver como y cuando los puedo ayudar. Yo no podría comer allá en el yuma sin saber si mi vieja comió aquí en Cuba. La pura mía es la única mujer que me ata, las otras van y vienen pero por esa yo me muero. Por mucho reloj caro que me regalen, yo sigo siendo sólo un guajiro con reloj. A mí me gusta trabajar la tierra, mientras haya sol y un pedazo de tierra cubana yo no paso hambre. Eso sí como buen criollo me gusta templar ¿Agnetha? Es sólo otra raya en el tigre…

- Coño asere, entonces no hagas sufrir más a esa jeva, ella es una tipa en talla. Háblale claro…

De vuelta a Europa llevaba carta de Erasmo para Agnetha. Tenía que empezar a pinchar al otro día por lo que para no alargarle la espera le puse camino al trabajo la carta en el correo.

Han pasado varios meses y no he sabido de Agnetha. No contesta mis SMS y cuando la invito siempre tiene algo que hacer. No sé que le habrá dicho Erasmo en la carta, pero me alegro de haberle ahorrado a ella desilusiones mayores, aunque para eso haya perdido una buena amistad.

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