Jinetero,... ¿y qué?

La temba

Escrito por El Yoyo.Publicado en Jinetero,... ¿y qué? Imprimir

Cuando veo que mi vecina llega, aminoro el paso para situarme estratégicamente tras sus pasos y deleitarme disfrutando de la bella vista que ofrecen las curvas de esa temba. No sé su nombre, aunque he leído su apellido en el botón del timbre. Sé que tiene un descapotable que saca en verano y un Audi para el invierno y eso me hace presumir que tiene un salario kilométrico. Viste con elegancia y cuando coincidimos en el breve espacio del elevador me inunda de un aroma encantador. Viaja muchísimo a quien sabe donde, a cada rato la veo salir arrastrando en una mano su equipaje y en la otra un portátil. Cuando está en la ciudad sale cada mañana a hacer jogging acompañada de un perrito lleno de lacitos y correas de colores, que ladra con voz amanerada. Lleva entonces un atuendo tan pegado a cada una de sus curvas que si yo no fuera tan vago correría feliz detrás de ella… pero yo, por principio no corro tras ninguna mujer.

Eso es todo lo que sé de ella. Vive sola con el perrito maricón, no sé si se ha casado alguna vez, o si es lesbiana o bisexual o cualquiera sabe qué cosa.

Ese día volvimos a coincidir en el elevador del edificio que habitamos. Uno de esos pocos viejos ascensores de reja que quedan en la ciudad. Que no los desmontan porque son una reliquia, pero que me matan de los nervios. El espacio es mínimo, sólo hay lugar para ella, yo y el perfume que se me pega a la nariz y me llena la cabeza de cosas obscenas. No decimos ni hola, basta un movimiento de cabeza y una mueca, intento de sonrisa; para salvar los buenos modales. Son 7 pisos en los que el ascensor invierte una eternidad y que yo aprovecho para examinar cada curva acentuada por su mono deportivo… Mi mente perversa ruega por un corte de luz, que nos deje atrapados con tiempo suficiente para hacer el amor tres veces, como en esas películas porno que pasan en la noche… Pero el último apagón en esta ciudad fue hace poco menos de medio siglo. Lleva en el hombro izquierdo una bolsa de la que sobresale la cabeza del perrito que me mira de formar indiscreta. ¿Qué chama, se te perdió uno igual que yo? Por toda respuesta me enseña unos colmillos como diciendo: “tírate pa´ que tú veas!

Así que llegamos a la planta baja y yo la dejo atravesar el largo pasillo hasta la puerta de la calle, no hay otra manera de llegar a ella que pasearse 20 metros delante de mí. Normalmente camina así o lo estará haciendo para provocarme. Estoy viendo visiones, esto es lo que se llama una paja mental.

Cada cual se fue por su lado, ella a devorar kilómetros en eso del jogging, yo ni me acuerdo por donde estuve metido, pero de regreso a casa paso a alquilar un video, después recogeré unas cervezas en el supermercado, no tengo ganas de salir esta noche. Como voy estar sólo no tendré que ver un clavo al estilo Kurosawa, Fellini o Almodóvar. Hoy me puedo dar el lujo de un par de filmes malos, de esos de muchos tiros y más muertos. También decido llevar un pellejo, la oferta es tan o más grande que todas las otras secciones juntas. Al final me decido por una de sexo con maduritas… quizás mi vecina sigue dando vueltas en mi subconsciente. Deposito mi cosecha sobre el mostrador de la caja rebuscando en mi bolsillo, al mismo tiempo que… coño al mismo tiempo que mi vecina. Nos miramos sorprendidos.

- Hi, getting a couple of films for tonight- sobre el mostrador a golpe rápido de vista leo el siguiente título: Sexo con mi vecino y ella se sonroja.

- Sorry -interrumpe la cajera- ¿vienen juntos o cobro cada cual por separado?

- Eh… pensándolo bien póngalo todo en mi cuenta, yo invito.

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