Jinetero,... ¿y qué?

Diesel

Mi hijo pequeño quiere tener un perro. Le gustan, los ama, le vuelven loco y de paso nos va a volver locos a nosotros con la pejiguera de tener un cabrón perro. ¡Y eso que no sabe hablar, que si no! Es que un perro aquí vale casi lo mismo que un auto y hay que ponerles inyecciones, pagar impuestos… y yo ya tengo bastante con mis negritos pa´arriba de es tener que estar recogiendo mierda en un nylon cuando voy al parque. Pero no me ha quedado más remedio. Me arrastró a la tienda de caninos, un lugar atestado de las más inverosímiles cosas para hacerle la vida feliz al mejor amigo del hombre. Huesos de sabores, champuses dermatológicamente probados, collares inalámbricos, asientos, camas y sábanas. ¡Coño! Cualquier perro en este país consume más que cualquier cubano medio en la isla y cuando digo cubano, incluyo a los perros, a sus dueños y a todo lo que repte, camine, salte o vuele en aquella maltrecha isla.

Y esta comparación me trajo a la memoria a Diesel. Un perro de la calle, sin pedigrí ni amo, al que me encontré cayéndose a pedazos producto de una sarna galopante que se lo comía vivo. Eso fue a principios de la década pasada, cuando la cosa apretó tanto que los humanos aprendimos qué significa vida de perros y los perros pa´ qué te cuento. Muchos animales, acostumbrados a una vida aceptable en el hogar de sus amos se vieron de pronto en la calle, abandonados por sus dueños que no tenían medios para mantenerlos y por eso su vida se convirtió en un verdadero infierno.

Así encontré yo a Diesel, durmiendo bajo un carro al que había ido a reparar. Yo me buscaba unos pesitos mecaniqueando y llegué a tener buena clientela entre los boteros de frente al capitolio. Me llamaban casi a diario, porque esos carros de los 50 andan de puro milagro e invento. Cuando me tiré bajo el carro sentí su gemido lastimoso y si no hubiera estado tan enfermo lo habría mandado pa´l carajo de una patada. Pero en la oscuridad logré ver una mirada tan lastimosa que no tuve corazón para hacerlo. Durante un mes curé sus heridas con Azul de Metileno y en agradecimiento el animal se me pegó de tal manera que me seguía a donde quiera que fuera. Pronto me convertí en el mecánico negro… del perro azul. Luego, cuando sus heridas cerraron, me encontré con otro problema, ¿Cómo evitar las pulgas, garrapatas pa´ que no se volviera a enfermar? “Métele petróleo chico, eso es lo mejor contra los bichos, yo se lo echo a mis chamas en la cabeza y no han cogido nunca más piojos…” Entonces me convertí en “el mecánico negro del perro azul que huele a Diesel”. Y así encontró además de un nuevo dueño, nombre: Diesel.

Verdad que se curó, pero como efecto secundario le quedó al pobre animal, que ya no ganaría jamás un concurso de belleza, un brillo tornasol que le hacía parecer cualquier cosa menos un perro: ¡Una nevera con patas, chico!

Se convirtió en mi sombra, me daba el de pié en las mañanas ladrando desde el pasillo, porque a la vieja si no pude convencerla de meter también un perro en un cuarto donde éramos ya cinco. Pero el se acomodó bajo los tanques del patio que comparado con la calle ya era un paso de avance. Además en un solar podía recibir los restos de comida de todos los vecinos. Porque en Cuba los perros comen lo que sobra del plato de los humanos. Diesel aceptó su nuevo hogar con gusto. Aprendió rápido y obedecía con premura meneando la cola, contento de devolverme de alguna manera los cuidados que le había proporcionado.

Años más tarde yo decidí hacer mi vida en otras tierras y ni me acordé del jodi´o perro que quedó como herencia a mi familia. Diesel continuó despertándolos cada mañana a las siete en punto, como si supiera leer el reloj sobre el televisor que veía a través de la ventana. Me cuenta la vieja que, en cuanto ella entreabría la puerta, se colaba e iba hasta la que antes había sido mi cama, daba unas vueltas ante ella y le ladraba a la vieja, “No ha llegado, pero va a venir pronto”, le contestaba. Así estuvo durante diez años esperando mi retorno, en los que yo no pude poner pie en la isla, demasiados años para la vida de un perro. Diesel está enterrado en el parque de los elevados frente a la vieja planta eléctrica de Tallapiedra.

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