Jinetero,... ¿y qué?

Desertar

A propósito de los deportistas que han desertado en estos días de la delegación de Cuba a los panamericanos, me vienen a la mente los miles, quizás cientos de miles de cubanos que, en algún momento de su vida, han tomado esta difícil decisión: Desertar. De entrada y aunque se llame a esto deserción, la palabra estaría mal usada en un país normal, pero en Cuba donde lo que no está prohibido es obligatorio, pareciera ser que la nacionalidad y el derecho a vivir en nuestra tierra se nos convierte en una obligación, en una especie de membresía, o peor aún en pertenencia a una dotación de la cual sólo se puede salir mediante la muerte o la compra a muy alto precio de nuestra libertad a nuestro amo.

Aún así, no es fácil tomar esta decisión. Los cubanos amamos nuestra tierra con amor irracional. No importa si alcanzamos la gloria en otras tierras, esta no sabe igual.

Aún cuando es difícil llevar a cabo esta acción, sortear la vigilancia de los segurosos y chivatos de la delegación y comenzar una nueva vida allí donde no tenemos a nadie y sólo contamos con lo que llevamos puesto, estoy seguro que el momento más difícil es ese segundo, ese instante cuando decimos: me quedo, no regreso a la isla, renuncio a ver a mi madre por el resto de mis días, renuncio a todo lo que me perteneció, estoy de acuerdo con que se me borre de la lista de los vivos… pero al mismo tiempo: ¿y si sale mal? ¿y si no sale todo como yo esperaba? Ese jodio minuto es el más difícil del resto de nuestras vidas.

¿Por qué desertan los cubanos? ¿Por qué , campeones mundiales, políticos, gente preparada deserta? ¿Qué empuja a ingenieros, científicos, médicos con empleos; campeones mundiales a abandonar su supuesto bienestar y pasar a la ilegalidad en tierra extraña?

Una vez tuve que tomar tamaña decisión y creo que ha sido la más difícil, la que más me hizo temblar las piernas. Pero por otro lado qué tenía que perder. En mi no tan larga vida había acumulado suficientes años en un solar (chavola). Más de los que un ser humano aguanta. Pero como seguramente se sabrá, este no es un fenómeno aislado o de pronta desaparición. Por el contrario aunque no surgieron con la revolución gozan de buena salud y los cubanos tendremos solares por largo tiempo. En más de 30 años no conocí a nadie que viviendo en un solar viviera feliz. Pasar un ciclón en un solar es una experiencia dantesca ¡y yo pasé, o pasamos, doce! Las paredes cayéndose, las ventanas volando, el techo goteando por todos lados, los tragantes del siglo XIX tupidos y el agua que arrastra lodo a la altura del tobillo en toda tu casa. Después del ciclón viene la penetración del mar. El caribe es bonito cuando está tranquilo, pero cuando se pone sabroso, el agua entra Malecón adentro hasta la calle San Lázaro dejando un panorama Dantesco. Adiós a tus pocos trastos, TV o colchones. En el año 92 hubo algo que los cubanos llamamos la tormenta del siglo desde esa época hasta que logré salir de ese infierno estuvimos en una larga lista en espera de comprar un colchón para poder dormir como una persona. La solución la trajo un primo medio burgués lleno de cadenas que se escapó en el 80 cuando lo del Mariel. El nos compró colchones porque si esperamos por la revolución…

Cuando no había ciclones. Entonces no había agua en el cielo, ni en La Habana agua en el grifo. Significa recoger agua cada dos días a tres cuadras de distancia en un tanque de 55 galones. Para bañarte tienes que cargar tu cubito de agua y hasta si vas a cagar. Usábamos un baño común para 7 familias, a veces tenías que coger turno para bañarte dentro de 3 horas, porque hacías el 19 en la lista del baño de tu casa! De hecho iba al baño en la empresa para evitarme el placer de usar “mi propio baño”

Mi solar no queda en África, queda en La Habana, en la capital de la república, lo que vi en los pueblos de campos es indescriptible. Pero volvamos a la capital, habitaban allí en 7 familias dos médicos, 3 Ingenieros, una Técnica Dental, un chofer de Ómnibus nacionales y sus hijos. Gente honrada y trabajadora, un poco ruidosa quizás como todos los cubanos, pero buena gente. Chéveres todos. Toda esa gente sin esperanza de tener un hogar decente.

Yo soy graduado de la universidad y tenía empleo y aún así no podía ni mantenerme a mi mismo. No ganaba ni para alimentarme el mes entero. ¿Dígame en que país un médico que hace operaciones del corazón o un Ingeniero que maneja millones de dólares en proyectos debe volver a su casa en bicicleta y esperar 3 horas después de 19 personas para… afeitarse?

La revolución lleva años de logros… en la prensa. Pero en la de verdad, vez como se te caen pedazos de la vida y los remiendas como puedes. Que se cayó la ventana del cuarto, no importa ponemos una cortina, que se jodió el inodoro, cagamos en una lata… pero coño llega el momento después de tantos años cargando agua, muriéndote a poquitos, que te sientas en el contén y miras tu ciudad, la que te llega al alma, la que ayer fue hermosa y hoy está como bombardeada, asolada y te preguntas si esto que llamas casa aguantará el próximo ciclón.

La salud se te hace pedazos

¿A qué esperar una solución que en cuatro décadas en vez de acercarse se aleja. La posibilidad es más quimérica cada día. ¿Comprar una casa? ¿Con qué? Bueno, quizás el primo burgés del norte nos manda una tierrita Pero ¿De todos modos es ilegal.

En ese momento es cuando te paras en el muro del Malecón, miras La Habana y miras el horizonte y tragándote las lágrimas, dices:

- ¡Qué cojones! Voy echando.

Martes, 21 de Agosto del 2007

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