Jinetero,... ¿y qué?

Caramelos de menta

Cada día atravieso la ciudad en metro de punta a punta para ir a trabajar. Ante mí pasan mujeres miles, todas, absolutamente todas hermosas. Lástima que aprueban el matrimonio entre gente del mismo sexo y no acaban de aprobar la poligamia. ¡No es justo! ¡Total si en un paraíso gay, las mujeres sobran! Mi viaje es como una mesa sueca gigante pa´ los ojos. ¡Coño que difícil escoger: viejas o jóvenes, flacas o gordas! ¡To´as tán buenas tú!

Hoy frente a mí se sentó una joven de cara muy hermosa, envuelta en carnes como se las recetan a los cubanos. Amablemente hizo un movimiento de cabeza, yo le devolví el saludo en forma de sonrisa. Mientras me esforzaba por desviar mi vista hacia el interesante mundo de los túneles del metro y no saltarle al cuello como los vampiros, recordé una de mis más locas experiencias.

Fue cuando llegué de Cuba. Mi estilo de vida había cambiado. No porque me diera la gran vida, sino todo lo contrario, contaba los centavos pa’ mantenerme vivo y caminaba largos kilómetros pa’horrarme el dinero del metro. Créanlo o no.

Buscando la manera de maximizar mis ahorros llegué a Internet. ¡Si en Cuba supieran lo que se puede ahorrar con un ordenador en cada casa conectado a la red! Pero esa es otra historia. El caso es que yo en vez de estar gastando zapatos por esas calles de Dios me quedaba pegado a la pantalla del ordenador por horas: Leyendo noticias de Cuba, buscando trabajo, haciendo compras… En una de mis tardes de aburrimiento, llegué por primera vez a una página de contactos no profesionales. Y yo que no soy bueno, entré a ver qué bolá.

¡Que levante la mano quien hasta hoy no se haya dado una vuelta por esas páginas! (Pues tú eres un comemierda por no haber entrado, son la locura). Entonces si ahorré más de lo que me propuse. No salía a la calle. No gastaba en cafés, nada de partidos de fútbol con los amigos ni cervezas después, ni na’ de na’.

- ¡No que va si tengo cosas que hacer en casa!

- ¡Pero si tú no tienes ni trabajo ni casa!

- Si pero estoy en una Burumba ahí que si se me da, me pongo las botas…

Y salía echando pa’ la casa. No más llegar me conectaba a Internet y…

- ¡Ah!... vamos a ver -me decía acomodando la fría cerveza sobre la caja del ordenador- Entre 25 y 40 años… ¡no coño viejas no, si aquí se puede escoger… entre 20 y 30… entre 1.60 y 2 metros…. ¡cojones 2 metros, una jirafa no! … aquí está, vamos a ver 1.80…. 40 candidatas… Uhmm. … vamos de nuevo…en un radio de menos de 20 km de casa… ya está: 10 candidatas…

Así pasaron tardes, días y noches. En realidad al principio me movía más la curiosidad y por qué no el morbo de saber que desde mi sillón podía escoger a mi antojo la compañera perfecta para…

Meri llegó a mi ordenador en una de esas redadas: Rubia 29, 1.82 de estatura de sinuosas curvas y 140 libras busca compañía para... - Caballo grande ande o no ande y como no me acaban de gustar las mujeres flacas, allá va eso, imail que tú conoces. Nada mal pa’ empezar en esto del telesexo. A los tres días me tocaba a la pantalla su respuesta.

Con ella pasé unas noches divinas a través de esta maravilla que es Internet. De paso aprendí a teclear con una sola mano a una velocidad increíble, ¡nunca se sabe si un día me quedo manco! Ella hablaba (o tecleaba) de sus senos y yo de mi piel oscura, ella respiraba profundo y yo… pa´ que te cuento. Lástima que mi economía no permitía una Webcam… pero aún con este viejo ordenador y mi imaginación supe que Meri había estado dos años viviendo en Asia, que estudió por allá técnicas de masaje, que hurgó en el Kamasutra y que hacía el amor con un caramelo de menta en la boca (bueno, cada loco con su tema, me dije). También me contó que se había hecho experta en algo de lo que hasta ese momento nunca antes había oído: El Tantra.

Yo por mi parte no podía decir que pertenecí al equipo nacional de Jevalina o Vaciloncesto, pero desde las gradas se aprende muchísimo. Me bastaba echar mano a los cuentos de la escuela al campo, el texto de las canciones se Silvio y alguna que otra mala palabra pa’ ponerle la cabeza mala…

Nos dimos cita varias veces en el Chat. Cuando yo ya estaba cansado de teclear con una sola mano, el propio sitio Web publicitaba algo que llamaba Merry Christmass Party amenizada por una orquesta cubana. Entre telesuspiro y telesuspiro nos dimos cita para la fiesta. -¡Y por qué no! …Y como te conozco… Pues no creo que haya dos negros con camisa amarilla en to’ la ciuda´... Y a mí me reconocerás por mi vestido rojo, cuando veas una tela de seda apretando unas curvas sensuales esa soy yo…. Y yo…. bueno yo seguí tecleando con una mano.

Ya me afilaba los dientes: A la Merry Christmass party a partirle la crisma a Meri.

La mañana del 24 amanecí lavando y planchando hasta los calzoncillos. Medias nuevas… afeitado, pelado, perfumado, talco… no, talco no, que no estás en La Habana vieja, una cucharadita de aceite de Oliva… luego una siesta para relajar.

Habíamos quedado a las 9 en la puerta, pero yo, como buen cubano, llegué tarde. No más doblar la esquina a mil por hora, la divisé de inmediato. Sí, su vestido estaba ceñido a sus curvas, como me había dicho. Ella era todo curvas, bueno para ser exacto ella era redonda. No sé como pudo meterse dentro, más que un vestido era un condón lo que cubría su cuerpo.

¡Coño Meri es una gorda! Pero no una gordita o envueltita en carne no, no. Despacio, despacio:

- ¡U-N-A G-O-R-D-A!

¿Y qué me hago yo con una gorda en una fiesta? ¡Coño yoyo y tú has estado tecleando como un mano durante meses… ¡por un balón!

Meri ya me había visto y como nadie hasta hoy puede decir que el yoyo no es un caballero decidí hacerme el Harakiri. Total el que come malo y bueno, come doble. Armado de la mejor de las sonrisas besé cada una de sus mejillas, total si no hay más na’.

A media noche, la fiesta alcanzó su punto de ebullición, la orquesta ya tú sabes:

- ¡Todo el mundo de pié y con las mano pa´l cielo!...

Y allá va el yoyo con las manos pa´rriba, como en los mejores carnavales de Santiago.

- ¡Que pare el que tenga freno!…

¡Y el yoyo con las manos en los bolsillos… ¡pero no los míos!

Meri resultó ser muy divertida. Tenía la caja de bolas tan en talla, que yo ni reparaba en las gruesas gotas de sudor que le caían desde la papada y se perdían entre sus dos enormes senos.

Como a las 2 de la mañana me sentí muy mal, estoy por pensar que una de las 30 cervezas que me había tomado estaba mala, ¡vaya que me cayó mal!

De lo que pasó después no recuerdo el orden, sé que llegamos a su casa como a las 3 de la mañana. Donde dejé la ropa o cuando, ni idea, sólo se que no fue en la calle porque hubiera muerto congelado. Volví en mí sobre un colchón en el suelo al estilo oriental, en una habitación alumbrada con una larga fila de velas, telas vaporosas que colgaban de algún lugar en el techo, un mueble lleno de libro de los que leí el lomo: “Masaje Thai”, “Nuevas técnicas sexuales”, “Tantra”… más allá un estéreo, una silla, una ventana alta y una puerta que se abrió en ese momento dejando pasar a Meri envuelta en no sé que trapos…

No sé si es que yo era primerizo en masajes o la gorda le sabía un mundo a eso, pero en honor a la verdad se podía ganar la vida. No articulaba palabra, solo de su boca salía un susurro algo así como…

- Hmmmmm…

- Eso está bien… -me decía yo- y eso, ahí por favor… eso de nuevo…

- Hmmmmm…

- ¿Oye donde aprendiste eso me dijiste, en Tailandia?

- Hmmmmm…

- ¿Y qué me vas a hacer ahora… oye… oye deja eso tú…

- Hmmmmm…

- Oye que no juegues con e…. HMMMMMM!!

- Hmmmmm…

- Oye que eso no es pa´ eso tú

- Hmmmmm…

- ¿Cómo hiciste eso… y ahora oye qué… OYE, OYEEEEEEEEEEE.

Al fin entendí el secreto del caramelo de menta, pero de los que QUEEEEMAAAAANNNN!!…

Bueno pa´ qué contar la historia del incendio de Roma si ustedes se la saben. Después de aquella fiesta no nos vimos más, pues en los primeros días del año encontraba un trabajo que me hizo abandonar la ciudad. Las cosas aquí son así.

La señorita frente a mí se mueve, busca algo en su bolso. Su movimiento me hace volver a poner sobre ella mi mirada. Saca un paquete de caramelos dietéticos, me mira, sonríe y de forma inusual para estas latitudes, me ofrece el paquete para que me sirva de él yo también unos caramelos, mientras de sus labios me llegó una especie de hmmmm….

Ahora que la miro de cerca es realmente bella. Quizás un poco sobre maquillada. La competencia acá es muy grande. Cada mañana miles de ellas se levantan con la esperanza de encontrar una media naranja. No importa si está verde, madura o podrida. Una naranja es lo importante. Pobres, demasiadas mujeres y demasiadas ganas... Aún así la miro y no entiendo por qué las mujeres insisten en hacer dietas, perder libras, enseñar huesos. Si de algo estoy seguro es que vale más experiencia que apariencia.

Acepté con gusto, lástima que me quedaba en la próxima parada, pues nadie sabe las maravillas que se encierran en un tren en movimiento, una gorda y un caramelo de menta…

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