Jinetero,... ¿y qué?

Tirana

Había leído un anuncio en la oficina de empleos al que nadie hacía swing y que parecía esperar por mí: proyecto en Tirana. - ¿Donde queda eso, tú? - En Albania, me respondieron.

El recuerdo reciente de la guerra de los Balcanes estaba bien fresco, por eso ningún culirosado ingeniero respondía a este ya añejado anuncio. Pero yo había tenido que hacer cosas peores con tal de comer: recadero, empleado de una línea erótica, chiflar y sacar la lengua y el mañana seguía tan incierto como cuando llegué. A pesar de estar curado de espanto de la guerra de Angola, no lograba tomar las riendas de mi existencia como inmigrante. Esta era la primera oportunidad de tener un empleo seguro y además de que me pagaran bien: me enrolo en la empresa y que salga el sol por donde salga. Fui el primero y el único que se presentó después de haber estado meses buscando un voluntario. Los señores que me recibieron pusieron mucho interés en explicarme en qué consistía el empleo y cuando acept, sonríeron aliviados. ”El que no se arriesga no cruza el río” me decía al montarme al carro de la esperanza: A lo mejor esta vez me llega la buena. Total, todos los días muere gente y yo me estoy muriendo poquito a poquito.

Mi primer encontronazo fue al enterarme que los cubanos necesitamos Visa para ir a Albania (a donde no), pero más vergonzoso es aún que necesitemos una carta de invitación de alguien que garantice nuestra supervivencia allí y se asegure de que, terminada la estancia, no nos quedaremos ilegales en su territorio.

- Ven acá chico –le decía yo al cónsul- Mira donde estamos parados tú y yo. Estamos sentados en la cima del mundo y tú temes que yo deje esto, que me baje de aquí pa´ quedarme ilegal en tú país, que nb está ni siquiera en el culo del mundo. ¡Coño deja el abuso!

Pero las leyes son las leyes y este cubanito, o entraba por el aro, o no pisaba Albania y mucho menos veía los millones con los que ya soñaba cada noche. Al menos el tipo cuando vió que estaba invitado por una empresa importante, consintió en acelerar el documento de una semana, a sólo tres días. Y así, un soleado viernes aterricé en Shqipëria (así se escribe, no me pregunten cómo se pronuncia), tras una remota posibilidad de hacer negocios y sobre todo mi vida. El clima era agradable, siento calor y eso, para mí que vengo del polo norte, se agradece. El aeropuerto es pequeño, modesto, una pista de tierra con unas casetas allá al fondo. El mío es el primero de los tres vuelos diarios que recibe el país, el trámite debe ser cosa de minutos. La cola avanza rápido.

- ¿Qué lo trae a Shqipëria?

- Business señoritas, soy bisnero.

Ella abre mi pasaporte, mira la Visa, busca en unos papeles, llama por teléfono, pone mi pasaporte a un lado y llama al próximo. Por más que le pregunto me ignora. Así cuando termina la cola decide llamar por teléfono, cuelga y nada.

- Bueno ¿y yo qué?

- Su Visa no es valida.

- ¿Cómo? Esa me la dio un tipo en su consulado, mire los cuños oficiales.

- Si, pero esa Visa debe ser activada por el Ministerio del Interior de acá y eso toma al menos una semana.

- ¿Y qué se puede hacer ahora?

- Esperar a que la activen.

- ¿Una semana? ¿Donde espero yo una semana?

Ella cierra la ventanilla y se va a fumar tras unos cristales. Pasa olímpicamente del negro que ya está maldiciendo (en español, por si acaso) la hora que se me ocurrió venir a este lugar olvidado por Dios. Me queda el móvil que, por suerte, tiene cobertura. “La cosa se va a resolverAhora mismo te enviamos un abogado para allá”. Un tipo vestido de traje amarillo pollito me saluda como si fuera amigo de toda la vida, es el abogado. “Nada se puede hacer, es Viernes y la gente ya ha terminado de trabajar en el ministerio, vamos a tener que esperar al lunes” me dice sonriente y se marcha.

- Tú no te preocupes, esto lo converso yo con el primer ministro. Esta es una vergüenza - me dice la gente de la empresa, personas que aseguran ser tan influyente que pueden, levantando el teléfono, tirar al ministro de la cama.

Pero nada, las horas pasan y yo sigo allí. Sólo queda esperar por la buena gestión dando vueltas dentro de la instalación que se ha convertido en mi cárcel. Hoy, cuando escribo esta historia he encontrado que el aeropuerto Rinas es una moderna instalación hecha por americanos y alemanes. Na´, eso será ahora porque en aquella época no era el moderno aeropuerto que veo en las fotos, ni yo sobreviviría como aquel personaje famoso que sobrevive en el aeropuerto parisino. Para decirlo como todo un ingeniero, aplicando la regla de tres: Francia es a Albania como el Charles de Gaulle de París es a aquella mierda en la que me encontraba. Comparable por su tamaño con la Terminal de Ómnibus de Güira de Melena y con menos movimiento que la Terminal del Lido en Marianao, pa´ que tengan una idea. Por supuesto, si no había vuelos, no había agua, no había cafetería, no había nada, sólo una máquina de Coca Colas apagada y cerrada con un candado al estilo cubano. Llegado el último vuelo me dejaron sólo, sin nadie con quien pelear, ni a quien mentarle la madre. Solos yo, una señora que a lo lejos pasaba lentamente una colcha de trapear y mi móvil al que, cada diez minutos, llamaba mi esposa desesperada para saber si ya había resuelto.

– Nada, me he quedado trabado en el fin del mundo.

Dormí como pude, sentado en unas sillas metálicas. Sobre las diez de la mañana del siguiente día sábado, se presentó un militar de alta graduación (supongo por el número de estrellas y el número de tracatanes que le seguían). No hablaba inglés, pero traía un traductor que dominaba un inglés primitivo. En honor a la verdad el tipo fue muy amable conmigo, pero yo a esa hora estaba hasta los cojones de esperar y me exploté, manoteé y por supuesto me cagué en su madre. Por suerte para mí, el tipo no entendía español; pero sabía por donde iban los tiros. Tanta algarabía no podía ser otra cosa que alguien que quería meterle el pié. me escucho con la calma más grande del mundo y luego alzó el dedo índice que puso frente a mis ojos y comenzó a hablar despacio, bajito. El secretario tradujo:

- Fíjate lo que te voy a decir. A mí todos en este país me respetan. Ahora bajas las manos, bajas la voz o te va a pesar. Estás en mi país no te olvides de eso; sin importar de donde tú vengas, con sólo hacer así (chasqueó los dedos) desapareces y más nunca saben de ti… ¿OK?– dijo recalcando las palabras mi país como quien habla de su propia finca. Hizo una pausa, se acomodó el pelo y recobró la palabra – Estoy seguro que tú entiendes eso y vas a cooperar. A ver, dime el teléfono de tu embajada…

La embajada cubana. ¡¿Cómo no se me había ocurrido antes?! Y esta posibilidad arrojó un poco de esperanza a mi mutilado ánimo. ¡Ahora va a saber el soldadito este!

- Oigo… ¿La embajada cubana?… chico mira estoy en el aeropuerto trabao y… ¿qué?… no, no yo no vine en misión oficial. Sí chico, yo vivo fuera de Cuba, pero claro que soy cubano… viajo con pasaporte cubano… ¿qué? … pero déjame explicarte porque el problema es que necesito ayuda de… ¡qué tú dices! ¿qué yo no soy cubano? ¿Y qué carajo soy entonces…? ¿pero cómo que ustedes no tienen que ver conmigo?…oye… oye no cuelgues… oye…

Los cubanos somos todos huérfanos, no pertenecemos a nadie ni a nada, ningún gobierno responde por nosotros cuando estamos perdido por el mundo: ¡Arréglatelas como puedas… tú no eres cubano… nosotros nada tenemos que ver contigo…! me dijeron aquellos que supuestamente están allí para representarme. ¿Cómo explicaba yo que llevo un pasaporte de un país que no es el mío? Quedé con el teléfono frío en la mano oyendo el tono de ocupado… no podía creerlo. ¡No soy cubano! ¿Qué soy? ¿Quién soy? Soy nada. Miro al militar que se engrandece ante mí como quien tiene ante sí una cucaracha. Le veo, en mi imaginación, alargar la mano para aplastar al bicho que ha osado cagarle el uniforme y aún dibujo una sonrisa lastimosa.

¡Soy el ser más desvalido del mundo!

Tras de la comitiva que me mira lastimosa alguien pide permiso. Mi esposa ha movido cielo y tierra por mí y, su cónsul; no el mío, el cónsul de mi mujer; que ha pospuesto su partida de golf sabatina, ha venido a interceder por mí en persona. Viene acompañado de los representantes de la empresa. Traen en su mano una autorización temporal de pase al país. El lunes enviarán la confirmación de la Visa, asegura el cónsul que ha hablado con el primer ministro. Salgo del aeropuerto 18 horas después de aterrizar. Nos movemos raudos hacia Tirana, pero a mitad de camino el chofer hace descender la velocidad y nos movemos a la velocidad de paso, a pesar de la carretera está despoblada. ¿Qué pasa? -pregunto - No pasa nada, sólo un punto de control de las fuerzas de paz de la ONU.

Veo gente armada por doquier, a lo lejos aterriza un avión militar de carga. Aceleramos nuevamente y veinte minutos después entramos en Tirana en el momento que desde el minarete de la mezquita de Ethembey se anuncia el comienzo del servicio religioso.

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