Jinetero,... ¿y qué?

La música y los jóvenes de mi tiempo

La adolescencia de mi tiempo lo tuvo bastante jodido en el tema de la música. No podía ser menos en un país en el que hasta para cagar debes hacerlo según las normas del estado socialista.

Pero aún así muchos nos la arreglamos para sacar la cabeza de la jaula y ver que ocurría un poco más allá, en el mundo exterior.

Para eso tuvimos que desarrollar técnicas que vistas desde la distancia y el tiempo pueden hacer llorar o reir a más de uno según el caso.

Alguien que partía para USA, me regaló un Long Play (disco de acetato) de Los Beatles cuando sólo tenía 10 años. A partir de ese momento fui invitado especial en fiestas guiros y descargas en toda La Habana, porque el yoyo tenía un disco de “loj Bitle”. Salir de casa con ese tesoro era peligrosísimo. La vieja casi ni dormía cuando me veía salir con un papel periódico bajo el brazo. No porque me asaltaran para quitármelo sino porque si la policía me agarra con ese material subversivo, la hubiera pasado bastante mal. EL dichoso disco viajaba camuflado dentro de la carátula de un Disco de Elena Burque y acompañado de otros de La Ritmo Oriental y Van Van.

Llegó la etapa de enamorarse, la época en que los jóvenes empezamos a fijarnos en el sexo opuesto y otros problemas se sumaron. Recuerdo haber bailado en fiestas con la música bajito, para que los vecinos y especialmente los del comité no se enteraran de que bailábamos y hasta nos enamorábamos con música venida del salvaje capitalismo. Sí, porque quizás un español no pueda imaginarse que la lista de tipos malos estuviera encabezada por un gallego:

• Julio Iglesias: estuvo prohibido, según dicen por cantar en la boda de la hija de Pinochet. El caso es que después del exitazo de “La vida sigue igual” desapareció como por arte de magia.

• Camilo Sexto era maricón.

• Roberto Carlos, el brasileño, cantaba algo que decía: “Jesuscristo yo estoy aquí” y esto bastó para que acompañara a los dos gallegos.

• El ciego Feliciano se le ocurrió la canción de Feliz Navidad: Fuera

• Y para que hablar del malo de Moncho, el gitano del bolero aquien lo multiplicaron por cero cuando le puso música a unos versos de Martí.

Coño, entiendan a Mandoyo: ¡Es que no se puede dirigir un país con gente oyendo música!

A finales de la década de los 70, los jóvenes cubanos estábamos hasta los huevos de música cubana. No es pa’ menos si todo eran marchas patrióticas e himnos y los grupos musicales se llamaban Moncada, Trinchera, Granada. Grupos como Mayohuacán, Tenochtitlán tocaban instrumentos de los antepasados indígenas del continente, pero que tenían que ver con nosotros tanto o menos que los grupos ingleses que tanto odiaba el gobierno.

Tuvo que visitar Cuba el venezolano más grande de todos los tiempos. No, no Bolívar, sino a Oscar d’ León. Se puede hablar de un antes y un después de Oscar D’León en los medios bailadores cubanos. Recuerdo un titular en el Granma que decía: Vino a bailar a casa del trompo y bailó.

En una sola semana cambió muchísimos conceptos y nos redescubrió a nosotros los cubanos mucha música que habíamos enterrado para siempre. Personalmente conocí “Los tamalitos de Olga” en el 84. Pero Eduardo Rosillo en Radio Progreso nos regaló un programa con la música “de Oscar d’León” y la versión cubana original.

¡Qué injustos fuimos con nuestros viejos! Gracias a Oscar d’León el respeto por su música volvió a los cursos que siempre debieron tener.

Del lado del bailador se abrió muchísimo horizonte. La Salsa, que en Cuba se le llama Casino tomó una fuerza que nunca había tenido y bailar ruedas de casino era requisito indispensable para estar en una fiesta y hasta para ligar.

Pero con esta nueva situación no llegó el paraíso sino que una nueva tiranía se impuso. La tiranía de la música “popular” cubana por sobre todo y todos los que de alguna manera preferían otros ritmos.

¿Qué tiene que ver la salsa con la política? En Cuba mucho.

Seguidores de grupos ingleses o americanos eran considerados como mínimo raros. Los “FRIKIS”, que se vestían con pantalón apretado y camisa ancha, más de una vez perdieron sus melenas en calabozos habaneros o a manos de algún director de escuela. Muchos se rasparon la cabeza en señal de protesta.

Una última anécdota:

En mi PRE pocos jóvenes habían oido música rock de habla inglesa, al menos eso pensábamos. Un domingo, durante la visita de los padres en la escuela al campo alguien llevó grabado en un cassette el disco The Wall de Pink Floyd. Mientras otros dos vigilaban, me colé en el local del equipo de amplificación y puse el disco The Wall a todo lo que daba.

Para mi sorpresa bastaron sólo dos minutos para tener un coro gigantesco de alumnos y padres cantaba Another Brick on the wall frente a la dirección. Todavía recuerdo la escena y me erizo.

Al día siguiente al profesor de Literatura, quien dirigía las investigaciones, todos le respondían

- El pueblo de Fuenteovejuna señor.

Profe,si está leyendo esto y todavía se acuerda del yoyo:

¡¡SORRY!! Pero quizás ahora reconozca que no éramos malos.

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