Jinetero,... ¿y qué?

Tabacos de la bodega

Por suerte existen días como hoy, dentro de tanta desgracia, tanta moriña, tanto echar de menos las olas rompiendo en el malecón habanero, tanta gritería olvidada, tanta mesa de dominó abandonada a su suerte, tanto blanco de esquina y negro chispero. Días en el que visitando el restauran de Manuel (manolo para sus amigos), la vida se nos llena de colores.

Manolo es un tío rechoncho como todo buen “Andalú” dueño de restoran lejos de su tierra. Superlativa es su barriga de mil y una fabadas y cervezas y mojitos y pata negra y to´ la cosa güena de la vi´a...

- Manolo asere ¿que hace un tipo como tú, nacido bajo el sol caliente del sur, sufriendo inviernos más allá del círculo polar ártico?

…y él se ríe y me responde con la misma pregunta.

Con frecuencia habla de cuando las mulatas habaneras derritieron sus "Zetas" con las caderas y de los negrones, con el cuello lleno de talco y de los muros sin pintar, pero sin graffitis; como disfrutaba del belebele y la jodedera. No dudo que se haya folla´o a más de una criolla, porque Manolo no es comemierda a na´. Pero es de esos gallegos que se necesitan en Cuba, de los que hablan de la isla con el respeto con que se habla de la madre. Na´, que en sus manos estamos en buenas manos.

En la sobremesa, mientras saboreaba un gigantesco puro, me sorprendió con una propuesta imposible de rehusar:

- Moreno tengo un negocio pa´ ti.... !Hoy no pagas la comida, hoy va por mí to´esto si el próximo viaje me traes un par de tabacos de la bodega! Fíjate, no quiero Romeo y Julieta, ni Montecristo, ni ninguna de esas mierdas. A mí los que me gustan son los de la bodega...

- ¡Coño gallego! ¿Tú sabes lo que estás diciendo? - Porque paz´que los que no lo sepan: una fabada, salida de las manos de Manolo levanta a un muerto.

Los tabacos Cazadores, más conocidos por tabacos de la bodega, son puros que nacen sin pedigrí ni anillo. Huelen a la Cuba obscena, a la Cuba que no le venden a los yumas, a Cuba sin vaselina, a "Cuba made for cuban". Son los que nadie quiere, los que cambia La Habana por un litro de leche o una latica de arroz pa´ comer esta noche. Vienen al mundo de cualquier triste mata de tabaco abandonada a su suerte. En ellos no hay esmero, ni cuidado. Son tristes tabacos vendidos en la no menos triste moneda nacional.

Pero tienen el privilegio de la mesa del dominó y la caldosa. Tienen visa a la pelota en el latino. Asientan su casa en Guanabacoa, huelen a Santería cuando el agua d´al cuello y a viejas costumbres. ¡Ay por Dios! Tabacos que hacen milagros, que calman dolores o arreglan males de amores, que tienen su vena santa. Los únicos que, junto al buchito de ron, se tumban en los altares de Changó y San Lazaro o a los pies de la sagrada mata de Ceiba.

Esos son los tabacos que adora Manolo, porque apestan a la Cuba verdadera de la habana con minúscula y sin maquillaje.

- ¡Gallego cuenta con eso, vas a tener tus tabacos de la bodega! Con comida o sin comida.

Es más, dispongo que a partir de hoy, todo cubano que pise el restauran de Manolo el andalú tiene ponerle en el bolsillo delantero de su guayabera un par de tabacos Cazadores.

Sábado, 28 de Mayo del 2005

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