Historia (no autorizada) de Cuba

El delator (1) 1971

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“Los artistas son un sector social muy vulnerable”. Fantasías. Pura paranoia. En este país nunca se ha reprimido a los artistas. Que vengan a probarnos que hemos hecho algo contra alguno. Que aquellos que nos acusan vengan y presenten aunque sea una prueba. Claro, es muy fácil andar haciéndose eco de los rumores que circulan por ahí. Ahora mismo han venido a inventar una historia de lo que le sucedió hace tiempo a un poeta que en estos momentos tendrá ya más de sesenta años. No vamos a decir el nombre por respeto a la privacidad de esa persona que es un individuo... bueno, no vamos a calificarlo; sólo nombrarlo. Y podríamos asegurar que a ese hombre al que de ahora en adelante nombraremos el “Poeta” se ha convertido en disidente. Mercenario del imperialismo. Eso es lo que siempre ha sido. Porque este llamado “Poeta” todo el mundo sabe que se las daba de perturbador del orden o como se le llame en sus años de estudiante universitario; es cierto que tenía ciertos problemitas ideológicos y que andaba, junto con un grupito de amigos, armando tertulias en las que se hablaban de cosas que más parecían conversaciones de personas con serias desviaciones que coloquios entre sanos estudiantes, encargados de conducir la sociedad del futuro. Por supuesto que no hay que pensar que han habido grupos de intelectuales con ideas seriamente contrarrevolucionarias. Ni pensarlo. Siempre ha estado muy claro que los artistas, los verdaderos artistas, están a favor de la revolución. Y si alguno cometió el error de desviarse del camino, enseguida se autocriticó públicamente de manera oportuna e inequívoca. La revolución es hoy ideológicamente más fuerte que nunca. No nos hace ningún daño que cuatro tipos se pongan a publicar cositas negativas sobre Cuba. A los que se venden al imperialismo los juzgará la propia historia. Pero, lógicamente, tampoco hay que bajar la guardia, claro que no. La universidad, eso está muy clarito, es para los revolucionarios; así que tampoco vamos a ocultar que cuando el grupúsculo de amigotes del mal llamado “Poeta” se empezó a poner más incómodo de la cuenta, fueron los propios estudiantes los que se encargaron de ponerles la vida cada vez más difícil, hasta que todos los futuros periodistas, filósofos y sociólogos que componían el grupito, decidieron abandonar voluntariamente sus respectivas carreras universitarias compulsados por los verdaderos estudiantes. Pero que nadie venga a decirme que aquí se ha expulsado a alguien de la universidad. Ellos solitos decidieron irse a trabajar, uno de panadero, uno de fundidor de metales, uno de oficinista; y otros cuantos que quedaron sin empleo; pero fue, en todo caso, porque quisieron. Sí, es bueno dejar eso bien claro porque algunos malintencionados andan diciendo por ahí que los sacaron de la universidad. Falsedades. No hay un solo documento que lo demuestre. Que alguien venga a demostrarnos que los expulsaron. En los registros no existe ningún acta que pruebe que alguno de ellos fue separado de la universidad por razones políticas. ¿Entendido? Sabemos todo lo que andan diciendo por ahí, pero tenemos las conciencias tranquilas. Es verdad que siempre hemos tenido mucha presión de los estudiantes que verdaderamente valen la pena y que en muchas ocasiones se niegan a estudiar junto a personas consideradas desleales a nuestro proceso. Y también es verdad que esa lealtad, esa fidelidad de los estudiantes revolucionarios, nos ha creado algunas situaciones realmente embarazosas, en las que hemos tenido que apoyar, por supuesto, a los que constituyen lo mejor de nuestra juventud.

Pero, ¿qué me dicen ustedes de las oportunidades que le hemos dado a tantísimos que han cometido errores alguna vez? El mejor ejemplo es el de ese mismo grupúsculo. Sí, porque ese mismo año, por ejemplo, las organizaciones estudiantiles llamaron a algunos de los integrantes del grupito que se había dedicado a molestar. Es cierto que llamaron al Poeta ese a una entrevista, pero pueden estar convencidos de que fue a instancias de las organizaciones de masas de la universidad. Pueden tener la seguridad de que el estado no anda espiando a la gente. Además, los compañeros de las organizaciones estudiantiles que realizan ese trabajo fueron muy amables, muy persuasivos. Los compañeros que llevan a cabo misiones como esa por lo general son muchachos jóvenes, agradables. No hay nada cierto en lo que dicen los cables de los grandes monopolios de la información a nivel mundial que describen cualquier simple entrevista como una represalia. Es más, tenemos en nuestro poder toda la información acerca de lo que le preguntó el compañero al susodicho Poeta. Lo único que quiso saber el compañero fue si este autodenominado Poeta todavía guardaba aspiraciones de terminar la carrera de periodismo. Y él respondió que sí, que por supuesto... que no sabía si dentro de uno año o dos... sí; fíjense que él mismo pensaba eso... si hasta él mismo reconocía que aquí a todo el mundo se le da una oportunidad. Los enemigos de la revolución siempre andan publicando basura por ahí... que si mandamos a un trovador para la UMAP... que si montamos en un barco de pesca al otro por andar componiendo cancioncitas sospechosas. Todo es mentira. Pueden preguntarle a ellos mismos para que vean que lo van a negar.

Lo único cierto de todo esto es que el “Poeta” quería volver a la universidad y el estado le daba la seguridad de conseguirlo. Dicho en otras palabras; que el compañero se ofreció a ayudarlo. ¿Ustedes saben lo que le dijo? No, eso no lo ha publicado ninguna cadena de noticias. Le dijo: “En tres semanas te resuelvo la reinscripción, para que puedas comenzar en septiembre”. Vean hasta dónde llega la infinita generosidad de esta revolución. Y cuando el Poeta preguntó que si tendría que hacer algo a cambio de la matrícula, el compañero le respondió que absolutamente nada. ¿Cuánto cuesta entrar en la universidad en cualquier país del mundo? Miles, decenas de miles de dólares por año. Pero aquí es diferente. Eso es lo que tienen que publicar; que aquí no cuesta un centavo. Claro está que el compañero le pidió un favor a este poeta. Lo único que le dijo fue que si quería hacer su parte, le podría escribir un informe relatando, no delatando, fíjense bien, cómo eran sus amigos, qué planeaban, qué pensaban, qué vínculos tenían con otras personas que no fueran el grupo de estudiantes, sobre todo si conocían extranjeros... ¿es mucho pedir? ¿se le estaba proponiendo algo que rebajara su dignidad? Claro que no.

Que este Poeta se haya tomado las cosas tan a la tremenda y haya dicho, concretamente, que se le estaba pidiendo que se convirtiera en delator de sus propios amigos no es culpa del compañero que lo entrevistó. Nuestros compañeros realizan su trabajo y lo hacen bien. De eso no les quepa la menor duda.

¿Y ahora qué? No me vayan a decir que alguien espera que revele si el “Poeta” accedió o no a la petición del compañero. Como en los tiempos de la Sierra Maestra y la clandestinidad estamos obligados a ser discretos; a no difundir la identidad de las personas que comprenden cuál es su deber en cada momento y actúan en consecuencia. Es más; supongamos que el “Poeta” se negó a asumir el rol que la historia le deparaba. ¿Se imaginan ustedes cuántos dicen “sí” por cada uno que dice “no”? ¿Pueden calcular ustedes cuántos de ese propio grupo fueron lo suficientemente sabios para rectificar sus posturas y recuperar el derecho de ocupar un sitio en la historia de este pueblo viril y soberano?

Que no se vaya a imaginar el imperialismo que somos un pueblo que se rinde. Que no se vayan a imaginar que somos un pueblo que se vende. Ante cada individuo que flaquea hay decenas dispuestos a retomar la bandera y mantenerse en pie.

Patria o Muerte
Venceremos.

(1) Fragmento de un discurso. La fecha y el nombre de la persona que pronunció este discurso no pudieron ser confirmados nunca; aunque nos imaginamos de quién se trata. (N del A)

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