Historia (no autorizada) de Cuba

Helicóptero 1977

1959 – 2000 y pico... (1)

Ja ja ja ja ja... coñó que chiste más bueno... qué vacilón... cada vez que me acuerdo me parto de la risa, asere. Sí, fue en Etiopía. Mucha gente piensa que fue en Angola, pero que va, si los angolanos se estaban comiendo un cable más corto que el de nosotros. Esto que te digo sucedió en Etiopía. Allí sí que había oficiales del ejército que estaban forrados en billetes, inclusive algunos eran hasta millonarios, que la gente que estaba cerca de Mengistu estaba muy bien parada. Sí, chico, tienes que acordarte que fue en Etiopía. La guerra todavía estaba andando cuando pasó aquello con los dos socios de la pipa de combustible. Porque sucedió de verdad. De eso sí que no hay dudas. Te lo digo porque no eres el primero que piensa que esto que te cuento es un chiste. Ocurrió de verdad, asere, y fue de lo más facilito. Los dos tipos eran unos cabrones y tenían los berocos bien puestos, que hay que tener cojones para andar un país de arriba a abajo y de abajo a arriba en plena guerra y con una rastra cargada de combustible, que el día menos pensado puedes volar como cafunga, ¿no? Hay que ser guapo para pinchar en eso y si uno tiene sentido del humor, pues mejor todavía. Lo que te quiero decir con eso es que estos socios no eran un par de delincuentes ni mucho menos, como nos dijo después el teniente de la contrainteligencia. Si hicieron lo que hicieron fue porque se les ocurrió correrle una máquina a aquel coronel etíope.

Así que si eres escritor y quieres escribir este cuento puede ser tan sencillo como que relate una broma, o para decirlo en cubano, que cuente una buena jodedera que le hicieron los dos choferes a un coronel africano. Ya te dije que el tipo era un alto oficial y que tenía su dinero (Por favor ahórrate cualquier comentario acerca de cualquier razón, hasta ahora inexplicable, del por qué las tropas cubanas, que éramos oficiales y soldados que ganábamos muy poco dinero teníamos que ir a países como Etiopía, a ayudar a un ejército cuyos oficiales podían ser bastante ricos. Es más; no te ocupes de mencionar siquiera el nombre de Etiopía, que ya ese nombre no lo menciona nadie. Los combatientes internacionalistas cubanos estuvimos en África y punto. Ni un solo detalle más. ) Pero bueno, vamos a seguir con el cuento que si no, no terminamos más nunca. Sucedió que a los modestos choferes de la pipa de combustible se les ocurrió venderle un helicóptero al susodicho Coronel. Todo comenzó siendo un bonche, una broma, una jodedera, como ya te dije. Pasaba un helicóptero de las tropas cubanas por sobre el área de un campamento del ejército etíope cuando uno de los choferes dijo que estaban pensando en vender ese helicóptero porque era propiedad de ellos y ya no lo necesitaban. Si eso hubiera ocurrido en cualquier esquina de La Habana, alguno de los presentes habría seguido la corriente y se habría hecho el comemierda preguntando cuánto costaba o algo por el estilo, pero un minuto después todos habrían reído de la ocurrencia antes de pasar a otro asunto. Inmediatamente un coronel que los escuchaba se mostró interesado en comprar el helicóptero y les preguntó en cuánto pensaban venderlo. Ja, ja, ja... miren para eso, todo parecía indicar que el hombre les estaba siguiendo la corriente, participando del chiste. Ja… ja… ja… Pero, que va, no era broma. El oficial hablaba en serio y lo más jodido fue que les dijo que tenía el dinero allí y que estaba dispuesto a cerrar el negocio en ese mismo instante.

En honor a la verdad, después de llegar al acuerdo sobre el precio, los cubanos confesaron que no podían vender aquel helicóptero, acudieron a todos los argumentos que los ayudara a evadir el trato, aunque claro, sin revelar que eran un par de farsantes, lógicamente. Pero no hubo manera de persuadir al ingenuo coronel que a esas alturas estaba tan entusiasmado con el negocio que insistió una y otra vez hasta que los presuntos vendedores no tuvieron alternativa sino aceptar el dinero y prometer que en 24 horas le enviarían el helicóptero.

Si quieres escribir algo en contra de los dos choferes podrías anotar que siguieron camino con una gran cantidad de dinero en los bolsillos y bastante poca preocupación, sin detenerse a pensar en las consecuencias que les podría traer ese fraude.

Para hacer más fuerte la historia tendrás que contar también que esa misma tarde el coronel hizo talar un bosquecito que había junto a su casa para construir la plataforma de aterrizaje y hay cientos de testimonios de que todos los soldados cubanos que se cruzaron con la rastra de combustible recibieron regalos de los choferes convertidos en ricos de un helicopterazo.

Casi una semana después de la jodedera, cuando los choferes regresaron a su unidad, los estaban esperando. El capitán de la contrainteligencia militar pensaba que, después de timar al coronel, los farsantes habían escapado con el dinero a algún país vecino. Los mismos investigadores que atendieron la denuncia del timado coronel no creían que estos dos tipos hubieran regresado, pero cuando los interrogaron les fue aún más difícil de creer que no les quedara un centavo de todo el dinero que habían recibido una semana atrás. En vista de que no podían reponer el dinero que habían obtenido, según juraban y volvían a jurar, en una jocosidad y no en un atraco; fueron enviados de regreso a Cuba para ser juzgados por estafa.

Los jueces tuvieron en cuenta sus trayectorias, la ausencia de antecedentes penales y la actitud mantenida durante el proceso y los condenaron a dos años de privación de libertad; pero si quieres puedes terminar el cuento en el párrafo anterior. Te lo digo porque esta historia tiene su coda y no sé si te interesará incluirla. Bueno, te la cuento.

Uno de ellos se desempeña actualmente como traductor de francés, después de ser puesto en libertad ocho meses antes de cumplir su condena teniendo en cuenta su buena conducta. El otro estaba trabajando como chofer para la Dirección de Prisiones Militares y vendió al Poder Popular del municipio Guanabacoa un lote de máquinas de moler carne que pertenecían a las Fuerzas Armadas por lo cual se encuentra en medio de otro proceso criminal y él no se explica por qué nadie comprende que eso no fue sino otra inocentada como la del helicóptero.

(1) Este cuento, junto a dos o tres más, formaban parte de las notas tomadas en una libreta escolar por un soldado cubano sobre sus experiencias combativas a lo largo de dos campañas militares en África. No me consta que este soldado se propusiera escribir un grupo de cuentos basados en estos temas, pero en todo caso fue persuadido por el oficial de la contrainteligencia militar que atendía su unidad de que se deshiciera de dicha libreta, la cual vino a parar a mis manos por azar. (N del A)
Jorge Carrigan para Conexión Cubana

Martes, 08 de Enero del 2008

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