Un guajiro en Buenos Aires

¿Gente sin importancia?

Su vida era completamente gris- repitieron tanto, que lo aceptó como cierto-. Su esposa lo amaba-aclaremos que no era una rubia siliconada y de hablar gangoso-. Alquilaba un pequeño departamento, su auto no era ultimo modelo y sus hijos se educaban en la escuela publica. Era un hombre viejo para la sociedad en que vivía-tenia 30 años- y no había alcanzado ningún cargo gerencial ¡Era demasiado! No podía dar a sus hijos todo lo que necesitaban para estar en el ultimo grito de la moda y el consumo-sufría amargamente la desilusión que le daba a su familia- Se sentía frustrado. Le era difícil mirar a sus hijos y a su mujer a los ojos, pensando en lo poco que les ofrecía. A hurtadillas, observaba a su familia cuando se hipnotizaban con la televisión y algún periodista detallaba la vida glamorosa de las celebridades, esperaba que lo culparan por la falta de artículos para alegrar sus vidas. Sin embargo, nadie parecía estar enojado, cosa que le preocupaba ¿Por qué no expresaban sus sentimientos? Tal vez ni siquiera confiaban en el. Creía sentir las miradas de los suyos seguir la curva de su estomago y el arco que formaban sus piernas. No lucia igual a los esbeltos y carismáticos deportistas que llenando las pantallas, los diarios y las revistas eran motivo de veneración absoluta. ¿Por qué papa no será igual? –Pensó que decían a sus espaldas-

Era un oscuro cirujano que trabajaba de sol a sol. Entre guardias, cirugías de urgencia y consultas ocupaba casi todo su día. Un magro salario, como el de tantos otros, permitía llegar a fin de mes y nada más. Tenia que apretar el cinto y sacar bien las cuentas, la historia de la bonanza de la clase media había terminado. A veces pensaba: ¡Que cagada de vocación la mía! y se deprimía profundamente.

El Día del Amigo, lo invitaron a una cena antiguos compañeros de clase-llevaban años sin verse- La idea de encontrarse con ellos lo alegró y avisó que iría sin falta. Recordó al flaco narigudo, al gordo de la última fila y a Miriam, su novia de aquella época y se percató cuanto los echaba de menos. Recién caía en cuenta lo importantes que habían sido para su vida.

Se encontraron, rieron, recordaron viejas historias y chistes casi olvidados. Luego de mucho conversar vieron que tenían casi los mismos problemas. Profesiones y empleos útiles, pero no reconocidos ni valorados. Algunos pensaban que sus vidas eran inútiles, que no eran "ganadores". Deportista, artista, modelo o político, esas si son profesiones. Ganan fortunas, salen en todas las noticias, piden sus opiniones auque no sepan de lo que hablan, la gente común los escucha como si Dios se comunicara a través de ellos. -¡Que vidurria!- dijo el flaco narigudo- soltó una carcajada y haciendo una de sus famosas muecas hizo reír a todos.

El gordo de la última fila dijo: medico, maestro, ingeniero, obrero. Ahí andan mal las cosas- repitieron algunos con el- Quedaron callados, con la vista perdida en los restos de la cena, como si allí estuvieran las respuestas al fracaso de sus vidas.

El flaco fue el primero en reaccionar. Levantó la cabeza, enseñó los dientes como hacia de chico: ¿Qué les parece si durante una semana no hacemos nada? Pero no uno o dos de nosotros para que les rompan el orto por solitarios, todos juntos, la mayor cantidad posible, al mismo tiempo, en todos los lugares. No hacer nada de nada. El grupo lo observó en silencio pensando que era un mal chiste.

Queridos-dijo el flaco- ¿No dicen que si no tienes, no existes? ¿No dicen que si no sales en la tele, no existes? ¿Si no estas a la moda, no existes? ¿Si no tienes mucha plata no existes?…Pues bien, como no existimos, podemos sencillamente durante una semana desaparecer y que los demás se arreglen. Total, lo que hacemos nosotros y millones más no importa.

¿Qué puede suceder-continuó el flaco narigudo, ya con la atención de todos- si no le compramos a nuestros hijos todas las porquerías del marchandaicing, los celulares, si no vamos al cine, al teatro, no compramos revistas estupidas, si no escuchamos programas que lo único que hacen es volvernos tarados, si no le inyectamos silicona a una boluda, si los peluqueros y maquilladores no mueven un dedo o no le reímos la gracia a un hijo de su madre que nos esta cagando?………Digamos que seria interesante.

Acordaron hacer una cadena invitando a otros "invisibles sociales" sumarse a la campaña: "NO HACER NADA". Se despidieron y el flaco quedó como enlace del movimiento que entre empanadas y tiras de asado comenzaba su cruzada en un pequeño restaurante de Buenos Aires.

Un mes después, el mundo asistía asombrado al comienzo de la rebelión de los que "no existen", de los "invisibles sociales". Las ciudades una tras otra quedaron a oscuras, los hospitales cerraron, nadie recogió las cosechas, la basura en las calles alimentó la fetidez y las epidemias. El caos se hizo dueño de las naciones. En Buenos Aires, el flaco narigudo encendió una vela y cruzó sus piernas con calma, estaba satisfecho al haber cumplido con su tarea. Mientras, millones de famosos dejaban de serlo y el resto de la humanidad, como si despertase de un letargo, recobraba lentamente la cordura.

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