Cuentos de error y mis tedios

Les cuento

Nací y crecí bajo las rojizas barbas de un gigante al que siempre vi vestido de verde, según él para confundirse con los árboles; me alimentó y cuidó sólo exigiéndome lealtad, compromiso válido cuando es sincero y así lo defendí bajo cualquier circunstancia y lo hice con alegría hasta conocer que tan grande era su talla como sus contradicciones y lo mismo defendía a pajarillos de más allá del monte de una legendaria águila como aplastaba a los animales de su propio bosque. No había perdido la mítica costumbre de luchar contra los dioses, ciego a la realidad de la milenaria victoria de estos; además de padecer de una incontenible gigantofagia complicada con impiedad, de manera que devoraba a todo quien amenazaba alcanzar su estatura. En mi condición de gnomo transparente este no era mi caso mas decidí esconderme por un tiempo en las montañas. Ciertamente "esconderse" es un término pretensioso cuando se trata de hacerlo con respecto a este gigante cuya sombra aun hoy me alcanza cada vez que evoco aquellos dias, sobretodo en los atardeceres cuando las sombras se alargan y vienen del oeste enredadas en semirojizos tonos antes de despedir al sol; la realidad es que alcancé las montañas aduciendo que iba a llevar conmigo cantos de mi región, cosa que agradaba al tal personaje pues daba muestra de lo bien educados que estábamos sus súbditos.

La lealtad tomó otra dimensión más personal o egoista por aquellos alejados lares y para ser fiel precisamente a lo que andaba buscando quise alcanzar ese lugar donde nos creemos más inalcanzables por el gigante; para ello hay que pasar, irremediablemente, por una de estas tres pruebas cómo no puede faltar en las historias medio ovales: O te aislas por unos años y te anulas de tedio para ser un total desconocido a la hora de cruzar el puente; o te lanzas al lomo de un mounstruo líquido que a su capricho te permite pasar al otro lado o te engulle para siempre; o haces que te crezcan alas y vuelas de un lugar a otro hasta que a puro tropiezo llegas a tu deseado destino. Ya habia yo volado a las montañas y hasta me sirvieron las alas para recorrer esa región; pero de tanta humedad ya no llegaban al viaje mas importante y tuve que emprender una larga caminata que me llevó a una casa de madera, amarilla, con techo rojo a dos aguas donde, además de a mi abuela, encontré tres palmas en el jardín, tres tias y tres primos, por lo que la Santísima Trinidad no fue nunca motivo de grandes misterios en esa casa; esto me gustó y más aún saber que la casa amarilla, de madera con techo rojo a dos aguas estába ubicada al extremo sur de la península más sureña del país que andaba yo buscando; la gran península, alargada y muy florida apunta a la isla de donde había venido, alargada también pero no de arriba a abajo sinó atravezada en el mar; así sucede en todos los mapas.

Abuela cocina y protesta por todo lo que es su razón de ser; prima Lina mecanografia bonitas solicitudes de trabajo abandonados a las pocas semanas para sentarse otra vez frente al teclado... a veces me da pena su gordura y su tartamudez... una vez se intentó suicidar...; mis otros dos primitos, hijos de María de los Angeles -y sólo de ellos- la de los ojos grandes; juegan con sus vecinitos en el patio; su casa está después de este, algo más pequeña, más amarilla y más de madera, a dos aguas también;Tía María tuvo que abandonar el trabajo pues sus preciosos ojos ya no le sirven tanto y se dedica al próspero negocio de la venta de vitaminas a domicilio. Mis otras dos tias trabajan en una ecléctica tienda donde se puede conseguir todo lo concerniente a la crianza de bebés;. pero estas historias ya fueron contadas en otra ocación; yo sólo quise decirles de donde vengo como prometí hacerlo alguna vez o también por esa triplefilosopregunta "De donde venimos, a donde vamos, quienes somos" que me he propuesto responderme.

Las dos primeras interrogantes creo haberlas respondido en los parrafos anteriores y en cuanto adonde voy, amigos, eso es algo facil de contestar: hacia delante, ahora ando vadeando un arroyo plateado que me ha traido buena suerte por lo que pienso estar un tiempo por acá a pesar de que el agua se enfria bastante en el invierno que se acerca y hace recordar con más intensidad las flores de la península…hoy, por cierto, vi a los arboles lanzando quejas sepias al suelo y esto sucede siempre un poco antes del tiempo más frio.

Les cuento, para terminar, que los gnomos transparentes cuando queremos hacernos notar usamos un tricornio magenta que además de tornarnos la voz más potente caza las musas; pero nos quedamos desnudos para dejar ver el paisaje. Nuestra existencia depende del uso que se le dé al tricornio una vez nosotros disueltos en los colores circundantes; hay quienes tienen la dicha de pasar su tricornio de generación en generación o puede que se bote el ridículo sombrerito por no encontrarle algun uso.

Los dejo pues, con un acertijo que se me ocurrió precisamente en el invierno pasado al que quizás puedan encontrarle música o sentido, cualquiera de las dos cosas me haria muy feliz; por cierto, ¿alguien recuerda a un gigante del que hablé alguna vez.?

Las lagrimas del invierno se acumulaban en la despensa de Dios,

un gnomo transparente aprovechaba su encierro en la caja de visceras para fabricar con tierra un artefacto de medir el tiempo.

Unas letras copulan en su tricornio y le prometen dar sustento; él demora su parto con el sentido impractico de la vida que le dicta canciones para el viento frio,

danzando entre blancos recuerda a los angeles, esa ciudad donde monto un dragón de alas malvas y dejo la sonrisa eterna por lo efimero de la vida

…vanidad de vanidades todo es vanidad…

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