Cuentos de error y mis tedios

Unaisla

El centro de los triángulos debe tener geométricamente un nombre que desconozco; el centro del Triángulo de Las Bermudas tenía geográficamente el suyo: Unaisla.

Unaisla no era ni tan pequeña como para no tropezarse con las tres calaveras venidas del oriente ni tan grande para ser codiciada por los imperios expansionistas conocedores o no de su existencia; así ni romanos ni bonapartistas, ni fascistas ni aztecas la invadieron siendo estos últimos los de mayor probabilidad en los vírgenes tiempos del principio por coincidir en la misma dimensión; pero no dirección.

Mas hubo un señor de discutida nacionalidad que mucho antes que Albert Einstein acercó dos tiempos aislados por el Mar Muerto, el de los zargazos, el Negro y todos esos misterios; demostró tal relatividad que trajo el Renacimiento al Neolítico propiciando la inserción del capitalismo en el modo de produción asiático -practicado en América y Africa según los entendidos-, amén de la imposición del barroco en agrupaciones agroalfareras; este señor en un entretenido viaje y muy probablemente por su natural distracción y manejo anárquico del timón, tropezó y dió de boca a la tierra de la mencionada ínsula; escupiendo para deshaserse del inadecuado sabor y desagradable textura -como se suele hacer en estos casos- propició la leyenda sobre una bonita frase acerca del sensual paisaje, palabras que llegaron a nuestros tiempos después de unas cuantas traducciones.

Así fue saliendo esta isla tetradimensional rodeada de pequeñas homólogas -clasificada pues como archipiélago-; todo esto siempre dentro de las aristas del triángulo engullidor de objetos flotantes no sé por qué circunstancia, milagro o fenómeno natural. Para no cansar e ir a lo que iba, finalizando la Era de Acuario, casi en el tercer milenio y en vísperas del Mesías, Unaisla tomó el camino del resto de los objetos flotantes anteriores: objetos y sujetos contenidos en la curva franja de tierra fueron desmaterializándose junto a ella.

Nadie supo que pasó exactamente, que sintió cada habitante de aquél territorio ya institucionalizado, reflejado en archivos amigos y enemigos, geológicos y cartográficos y por supuesto de inmediato se originó un caos en las embajadas de Unaisla en y de "en" en Unaisla: se rompían relaciones diplomáticas que los cancilleres no podían explicar, mucho menos sustentar sin tener referencia de la opinión del engullido presidente. Las empresas telefónicas de larga distancia no podían cobrar llamadas hechas a un lugar inexistente y los viajes comprometidos por Iberia, Aeroflot, Mexicana, Aerolíneas Argentinas, etc, quedaron en una situación bien ambígüa... Y pensar que ninguna compañía de seguros había sido visionaria de tales casos... Quedaron también en rara y singular situación los emigrados de ese país tan orgullosos de haber nacido en Unaisla pero viviendo hacía tanto en el extrangero, sobretodo los asilados políticos no tenían ya razón de ser.

Como en muchos otros casos se comenzó a buscar los motivos del problema antes de las soluciones para resolverlo y como en todos estos casos lo primeros en encontrarse fueron los culpables; si bien estos tampoco solucionarían nada, fueron debidamente señalados, apuntados, enterados de su responsabilidad, tratados con severidad; en fin salió a relucir el histórico chivo expiatori…. Se escogió en esta delicada ocación a todos aquellos que prematura y sin lugar a dudas premeditadamente, habían olvidado, borrado, es decir, sumido en otra dimensión, tal como al cabo había sucedido, al territorio en cuestión, al origen, la cuna, la Patria, esos que habían asimilado la cultura extrangera, porque, aunque nacidos fuera de Unaisla, ellos tenían que guardar respeto y adhesión a las tradiciones... Y además, aunque esto, por supuesto, era de mínima importancia, habían afectado grandes intereses económicos.

El juicio fue público y publicado; todos opinaban; como no era una cuestión legal sinó moral, no había abogados ni fiscales, sólo jueces moralistas formando un gran jurado; pero se ocupó mucho espacio en la prensa y como es lógico mucho tiempo de los ingénuos seguidores de tales campañas; se derivó en problemas éticos y conceptos más generales que involucraron incluso a intelectuales considerados serios, de la comunidad unaislense en el exilio... y se habló mucho, mucho tiempo, quizás demasiado, durante décadas, siglos, de este caso y sus culpables obrándose una vez más el conocido milagro de la existencia de lo ya desaparecido...

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