Cuentos de error y mis tedios

Jardinero de estrellas

Hace millones de años, en esa inenarrable era de la nada, un niño cultivaba estrellas en el infinito circundante, jardinero de luces las colocaba a capricho en anárquicos diseños sugerentes para futuros adivinos del por venir.

Entre las tantas gaseosas formaciones existia una cuyos nueve pétalos esferoides giraban a destiempo en torno al vivificante calor del centro. Una como tantas en el inmenso jardin fue fortuitamente escogida para ser observada detenidamente en uno de esos imaginativos juegos de su cultivador; se fijó especialmente en el tercer pétalo. Aguzó su poderoso sentido de concentración y palpando la superficie de esta especie de piedrecilla imaginó su textura como montañas y valles y hasta puso un poco de agua en el medio de ellas; aun más concentrado pudo ver colores verdes que nacian en la superficie y la hacia mas suave y viva.

Cuando se concentraba mucho podia salirse de sí y esto comenzó a suceder, se vió envuelto en un medio liquido encerrado en una especie de bolsa, en un instante vió una luz la cual tuvo a bien seguir y por fin salió… pero no salió a su habitual jardin de estrellas sinó a un mundo donde unas cabezotas azoradas o alegres se asomaban, se sentia como un insecto, boca arriba, sin poder voltearse y preso en un pequeño cuerpo limitado, no podia expresarse, de su recienformada garganta salian sólo gemidos y sintió por primera vez hambre y frio; cuantas sensaciones nuevas y todas desagradables; pero no habia marcha atrás, ahora habia un tiempo que cumplir en ese estado, nada de infinitos o de cultivo de estrellas amalgamadas con universo…

Fue llevado y traido entre mantas, atravezó asi un desierto, creció con un pueblo extranjero y esclavo y entre ellos escuchó leyes ya sabidas, también anduvo entre misteriosos señores de otra lengua que jugaban a las adivinanzas con su jardin allá arriba.

Cuando el tercer pétalo hubo dado diez vueltas al centro, volvió a atravezar el desierto con su familia, ese apéndice otorgado…

Su pesadilla no cesaba, sus padres lo miraban con adoración, si decía algo era motivo de asombro y ya más crecido un primo demente que zambullía a la gente en agua le dijo que no era digno de amarrar su calzado y lo sumergió también y todo era confusión: la gente queria escuchar sus palabras, nunca dominó muy bien ese medio y quizás por ello apenas era entendido, aún por esos doce que decian ser sus escogidos; tampoco entendian si retornaba a alguien al equilibrio energético, a eso lo llamaban “milagro” y muchos salian espantados.

Un dia se apartó y quiso concentrarse otra vez… era de noche y los doce dormian y supo que volveria a su estado anterior pero debia terminar su pesadilla para dejar una enseñanza a incontables criaturas desamparadas con fé en él y asi fue… esto que les cuento fue hace ya un buen tiempo, el niño volvió a cultivar estrellas y de su experiencia por el tercer pétalo se ha escrito mucho, hay quien lo busca y no lo encuentra y quien lo encuentra sin buscarlo, quienes lo recuerdan cargando un carnero o una cruz, yo prefiero evocarlo en su infinito estado de jardinero, transparente y universal, presente y ajeno, infantil, anárquico.

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