Cuentos de error y mis tedios

Make a wish

“Cuando me muera pónganme orquideas; son misteriosas”

Cerró los ojos y ¡se sintió tan poderoso! Olvidó su enquistamiento, su inautoridad, su inanición encerrada entre dos ruedas como paréntesis que aclaraba su inutilidad al ser mencionado por familiares y amigos… amigos… ya no quedaban amigos… quienes a su alrededor hoy lo conminaban a pedir un deseo lo habían conocido ya en este estado paupérimo… cuantas veces habría acudido a este rito: frente a un cake prohibido por su diabetes, ostentando entre merengues de tardio rococó un mástil de cera coronado por la llama concesora del deseo… en muchas ocaciones otros lo habían ayudado en esto de apagar la simbólica velita, jalón de su existencia, una vuelta más al sol… Hoy sería diferente… se sentía fuerte, esta vez sería él y por ello sí se le concedería el deseo… era cuestión de producir un poco de viento… ¿no había sido el viento amigo en alguna ocación?… El viento le proporcionó su primera colección y con ella su primer amor…

Para muchos el viento era libertad, movimiento; pero Pedro sabía donde estaba una cárcel cuyo celador era el viento… era ese rincón del barrio detrás del mercado adonde descargaban los camiones… en la tarde los papeles dejados caer fuera del ignorado latón de basura, no podían salir; giraban y giraban en remolino entre tres paredes, como malos actores, no podía romper la cuarta pared hacía la avenida donde otro viento de olor azulado, pasaba, muy fuerte del mar hacia la esquina del mercado… en el placercito de atrás Pedro atrapaba papeles y los coleccionaba: pedazos de cartucho, de papel servilleta, trozos de periódicos… los planchaba entre las hojas del Gran Atlas para que se sintieran menos encerrados en esa versión del mundo.

Cierto dia en la espiral de siempre había un papel definitivamente diferente desde que se marcó a contraluz entre los grises rojizos del atardecer, era de colores brillantes y tenía una figura pintada…¿un sello gigante?… al tenerlo en sus manos pudo identificar una etiqueta de aceite de oliva separada de su botella pero más allá de eso sintió de inmediato algo especial por la muchacha allí retrataba… de moño alto, piel blanca, un chaleco ciñendo su cintura la rodeaban rojos, verdes, dorados y letras muy lindas… “Marlene”…de historias sacadas de algún libro jugaban a ser rey y sacerdotisa que lo untaba de aceite para consagrarlo… aceite robado de la cocina, el más oloroso y escaso… su coronación le costó más de un castigo pero era maravilloso sentir los manos de Marlene engrasadas comenzando por la sien… Ahora miraba a la muchacha de la etiqueta tan trigeña como la vecinita dejada en el otro barrio… a los niños nuncan los dejan despedirse… la mujer en la etiqueta le coquetaba… ¿sabría ella embadurnarlo de aceite como Marlene? ¿Sería ese su oficio, lo haría como esclava de algún rey? ¿o sería la misma Reina… o una princesa…? …era tan linda… ¡y venía de España, donde todavía hay reyes!; Se propuso viajar para buscarla como una de esas cosas que se harían "cuando uno sea grande", si era esclava la liberaría, si era princesa pediría su mano y si era la mismísima reina lucharía por su honor… entretanto abrió el Gran Atlas en la peninsula ibérica y la puso allí…; cuando repasaba los papeles este era el último… lo observaba sin apuro y con el tiempo se atrevió a acariciarlo.

Hoy tenía ganas de correr en pantalones cortos por el placer del mercado y cazar papeles, nunca más se tropezó con algo parecido a aquel retrato encantador; el Gran Atlas quedó en La Habana; no se podían traer cosas inútiles… no se podían traer cosas inútiles …¿será por eso que ya no me llevan a ninguna parte?…

Se incorporó tenía un deseo bien claro, y se iba a cumplir porque apagaría la velita con su soplido, con su viento personal… se incorporó o se inclinó hacia delante, para él cualquier esfuerzo era lo mismo… sopló y todos estallaron en aplausos, griterias, pitos y matracas que se fueron apagando. Entre tanto desconocido apareció un rostro amable y dulce de una gitana de pelo y ojos muy negros; en la mano derecha una orquídea quizás recién desenredada del jardín de su pelo; la otra extendida, invitándolo a compartir el misterio… el deseo se había cumplido.

Domingo, 21 de Abril del 2002

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