Cuba es un cuento, compay

Apuntes para otro entierro

Se para frente al espejo y descubre que este no miente. Sus parpados descansan con descaro sobre las pupilas, dándoles el aspecto de un techo cansado que cede por el peso de la lluvia contenida. El payaso se maquilla para su último acto y habla con su espejo, como ha hecho toda la vida. Aquel le miente, no puede reflejar lo que lleva dentro, esa carga de sufrimientos solo él conoce, ensaya una sonrisa. Con un creyón extiende la figura de sus labios y le da un aspecto de eterna alegría, todos lo recibirán con un aplauso, el payaso llora desde su interior y ejecuta sus monerías. Regresa al espejo y vuelve a preguntarle algo, como cada mañana desde hace varios años, le miente en su respuesta, lo conoce. ¡Ha llegado la hora del último acto! ¿Listo? ¡Preparado para entrar en escena! Casi le gritan y sintió miedo. ¿Qué ocurrirá después, cuando no se escuchen los aplausos?

Vivo en una isla rodeada de tierra, alejada del mar por cientos de kilómetros, es una isla. Le faltan muchos encantos para que pueda ser considerada como tal, pero lo es, se los aseguro. A su alrededor corre agua, mucha agua, lo hace veloz, como deseando escapar. Son millones de gotas que unidas han mojado una gran parte del continente y luego, vuelven a escapar con la complicidad de un manantial que las arrojó a un arroyuelo y luego a un rio, y luego a un lago tan inmenso como un pedazo de mar. Quizás viajó por varios lagos antes de caer al vacío y que el viento separara muchas de sus gotas. Tal vez fue evaporada por el implacable sol de los veranos y después arrojada otra vez sobre un bosque o las calles de una ciudad, regresa nuevamente al arroyuelo y de este al rio, a otro lago distante al de su nacimiento, como me sucedió hace varios años, nací en una isla y caí en otra de la que no me desprendo.

Vivo en una isla rodeada de tierra y separada de ella por un caudaloso rio, ancho, profundo, veloz. Sus aguas pueden ser cristalinas, muy silenciosas, sin olores que provoquen nostalgias. Vienen patos y cisnes cada año, todas las primaveras. Llegan también las gaviotas, ellas no pescan, gustan comer en los parques hermosos que existen en esta isla, las pizzas son su comida favorita. Llegan aves que conocí más abajo y se mezclan con los de aquí, les disputan su espacio y comida, como nosotros, los inmigrantes. Comen y se hartan, se marchan antes de que todo se vuelva blanco.

Vivo en una isla sin estrellas, hace muchos años que no las veo y me falta algo, las luces de la ciudad me encandilan y las ocultan. ¿El sol? Esta oculto por la pared del edificio, yo sé que salió, algo vago, unas veces calienta y otras se comporta como un lejano bombillito. ¿La luna? Tampoco la veo desde mi actual posición.

Se posa un ave en mi balcón, lo conozco, da saltitos y tiene el pecho anaranjado. Ha cantado alguna vez, se parece al zorzal, lo imagino, pero no lo es, el nuestro es de colores más vivos.

Vengo de una isla rodeada de mar y otras pequeñas islas, una verdadera isla. Su agua es musical y embelesa su constante choque con las rocas. Huele, es perfumado y su aroma se siente a kilómetros de distancia. Vengo de una isla donde diariamente observaba las estrellas, podía identificar a la Polar cuando el cielo se encontraba despejado a unos veinticuatro grados de altura. ¿El Sol? La bañaba diariamente y era temido en su zenit, abrazaba, ablandaba el asfalto de sus calles, mientras los perros se tomaban su siesta.

Vengo de una isla larga y estrecha, nido de muchas aves, donde el Sinsonte canta encantado dentro de su jaula, como nosotros, mientras no logramos escapar. Punto de referencia para antiguos inmigrantes, punto de partida de sus descendientes atrapados en un callejón sin salida.

Vengo de una isla donde sus habitantes duermen sus desvelos y los sueños de destruyen con consignas. Muy agotada por su presente de lucha y el futuro incierto desde hace más de medio siglo. Dos pensamientos sobreviven su agonía, ¿qué comeré mañana?, ¿cuándo podré escapar?

Vengo de una isla que comienzo a olvidar, va languideciendo en mi memoria mientras hablo con mi espejo y me recuerda estar próximo al último acto de mi vida. He borrado de mi olfato sus olores, apenas me identifico con sus voces. Sus recuerdos los mantengo congelados en la memoria y no me atrae rescatarlos. Comienzo a sentir que poco me importan sus paisajes y su himno me suena hueco, lejos, desafinado, como el tableteo del pico de un carpintero tallando un árbol. Vengo de una isla donde su bandera no me dice nada y no temo ser atacado por rancios patriotas, no creo en ella, no tengo ninguna. ¿Y si la tuviera? Hoy seria blanca y roja, con una hoja en su centro. Espero me disculpen Narciso López y Perucho Figueredo, es responsabilidad del que sufre la ausencia de sus creaciones.

Vengo de una isla que solo me trae malos recuerdos, ¿pudiera existir alguno peor que ver destruido tus sueños? ¡Pobre del infeliz que nunca haya soñado! Lo comprendo. ¿Por qué pedir que regresen mis despojos? ¡Ni muerto!

Termino de colocarme una bola roja y brillante en la punta de la nariz, la sostengo con ligas pasadas por cada oreja, la peluca viene pegada al gorro o viceversa. Finjo sonreír, no es necesario hacerlo, el maquillaje es perfecto, cubre la amplitud de mis tristezas. ¡Apúrate! Me grita el espejo y siento las notas introductorias a la presentación de los payasos. ¡No olvides que eres Virgo! Siento a mi espalda y salgo del camerino. ¿Virgo? Poco me ha importado los signos del zodiaco, dicen que somos perfeccionistas en nuestros actos.

¡Ya sé por qué lo dijo mi espejo! Debe haberse referido a mi antiguo testamento, las cosas han cambiado y tengo que redactar otro, más moderno, actualizado. ¿Será necesario un decreto?

Yo, Esteban Casañas y Lostal, haciendo uso de todas mis facultades mentales y muy próximo al sueño eterno, declaro formalmente sin valor mi antiguo testamento, razones sobran para tomar tan drástica decisión. El anterior manuscrito fue redactado en una época bohemia, romántica y soñadora de mi vida que no se ajusta a mi actual situación. No deseo regresar a la isla de la que conservo tan amargos recuerdos, no pertenezco a ella, no la reconozco y menos me identifico con su vida. No deseo palabra alguna de despedida, nadie lucrará con la tristeza o dolor que pueda haber sufrido. De muy poco y malagradecidas serán las lágrimas o ramos de flores que puedan dedicarme tardíamente. Ninguna de ellas podrá sustituir el beso o la palabra de cariño negada en vida, lo consideraré un acto de mundana hipocresía. No quisiera observar los rostros de quienes me juzgaron y condenaron sin escuchar mis palabras, vivirán el resto de sus vidas condenados por la vergüenza y estoy consciente que harán lo imposible para borrarme de sus memorias y olvidar que una vez existí. Me arrepiento de pocas cosas, no he sido un ser perfecto, me arrepiento más bien de las que no hice y fueron muchas. Como buen Virgo, dejo como legado a mis nietos y amigos aquellas palabras ahogadas, omitidas o escondidas de mi historia, ellos podrán juzgarme con conocimiento de causa.

Vivo en una isla rodeada de tierra y separada de ella por un hermoso rio. Mis cenizas serán depositadas en cualquiera de sus orillas o lagos, la velocidad de su corriente acelerará mi reencuentro con el mar. Si una vez en el Golfo de San Lorenzo chocara con las rocas de algunas de sus islas, me alegrará la música que esa ola provoque, me compensará de alguna manera el silencio que he vivido y sustituirá aquellas conversaciones diarias con mi espejo.

Vivo en una isla sin estrellas, el mejor sitio que pudiera existir en el mundo para vivir y descansar mis huesos. Moriré como vine al mundo, no me llevo absolutamente nada, solo lo que he vivido y no es poco, soy rico. Partiré con la satisfacción de haber sido el primer eslabón de una larga cadena, llegué con la ropa que tenía puesta en pleno invierno sin conocer a nadie y pagué por ello un alto precio. ¿Cuántos se beneficiaron con aquel "insignificante" sacrificio? Uno, dos, tres, cuatro, cinco, diez o doce, no lo recuerdo, solo conservo en la memoria las palabras de quienes me lo agradecieron.

Mis últimos pensamientos estarán dedicados a cada una de las maravillosas personas que permanecieron a mi lado estos últimos años, mis amigos del alma. Dejo a la mujer que amo la responsabilidad por el cumplimiento de estos extravagantes deseos, nadie mejor que ella para comprenderlo. Los abandono sin que supieran mucho de mi actuación, un payaso de la vida que regaló no poca felicidad al precio de opacar sus sufrimientos. Cuando llegue ese momento, pueden estar convencidos de que se publicará mi despedida, así somos los Virgos, perfeccionistas.

Esteban Casañas Lostal. Montreal..Canadá. 2016-09-14

Hace varios años escribí lo que sería mi testamento y hoy he decidido cambiarlo. No será la primera vez que una persona lo haga.

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