Cuba es un cuento, compay

Desarraigos

Hoy cumplo veinticuatro años de mi vida en este país, parece poco tiempo, yo creo que es un siglo. Ando por el barrio pisando hojas caídas, algunas conservan su color amarillo o naranja. Forman una especie de alfombra acolchonada que se alborota cuando el viento algo frio las acaricia. Se han demorado en barrerlas y algunos vecinos las soplan hacia las calles con un aparatico que les cuelga del hombro. Cada día se demora más en nevar, nada es igual al día que decidí lanzar mis anclas en este país, lo hice a barbas de gato y con decenas de grilletes para que ningún viento me pudiera arrastrar. Las anclas fallaron dos veces y casi naufrago, no encontraron buen fondo donde agarrarse y no fue el viento quien me arrastró, fueron dos faldas de mujeres.

Llegué con la ropa que tenía puesta como equipaje y no conocía a nadie, eso se los he contado. No encontré hojas como hoy, todo estaba cubierto de nieve, los inviernos se adelantaban en aquellos tiempos y las primaveras se despertaban con semanas de atraso, había frio. ¡Ha pasado tanto tiempo! Pienso y trato de mirar hacia atrás, no encuentro nada, solo un estercolero muy caliente. La vida me llega en imágenes guardadas en fotos que fueron tomadas con rollos ORWO, que clase de mierda eran. Para muchos, sus vidas han sido conservadas en blanco y negro, mudas también. ¡La mía, no! Aquellos rollos de basura socialista eran caprichosos y dominaban el azul con el rojo, así fue mi vida, azul por el mar y rojo por esa isla maldita de la que tengo tan malos recuerdos.

Me detengo en el dépanneur de unos haitianos, los visito con relativa frecuencia desde hace más de quince años. Vengo a comprarles productos latinos, ellos saben de mis gustos, siempre les compro lo mismo. Me llaman por teléfono cuando arriban aguacates dominicanos y el tiempo restante de las compra lo pasamos conversando. Nos comunicamos en francés, yo lo hablo mal y el de ellos no es perfecto. El mío me sirve para muchas cosas en esta provincia arrancada de Europa, luego paso por otro pequeño comercio a comprar tabaco y debo cambiar de idioma. Su dueño es un chino de la China, lo aclaro porque para nosotros son chinos todo el que tenga los ojos rasgados. Nos comunicamos en inglés, el mío es malo y no me pregunten como es el de él. Hace varios años que le compro y cuando entro a su negocio no necesito pedirle nada. Luego hablamos un rato de su país y le digo sobre todos los puertos que visité. Le menciono a Mao y la revolución cultural, se echa a reír y me dice que no había nacido. Hablo un poco de francés, lo necesario, lo leo sin mucha dificultad. Hablo otro poco de inglés y lo uso cuando me muevo por barrios al oeste de esta ciudad o al viajar fuera de esta provincia. He olvidado el portugués aprendido en Angola por falta de uso, no incursiono mucho por el barrio donde radica esa comunidad. Hablo en cubano y he mejorado mucho mi español. Disfruto cuando digo bonjour, good morning, merci beaucoup, thanks y me responden. Gozo cuando no debo mendigar la atención que merezco o me pertenece por derecho. Siento que soy respetado y respeto, eso vale mucho.

Han transcurrido veinticuatro años alejado de mi pasado y noto que no he cambiado mucho, conservo mis gustos por la comida y mi música, algo es algo, pienso. Los veo llegar y escucho como en apariencias hablan con dificultad su lengua materna a los pocos meses, ¡que pendejos!, vuelvo a pensar. Los observo y me traen a la mente aquellos rollos ORWO con sus fatales imágenes, se mueren de añoranzas, recuerdos, nostalgias. Las morriñas y constantes lloriqueos por lo que dejaron atrás les producen diarreas. Cuelgan fotos del Tocororo donde pueden por ser el ave nacional y hablan de él con esa mezcla de tristeza y melancolía que envenena. ¡Como comen mierda! Vuelvo a pensar. Nunca en sus putas vidas han visto al cabrón pájaro, esa ave solo habita en las montañas. Yo me comí varios de ellos y si eran el símbolo de nuestra nacionalidad se jodieron, nadie les pidió que se posaran al alcance de mi tirapiedras. ¿Cómo carajo voy a sentir nostalgia por algo que no he visto nunca? ¡Vaya pendejadas! No me identifico con ellas y nunca lo haré, si sufren tanto por qué no regresan. Siempre me pregunto y no hallo la respuesta. No solo el pájaro, se valen de las palmas, la orquídea, la bandera, el himno, el escudo y cuanto tareco sirva como referencia a sus amargas nostalgias. No acabo de comprender que hacen acá si sufren tanto, si yo estuviera en sus cuerpos hacía rato que hubiera comprado el ticket de regreso.

¡Y luego! No les pidas que digan nada en contra de aquello, aquello digo y saben perfectamente a qué carajo me refiero. La abuelita, la tía, la sobrinita que cumple sus quince, serán muchas de sus escusas, cualquier tareco sirve para ocultar sus miedos y nunca vivirán tranquilos. No los presiones, no los molestes, no uses una palabra comprometedora. Si lo haces, ellos desaparecerán de tus vidas, serán invisibles y un extraño virus te borrara de sus memorias. ¡Qué pendejos!

Hoy cumplo veinticuatro años de palear nieve y espero hacerlo otros años más. Bueno, si no vienen a recogerme. Vivo feliz y si lo he logrado, se debe en gran medida a que no me interesan las fotos tomadas con rollos ORWO, ya les he dicho que eran tremenda mierda. No miro hacia atrás con mucha frecuencia, la vista se me pierde entre los vahos que desprende aquel estercolero donde vuela imaginariamente un Tocororo, el pájaro que aletea para ocultar nuestros miedos. ¡Y que viva Canadá, coño! Es frio, pero también tiene pájaros muy bellos.

Esteban Casanas Lostal. Montreal..Canada 2015-11-13

0
0
0
s2sdefault

Escribir un comentario

NOTA IMPORTANTE SOBRE EL USO DE LOS COMENTARIOS:
Por favor, recuerde que los comentarios son comentarios no un consultorio, es decir, si usted tiene algún tipo de consulta que realizar, hágalo en nuestros foros, (http://www.conexioncubana.net/foro) allí siempre hay personas dispuestas a ayudar.
Gracias.


Código de seguridad
Refescar