Cuba es un cuento, compay

Contramaestre Galán in memoriam

Aquel gallego tenía la costumbre de posarse contra el vidrio de nuestra fachada, como si poseyera ventosas en el rostro y colocaba ambas manos pegadas a sus ojos a modo visera. Con aquella leve oscuridad trataba de penetrar en el interior del restaurante y yo me escondía, hablaba mucho, demasiado. No era capaz de comprender cuando estábamos ocupados, poco le importaba si no habíamos abierto o atendíamos al público, era demasiado posesivo. Hablaba, hablaba, lo hacía sin parar, como deseando descargar en ráfagas todo el arsenal acumulado en sus soledades.

Nos visitó en tres oportunidades anteriores y ya me conocía el noventa por ciento de su vida. Año de llegada a Montreal, que tenía un hijo bueno para nada al que mantenía con su retiro, nombre de la calle donde vivía, numero del edificio y apartamento. Me regaló una botella de vino que dijo ser de su cosecha y le dije que la escondería para llevarla y disfrutarla en mi casa. No recuerdo exactamente el color, tal vez era el comprendido entre el violeta y el negro, muy oscuro y turbio, imaginé una muerte por envenenamiento, ya deben imaginar su destino.

Uno de esos días, me trajo un disco de acetato con unas canciones marcadas en la carátula y con insistencia me recalcó que eran composiciones suyas. Le creí y lo tomé muy en serio, le prometí escucharlas en casa, el equipo del restaurante era muy moderno. A la mañana siguiente fue muy puntual, no deseaba perder lo que fuera la obra de su vida. Sacó el disco de la carátula y lo revisó con mucha desconfianza, comprobado su buen estado lo volvió a guardar nuevamente y revisó ambas caras del forro buscando algún daño. Se detuvo en el nombre de uno de los autores y me lo mostró.

-¿No lo conociste? Era Capitán de la marina mercante cubana. Me pasó el sobre nuevamente para que leyera.

-¿Galán, Galán, Galán? Yo conocí a uno con ese apellido hace muchos años, pero no era Capitán como dices, fue un simple Contramaestre. Muy buena persona el tipo, pero ya debe estar muerto, era algo mayor cuando trabajamos juntos.

-Es que yo no conozco mucho de los rangos en las marinas mercantes, disculpa esa equivocación.

-¿Tú lo conociste?

-¡Joder! Éramos amigos y salíamos a compartir cada vez que visitaba Montreal.

-¡No te creo! Mira que el mundo es chiquito. ¿Quién lo iba a imaginar? Tenía deseos de decirle que quién iba a pensar que Galán fuera amigo de un loco, pero me contuve. Loco o no, aquel gallego era totalmente inofensivo, solo hablaba y hablaba como un perico.

-No recuerdo exactamente cuándo nos conocimos, pero te aseguro que estuvo relacionado con la grabación de este disco. ¿De veras lo conociste?

-¡Claro! Fue en un buque llamado Luis Arcos Bergnes, allí estuve trabajando como marinero de cubierta durante unos meses y como te dije, Galán era su Contramaestre.

-¿Qué es un contramaestre? Disculpa mi ignorancia en el tema.

-Es un cargo que pertenece a la maestranza de un barco, o sea, lo mismo que el Mayordomo o el Ayudante de Máquinas. Era el jefe directo de la marinería, timoneles y pañolero, quien nos distribuía el trabajo.

-¿Era bueno como persona?

-¿Galán? Era un ser adorable que se daba a querer entre sus subordinados, nunca lo veías enojado y se pasaba la mayor parte del tiempo tarareando alguna canción.

-Posiblemente de esa manera nacieron algunas composiciones suyas.

-¿Y que componía?

-Casi todos sus números eran Habaneras, no logró grabarlas todas, pero me las dejaba en sus viajes. Voy a tratar de buscar una que otra partitura suya en mi casa.

-Su trabajo no tenía nada que ver con la música y te repito, era muy bueno en lo que hacía.

-¿Cuándo lo viste por última vez?

-¡Uffff! ¿Quién pudiera saberlo? Hace tantísimos años que no lo recuerdo. Después coincidimos en otro buque y navegamos juntos, no había cambiado, era el mismo hombre querido por sus subordinados.

Es muy probable que aquel gallego hablador haya muerto también, esas conversaciones las tuvimos hace unos diez años y de sus locuras, tantas manifestadas en aquellos encuentros, le agradezco haberme traído la memoria de Galán, un contramaestre como pocos. Lo veo recorriendo la cubierta con su eterna sonrisa y tarareando aquella música sepultada por la moda, debe andar por los mares de Neptuno.

Esteban Casañas Lostal. Montreal..Canadá. 2016-12-07

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