Cuba es un cuento, compay

Por la saga de los marinos cubanos - 7

Don de mando.

Abordar este tema no es muy sencillo y es tratado ampliamente cuando acudes a Internet en busca de información. Diferentes son los criterios expresados por distintos autores, solo que al final de cada una de sus exposiciones, existen puntos de encuentros.

El Don de Mando es imprescindible cuando la persona se encuentra al frente de un grupo, numeroso o no, de subordinados. Pero como bien lo dice su definición, estamos ante un "Don" natural que posee la persona y es muy difícil, cuando no imposible, de ser adquirido mediante estudios en cualquier profesión. Se trata entonces de una "aptitud" inherente a la naturaleza del individuo, sea masculino o femenino.

Mandar o dirigir a un colectivo, es una tarea que en oportunidades resulta difícil de aplicar para obtener la respuesta de obediencia o subordinación que se espera. El jefe por selección se transforma en un líder, fue elegido por distintas virtudes admiradas o respetadas por quienes les rodean. El jefe impuesto no es así, se trata del individuo que fue ascendiendo en una carrera, poco importa de cual se trata. Llega hasta ella por varias vías, antigüedad, estudios, selección, intereses superiores, etc. Sin embargo, llegar a jefe no significa que no pueda abrazar la categoría de líder por los métodos aplicados a su paso. Cuando eso sucede, existirá más armonía entre él y sus subordinados. Los conflictos o contradicciones serán mucho menores que en el caso del simple jefe.

En los barcos y debido a la naturaleza de su ambiente, donde se destaca una relativa independencia, lejanía y hasta temporales desconexiones con mandos superiores a los que ese jefe deba subordinación, la situación debe ser muy especial.

Es de suponerse que en ese caso el jefe sea el Capitán de la nave, persona a la que toda su tripulación deban obediencia total y absoluta. Los reglamentos y leyes internacionales son muy específicos para definir la personalidad del Capitán a bordo. Solo situaciones de extrema gravedad, justificarían la sustitución de su persona. Puede ser destituido por una junta de oficiales, quienes deben argumentar muy bien las causas que justifiquen su acción. Cualquier error que cometan en la ejecución de ese acto, puede invertir los resultados legales esperados y derivarse la acción en un simple acto de rebeldía, motín o insubordinación. La personalidad del Capitán en esas circunstancias es casi sagrada e inviolable, sea malo o bueno.

¿Tienen todos los capitanes don de mando? ¡Absolutamente, no! La respuesta se encuentra en las líneas introductorias a este trabajo. No todos tienen energía de carácter, dotes persuasivas o el prestigio que faciliten su ejercicio. El caso de los capitanes es mucho más exigente que el de cualquier jefe radicado en tierra y sus decisiones deben ser certeras, oportunas, firmes y carentes de errores posibles. Hay momentos de peligro donde, una simple orden suya puede salvar a la nave y las vidas que lleva dentro. Los conocimientos técnicos o experiencia acumulada por años, no es suficiente aval que asegure encontrarnos ante un verdadero jefe por el solo hecho de portar una charretera con cuatro rayas en el hombro.

En el caso cubano se complica mucho su trabajo como jefe o líder de una tripulación, y es aquí donde solo brillan los que verdaderamente lo son. La figura legal del Capitán, ha sido minimizada con la presencia de individuos que responden ciegamente a las orientaciones de su partido. Creada esa maquinaria diabólica donde todos evalúan a todos y con una simple levantada de mano se podía destruir la vida de cualquier hombre, no tardó mucho tiempo en aparecer el timorato que cediera ante esas presiones. No es sencillo explicar el poder de destrucción poseído quizás por un simple engrasador y como las "masas" rendían culto y sumision a ese diabólico personaje. Se impuso en demasiadas oportunidades la anarquía y el resto de la oficialidad quedaba desamparada por falta de una cabeza o jefe. Luego apareció una figura política más dañina, capaz de evaluar a los anteriores y oficialidad completa, me refiero al comisario político, máxima expresión de la silenciosa represión a bordo. Ninguno de aquellos que rindieron su mando ante la presencia de esos individuos a bordo, podrá afirmarse que poseían "Don de mando", portaban charreteras con cuatro rayas, pero eran unos simples pendejos que no supieron aplicar el reglamento de la marina con todo su rigor. Así vi caer a muchos capitanes a los que admiré por su trayectoria y luego desprecié.

¡Claro que hubo excepciones! Hombres a los que debo todo mi respeto y consideración. Personas que poseían ese don y algo muy importante para ocupar ese cargo, par de testículos debajo de los pantalones. ¡Porque, caballeros! Para mandar hay que tener güevos, el cobarde debe quedarse en su casa y dedicarse a sacar su perrito a pasear cada tarde, los barcos no han sido hechos para ellos.

Esteban Casañas Lostal. Montreal..Canadá. 2016-11-05

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