Cuba es un cuento, compay

Por la saga de los marinos cubanos - 3

Profesionalidad, competencia. 2

Ya vimos en el capítulo anterior el derroche indiscriminado de moneda fuerte en la utilización de servicios inherentes a nuestra profesión. Acción desarrollada por gente profesional y por individuos verdaderamente incapacitados para comandar cualquier nave. Lo más sorprendente en ambos casos radica en que el 99.99% de esos personajes, militaba en el partido comunista de Cuba. Podemos entonces referirnos a una acción realizada por indiferencia o indolencia a los daños económicos provocados, cuando se trataba de hombres con buena formación técnica, los otros estaban justificados.

No fue solamente en este territorio donde provocaron grandes pérdidas económicas y ya lo he mencionado en trabajos aislados. Todo navegante sabe perfectamente que la menor distancia entre dos puntos de la tierra, es un arco de circunferencia conocido como ¨Circulo Máximo¨. Esta es la navegación recomendada para grandes travesías oceánicas porque se ahorran millas, combustible y tiempo. Perdí la cuenta de los capitanes que ignoraron este tipo de navegación y las razones fueron variadas. Vale destacar entre ellos a los timoratos, aquellos que tenían miedo remontar un poco de latitud, eso ocurría con mucha frecuencia en los océanos navegados. Otros, los más numerosos, incurrían en esa falta por desconocimientos o mala preparación técnica. En ambos casos y solo en raras excepciones, se trataba de militantes del partido comunista. Luego, sobraban razones para morirse de la risa cuando se desarrollaban las molestas asambleas de emulación. Los jefes de máquinas narrando sus peripecias para ahorrar combustible, mientras las cifras que aportaban resultaban ridículas ante el despilfarro y gasto provocado por el Capitán de la nave.

Para nadie es un secreto que no existen diferencias en las asignaturas técnicas aplicadas a la navegación en cuanto a rango se refiere, nada había variado en aquellos tiempos. Los conocimientos de astronomía, meteorología, oceanografía, navegación, estabilidad, etc., eran los mismos para toda la oficialidad incluyendo al Capitán. Luego, resultaba bochornoso descubrir las grandes lagunas técnicas demostradas por algunos de esos personajes durante una travesía cualquiera y como era de suponer, daban rienda suelta a todo tipo de burlas.

En términos generales el gobierno, representado por la dirección de nuestra empresa, no era ajeno a esta epidemia. ¿Cómo trataban de disminuir los daños provocados por estos incompetentes? Muy sencillo, en todos los casos enrolaban a un Primer Oficial calificado con ellos y era esa persona la que viajaba sobrecargada en sus funciones. Sin embargo, ese Primer Oficial que garantizaba el éxito de aquella aventura marítima, se encontraba a merced de las evaluaciones que le haría ese individuo sin preparación. ¿Cómo poder digerirlo? Estamos hablando de una maquinaria diabólica y devoradora de hombres, porque a su vez, ese mismo Capitán se encontraba a merced del núcleo del partido que, muy bien podía estar dirigido por un engrasador, marinero de cubierta o camarero. Cualquiera de ellos les podía hacer la vida imposible, solo era necesario que el resto de los militantes alzaran sus manos para aprobarlo y ya saben, ellos siempre se encontraban muy dispuestos a obedecer.

Si en algo me ayudó la presencia de esos individuos en el desarrollo profesional o adquisición de experiencia, lo fue su manera de evadir responsabilidades durante las travesías. Con todo el descaro del mundo te cedían el mando de la nave en situaciones donde se exigía la presencia del Capitán, hablemos de zonas con intenso tráfico como el de la recalada a Tokio, por solo mencionar un ejemplo de los tantos que abundan. En esas zonas y cada cierto punto había que reportar la posición de la nave, rumbo, velocidad y tiempo estimado para llegar al próximo, eso lo saben todos los navegantes. Sin vergüenza alguna te decían; Asume el mando y avísame cuando vayamos a tomar el Práctico, así tomas experiencia. ¡Nada más falso! A ellos les importaba un pepino tu superación, el verdadero problema es que no sabían hablar inglés y eran cobardes, nerviosos o incompetentes. Ejemplos sobran para argumentar todo lo que expongo y forma parte también de nuestra historia, solo evito extenderme demasiado.

No solo fue en las navegaciones donde esos individuos mostraron su incapacidad, hubo otra situación o servicio al que acudieron con su costo económico también. Este servicio pudo ser vergonzante para personas amantes de su profesión, nos presentaba ante los ojos del mundo como simples indígenas y como tal muchas veces nos trataron. Me refiero a la contratación de una agencia dedicada a la carga de los buques y aquí tuve varios encontronazos. Fue una operación que nunca acepté, porque definitivamente lo que ocurriera a la carga era de total responsabilidad del Primer Oficial. Uno de esos viajes se presenta de noche un Capitán de la marina belga con un plano de carga y nos dice que se comenzarían las operaciones a la mañana siguiente. El individuo trabajaba bajo contrato con nuestra empresa armadora y me preguntó si yo lo aceptaba. Por fortuna le respondí que debía someterlo a examen antes de responderle, digo por fortuna porque en ese instante me encontraba verdaderamente agotado. Una vez en el camarote, me dediqué a revisar el trabajo de aquel Capitán y encontré el grave error de haber incluido en una bodega unas dos mil toneladas de leche en polvo con productos químicos. Aquello trajo como consecuencia que debía hacer una nueva distribución de mercancías y pesos. Es de suponer que estuve trabajando toda la madrugada en la confección de un nuevo plano de carga.

A la mañana siguiente le dije que su plano no procedía y le entregué el mío con las variantes luego de explicarle las razones. Conclusión, me llevó para su oficina y allí recibí un sobre con dinero para callarme la boca. Más tarde y en conversación con nuestro Capitán, el belga le dijo que era la primera vez que alguien le rechazaba un plano de carga. ¿Qué se deduce de esa situación? No es difícil adivinarlo, me antecedieron personas con muy baja estima, inseguridad de lo que hacían o indiferentes ante los gastos en los que se incurrían. Era una práctica muy generalizada y un complejo de inferioridad inducida, considerar a todas esas personas superiores a nosotros por venir de un país desarrollado y usar espejuelitos. No fueron pocas las veces en las que choqué con inspectores, representantes de compañía aseguradoras, etc., cuando querían imponer sus criterios por considerarnos inferiores. Hasta esos límites llevaron a nuestra oficialidad la presencia de individuos mal preparados y de muy baja estima.

Si, tuvimos a hombres muy profesionales y bien preparados, pero también abundaron muchos zocotrocos a los que se puso en sus manos no solo la responsabilidad de una costosa nave, se les regalaba de paso las vidas de quienes las tripulaban. ¿Lo peor? Estaban facultados para evaluarte y ser dueños de tus destinos porque solo a ellos les creían. ¿No eran militantes?

Esteban Casañas Lostal. Montreal..Canadá. 2016-10-16

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