Cuba es un cuento, compay

La proletaria

-Te lo digo yo que no es fácil, cada vez que el Robert organiza alguna pachanga, algo frecuente entre nosotros y por eso son informales, como en Cuba. Una sola razón pa tomarnos un laguer o bajarnos un rifle, tratar de divertirnos un poco en lo que pasa todo este hielo de mierda. No hay que darnos mucha cuerda tampoco, ni hay tormenta que nos detenga. El Robert es cómico, no necesita hablar, es bastante inquieto.

¿Ustedes han visto a un pájaro carpintero pegado al tronco de un árbol? ¿No se han fijao que nunca se queda quieto en un lugar? Así mismo es mi socio, como si estuviera repartiendo picotazos por todos laos, muy nervioso. Siempre le digo, ¡relájate, men!, toma la vida con calma, parece que tienes el mal de Parkinson en todo el cuerpo. Pero no, el tipo no entra en arreglo, va de la sala a la cocina mil veces, lo hace sin parar de hablar, eso sí, nunca te deja enganchado en una conversación. A veces me digo, de dónde carajo sacará tantas energías para hablar tan alto, porque ya se los describí hace unas horas, es bien diminuto, debe ser el eslabón perdido entre el hombre y un Gorrión. Pero bien que se manda como cien watts de salida, eso es hablando en tono normal, porque no quieran verlo cuando se encabrona o no quiere perder en una discusión. La suerte es que los vecinos ya lo conocen y no se asustan con nuestras reuniones, es más, para demostrarles que existe buena voluntad y deseos de una pacífica convivencia, el Robert llenó la casa un día con una pila de indios. Indios de la India de verdad, con turbantes y todo y con un aliento que ni les cuento, ese día solo estuve quince minutos en su casa. Ayer fue el bautizo de su nieta y ya saben ustedes cómo somos los del patio, la cosa siempre termina en manos de los mayores, y como es de suponer, siempre vamos a caer en La Habana, no sé por qué, pero siempre ha sido así. Hubo gente que se fue de la iglesia para su casa y nos alegramos, eran buena gente, pero no cabemos tantos en el apartamento de Robert, aunque es grande, porque tiene un cinco y medio para él y su mujer, o sea, un apartamento de tres cuartos. Toda esa actividad realizada con la finalidad de quedar bien con sus invitados, parece que aceleró un poco el biorritmo de mi socio, estaba bien acelerado. De la sala al comedor, del comedor a la cocina, abre el refrigerador, vuelve a la sala, sube el volumen de la música, baja el volumen, repite el DVD de Sponge para los niños, regresa al refrigerador, mareaba, te emborrachabas viéndolo caminar por el largo pasillo. ¡Asere! Que levanten el inán y vayan a buscar su laguer, deja ese papelito de camarera complaciente que te has echado, ven a compartir con los socios. Convencerlo no es fácil, yo creo que él debe estar en constante movimiento, como los elefantes, dicen que es para bombear sangre a todo el cuerpo. Pero, ¡carajo!, con los elefantes está justificado, pero al cuerpecito de Robert se le bombea sangre con cualquier cosa, hasta con la bombita que tengo en la pecera. Así es de testarudo, entonces, como anda en ese tira y encoje no bebe mucho, y como no lo hace, no se relaja. ¡Coño! Yo quisiera verlo un día en relajito con su mujer, debe ser un momento trágico para ella. ¡No, el 69, no! Protestará y ella tapándole la boca para que no se enteren los vecinos, por suerte son indios. ¡Mira! No se me ha ocurrido decirle que organice un círculo de estudio con ellos, se los digo por el asunto del Kamasutra. Los otros días me puse a ver la película por los canales de HBO y me quedé botao. Con lo orgulloso que somos nosotros y creemos saberlas todas, esos tipos son unos locos, voy a cuadrar con el Robert, va y cuando adquiera más conocimientos se relaja un poco. Ya les digo, no me lo quiero imaginar encima de la mujer, debe ser como el Pitirre picoteando al Aura, hay que tenerlo, hay que tenerlo en cuenta. ¡Na! Muy animada la tertutila, habían caras nuevas en el fetecún del bautizo de su nieta, pero de otras ya he hablado… No sé ese trauma que tiene Matilda para estar las veinticuatro horas del día hablando de pincha, yo estaba en la sala y la escuchaba con su disertación en la cocina, pobres mujeres, pensé, dentro de poco van a formar un comité de la Federación. Escuché cuando hablaba de los inventarios que realizaba en su centro de trabajo y todas las violaciones que detectaba. Tuve deseos de llegarme hasta la cocina y refrescarle la mente, decirle que aquello era un bautizo, no una asamblea de la CTC, pero no quise joderle el güiro al Robert, ¡oye!, que cualquier rumba cuesta plata en este país pa’que te la estén saboteando con muelas de pinchas que a nosotros no nos interesa… Me contuve, permanecí bien pacífico en la sala y aguantaba como un caballo antes de ir al baño. Yo sé que el Robert andaba medio cabrón, se lo noté en el rostro y en la aceleración de sus movimientos, cuando él no se achanta a compartir con los socios es porque algo le pasa. La escuché decir que viendo a los vecinos palear nieve para limpiar sus entradas, le recordó los trabajos voluntarios de su CDR… ¡Relax, mucho relax! Cuenta hasta cien y no brinques, vas a meter la pata y vas a quedar mal con tu socio. ¡Pero ven acá! ¿Esa jeva no tiene otra cosa de qué hablar? ¿No tuvo quince? Porque más o menos las mujeres son como los hombres, yo creo que peor cuando están solas y siempre hay alguna que desea brillar por encima de las demás. ¡Nada! Ella nunca entró a una posada, está bien que los más chamas no puedan hablar de ellas, pero en sus tiempos estaban funcionando… ¡Qué no sea zorra! Venir a dársela de pura con nosotros que estamos tan camaos, vamos, ¿sólo pinchó en su vida? Esa no se la cree nadie, consortes… Muy bien pudo ser de aquellas que entraba a las posadas en horarios de trabajo y se cubría el rostro con un periódico pa’que no la reconocieran… Esos trucos de estas tembas piensan que van a marear a cualquiera, podrán hacerlo con un fiñe. Yo creo que el Robert se llevó el pase cuando no me vio muy feliz que digamos, tampoco quería atormentarlo, decirle por ejemplo: “mi ambia, estoy sudando con toda la pincha que me ha soltado esa vieja”… El se la llevó, estoy convencido, él es nerviosos y todo lo que ustedes quieran, pero de gil no tiene un solo pelo, bueno, pelos tampoco le quedan muchos, pero de que se las sabe, se las sabe y cuando no las imagina. Me hizo una señal frunciendo el ceño y lo comprendí al instante, ya sabía que estaba a punto de reventar, me hablaba en un idioma que utilizáramos en algunas factorías cuando queríamos hacerle una cabronada a un hijoputa. ¡Ufff! Comencé a preocuparme y le dije que se sentara un rato con nosotros… No se detuvo, desde la cocina nos llegaba la historia del Cordón de La Habana, pincha, pincha, no tenía otros temas. ¿Esta temba nunca fue al cine? ¡Coño! ¿No le agarraron una teta? ¿No tiene otra historia? Tan linda e irrepetible que es la juventud, carajo… Parece que no, por eso es tan amargada, no digo yo, ¿quién rayos iba a invitarla a salir?... ¿Y USTEDES NO SABEN CÓMO ME GANÉ EL TELEVISOR CARIBE?... Por mi madre que ya me estaba acomplejando, yo creo que lo hacía a propósito, que me desafiaba, por eso alzó la voz, lo hizo tanto que se elevó por encima de la música y el video de Sponge. Ahora sí que los indios tuvieron que asustarse. ¡Por Dios, Robert! Dile a esa vieja de mierda que baje el volumen, recuérdale que está en Canadá y no se puede hacer tanta bulla, pero no solo eso, dile que no nos importa ni timbales su estúpida historia por un televisor de mierda… Es mi ambia, pero ya no soportaba escuchar tanta porquería. ¡Díganme ustedes! ¿A quién carajo le interesa ahora los detalles de cómo se ganó ese televisor? ¡Ná! Y con el orgullo que lo decía, como si fuera mucho… Que yo sepa, que yo sepa, porque la conozco muy bien, en cincuenta años se ganó una lavadora Aurika y me contaron que hace muy poco logró un Panda. ¿Medio siglo para ganarse esas porquerías?... La lavadora no le duró ná, ¿cuál es el cuento?, tenía un motor de cincuenta ciclos que se quemó a las dos semanas de uso. ¿Y luego? A lavar a mano como en los viejos tiempos, hervir las sábanas meadas de los fiñes derritiendo pedazos de jabón Batey, y la peste que daban esas herviduras. ¡Párale la estrepada a esta vieja, consorte! Nos va a joder el bautizo, que se vaya con esa muela pal coño de su madre. ¡Ño! Creo que puse en un aprieto al Robert, como quiera que sea, ese era su gao y la que llevaba la voz cantante era su cuñada. Ni tanto, porque a él también le caen mal esas muelas, pero imagínate tú, va y su mujer se encabrona. Nadie sabe, ella es enferma a la pacotilla y alérgica al curralo, pero va y se tomó un laguer y le calló mal y le de por defender a su hermana… Por suerte el Robert es más diplomático que yo, bueno, mientras no esté sonao. Fue a la cocina y le hizo un chiste a las mujeres que hacían coro en aquella especie de conspiración comunista, desde la sala pudo escucharse las risotadas, yo creo que celebraban tan oportuna intervención. Luego, como el que no quiere las cosas, le preguntó a las presentes, ¿se acuerdan de Los Zafiros?... Pude identificar tres o cuatro respuestas diferentes, sin embargo, no se escuchaba la voz de Matilda, así que la imagino bien empapayada… El Robert sacó una reproductora de CD portátil y la colocó encima de la vitrina del comedor, pocos segundos después, La Caminadora se enfrentaba en el medio del pasillo con la voz de Willy Chirino cantando Ya viene llegando y Sponge empujando y Los Zafiros atrincherados, de truco, queridos amiguitos… Y todo por culpa de una vieja proletaria trasnochada, el Robert agarró un laguer y regresó a reunirse con los socios en la sala, venía risueño, con esa felicidad que solo muestran los vencedores… ¡Qué raro! No habíamos comenzado a hablar mal de Fidel y sacando cuentas, ya habíamos superado el promedio de cuatro cervezas por cabeza. De verdad, aquella vieja impuso un toque de queda entre los hombres, el Robert se sentó entre nosotros, los fiñes, Willy y Sponge. Se encabronó, yo lo conozco perfectamente bien, La Caminadora solo llegó hasta la mitad del pasillo y comenzó a retroceder, de buenas a primera se fue del aire y se impuso nuevamente la voz indiscutible de Matilda… Aquello tiene sus encantos aunque muchos no lo quieran reconocer, ¡oye!, esas asambleas del sindicato para repartir bonos eran todo un acontecimiento en nuestro centro de trabajo. Allí era donde de verdad se sabía quiénes se habían sacrificado, ¿se acuerdan de las bases de campismo?, yo me gané un bono para una de aquellas cabañitas y las pasamos de maravillas en Puerto Escondido… ¡Asere! Manda a callar a esa vieja de pinga, nos tiene locos con sus trovas, dile que no joda más, recuérdale que estamos en Canadá… Puerto Escondido era una mierda llena de mosquitos, ¿por qué no la haces feliz? Dile que se ganó otro bono y suéltala en el monte, déjasela a los esquimales pa’que no joda tanto y sale de ese paquete. Coño, si fuera La Cenicienta estoy convencido de que el Príncipe vendía el zapato perdido en la bolsa negra, no hay quién se la espante. Tú te imaginas a esta jeva en su relajo hablándole al marido de inventarios, metas, planes, ¿quién demonios se viene así?, por eso se la dejaron en los callos. ¡Vamos a serviiiiiir!, se escuchó desde la cocina, era la voz de la esposa del Robert. ¿Se acuerdan cuando organizábamos una actividad por el CDR, la caldoza? ¡Oye! No se pudo mantener callada, ella tenía una salida para cada cosa… ¿Les sirvoooo? Fue otra vez la voz de la mujer del Robert y él se limitó a preguntarnos con la mirada, el pobre, creo que estaba abochornado por el mal momento, aquello no parecía un bautizo y estaba más pasmao que cualquiera de nuestras rumbas habituales… ¡Asere! Dile a la jeva que sirva, pero por favor, sin servilletas, acuérdate del bateo con esa temba los otros días.

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