Cuba es un cuento, compay

Como un águila

0
0
0
s2smodern

Hacía casi veinte años que no visitaba el Caribe y para aquel, cuyos sentimientos de rebeldía insistan en mantenerse vivos dentro de su cuerpo, República Dominicana es una buena opción para acercarte a tus raíces. El ambiente dentro del avión era animado, todos volábamos buscando un solo objetivo, vacacionar o descansar un poco del ruido y la vida agitada de las grandes urbes con el escándalo constantes de sirenas, autos y ese encierro voluntario que impone el calor o el frío. Un intercambio amistoso de solicitudes y cambios de asientos como si se trataran fichas de ajedrez nos benefició, dos familias que estábamos separadas por caprichos o negligencias de los vendedores nos unimos. Del ala derecha nos mudamos a la contraria y nuestros puestos fueron ocupados por una joven pareja.

-¡Atención, señores pasajeros! Nos encontramos sobrevolando la costa norte de la isla de Cuba. Fue la voz del Capitán y no le presté mucha importancia hasta observar el alboroto de la familia con la que habíamos cambiado los asientos. -¡Coño, se ve clarita! No fue necesario preguntarle si eran cubanos, aquel coño era nuestro aunque fuera inventado por los españoles. La curiosidad pudo vencer mi voluntad, me levanté e incliné un poco hacia su ventanilla.

-¿Me permites mirarla un momento?

-¡Claro!

-Hacía veinte años que no la veía. Le manifesté al muchacho creyendo impresionarlo con mis palabras.

-Yo hace treinta años que no la visito.

-¿Qué edad tienes tú?

-Treinta y cinco, mis padres me sacaron siendo un niño y no he vuelto a pisarla, no lo haré hasta que aquello no cambie. Me conmovieron sus palabras, no creía que existieran jóvenes como él. Casi los aplasto en mi intento por captar aquellas imágenes casi perdidas en mi memoria.

Volábamos a más de treinta mil pies de altura y sobre nuestros pies solo se divisaba la misma figura con las que trabajé durante años en las cartas Mercator. Podía apelar sin esfuerzos a los archivos de mi memoria y darle nombre a cada cayo o punta relevante de nuestras costas. Cuando andábamos frente a la entrada de Nuevitas regresé nuevamente a mi asiento, fue suficiente.

Azul y verde, verde y azul, así habrá aparecido ante la mirada ingenua de decenas de pasajeros, para otros no fue así, aquellas fotos adquirieron colores y dimensiones. Varios minutos de silencio sin poder pronunciar una sola palabra, ido, ajeno totalmente al trasiego de pasajeros por el pasillo. Recorría mentalmente cada milímetro de aquella costa e identificaba los charquitos observados desde el aire, Nuevitas, luego vendría Manatí, Puerto Padre, el faro de Lucrecia, la bahía de Nipe y Levisa, Moa. Nos vamos desprendiendo de ella y el niño me pregunta por otra isla a la izquierda.

-Esa es Gran Inagua. Le respondo con indiferencia, él no insiste y regreso nuevamente al ala derecha, azul y verde, verde y azul. Solo los que vivimos en ella podemos arrebatarla de esos vagos colores y preñarla con todos sus sabores y olores. Mi vista se vuelve aguda como la de un águila y recorro cada recoveco de esa costa con sus pueblos, me revuelco con sus mujeres en las playas, sufro las picadas de sus mosquitos en las nalgas y el orgasmo es demorado. Sudo en las colas por tomarme un refresco o una cerveza, no hay posadas ni hoteles donde aliviar ese deseo salvaje, cualquier lugar oscuro es apropiado.

Vuelo sobre mi pasado y cada milla recorrida comienza a resultar una pesadilla, choco de frente con las noticias que llegan desde ese feudo infernal que me aferro en mantener bello. Nada es igual, sus paisajes han cambiado y con ellos su gente, no hablamos el mismo idioma, no olemos igual, unos huelen otros apestan. Miro hacia el ala derecha y observo en silencio al muchacho que lleva tres décadas sin visitar su tierra. Viaja perdido con la cabeza sobre el hombro de su esposa, no le pregunté a ella si era cubana, puede que sí, tal vez sea descendiente de uno de los nuestros.

Logro calmarme y regreso a la realidad que me ha tocado vivir, ya sobrevolamos Gran Inagua y calculo haber sobrepasado el Paso de los Vientos. Regresa nuevamente ese desgarramiento vivido durante todos estos años, la misma lucha sobre el que trata de imponerme su voluntad y mi resistencia en aceptarla. ¡No regresaré, coño! ¡No tengo que pagar una humillante visa por pisar mi tierra! Si otros lo aceptan, poco me importa. El dolor se ha ido borrando, la nostalgia es pasajera, miro y descubro que casi no le pertenezco, soy otro, ella es solo un recuerdo. Viajaré libre hasta el final de mis días y volaré alto, miraré hacia abajo como hacen las águilas.

0
0
0
s2smodern