Cuba es un cuento, compay

Mi padre

....Hola, recibí tu mensaje y ya estoy mejor, se me olvidó decirte que leyendo el cuento La Atlántida, aunque me gusto mucho, no pude evitar llorar pues yo soy defensora de los viejitos. Mi papá era muy anciano cuando vivía conmigo y yo era muy especial con él, no lo puse nunca en un home, pues me parece un abuso y ellos se jodieron mucho con nosotros para pagarles así. Pues te diré que en este país esa es la costumbre, cuando empiezan a joder un poquito de cabeza para el home. Los que me conocen hablan muy bien de mí, dicen que yo era muy complaciente con él y te diré que cuando tienen arteria esclerosis no son fáciles, para la próxima te cuento algo que hice cuando se murió...

Hacía solo unos minutos que habíamos terminado de hacer el amor, siempre permanecíamos desnudos, disfrutábamos mucho contemplando nuestros cuerpos mientras hablábamos, lo hacíamos ininterrumpidamente, como tratando de ganar todo el tiempo perdido. Apenas nos conocíamos y ya nos amábamos profundamente, solo deseaba conocerla y ella a mí. Como una norma surgida por la espontaneidad, ella permanecía boca arriba y con las piernas algo abiertas, yo descansaba sobre ella sin descargar todo mi peso, mi abdomen quedaba justamente sobre su monte de Venus y mientras ella conversaba, mi rostro se encontraba en constante roce con sus senos, así pasaban las horas de un reloj que siempre queríamos detener. Luego y a mitad de la conversación tomábamos un baño juntos, yo la enjabonaba y ella hacía lo mismo conmigo, nos besábamos y el frotar de ambos cuerpos enjabonados nos excitaba nuevamente, otra hora de locuras sin tabúes ni prejuicios, sin miedos, sin penas, cambiando de posiciones frecuentemente y buscando el goce pleno de ambos.

Ese día me levanté a preparar dos tragos y me senté en el borde de la cama para contemplarla, estaba acostada de espalda mostrando con descaro cientos de tenues pecas y sus lindas nalgas me provocaban hasta el cansancio. La invité a beber y se sentó en la cama, tomó un sorbito que luego me pasó con un beso, unas gotas del licor cayeron sobre sus muslos y nos reímos, entonces bajé un poco la música y no nos volvimos a acostar, no parábamos de hablar.

-Cuéntame de tu padre.- Le pedí sonriente y ella me miró inquisitivamente a los ojos, pensé de pronto que se sentiría ofendida por aquella solicitud en medio de nuestra desnudez, me dirigió una mirada feliz por aquella inesperada petición. Yo sé que mucha gente la encontrará inoportuna, así ha sido toda mi vida, muy inoportuna a veces, pero nada me ha frenado cuando me he propuesto algo, yo soy así. ¿Me hará más sincero hacerle la pregunta vistiendo un caro traje de Pierre Cardin? Lo dudo, como tampoco creo en esa impuesta fragancia de las que usan Channel y no pueden ocultar del todo, la ausencia de varios días sin probar agua, ¿son acaso más aseados que el pobre obligado a vestir sus limpios harapos?, lo dudo también, el hábito no hace al monje. Yo no creo en los rubios de ojos azules que usen espejuelitos de oro, eso no los hace más inteligentes, ni al pobre cegato más burro.

Recuerdo que un día le pregunté a un capataz en Buenos Aires dónde se encontraba el cementerio de Chacaritas, el hombre no pudo ocultar su asombro y me respondió así;

<< ¡Rayos cubanito! En todos los años que llevo trabajando en el puerto, eres el primer marino que me pregunta por un cementerio. Toda la gente de mar solo pregunta por bares, prostíbulos, clubes, etc., eres un caso.>> Tuve que reírme ante aquella respuesta y reconocer que el tipo tenía razón, una puta debería ser una buena razón en nuestras vidas de largos períodos de abstinencia sexual. El capataz supo ubicarme rápidamente acorde a mi vestimenta, ignorando que debajo de la tela existía un ser humano. Yo solo deseaba visitar la tumba de Carlos Gardel.

No me sentí cohibido en lo absoluto por hacerle aquella pregunta, ella era casi una fotocopia de mi persona pero de sexo opuesto. Era una persona que se tomaba su tiempo antes de brindar una respuesta, se llevó lentamente el vaso a sus labios y luego me ofreció otro traguito con un beso, esta vez me pasó un pedacito de hielo y se rió por la infantil maldad cometida. Sabía perfectamente que la personalidad de su padre había robado mi atención, pero solo me hablaba de él de la misma forma que me pasaba los traguitos de boca a boca, en pequeños sorbos. Creo también la hacía feliz saber de alguien que se interesara por la vida de un hombre tan simple como su padre. Yo no dejaba de acariciarla y menos aún me cansaba de devorar aquellos hermosos y sinceros ojos azules.

-¿Mi padre?- Sonrió pícaramente y se tomó su tiempo. -Si supieras lo presumido que era aún antes de marcharse, le encantaba tener sus canas bien blancas y yo le daba tratamiento de vez en cuando. Detestaba vérselas amarillentas, mi viejito era lindo.- Se llevó el vaso nuevamente a los labios, esta vez lo bebió completo.

-¿Qué deseas saber de él?- Me preguntó mientras pasaba sus finos dedos por mis labios.

-Tanto desearía saber de él, no sé por cual razón, pero el viejito me tiene cautivado. A veces pienso y me arrepiento de no haber compartido con él, o en el mejor de los casos que tú lo hubieras compartido conmigo.-

-Yo llegué a esta vida accidentalmente, me explico, arribé cuando todos pensaban que la formación de nuestra familia hubo culminado. Mis padres eran mayores, digo que bastantes mayores de edad, la no recomendable para tener hijos. Hoy eso no es una dificultad con los avances de la ciencia, pero te imaginas en nuestra época, nadie sabía el sexo de la próxima criatura y menos aún si nacería con defectos físicos o mentales. Yo fui un regalo para ellos cuando todos mis hermanos eran mayores de edad y habían emigrado de nuestro pueblo.-

-¿Qué edad tenía tu padre entonces?-

-Andaría por los cuarenta.-

-No era un milagro entonces, conocí matrimonios que lo lograron andando por los cincuenta, y como dices, no existían esos avances de hoy.- Ella aceptó mi opinión y se acomodó sobre el borde de la cama para un largo viaje. Preparé otro traguito mientras ella complaciente me observaba.

-Mi madre era de un carácter mucho más fuerte que el de mi viejo, yo era su muñequita traviesa y cómplice a la vez. A espaldas de mi madre el viejo me permitía hacer cosas imperdonables para ella. Recuerdo que un día caía tremendo aguacero en el pueblo y los muchachos se divertían bajo él sofocando un poco el insoportable calor. Por nada del mundo se me hubiera ocurrido pedirle permiso a mi madre para bañarme debajo de aquel dulce y escandaloso diluvio. Yo sabía que le tenía cogida la baja a mi viejito lindo. Solo alcanzó a decirme que cuando me hiciera una señal debía regresar. Salí como todos y gocé de lo lindo, nuestra calle no se encontraba asfaltada, nos refrescaba el agua caída del cielo y nos enfangaba cuando rebotaba salvajemente en nuestra tierra. La tierra salpicaba hasta mis rodillas por la violencia de aquella lluvia, nada de eso me importaba un comino porque tenía dentro del alma ese sentimiento salvaje del que nace junto a ella.-

-¿Y después qué pasaba?-

-Nada, la vieja salía protestando como siempre, que si agarraría una neumonía, que si se me pegarían los parásitos por andar descalza, que si aquello no era cosa de muchachitas, etc. La vieja protestaba por todo y nunca le contestábamos, mi viejo y yo éramos cómplices y aquello me gustaba, él solo me decía; Nunca traiciones la confianza que te doy, y créeme, de solo pensar en ello yo temblaba, nunca imaginé ni pensé llegar a traicionar aquella confianza otorgada por mi padre.- Ella se levantó para ir al baño, yo aproveché aquellos escasos minutos para preparar otro trago, cuando regresó lo hizo con una toalla enroscada alrededor de su cuerpo, se veía hermosísima así, aquella tela le cubría los senos y llegaba a cubrir con disimulo su pelvis. Al sentarse la toalla dejaba al descubierto su negra intimidad y no sintió vergüenza por ello, mi vista viajaba entre su boca, ojos y entre muslos.

-¿Qué era tu padre, me refiero a su profesión?- Le pregunté al sentarme nuevamente junto a ella.

-Mi viejo, mi viejo era un alma de Dios, dedicó toda su puta vida a la tierra, era campesino.- Me respondió sin ocultar su orgullo.

-Me imagino que en la época en la cual te conocí, muy difícil por cierto, no la haya pasado muy bien para mantener a una señorita. Sabes de las penurias vividas en nuestra tierra en aquellos tiempos.-

-Por esas cosas a veces tan simples de narrar es que lo admiro tanto, ni me imagino como se las arreglaría para mantenerme, no solo mi padre, todos los que se encontraban en su caso.-

-Te digo esto porque ha pasado tanto tiempo y las nuevas generaciones no tendrán idea de los sacrificios necesarios para vivir entonces.-

-Así mismo es, ni me imagino de donde sacaban dinerito para tanto, porque ese tanto hoy tal vez insignificante, pudo resultar quizás el precio de un blumer.-

-No deseo pensar todo aquello en un pueblito de campo cuando en la capital era terrible.-

-Aún así no puedo hacer mención de penurias, mi viejo se las arreglaba de mil maneras diferentes y en la casa nunca faltó el plato de comida.-

-Me encanta oír hablar así, creo que te envidio, no sabes las veces que he tratado de continuar esta conversación, ignoro ese miedo que tal vez sentí por la presencia de tu padre.-

-Tiene que haber sido pura muchachada, ni me imagino a ustedes dos juntos, tuvieran que haber sido grandes amigos.-

-Creo que lo somos hoy, no crees que pueda estar en estos momentos mirándonos u oyéndonos en plena conversación como estamos, desnudos.-

-¡Claro que si! El viejo sabrá juzgarme y si cree que soy feliz él lo estará también.-

-¿Y cómo te sientes ahora?-

-No seas descarado, sabes perfectamente lo que siento, por eso no me avergüenzo cuando hablo de él así, tengo plena confianza de que él lo disfruta también.-

-Te envidio, créeme, hacía mucho tiempo que deseaba tener esta conversación contigo. ---¿Tenía el viejo alguna entrada extra aparte de su trabajo?-

-Tú sabes como es la vida en Cuba, a nadie le alcanza con lo poco que gana. Mi dulce viejito se mandaba hasta la Ciénaga de Zapata y regresaba cargado de pencas de palmas canas. En el patio de la casa le caía a macetazos y fabricaba con las fibras escobas, brochas y cepillos, si las vieras no lo creerías, parecían confeccionadas en una fábrica. Así reunía centavo a centavo para garantizarnos la existencia, creo que nunca me faltó nada.-

-Tú sabes que la ilusión más grande que pueda tener un cubano con hija hembra es aquella de celebrarle los quince.-

-Y me lo celebraron en contra de mi voluntad, para más desgracia no fue en mi pueblecito acompañado de mis amistades, me llevaron a La Habana y por encabronamiento me corté el pelo.-

-No sabía que lo tenías largo porque cuando te conocí tenías un peinado medieval muy lindo.-

-¡Claro! Porque nunca me viste con ese pelo lacio por la cintura del que me sentía muy orgullosa.-

-Y su carácter, ¿cómo era?-

-Muy noble y alegre, ni te lo pudieras imaginar, hoy no me explico como pudo durar tanto tiempo con mi mamá, eran tan diferentes. Sabes una cosa, le gustaban mucho las décimas guajiras.-

-Bueno, creo que es normal entre la gente de campo.-

-Si, pero cuando te menciono esto lo hago porque el viejo tocaba muy bien la guitarra y componía sus décimas.-

-Un día de estos pudieras regalarme algunas de ellas.-

-Por supuesto que si, estoy segura de que él se sentirá muy contento,-

-¿Por qué esa seguridad?-

-Porque él nos está mirando en estos momentos y sabe que soy muy feliz.-

-Comienzo a pensar que yo también lo soy aunque no lo creas.-

-¿Sabes una cosa? Te creo porque nadie me había tocado este tema hasta hoy.-

-¿Siempre vivieron en el pueblo?-

-No, después de la muerte de mi madre nos quedamos solos y sabes que estudié en La Habana. En eso nos sorprendió el lío de la embajada del Perú, yo estuve dentro de la embajada, pero una vez dentro de ella salí a buscar a mi padre. Quién te dice que a mi regreso ya habían cerrado todas las calles que daban acceso a ella y no pudimos entrar, nunca quise dejarlo solo en Cuba. Después de aquello el viejo vendió la casita donde me conociste y compró una en La Habana, la historia se complica con mi salida y no quieras saber los trabajos que me reservó el destino, en fin, es una historia larguísima que tiene su continuación aquí en el exilio.-

-O sea, ustedes no partieron juntos.-

-Por supuesto que no, solo cuando me hube establecido aquí legalmente fue que lo pude invitar a venir, luego no quiso regresar y yo muy feliz de tenerlo conmigo. ¿Sabes? Lo primero que hice cuando lo tuve del lado de acá fue comprarle una guitarra, salí a buscarle la mejor que existía, me costó carísima, pero la pagué con un gusto tremendo, creo que similar al sentido por él cuando me compró una bicicleta, con la cual yo andaba hecha una loca por todo el pueblo. No puedes imaginarte la alegría que sintió al poseerla, la tocaba con gusto y no paraba de componer sus décimas. Mi viejito tenía bajo nivel de escolaridad y sin embargo la poesía le brotaba por los poros, no me explico eso.- Hizo una breve pausa para llevarse el vaso a los labios y yo aproveché para ir hasta el baño, cuando regresé me la encontré tendida en la cama y continuaba con la toalla enroscada en su cuerpo. Me senté a su lado y solté el nudo de la misma, quedaba justo encima de sus senos y ellos quedaron nuevamente al descubierto, me incliné y le di un beso en la boca, ahora fui yo quien le daba un traguito. Unas gotas escaparon por la comisura de sus labios, corrieron hasta detrás de sus oídos y se perdieron rápidamente en la almohada, yo seguí aquel loco recorrido tratando de atraparlas con la lengua, pero ellas fueron más rápidas. Mi lengua no se detuvo en su recorrido por el cuello y regresó nuevamente a su boca, la intercambiamos brevemente, luego recobré mi posición, no me cansaba de mirarle a los ojos, estoy convencido de que ellos son las ventanas del alma de cualquier ser humano, si la belleza influyera en ello, su alma correspondería a la de un ángel, de eso no me cabe la menor duda.

-Enseguida hizo amistades, mi viejo tenía imán para atraer a las personas, no te miento que siendo ya un anciano se le acercaron viejitas, pero mi padre nunca se casó después de la muerte de mi madre, creo que mi presencia le llenaba cualquier vacío producido en su vida. Nunca me peleaba y siempre me observaba, sabía cuando mis cosas no andaban bien, las adivinaba. Muchas veces no pude conciliar el sueño y a media noche me levantaba a tomar un vaso de leche caliente, allí estaba mi sabio viejito con sus consejos, siempre me decía; ¡Agua mija! Métete debajo de la ducha y deja que el agua recorra todo tu cuerpo, comenzando desde la frente, así, debajo de ella, te sentirás relajada por cada segundo que la sientas correr porque el agua es maravillosa, respira profundo bajo ella y te acordarás de mí. Yo no podía resistirme ante tales consejos y los seguía al pie de la letra, luego me sentaba con él en la sala y solo me decía; "Bota toda esa amargura lleves dentro y mira a la vida con optimismo, sonríele a las desgracias y sé feliz contigo misma, siempre llegan tiempos mejores." Nadie mejor para conocer cuando yo tenía problemas que mi viejo, él leía mis pensamientos.-

Yo la escuchaba hablar y a veces se me nublaban los ojos, me sentía infelizmente feliz, no solo la admiraba al oírla hablar así, me embriagaba hasta la adoración y deseaba continuar disfrutando aquel inmenso placer de oírla y verla desnuda. No quise presionarla ese día y subí el volumen de la música, ese era otro de los pasatiempos favoritos de ambos, extrañamente coincidían muchos gustos, rara casualidad nos regalaba la vida, demasiadas convergencias para tan corto tiempo.

Me tiré sobre ella y deseaba devorar con la vista aquel azul de sus ojos que me llevaban por mares y cielos recorridos, quería besar aquel torrente de ilusiones bajo mi mirada, ansiaba quemarme con el fuego de su cuerpo y apagarlo con su aliento, ella tenía la capacidad de lograrlo, mi vida cruzaba al borde de un abismo cuando nos encontramos. Hicimos nuevamente el amor, hacerlo con ella era diferente, era amar, no ese salvaje contacto entre lubricaciones y esperma. Los suspiros se convirtieron en nuestro mejor idioma hasta que caíamos desfallecidos, luego, nuestras miradas rebotaban en el techo y a tres metros de distancia tratábamos de recorrer ambos cuerpos desnudos, descubríamos el infinito de la felicidad, capaz de violar fronteras superiores a los cincuenta, surgía la palabra amor con facilidad desconocida para ambos.

-¿Y como fue tu salida de la isla dejando al viejo detrás?- Le pregunté sin desprender la mirada del espejo fijo al techo.

-Nada fácil, sabes que en la isla te complican la vida con una sola letra o palabra, yo había estado estudiando en una dependencia de la Universidad y relacionada con la Salud. Después de los acontecimientos de la embajada del Perú abrieron la salida a mucha gente que así lo solicitaron, sin embargo, daban preferencias a delincuentes comunes y homosexuales de ambos sexos. Debes suponer que mi salida fue negada por lo que antes te expuse, mi vieja estuvo muy grave de salud y renuncié a la carrera porque me habían designado para no recuerdo cual puto pueblo a realizar el servicio social. Pensé que aquello había sido un capítulo olvidado de mi vida, pero me equivoqué, me negaron el permiso de salida, ellos tienen mejor memoria que un elefante. Yo estaba decidida a salir del país a cualquier precio, esa isla me resultaba un infierno. Llegué un día hasta el restaurante "Cuatro Ruedas", ¿llegaste a conocerlo?- Hizo una breve pausa y tomó uno de los vasos con bebida preparada, me lo pasó y bebí de él.

-¿Qué si lo conocí? Imagínate que siendo un fiñe y mucho antes de conocerte trabajé en un taller de transporte que se encuentra a su lado, ese era el comedor de nosotros.-

-Veo que el destino quiso pisáramos las mismas lozas en varias oportunidades, bueno, me presenté a solicitar la salida del país alegando que era tortillera. Quien te dice que el oficial del MININT que me atendió era un negro bien rebruto, solo alcanzó a decirme una cosa;<

-Bueno, yo tampoco me hubiera tragado el cuento tampoco, aunque muy bien pudiste decirle que eras hembra.- Ella también sonrió, pero sabía que detrás de aquella mueca se escondía todo el sufrimiento de cualquier cubano desesperado por abandonar su tierra, hoy podíamos comentarlo entre tragos, música y desnudos reflejados en todos los espejos de aquella habitación.

-No es fácil, ni te imaginas las amarguras sufridas hasta llegar a esta cama.- Apagué la continuación con un profundo beso en la boca, sabía que muy pronto sus ojos podían verse premiadas de perlas líquidas.

-¿Cómo saliste finalmente?-

-Mi marido pudo irse en esa fecha.- Se detuvo un instante y no recuerdo cual fue el sentimiento que me invadió aquel instante, ella se dio cuenta. -Tú también te casaste y me olvidaste, lo siento.-

-No te preocupes, todo ha sido una mala jugada de nuestros destinos.-

-Pues él se fue y con el tiempo reunió alguna plata, compró todos los trámites para sacarme por Costa Rica, allí estuve varada dos años sin parientes ni dolientes. Conocí a gente maravillosa con las cuales aún mantengo excelentes relaciones, pero no creas que es fácil vivir en un país a donde arribas siendo una mujer sola y con un equipaje reducidísimo, mis lágrimas llenarían una laguna. Finalmente pude pasar a México y posteriormente a EU, ya viste la foto de cuando pasé la frontera, parecía una modelo. Me prepararon de tal manera que en la aduana no se preocuparon en pedirme el pasaporte. Claro, no existía este ambiente de hoy.- Pude observar sus ojos nublados y le alcancé uno de los vasos, subí un poco el volumen del radio, Gilberto Santa Rosa cantaba Mentiras.

-¡Tu padre! Prefiero que me hables del viejo y borremos distancias, ya no podemos hacer nada para cambiar el pasado, ese está escrito ya, si podemos hacer mucho por el camino a recorrer.- Ella me comprendió al instante, era una persona sumamente inteligente.

-Pero no puedo hacer una historia borrando capítulos, sería una cadena a la que faltan eslabones.-

-Tienes razón, disculpa si me muestro egoísta, ese puede ser un defecto del amor, ¿amor?, amor sí, no sabes el trabajo que he pasado para pronunciar esta palabra en mi vida, me asombro cuando brota con tanta facilidad ante ti. Debo amarte, tiene que ser así, pienso. No creo haber besado otra boca, y no quiero que mis ojos vean a otra mujer, siento.-

-Llegué, otro día te cuento los detalles que me llevaron hasta este matrimonio, te busqué y no me buscaste.- Una fuerte sensación de culpabilidad inundó mi ser, me contuve, descansé sobre sus senos y la besé, le pasé una pastilla de menta que usaba para disminuir el aliento etílico. -Nada funcionó, nada, hasta el mismo día de nuestra separación. Nuestras vidas fueron una simple visión en toda su amargura, no existimos nunca, solo humo que se disipa en la locura, eso fuimos siempre, eso somos. Huimos de California, el tiempo había pasado y no me di cuenta de ello, lo hizo de manera que al disiparse pudo borrarse aquella niebla que opacó la mirada de mi corazón. No lo amaba, no lo amé, nunca lo he amado, solo me ataban lazos de gratitud, piedad ante los sacrificios que había realizado por mí, dolor por todo lo que el destino le había reservado, por el dolor que su vida provocó en la mía, piedad, eso es lo que he sentido, pero nunca amor, no lo amo, te amo a ti, no me importa entregarme a ti sin condición.-

-Tu padre, me interesa la vida del viejo, olvidemos estas páginas tan desagradables de nuestras vidas.-

-¿El viejo? ¿Qué pudiera decirte más allá de aquellos encuentros con el agua? Con agua lo resolvía todo, con agua y décimas, con su punto guajiro. Si te hubieras empatado con él estoy segura de que serían grandes amigos, aún ahora que hoy descansa en un rectángulo pequeño de tierra, son ustedes tan similares, tan guajiros y sencillos, tan nobles y comemierdas, tan humanos y jodedores, que no dudo en esa amistad. Así era mi viejo, muy parecido a ti con todos tus defectos, soñador y poeta empírico, aventurero y brujo. ¡Brujo, sí! Un tipo adelantado a sus tiempos y capaz de predecir una desgracia, solo necesitaba una letra, tal vez una palabra, una seña, un sueño, un gesto, una foto. ¡Mierdas! Mi viejo era tan natural, tan sencillo, tan original, tan espontáneo, era especial. ¡No te infles ahora!- Se detuvo aproveché para encender un cigarrillo, preparé otro trago con el temor de que pudiera conducir al finalizar aquella aventura, ¿aventura?, la vida lo es, somos aventureros.

-¡Háblame de aquello que un día me prometiste! No te apartes del viejo.-

-Bueno, no creo que el tiempo nos alcance. ¿Te acuerdas cuando te hablé de su muerte?- Hubiera preferido no llegar hasta este punto de la historia, pero veía un rayo de felicidad en sus ojos.

-Si, lo recuerdo.- Le contesté vagamente.

-El viejo se demoró en morir, cuando los médicos lo daban por inservible yo me aferraba a la idea de que continuaba vivo y así mismo fue, yo le hablaba y él me contestaba por leves presiones en las manos, eso evitó que lo desconectaran. ¡Pero qué te cuento! Estando todavía con vida, yo reservo una mesa en una de esas cenas que hacen en Miami las decenas de organizaciones existentes. Bueno, la compra del ticket te daba derecho a participar en una rifa de la obra de un artista presente. Quién te dice que mi boleta fue una de las ganadoras y me llaman al escenario. ¡Imagínate tú! La mayoría de los presentes era gente de alcurnia, seres de apellidos conocidos y antiguos propietarios en Cuba, yo era una Don nadie y mi apellido no significaba nada en aquella reunión.

<< ¿Puede decirnos algo de su familia?>> En medio de aquel ambiente tan extraño para mí, me resultó tan desagradable oír aquello que solo atiné a decir pocas palabras. << Yo me llamo María, y soy la hija de Mongo el escobero.>> La gente se rió a bemba suelta pensando que era una broma y la persona que dirigía el evento repitió la pregunta. << Yo soy la hija de Mongo el escobero.>> Reinó el silencio por varios minutos, luego fue roto por un fuerte aplauso, yo era la única de los presentes sin ataduras de alcurnia, pero lo dije con tanta naturalidad que le causó una grata impresión a todo el público. De verdad me sentía muy orgullosa de ser la hija de Mongo, guajiro, vendedor de escobas, soñador y poeta improvisador. Ese día me llevé el premio a la casa, aún lo conservo con mucho cariño.- Ella se levantó y fue hasta el baño nuevamente, yo la seguía con la vista, era increíble la hermosura de su cuerpo, cuando se ama se eliminan defectos, el amor es ciego, pienso. Se acostó nuevamente a mi lado, no tuve necesidad de invitarla a continuar.

-Mi padre murió como todo carnal y lo sufrí hasta límites desconocidos para ti, yo misma me encargué de prepararlo y eso fue algo que sorprendió a las personas que se dedican a este oficio. Cuando le hacía un enjuague para que tuviera las canas como a él siempre le gustaron, pude observar en su rostro una seña de alegría, aún después de muerto podíamos comunicarnos. Luego, junto a su féretro coloqué aquella guitarra que lo acompañó hasta los últimos instantes de su vida, por allí desfilaron trovadores de su época, amigos y hasta muchachitos que tocaron con amor aquella guitarra.- Se detuvo y vi correr una perla por su mejilla, era la primera vez que ocurría aquello, sin embargo, veía la felicidad reflejada en su rostro.

-¿Me llevarías un día hasta su tumba?-

-Pues claro, yo sé que ustedes serían buenos amigos, creo que lo son, ¿Y tu padre?- Se me hizo un nudo en la garganta. ¿Y tu padre? Aquella pregunta retumbaba cada rincón de mi alma, y me acordé de algo que escribí el día de su muerte, ella lo había leído también.

""" SIN UN ADIOS """

Anoche, después de apagar la computadora y disponerme a dormir, recibo una llamada desde Miami donde me expresan que mi padre había fallecido. Solo unos segundos antes bromeaba por Internet con otros amigos, así es la vida, en fracciones de segundos se burla una enorme barrera, la que existe entre la felicidad y la tristeza. Por esa razón siempre le digo a mis amistades, no desperdicien su tiempo, vívanla a plenitud porque un día cualquiera se nos va de las manos.

Bien pude partir inmediatamente para el aeropuerto y tratar de conseguir un pasaje de última hora, estuviera participando en su entierro. De haberlo hecho no sé si cometería un terrible acto de hipocresía, hace más de veinte años que yo no lo veía y muy pocas fueron las veces en las que lo vi con vida.

Hoy partí a trabajar como de costumbre, siempre llego una hora antes al trabajo y en ese tiempo me pongo a escuchar música o leer. No pude evitar pensar en él, ya casi no me acuerdo de su rostro o el que conservo en la mente es muy joven todavía. Allí, en mi espera, acompañado de la soledad se me escaparon unas lágrimas. No fueron por él, surgieron por mí y mis hermanos, hubiera sido lindo encontrarme con todos ellos en ese momento para decirle; ¡Viejo, estamos aquí! Ni lo uno ni lo otro, me chocaban en la mente muchos momentos desagradables de la vida que siempre he tratado de olvidar, regresaba con mucha fuerza aquellas veces que llorando preguntaba; ¡Viejo, por qué no estás aquí! En mis primeras paperas tal vez, o cuando tuve la primera noviecita, o cuando partí al ejército con 14 años, o cuando me jugaba la vida en los mares, o cuando tuve intenciones de desertar y deserté, pero siempre me fallaste. No solo eso, cuando una amiga mía te preguntó por mí le respondiste que yo era un traidor a la Patria, mi padre coño y hablando así. Qué ironía de la vida, viene a morir en Miami la tierra que tanto detestara. Lloré solo y no puedo negarlo, lo hice por la suerte de vida que me regaló, por todos aquellos años en la Beneficencia viviendo como un huérfano, lloré por mis ocho hermanos abandonados a su suerte siendo muy pequeños.

El viejo siempre había sido comunista convencido, militó en el Partido Socialista Popular cuando Batista y a la llegada de Fidel, su revolución fue más importante que su familia, qué ironía morir en Miami, repito. Uno de esos pocos días que nos encontramos en los escasísimos intentos de acercamiento mutuo, sacamos una gran discusión, recuerdo que le dije; "No comprendo como pueda quererse a un "compañero", cuando no se ha querido a los hijos." El se calló, no pudo contestar a tan maligna verdad.

Hoy debió ser sepultado, rodeado tal vez por pocos conocidos y las amistades de su última mujer, no recuerdo si la quinta o la sexta. Ninguno de nosotros estábamos allí, no conoció a todos sus nietos y menos aún a su único biznieto canadiense. No sé si en los pocos segundos que se viaja entre la vida y la muerte, haya tenido tiempo para recorrer un camino tan largo. No creo tampoco que esos escasos segundos le alcanzaran para mencionar todos nuestros nombres, perdería mucho tiempo tratando de recordarlos. Sin embargo, la tristeza me invade inevitablemente porque me queda el barato consuelo de que un día tuve un padre biológico, muchos de aquellos compañeritos de la Beneficencia morirán con esa duda. Es una pena que con una prole tan grande muera sin recibir nuestro último adiós, eso no nos sucederá a ningunos de sus hijos.

Esteban Casañas Lostal. - Montreal..Canada. 2002-09-09

-¿Y tu padre?- Volvió a preguntar.

-Vamos a vestirnos.- Le respondí a secas. En viajes posteriores pasamos junto al cementerio donde descansan los restos de Mongo, las dos veces que lo hicimos andábamos apurados y no pudimos detenernos. No sé dónde rayos descansan los restos de mi viejo. Yo sé que me detendré a conversar con él, hablaremos de las bondades del agua, improvisará una de sus décimas mientras la lluvia cae con violencia y salpica con su fuerza la tierra contra nuestras pantorrillas. Estaremos desnudos y no sentiremos vergüenza.

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