Cuba es un cuento, compay

El trasplante

Así anduve ese día, como siempre, arrastrando esas deficiencias de nuestras vidas, sin poner religiosamente el canal meteorológico en el televisor, sin importarme si el día sería lluvioso o fresco, si nos atacaría una tormenta de calor. Porque eso tiene esta tierra que me embriaga, todo es en exceso, desde el amor, hasta el frío y el calor.

Me gustaban los paseos por Mont Royal, la montaña, como la llaman algunos montrealeses, como si fuera de veras una montaña y no una loma, como la loma de la cruz en Holguín, o la colina Lenin en Regla, o la loma del Burro, una loma, una montaña, qué más da, no hablo del Turquino, anduve.

Mi vista se detenía ante cada árbol tratando de descifrar su nombre, nunca lo encontré en mi diccionario, y las mansas ardillas que llegan hasta tus manos a lo largo de todo el ascenso, y las confiadas palomas que no temen morir en un caldero, y todo me fascinaba, me fascina, porque estoy vivo. Y al final del camino gastado entre rostros alegres, telas finas y ombligos atravesados por argollas, cabellos rubios de ojos celestes, piel lechosa que antes no figuraban en el menú y hoy encuentro muy atractivas, al final de ese camino hay un mirador embrujador. A tu espalda solo una edificación con una hermosa bandera de una hoja roja, frente a ti y bajo tus pies, una bella ciudad llamada Montreal con su cuerda umbilical en Europa, limpia, tranquila, cautivadora, custodiada por un bravo río, joven y fuerte, viejo y cauteloso, atrayente.

Tu vista viajará como la mía, se perderá entre puentes y techos verdes de cobre oxidados, catedrales y edificaciones modernas, y el puente de mis sueños, y estando allí recorres esas calles que tienes bajo tus talones, todas cargadas de flores o nieve, y la amas, la adoras, con la misma intensidad de aquellos que nacieron en un cuerpo equivocado, porque al amarla comprendes que siempre debiste haber nacido aquí.

Regreso sobre mis pasos y gasto el tiempo pensando, pienso mucho antes de morir, como no lo hacía en mi tierra, gasto mucho tiempo en estos trajines diarios mientras observo los caprichos de la naturaleza. Llego a mi casa, la casa que no es mía, nunca tuve una de mi propiedad, una vez me dijeron que sí y resultó ser mentira, la tendré. Me siento en mi buró, que sí es mío, algo debo tener de mi propiedad, y equipado con tarecos que son míos también, los compré.

En un porta papeles que tengo a la derecha del display reviso algunas anotaciones, no son nada importantes y tal vez lo sean. Veo entre ellas los días en los cuales arribaron las gaviotas, las he seguido durante varios años. Vuelvo a leer en otra página y me encuentro con las fechas de las nevadas, han sido muy variadas desde Octubre hasta la fecha. Hoy mismo no tenemos nada en el patio y estamos a 6 de Diciembre, no sé tampoco las razones de esta mahomía, en Cuba no se me hubiera ocurrido nada de esto, pero ahora es así, uno toma en cuenta detalles sin importancia al parecer, la vida pierde todos sus sentidos, pienso.

No encuentro nada sobre Venus y me encabrono, ¿cómo coño no tengo nada anotado sobre el lucero del alba? Reviso y compruebo que no escribí nada sobre él y repito el injustificado encabronamiento. De verdad que lo es, pero en estos tiempos de locuras hay que encabronarse por cualquier cosa.

Todos los días al arribar a mi trabajo oteo el falso horizonte en busca de Venus, lo hago, porque recuerdo haberlo visto en varias oportunidades a una altura de unos 15 grados, deben considerar que es aproximada porque no tengo sextante a mano. Lo busco, porque recuerdo haberlo visto con temperaturas frías y bastante nieve, esa es la que me falta hoy. Tal vez esté esperando por una nevada para mostrase, pero desecho esta teoría después de haber estudiado algo de astronomía, ningún astro sale por sus timbales, su salida es paulatina en la medida que cambia de declinación. Necesito un almanaque náutico, pienso. Luego rectifico, ¿para qué carajo lo quiero?

Tomo una de las hojas que tengo en mi reguero colocadas en el porta papeles y hago una anotación, puede que tenga una importancia relevante en mi vida, lo dudo, pero escribo lo siguiente; <<¡Coño! Estar atento a la salida de Venus, no comer mierdas en esto.>> Coloco la hoja nuevamente en el reguero que es de mi propiedad y continúo tratando de hacer algo.

Llegó el tiempo del oso, el de las depresiones para los solitarios, el del aburrimiento para los divertidos, el del encerramiento obligado para los friolentos. Hoy mismo salí a realizar unas compras con 20 grados bajo cero y no ha comenzado la temporada de invierno, suerte que ya me he acostumbrado, pero no logro vencer el aburrimiento.

El juego es muy sencillo, consiste en que él llegue en puntillas a mis espaldas para asustarme, yo debo fingir estar asustado. Lo veo reflejado en la pantalla de mi display cuando se aproxima, noto que goza con eso y debo mostrar algo de satisfacción y espanto con su acción. No es nada fenomenal si se quiere, es un juego con nada de dificultad creado por un niño que no ha cumplido los tres años y debo celebrarlo, al menos con esa edad es capaz de crear algo, pienso.

-¡Huuuuuuuuuuuuuu! La bruja de Halloween.- Me dice mientras me agarra por el codo y debo fingir estar asustado. Tiemblo cuando me agarra y le muestro sentir terror.

-¡No me gusta! ¡No me gusta la bruja!- Entonces retrocede y sale de la oficina, continúo sus pasos por el reflejo del display. Regresa nuevamente silencioso y en puntillitas con la intención de repetir el susto.

-¡Huuuuuuuuuuuuu! La bruja de Halloween.- Tampoco lo dice con esas palabras exactas, no discrimina en comerse vocales o consonantes, pero para los que lo conocemos sabemos qué rayos nos quiere decir, unas veces dice buja y otras lowin. Esta matraquilla con las brujas se le quedó impregnada en nuestro último viaje al Niágara, grandes fueron los sustos que recibió a la entrada de las casas de misterios que existen en ese pueblo. Luego, bueno, hubo que adornar toda la casa con brujas y escobas, hasta el baño, y llegado el día lo disfrazaron para que disfrutara como toda la gente de su tierra, porque por mucho que insistamos, mi nieto pertenece a esta hermosa tierra.

-¡No me gusta coño! ¡No me gusta la bruja de tu abuela!- Fue lo que se me ocurrió en ese instante, mi nieto rió a bemba suelta, pero fue escuchado por mi esposa.

-No le digas esas cosas al niño.- Intervino ella.

-Y no te metas en las cosas de nosotros.- Le respondí a secas.

En la medida que crecía, en esa misma medida aumentaba la complicidad entre nosotros, disfrutábamos nuestros encuentros, surgían palabras nuevas que nos convertían en amigos, y yo me tenía que espantar sus cantos en francés o inglés que le enseñaban en la guardería. Todo era una mezcla extraña que convertía nuestra conversación en una incomprensible jerigonza, pero éramos sumamente felices así.

Las viviendas son insonoras al exterior, no así entre pisos donde sientes con descaro los gemidos escapados en una penetración, o tal vez la insistencia de un sexo oral, así es la vida en estos edificios con pisos de madera. Sin embargo, los cristales de la doble ventana trataban de resistir la furia de ese ataque invernal, poco podía observarse al exterior, y los copos de nieve chocaban como balas sobre aquel vidrio del que temí no fuera a resistir el ataque, finalmente llegaba la nieve.

Cuando se cansó de sus idas y venidas en puntillas, optó por registrar nuestro mueble de la sala y regresó con uno de sus libros, se sentó en mis piernas y esperaba siempre por mi pregunta; <<¿Y esto qué es?>> Miraba toda la página antes de responder y luego me decía con gracia;<< Es un caballo.>> Corría la página y le repetía la misma pregunta; << ¿Y esto qué es?>> Se tomaba su tiempo antes de responder, pero lo hacía con seguridad; <<Un alce>> Poco después se convertía en el interrogador, hacía sus preguntas con la gracia infantil de cualquier niño, solo que oírlo a él tenía un sonido diferente, era mi nieto el que hablaba coño. << ¿Y esto que es?>> Me preguntaba y yo siempre le respondía con uno de mis disparates, deseaba enseñarle a tomar la vida tal y como es, una broma, algunas veces de muy mal gusto, pero pobre del que se la tome en serio, ese es un loco.

Así nos pasamos largo rato, entre preguntas y respuestas, pasando las hojas con la misma rapidez que pasan los días. Ya los había visto en varias oportunidades y comenzaban a aburrirme también, pero no se lo decía nunca, total, hay tantas cosas de esta vida que nos hastían y debemos soportarlas hasta llegar a convivir con ellas. Los cristales de las ventanas continuaban vibrando ante el empuje del viento, apenas podía verse al exterior por la acumulación de nieve sobre la superficie, nosotros permanecíamos indiferentes a la presencia de aquella tormenta.

Mientras disfrutábamos de ese intercambio de preguntas y respuestas con mi nieto sobre las piernas, la casa quedó a oscuras totalmente, él se quedó quieto ante esta anormal situación, yo le hablaba al oído para que se mantuviera tranquilo. Pensé por unos instantes que aquel momento sería transitorio y esperé un tiempo, perdí la noción de su longitud y oía a mi esposa chocando en la penumbra de nuestra cocina. Aquellos minutos se convirtieron en siglos premiados por nuestra quietud e indiferencia, yo podía sentir su respiración.

Algo se deslizó por mi pierna derecha, me asombró que al caer produjera un ruido metálico, aún así no le presté importancia. Chocó contra alguna superficie sólida para producir ese sonido, tampoco me preocupó mucho. Luego, una fuerte oleada de viento caliente y húmedo hizo contacto con mi rostro, abrí los ojos y no pude observar nada, mi cara estaba cubierta de un polvo muy fino, sentí los labios resecos.

El repentino viento se fue disipando y comenzaba a reinar la tranquilidad, mi asiento se tornó duro, incómodo. La extraña niebla se perdió y dejó a su paso un panorama maravilloso, no recuerdo haber visto tantas estrellas desde hacía muchos años, identifiqué a la constelación de Orión, tuvo que ser ella o un simple capricho de mi mente, solo estrellas distinguía en el firmamento, giré un poco mi cabeza y descubrí la Polar, no podía calcular su altura, no tenía un horizonte o algo similar como referencia en medio de aquella profunda oscuridad. No me explico aquella repentina facilidad en identificarlos, la luna se mostraba del tamaño de un platanito, no pude descubrir en cual de sus fases. Luego me llega a la mente un viejo estribillo; Panza al levante, cuarto menguante. Panza al poniente, cuarto creciente, lo repetía hasta el agotamiento sin encontrarle el mensaje. En medio de aquella penumbra era muy difícil saber dónde se encontraban levante y poniente, peor aún, no se me ocurría otro estado diferente a aquella impenetrable oscuridad. Sentí una picada en el brazo, después, cambió la dirección del viento y pude respirar una brisa con aroma a marisma muy lejana en mis recuerdos, la sentí salada.

En medio de una extraña confusión sentí una alarma de las usadas para ataques aéreos, el miedo recorrió cada molécula de mi cuerpo y la mente se vio de pronto invadida de malos pensamientos, presagiaba una desgracia. Pocos segundos más tarde, decenas de mechones aparecían de la oscuridad, eran cientos de ellos y un leve olor a kerosén quemado inundó mi olfato, trataba de encontrar una explicación a ese repentino fenómeno, pero solo lograba llegar hasta un país perdido en el tiempo.

Aquellas luces adquirieron rostros conocidos cuando se encontraron a solo unos metros de mí, eran caras de niños y jovencitos, todos ellos desbordantes de felicidad y risueños, no pude encontrar rasgos de maldad entre ellos y pronto se fueron acomodando a mi alrededor. Vestían harapos y cada uno de ellos cargaba sobre sus hombros algo similar a un arma, no puedo asegurarles que fueran reales, pero las trataban como tal. Pude escuchar el ladrido de un perro entre aquella multitud que se iba sentando a solo cinco metros de mi posición, lo hacían guardando cierta disciplina, mientras la luz de todos aquellos mechones lograba iluminar el rostro de cada uno de los presentes. El animal vino corriendo hacia mí moviendo con esquizofrenia su mocha colita, creo haber visto un animal similar en mi vida y la llamé por un repentino instinto de acuerdo a su color; << ¡Negrita! >> Ella se subió a mis piernas y me lamía el rostro reseco por el polvo. Mi vista dio en ese instante sobre una placa metálica que descansaba muy cerca de mis pies, solo tenía una numeración sin importancia, 3D07.

-Abuelo, ¿qué nos vas a contar hoy?- Aquella voz me era familiar y lo busqué con ahínco de entre todos los presentes. Era un negrito de apenas doce años, tan negro como aquella noche rota por los mechones.

-¿Tú eres Pello?- Le pregunté al muchacho mientras recorría aquellas caras cargadas de interrogantes. A su lado se encontraba Cuqui y aquello me produjo una sorpresa mayor, yo pertenecía a la generación de ambos y no encontraba explicación a ese fenómeno del que era participante. Continué mi recorrido mientras la perrita no paraba de lamerme el rostro, al lado de Cuqui se encontraba Marsella, ambas eran de edad aproximada y tamaño similar, eso era imposible, Marsella podía ser su hija. Choqué con la mirada ajena y perdida de alguien que se parecía a mi madre de jovencita, a su lado, mi hijo conversaba con Efraín y no lograba disociarlos. Efraín era el marido de Cuqui y correspondía a otra generación de seres queridos.

-Si abuelo, yo soy Pellito.- Respondió con la misma voz grave que lo distinguió su vida de mayor, un poco más a su izquierda me encontraba yo de muchacho. Mi primera reacción fue tocarme para comprobar que no estaba muerto, mantenía una animada conversación con Mayra la hija de Cuqui, ella podía ser mi hija también porque yo era del tiempo de sus padres.

-¿Y que deseas que cuente hoy?- Le contesté sin salir de mi asombro y por pura formalidad.

-¡Que nos cuente de putas!- Pude reconocer la voz a Enrique Macías, uno de mis mejores amigos, de niño era muy parecido a su hijo, alto y flaco.

-¡Qué hable de otras cosas, ya estamos cansados de historias sobre putas!- Aquella voz era inconfundible, muy familiar también. Me llegó desde un muchacho bajito y gordo, lo identifiqué como Luisito el borracho, traté de encontrar a su esposa entre los presentes.

-Puede narrarnos algo de sus viajes.- Me sugirió una muchachita muy blanca y pecosa, su acento no era como el de los demás y mi mente volaba tratando de recordarla. Ya sé, es Nina la rusa, la mujer de Osvaldo, me respondí.

-¡Tome abuelo! Para que refresque la garganta.- Atrapé en el aire una cantimplora y me quedé observando al muchacho amulatado que la lanzó, ese debía ser Mendoza.

-Bueno caballeros, el asunto es que el viejo cuente algo, el tiempo pasa y volverá a sonar la alarma.- Aquel que habló era un muchacho bien flaquito y con un tic nervioso en la nariz, debe ser Pepito. Destapé la cantimplora y me di un trago, el líquido olía horrible y al pasar por mi garganta quemaba cada una de las células interiores de mi organismo, así ardiente la sentí llegar al estómago. Luego de taparla se la devolví al muchacho. Reinó un profundo y sepulcral silencio, todos me miraban.

-¿Qué les parece si les hablo de trasplantes?- Fue todo lo que se me ocurrió decirles.

-¡Coño viejo! ¿No será aburrido?- Intervino Muma, era una negra muy conocida en el barrio, era de cara bonita y un gran culo, se veía muy bien de jovencita. Se empinó una botella y me invitó con malicia.

-No creo que lo sea, además, conocerán un poquito de una tierra que una vez existió.-

-Pues si es así no lo piense dos veces y meta mano abuelo, el tiempo es limitado.- Claro que lo pude distinguir entre todos, era Irsa, la gente de su tiempo le decían Veneno.

-Bueno, espero que no me interrumpan para no perder el hilo de la historia.- Solté a la perrita y vi como fue a acomodarse en las piernas de Caqui, mi vista se recreaba entonces por aquel destruido panorama, yo me encontraba sentado encima de un panel de hormigón quebrado en varias partes, muy bien pudo ser la fachada de un edificio, como ese, abundaban en toda el área iluminada por aquellos rústicos mechones.

-Pues existía una isla que una vez fuera gobernada por un caballo.....-

-¡Coño viejo! Ahora si que apretaste. ¿Cómo carajo un país iba a ser gobernado por un caballo?- Todos rieron a la vez por aquella intervención del negrito Pello, yo también reí, nunca dejó de ser tan inoportuno, pero eso ayudaba a que el ambiente se tornara más familiar.

-¡Negro! Eso es hipotéticamente hablando, es que en aquella tierra se usaron mucho los apodos, y ese era precisamente el de su gobernador, aunque para serles franco, era una verdadera ofensa hacia esos nobles animales.-

-No haga caso mi viejo, no pare de contar.- Esa vez no pude reconocer a la muchacha que habló.

-Pues bien, ese caballo era el ser más caprichoso de la tierra y cuando se proponía realizar algunas de sus alocadas ocurrencias, desviaba a todas las fuerzas de su país hacia esas labores. Todas fueron de altísimos costos humanos y económicos, pero condenadas al fracaso desde sus inicios, porque el tipo no aceptaba criterios diferentes a los suyos. Terco, esa sería una de las palabras que se pudieran emplear en su caso, pero no creo que existan adjetivos en un diccionario para calificar la magnitud de aquella terquedad, nada, un verdadero hijoputa.

Uno de esos días, oyó que en Sudáfrica un médico había transplantado un corazón, entonces se le antojó que en la isla se podían hacer cientos de ellos. Para ese nuevo capricho, movilizaría a toda la población buscando que se declararan donantes voluntarios. Luego, todos los días y durante mucho tiempo, la gente disfrutaba en todos los canales de televisión (que eran solamente dos), como se realizaba un trasplante, luego otro, más tarde otro y así, mientras los periódicos anunciaban aquellos éxitos.

La gente aprendió a ser desconfiada desde muy temprano en aquella pequeña isla gobernada por ese loco, todos sus fracasos anteriores dieron origen a esa desconfianza. Pero en este caso, sentían un temor horrible a ser llamados en nombre de la patria o del partido de ese loco, aquello significaría convertirse en donante, o en el mejor de los casos en un mártir de la patria. Después se encaprichó en otras cosas sin importancia y se olvidaron de los trasplantes, realizaron más de cien pero ninguno sobrevivió mucho tiempo para hacer el cuento, ya todo se olvidó.- Hice una breve pausa para analizar al público y por el aire vi llegar a mis manos nuevamente otra cantimplora. La destapé y me tomé un largo trago de ella, esta vez quemaba menos que la primera ocasión. Ellos continuaron en silencio y concentrados en aquel cuento.

-Milagro era una de esas hermosas mulatas descendientes de la mezcla de africano con español, pero pertenecía como a la decimoquinta generación, tenía unos treinta años, pero había que ver aquello muchachos, un cuerpo, una cara, unas piernas y sobretodo un hermoso y bien formado culo, que tenia arrebatado a todos los hombres del barrio. En su juventud no le faltaron proposiciones de matrimonio de todo tipo, incluso, algunas que le prometían un futuro confortable y todas las rechazó, demostraba que no era interesada y solo se entregaría al hombre que le gustara y llegara a amar verdaderamente.

Aquel día llegó, Milagro se sintió atraída desde el primer instante que lo vio, se enamoró ciegamente de él y no pudo ocultar esos sentimientos ante los ojos del hombre, quien rápidamente se diera cuenta de la situación y cayó flechado por aquella hembra.

Perico era el lechero del barrio, un tipo sencillo que no tenía nada distinguido de otros hombres, no era atractivo, no era alto, no vestía bien. Ella siempre lo vio con el uniforme de lechero, que era el mismo de los que trabajaban en la Cruz Roja, el mismo de los marineros, el de los guagüeros, en fin un uniforme gris de una tela muy mala que había que almidonar para que se mantuviera planchado. Perico era un poco narizón y medio calvo, pero la vida es así y las mujeres una lotería. Todas las mañanas cuando se peinaba, se miraba al espejo y se repetía que si no encontraba nada en estos tiempos, su futuro sería el de cuidar sobrinos, se maldecía por su parecido con el padre.

Aquel día, cuando tocó la puerta para entregar el litro de leche que le correspondía al bebé de la hermana de Milagro, se sorprendió al encontrarse con la mulata, nunca la había visto, y aquel intercambio de miradas fue suficiente razón para regresar a su casa totalmente confundido. Perico rogaba a Dios para que la noche pasara rápidamente y poder volver a tocar esa puerta. La confianza entre ambos fue creciendo, se intercambiaban más palabras, Perico dejaba más leche de la que les correspondía, hasta que llegó el día en que le declara su amor. Todo el tiempo que tenía libre se lo dedicaba a su novia y pronto se vieron involucrados en los preparativos de la boda. Para Perico no fue muy difícil porque dejaba leche de más, que luego era vendida en la bolsa negra. Gracias a eso pronto reunieron el dinero, la fiesta de la boda fue a todo tren y no faltó nada. Sin embargo, los pepillos del barrio se asombraron por la selección de aquella mulata e incluso, esto fue motivo de comentarios por las chismosas. Quienes afirmaban que ella estaba con él por la leche, otras que por el quesito de crema y las más inteligentes callaban aquellos comentarios diciendo que nadie sabía nada, porque a lo mejor el feo era una cajita de sorpresas y tenia musiquita.....-

-Vamos a ver si lo entiendo abuelo.- Me interrumpió una morena gordita, pronto la identifiqué como Teté la mujer de Alberto, pero estaba muy jovencita. -¿Usted pretende decirnos que en aquellos tiempos las relaciones se basaban fundamentalmente en el interés, y no en el amor?- Fue una pregunta muy interesante y todos guardaban silencio.

-Nunca pienses eso, por muy criminal que sea un gobernante, éste nunca podrá matar eso que se llama amor, siempre existirá por encima de las dificultades que abrume a la humanidad. Pero bien, esa tierra fue sometida a una miseria nunca vivida por sus habitantes, y aquello se derivó en conductas nunca antes experimentadas en esa isla. Pudiéramos llamarla en ese caso relaciones por conveniencia, que no fue generalizado tampoco, pero no se puede ocultar el alto grado de prostitución practicada como arma de lucha por la supervivencia. Pero en el caso de este cuento solo eran comentarios de comadres.-

Todo el mundo disfrutaba de aquellos comentarios, incluyendo a la hermana de Milagro, hasta que un día llegaron a oídos de la mulata y decidió cambiar el curso de su vida, ella quería mucho a su marido y el gobierno les ofrecía las posibilidades de ser felices.

-Periquito mi amor.- Le dijo un día con esa acostumbrada dulzura, ante la cual el más frío de los hombres es capaz de sucumbir.

-Dime mi palomita.- Le respondía siempre con ternura.

-Peri, por que no vamos a la clínica de trasplantes para que te arreglen un poquito.-

-Pero mi amor no veo la razón, tú me conociste así y hemos sido felices hasta ahora.-

-Si mi vida, pero me he enterado de ciertos comentarios en el barrio y no me gustan.-

-¡Ay milagrito! Ustedes las mujeres y los chismes.-

-No es solamente por los chismes, es que en algunas cosas tienen razón, tú puedes mejorar la imagen, imagínate que si ahora eres el centro de la envidia de todos los hombres por haberte casado conmigo, después de un arreglito las mujeres serán las que me envidien a mí por estar con un tipo fácil de jeta.-

-¿Qué tú me propones entonces?-

-Perico, que te trasplantes la cabeza, eso no cuesta nada y tú sabes que la ciencia en Cuba está a la altura de las mejores del mundo, para eso somos una potencia médica.-

-De eso no me cabe la menor duda, pero yo siempre he sido cobarde para los salones de operación.-

-¡Ay Periquito! Al salón se entra dormido y no te das cuenta de nada.-

-Está bien, vamos a probar para que después no digas que soy un cobarde, ¿cuándo vamos al hospital?-

-Mañana mismo si quieres, es una clínica que esta en Jacomino.-

-¡Coñó! ¿En Jacomino?-

-Si, eso es para que veas que estos servicios están al alcance de todos.-

-Ta bien, mañana arrancamos para allá, pero que conste, esto lo hago solo por el amor que te tengo.-

-Qué feliz me haces, lorito de mi vida.- Diciéndole esto, Milagro le rodeo el cuello con sus hermosos brazos y lo premió con un beso.

Temprano en la mañana y como para no dar tiempo a ningún tipo de arrepentimiento,

Milagro le preparo un té con hojas de naranja a Perico como desayuno, y partieron en su inseparable bicicleta desde la playa de Jaimanitas donde vivían hasta Jacobino. Ella se sentía sumamente feliz por la aceptación de su marido, con este noble gesto le demostraba hasta donde era capaz de llegar por demostrarle su amor. Perico no mostraba mucha alegría y no por el simple hecho del objetivo de su viaje. Su mujer pesaba unas 140 libras y el viaje era largo para hacerlo en la parrilla estando prácticamente en ayunos. No había trafico, casi nunca lo había y menos aún a las cinco de la mañana de un sábado, el trayecto hasta el túnel de Línea no fue difícil, ya que esa parte de la ciudad es bastante llana, pero, las cosas cambiaron cuando estaban a la altura del Hotel Nacional y tomaron la calle Infanta. Pararon un rato para descansar y de la mochila que llevaba Milagro extrajo una cantimplora para darle agua a su marido. Ellos siempre salían preparados para la guerra, pues en toda La Habana no había donde beber, ni donde hacer sus necesidades, por eso no los sorprendía ninguna eventualidad.

A las diez de la mañana llegaron a La Virgen del Camino y pararon de nuevo. Las pantorrillas de Perico parecían par de calabazas, aquellas bicicletas chinas pesaban una tonelada. Milagro le propuso al marido echar unas monedas en la fuente de la virgen, pero cuando se acercaron a ella, la misma estaba vacía y desistieron porque no sabían a dónde iría a parar ese dinero después. Descansaron unos quince minutos y continuaron viaje con el propósito de no detenerse nuevamente, la mitad de la loma de Jacomino la subieron caminando. Ya en la cumbre les fue más fácil y cuando preguntaron por la clínica, le contestaron que se encontraban muy cerca pues estaba en la entrada de La Cuevita.

Ambos se sorprendieron ante la majestuosidad del edificio construido para la clínica en aquel barrio. Contrario a lo que pensaban encontrarse, unos de esos monótonos edificios modelo Girón, SP 79 o el horroroso Gran Panel 6, pudieron ver una modernísima obra que supusieron debió haber sido construida por alguna corporación, porque las obras diseñadas por los cubanos se distinguían a una legua de distancia. Solo la afeaba un poco los carteles alegóricos al Socialismo, Fidel, al yate Granma, etc. y esos slogans comunistas de muy mal gusto. A la entrada existían otros que decían algo así; "Los medicos estaban vinculados, la norma con el salario." "Aquí se trabaja con horario de conciencia." "Mi trabajo es usted." "No hay nada más valioso que una sonrisa", etc., etc. En fin, una pila de cartelitos de mierda que afeaban toda aquella hermosa arquitectura, así son los comunistas, si no la cagan a la entrada, la cagan a la salida, eso fue lo que pensó Perico, cuando vio todo aquel despliegue de trabajo ideológico que ya no convencía a nadie.

Amarraron la bicicleta con una cadena que pasaron entre las ruedas, el caballo, la catalina, le quitaron el timón y el asiento después de comprobar que estaba segura, se dirigieron a la puerta de entrada de aquel monumento a la salud cubana, era raro que no se encontraran ninguna cola, ni ver a los conocidos CVP en la puerta de la misma.- Hice otra breve parada al notar reseca la garganta nuevamente, Muma se dio cuenta y me lanzó su botella, luego de mayor fueron pocos los días que no la viera con cuatro palos encima. Bebí de ella y se la lancé nuevamente, nadie rompía el silencio.

SE SUBE EL TELON.

Entramos a un lujoso salón de espera, cuya fastuosidad nada tenia que envidiar al lobby de los recientemente construidos hoteles en Varadero. El mobiliario era ultra moderno, la vestimenta de sus empleados impecables, el piso tenía tanto brillo que se le podía ver los blumers a las mujeres cuando caminaban y Perico no despreciaba esta oportunidad, hasta ser descubierto por su esposa que le llamo la atención. El edificio tenía aire acondicionado centralizado y por eso la atmósfera era agradable, todos los visitantes esperaban su turno en unas confortables butacas, mientras veían un programa de televisión que no se captaba en los receptores de la calle. El televisor era gigante y ambos no habían visto algo semejante en sus vidas. Pasaron unos comerciales de autos, comida, ropa, bancos, etc. y luego el patrón de Culivisión. Fue cuando comprendieron la imposibilidad de que todo aquello fuera cubano, aunque se hablaba el mismo idioma. Perico se dirigió hasta el buró donde se encontraba una bella enfermera, tal vez reconstruida en esa clínica por la perfección de todo su cuerpo y le solicito un turno. Después, fue a reunirse con los demás pacientes que permanecían con la boca abierta ante aquella pantalla. A los cinco minutos Perico y su mujer se encontraban en la misma situación, extasiados ante un mundo desconocidos para ellos, eran dignos de lástimas aquellos pobrecitos, habían nacido con la Revolución y nunca habían visto cosas bellas en su vida. La atención de todos fue interrumpida, cuando comenzaron a llamar por el orden de los turnos.

Enfermera. -El numero 1 por favor.-

Paciente No.1. -Soy yo joven, mire aquí tengo el turno.-

Enferm. -Bueno puede decirme. Espere, a mi me parece que yo lo conozco.-

Pacient.1. -Si señorita, esta es la segunda vez que vengo, la primera usted no aprobó mi solicitud.-

Enferm. -¿Cual era su problema? Es que realmente no puedo acordarme de todos los casos que pasan diariamente por aquí.-

Pacient.1. -Yo vine por el asunto de un trasplante de nariz.-

Enferm. -Ya recuerdo, pero yo le leí los requisitos que se exigen para un trasplante, estos son recursos que debe pagar el pueblo y no se pueden agotar en una tontería.-

Pacient.1 -Si pero mi caso no es una tontería como usted dice, yo estoy a punto de volverme loco con esta nariz.-

Enferm. -Mire, aquí tengo el modelo por el cual yo me tengo que regir para aprobar una operación, si usted no cumple con estos parámetros nosotros no aceptamos su caso.- Dijo ella mostrándole unos papeles.

Pacient.1 -Yo lo sé compañera, pero es que debe haber una excepción en esa regla, le repito, estoy al borde de la locura.-

Enferm. -Vamos a ver, ¿usted tiene dificultades para respirar?-

Pacient.1 -No, yo respiro perfectamente, con esta nariz creo que demasiado.-

Enferm. -¿Usted tiene dificultades para portar espejuelos?-

Pacient.1 -No señorita, con ella puedo cargar un par de binoculares.-

Enferm. -Como puedo observar, su nariz no esta deformada por accidentes, sinceramente, no sé que hacer con usted. ¿En qué se basa, para solicitar el trasplante?-

Pacient.1 -En mis dificultades a la hora de realizar el acto sexual con mi esposa.-

Enferm. -Realmente no lo comprendo, debería ser un poco más explícito.-

Pacient.1 -¡Mire! ¿Por casualidad usted a jugado a la bolita alguna vez?-

Enferm. -Óigame compañero, yo soy militante del Partido y condeno los juegos ilícitos.-

Pacient.1 -Yo pienso que usted me ha interpretado mal, yo también soy militante y no he apostado nunca en mi vida, lo que sucede es que quiero explicarle mi caso y usted no me comprende, ¿por qué no manda a buscar a un médico?, es que me da vergüenza decirle que me pasa.-

Enferm. -Yo creo que será lo mejor, de lo contrario nos pasaremos el día entero discutiendo y no vamos a llegar a un acuerdo.- Tomó un pequeño micrófono y solicitó la presencia de un doctor por el sistema de audio.

Doctor. -¿En qué puedo servirte corazón?-

Enferm. -Es que acá el compañero solicita un trasplante de nariz, pero no reúne las condiciones exigidas en el reglamento y el me da unas explicaciones que yo no comprendo, porque no veo relación entre una nariz y el juego ilegal de la bolita.-

Doctor. -Vamos a ver, ¿me puedes explicar como es eso?-

Pacient.1. -Doctor por favor, ¿quiere olerme la punta de la nariz?- El medico se le acerca y después de olerlo se separo de él unos tres metros.

Doctor. -¡Coñó compadre, eso huele a mierda! ¿Usted se lavó la cara por la mañana?-

Pacient.1. -Me la lavo diez veces en el día, pero no se me quita y estoy a punto de cometer una locura.-

Doctor. -Tranquilo mi viejo, aquí estamos para resolver todos los problemas, pero dime; ¿Qué tiene que ver esto con la bolita?-

Pacient.1 -Es que le dije a la señorita que el problema de mi nariz era sexual y no comprendió y para darle una idea le pregunté si jugaba a la bolita y se ofendió. Yo lo que quería decirle es que este problema me nace por la afición que tenemos mi esposa y yo por el 69.-

Doctor. -¡Ahora caigo carajo! Tu caso es grave porque es imposible andar el día entero

con peste a mierda en la nariz. Muy bien, vamos a aceptar tu caso, pero desde

ahora te digo que no tenemos narices en inventario, pero podemos resolver

momentáneamente el asunto si traes a tu esposa.-

Pacient.1. -¿A mi mujer, para qué?-

Doctor. -Viejo, porque le hacemos una pequeña operación para alejar un poco el orificio

anal en lo que tú estas marcando en la cola de las narices.-

Pacient.1. -Muchas gracias Doctor.-

Doctor. -Por nada, mi deber es éste.-

Enferm. -Entonces, ¿cómo le doy entrada en el libro Doctor?-

Doctor. -Regístralo por afecciones psicológicas por práctica abusiva del 69.-

Enferm. -¿Esa es una nueva enfermedad?-

Doctor. -No, es tan antigua como la humanidad y si tú me aceptaras, estoy seguro que a la semana me tendría que operar yo también.- Ella le tomó las generales al paciente mientras el médico se retiraba, dejándola ante una duda aún mayor sobre el pronóstico dictado y las palabras que le dirigió.

Enferm. -¡El próximo!-

Desde el salón de espera pudo observarse que una mujer de unos seis pies de estatura y elegantemente vestida se levantó, y con pausado andar se dirigió hacia el buró de la enfermera. A todos los pacientes les llamo la atención lo desarrollado de sus bíceps, lo pronunciado de aquello que la gente llama la nuez del cuello, sus férreas pantorrillas, los cañones ocultos por un magistral maquillaje de una tupida barba y la hermosa peluca rubia. Comprendieron que era un travestís, pero ya la gente se había desarrollado tanto en este aspecto que los aceptaba como seres humanos. Su existencia había sido aprobada por el Partido al comprender que, constituían una fuente muy fuerte de ingresos de divisas al país y porque muchos de sus descendientes eran aficionados a vestirse de mujer en los grandes bacanales que organizaban periódicamente. La enfermera al verla acercarse comenzó a temblar de nerviosismo, ambas se conocían muy bien.

Pacient.2. -A mí no me vas a venir con el cuentecito que le hiciste al viejito narizón de que no sabías lo que era un 69, ni de que eres militante del Partido.-

Enferm. -Mira Fifi, yo comprendo tu desesperación por el trasplante de vaginas, pero lo cierto es que no hay en inventarios.-

Pacient.2. -Oye Cary, a mí , Fifi la loba de Guanabo, nadie me toma el pelo y esto grábatelo en la mente. Mi vagina aparece o todos van a saber quien eres tú.-

Enferm. -Fifi por favor, habla bajito que me perjudicas, yo te juro que no hay vaginas.-

Pacient.2 -No esté jurando en vano cabrona, yo hable con la muchacha de las neveras y me dijo que hay unas cuantas.-

Enferm. -Es verdad Fifi, pero son para el área dólar y las compañeras del gobierno.-

Pacient.2. -Si esta semana, no aparece mi vagina, yo voy a entregar una foto tuya en la dirección de la clínica y en el Comité del Partido, donde apareces en la última fiesta de perchero que dimos toda desnudita, y otra donde estás enlazada en la cadena de treinta y precisamente delante de mí, ¿qué te pareció?-

Enferm. -Yo te prometo que el próximo lunes te operas, pero por favor no me perjudiques, tú sabes que todos tratamos de sobrevivir.-

Pacient.2. -Así que militante y no sabe que es un 69, a mí con esas......Ja- Se retiro con la seguridad de que había obtenido el resultado que esperaba, mientras la enfermera se comunicaba con el departamento de refrigeración y reservaba una vagina para el lunes próximo, sugiriéndole que fuera la mas pequeña en existencia, quería que aquella Fifi se acordara de ella cada vez que hiciera el amor, y le fuera imposible hacerlo con hombres de penes largos o gruesos.

Enferm. -¡El próximo!-

Pacient.3. -Buenos días señorita.-

Enferm. -Buenos días, ¿cual es su problema?-

Pacient.3. -Mire, el caso es que hace tres años, yo vine aquí porque tenia un pene muy pequeño y mi esposa me exigió trasplantarme uno.-

Enferm. -Pero bueno, ¿usted ha hecho algún rechazo a la operación?-

Pacient.3. -No por el contrario, la operación fue un éxito.-

Enferm. -¿Usted orina bien?-

Pacient.3. -Orino perfectamente, es más, diría que es para lo único que sirve este pene.-

Enferm. -Entonces no lo comprendo compañero.-

Pacient.3. -Chica, el problema es que mi esposa a la hora de seleccionar, se le fue la mano y escogió el más grande que había en el almacén, y la verdad es que no funciona.-

Enferm. -Por favor muéstremelo.-

Pacient.3. -¿Aquí, delante de todos?-

Enferm. -Por supuesto, no le de pena, pues todos vienen por problemas y nadie se va a sentir ofendido.-

Pacient.3. -Si usted lo dice.- El hombre se abrió la portañuela y saco de su interior una longaniza de carne de unos 35 centímetros y aproximadamente 10 libras de peso, al ponerla encima del buró de la enfermera. Aquella mujer dio un grito de asombro que llamo la atención de los otros pacientes, quienes se llegaron hasta allí para contemplar aquel bello ejemplar de un órgano reproductor, muchas mujeres suspiraron, incluso, un homosexual que estaba en la cola. Después de sobreponerse del sobresalto, le ordenó al hombre que se guardara aquella manguera y a las demás personas que fueran a sus lugares en el salón de espera.

Enferm. -Déjeme decirle que posee un hermoso pene, no comprendo que hace aquí.-

Pacient.3 -El problema es que quisiera que me devolvieran el mío, era pequeño, pero funcionaba a las mil maravillas.-

Enferm. -Señor, lamento tener que desilusionarlo, lo que usted pretende es imposible, antes de la operación usted firmó un acta jurada, donde se comprometía a no reclamar el viejo órgano después de realizada la operación.-

Pacient.3. -Chica y que hago yo con esta mierda que no me sirve para nada.-

Enferm. -La única solución que podemos darle, es que se le ponga una prótesis interior para que se le mantenga parada, hasta que realice los trámites nuevamente, para otra operación.-

Pacient.3. -Eso quiere decir que debo estar todo el día con el rabo parado, imposible, puede provocar un accidente en mi trabajo.-

Enferm. -¿Por que lo dice?-

Pacient.3 -Imagínese, yo siempre tengo el rabo para la derecha y es la pierna del acelerador, las multas me lloverían por ir a exceso de velocidad.-

Enferm. -Entonces acomódesela para la pierna izquierda.-

Pacient.3 -Me votarían del trabajo por no poder salir del paradero, con esa pierna freno señorita.-

Enferm. -Entonces inicie nuevamente los trámites para otra operación.-

Pacient.3 -¡Coño! Si me metí cinco años para reunir todos los papeles que piden.-

Enferm. -Yo no puedo hacer más nada por usted.-

Pacient.3 -Bueno, de todas formas muchas gracias.- Diciendo esto salió cabizbajo sin esperanzas de volver a disfrutar los placeres del acto sexual por culpa de los caprichos de su inconforme mujer. Pero mientras se dirigía hacia la puerta de salida, fue interceptado por un jovencito que a la larga se notaba era homosexual.

-¡Oiga compañero! ¿Usted andaba buscando una pinga más chiquita que la suya?- Le preguntó el muchacho con mucha feminidad.

Pacient.3 -¿Usted hablaba conmigo?-

-¡Claro que sí! ¿Yo vi el trozo de chorizo que te mandas? Pero que no te sirve de nada.-

Pacient.3 -¿Y cual es el problema?-

-¿Problema? Problema es el que tú tienes con esa inservible manguera. ¡Ahhhhh! Pero yo puedo ser tu solución.-

Pacient.3 -¡Al grano! ¿Qué me propones?-

-Que yo puedo ser la solución a tu triste caso.-

Pacient.3 -¿De qué manera?-

-Muy sencillo, te dono mi pinga que es joven y funciona a las mil maravillas.- La alegría se vio reflejada en el rostro de aquel hombre.

Pacient.3 -¡Enséñamela coño!- El chamaco se bajo la cremallera del pantalón y allí mismo le mostró su prenda. No lo había engañado, era divina.

-¿Qué te parece?-

Pacient.3 -¡Divina! Me encanta, vamos hasta el buró a llenar los datos.-

_!Pera, pera, pérate viejo! Eso no es así de fácil ni por amor al arte, yo no voy a cargar con esa manguera así de gratiñén, bizzzne mi socio.-

Pacient.3 -¿Qué tipo de bizne quieres por tu rabo?

Enferm. -¡El próximo!- Se oyó por los altavoces.

-¡Chenche mi hermano! Te cambio mi pinga por una carta de invitación a la yuma.-

Pacient.3 -¡Coño! Pero no tengo familia allá.

Enferm. -¡Su nombre compañero!-

Pacient.4 -Perico Felipe de la Caridad Pindueles Galárraga.-

-Bueno, ¿te parecen bien dos mil fulas?-

Pacient.3 - Me parece mal, ya te dije que no tengo parientes en la yuma, ni trabajo en Corporaciones.-

-Pues lo siento mi pana, ésta no se desprende de mí por amor al arte.-

Enferm. -¡Carajo! ¿No pudieron inscribirlo con un nombre más corto? Con la escasez que hay de tinta y se aparecen personajes como Ud. ¿De seguro es del campo?-

Pacient.4 -De Pinar del Río compañera.

Pacient. 3 -¿Y no puede haber una rebajita?-

-¡Mire compadre! Haga mucho trabajo voluntario para que gane méritos y tal vez así le aceleran el proceso. ¡Aburrrrr! Con ésta no hay arreglos.- Se lo dijo mientras señalaba con su índice a la portañuela, le dio la espalda al viejo de la morronga y salió por la puerta principal de la clínica, el viejo partió tras él.

Enferm. -Me imaginaba que fuera Pinareño, ¿ud. no tuvo que ver nada con la construcción de aquel cine donde dejaron la concretera dentro y levantaron las paredes?-

Pacient.4 -No compañera, yo hace 20 años que vivo en La Habana y fui lechero durante unos quince de ellos.-

Enferm. -¿Y sigue de lechero?-

Pacient.4 -¡No compañera! ¿Dónde coño vive ud.? No hay hierba, pienso, vacas, transporte, granjas, guajiros, no hay ná, ¿O se hace la bobita?-

Enferm. -No se vaya a trocar conmigo compañero, porque entonces se le jode todo. ¡Vamos a ver! ¿Qué servicio desea de la clínica?-

Pacient.4 -¡Mire! Yo deseo trasplantarme la cabeza.-

Enferm. -¿La cabeza? ¿Cuáles son las razones?-

Pacient.4 -¿No las ve? Que mando un feo del carajo y ya mi mujer está aburrida de que le corten levas en el barrio.- Milagro permanecía a su lado para auxiliarlo en caso necesario.

Enferm. -De verdad que manda un feo espantoso, ni me explico como pudo conseguir mujer.

Pacient.4 -Así mismo es, nada, puede que yo tenga musiquita.-

Enfermer. -No lo dudo, mire, cuando complete todos estos requisitos regrese por la clínica para su aprobación.- Diciéndole eso puso sobre el buró unos papeles que Perico tomó en sus manos y comenzó a leer para evacuar allí mismo cualquier duda.

Pacient.4 -¡Oigame camarada! Pero está de trucos llenar todo esto.-

Enferm. -Pero es lo que está establecido de arriba y hay que cumplirlo.- Le respondió con la misma frialdad dispensada a los pacientes que acudían por primera vez.

Pacient.4 -¿Pero es imprescindible este cuéntame tu vida?-

Enferm. -No se moleste en regresar hasta tanto no cumpla esos requisitos.- Muy desanimados partieron de aquella clínica.

SE BAJA EL TELON.

Era necesario hacer aquella breve pausa, desconocía el tiempo disponible por ellos, pero estar tanto tiempo hablando sin parar me agotaba y las nalgas me dolían. Creo que a ellos les ocurría lo mismo y no protestaban, muy oportuna entonces y bien recibidas. Casi todos nos paramos y frotamos las nalgas, increíblemente permanecíamos atados al mismo sitio inicial. Yo deseaba encontrarme entre ellos y abrazarlos, preguntarle por sus vidas, expresarles la inmensa alegría que sentía en esos momentos, pero una extraña fuerza nos mantenía en esa rígida postura. Una botella llegó a mis manos, pude ver la dirección desde donde fuera lanzada, había sido mi hija, ella mantenía una animada conversación con mi madre ahora. Ambas se parecían mucho en el físico y carácter. Yo hablaba con Florido y no le observé nada anormal en el brazo, al parecer el accidente lo había sufrido mucho después, ambos éramos muy jóvenes. En esa paz desconocida y que tiempos después o anteriores, se rompieron por problemas políticos ausentes en ese instante. Todos bebíamos alegremente iluminados por aquellos viejos mechones, mientras el tiempo se agotaba.

-Bueno caballeros, es hora de continuar porque se acaba el tiempo.- Dijo Barbarita, no era tan fea cuando joven, luego se convertiría en la foto de Virulo. Todos nos sentamos y reinó nuevamente el silencio.

-Abuelo a lo suyo, vamos a ver en qué rayos para todo esto.- Dijo la simpática Nina.  

SE SUBE EL TELON.-

-Perico y milagros gastaron cuatro años en reunir todos los datos requeridos, no era fácil, y gracias a Dios aún se mantenía trabajando aquella clínica. De todos era conocido ese defecto de los comunistas en no poder mantener activo nada de lo que hicieran. Bueno, el día esperado llegó y el trayecto cargado de dificultades fue el mismo, la misma bicicleta, el mismo desayuno, la misma botellita de agua, las mismas frases, las mismas paradas, y la misma desolación. Nada cambiaba en esa isla gobernada por un caballo, todo se detenía en el tiempo para luego retroceder.

Enferm. -¡El próximo!-

Pacient.15 -Buenas tardes compañera.- Le dijo con mucha amabilidad Perico al estar frente a ella.

Enferm. -¿Cuál es su nombre compañero?-

Pacient.15 -Perico Felipe de la Caridad Pindueles Galárraga.-

Enferm. -¡Cojones, qué clase de nombre te sonaron! ¿Eres del campo?-

Pacient.15 -Si compañera, soy de Pinar del Río.-

Enferm. -¿Pero Ud. no tiene nada que ver con la construcción de aquel cine, donde dejaron la concretera dentro después de levantar las paredes?-

Pacient.15 -No compañera, yo fui lechero hace varios años.-

Enferm. -¿Y eso que es?-

Pacient.15 -Ya ni me acuerdo.-

Enferm. -En fin, ¿trajo los documentos exigidos?-

Pacient.15 -Si compañera, se los voy dando uno a uno. Aquí tiene la inscripción de nacimiento, la carta del CDR, la evaluación del Partido, la carta de la CTC, copia de la licencia de conducción, la libreta de abastecimiento, la carta de la escuela nocturna, la carta con las horas de trabajo voluntario del CDR, la del trabajo voluntario de la CTC, el recibo del pago de la electricidad, el pago del agua, el pago de la casa, el carné de identidad actualizado, los antecedentes penales, la carta del DNI donde expresa que nunca he solicitado pasaporte para salir del país, la carta del Ministerio de Comunicaciones donde expresa que no mantengo correspondencia con el extranjero, la carta de la iglesia donde dice que nunca he sido bautizado, la del banco donde expresa que no recibo fulas desde el extranjero, la carta de la ANAP donde hace constar mi origen campesino, este sello del correo por valor de doscientos pesos, y por último, mi carta firmada ante notario donde me comprometo a no reclamar el órgano trasplantado.

Enferm. -¡Oiga! Fíjese que lo felicito, solo un dos por ciento de los interesados pueden cumplir todos estos requisitos.-

Pacient.15 -Para serle sincero, si no fuera por la insistencia de mi mujer y lo enamorado que estoy de ella, se lo juro, me quedo feo pa toda mi puta vida.-

Enferm. -Yo lo comprendo camarada, mire, lleve este cupón al departamento de órganos y le deseo mucha suerte en su operación.- Ella le extendió la mano a Perico y éste la apretó de mala gana, luego, se dejó llevar por las indicaciones de ella y minutos después se encontraban parado ante una puerta donde fueron recibidos por otra hermosa mujer vestida de verde. Perico le entregó el cupón.

Almacenera.- Compañero, ahora es necesario llenar este formulario para saber los gustos de ustedes en cuanto al órgano a trasplantar.

Perico -Mire, yo creo que esas preguntas se las puede hacer a mi mujer, en definitiva es ella la que va a disfrutar el fruto de todo este trabajo.

Almacen. -Muy bien compañera, ud. me va respondiendo y yo lleno el formulario. ¿Dígame el color del pelo?-

-Rubio.-

-¿Labios?-

-Carnosos?-

-¿Nariz?-

-Perfil griego.-

-¿Mandíbula?-

-Media.-

-¿Pómulos?-

-Regios.-

-¿Pestañas?-

-Largas.-

-¿Cejas?-

-Copiosas.-

-¿Barba?-

-Lampiño es mejor compañera, ya sabes el lío de las cuchillitas que no hay.-

-No hay problemas, yo te comprendo, ¿Orejas?-

-No muy paradas.-

-Creo que es suficiente, déjame hacer una tabulación con esos datos.- La tipa agarra una calculadora de bolsillo (que Perico y Milagros observaban con asombro anormal) le introducía números que unas veces sumaba y otras dividía, luego los multiplicaba y les hallaba la raíz cuadrada, volvía a multiplicarlos por pi por erre al cuadrado, lo restaba de la primera cifra obtenida, se lo sumaba a la cifra que correspondía a los ojos y al final los restaba de la cifra colocada al lado de los labios. -¡Ya! De verdad que soy una yegua, ¿qué coño será de esta clínica de mierda el día que me largue en una balsa?- Perico y Milagros apoyaban aquella expresión moviendo sus cabezas afirmativamente.

-¡María! Separa la cabeza del código CUP 300068760, mañana sale a trasplante.- Dijo finalmente aquella hermosa empleada.

-¡Anótalo cojones! ¿Tú crees que con este chícharo de mierda pueda recordar tanto?- Respondió una dulce voz desde el interior de la nevera.

-No se preocupen compañeros, preséntense mañana a las seis para ingreso, será un día de preparación y al siguiente ya tendrá su nueva cabeza, lo mejor de todo, estamos tan avanzados que podrá partir a su casa y hasta templar ese día.-

-¿No miente compañera, podremos templar y todo?- Preguntó Milagros sin salir del asombro que le produjo aquellas últimas palabras.

Sábado, 27 de Diciembre del 2003

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