Cuba es un cuento, compay

Plácido Bosh: Un fantasma molesto

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Hay días que deseo pasar hojas molestas que ocuparon ese gran volumen que le da forma a nuestras vidas, pero la historia es exigente y no entiende de ditirambos, condena el titubeo. Quisiera borrar de mi mente pesados fantasmas que en sus vuelos causan molestias y producen pesadillas. Insisten en continuar jodiendo y aparecen siempre allí, donde nadie los quiere, hirientes, porque hasta después de muertos causan daño y ellos lo saben. Cada página a ellos dedicada, es una demora injustificada al amor que pudo una vez flecharnos, luego, imbuidos en el rescate de ese inquieto fantasma, podemos olvidar momentos de felicidad que bendijeron nuestras existencias. Aquella juventud fue marcada con ese fierro candente que dejó una cicatriz eterna, muchas veces, heridas que no logran cicatrizar y sangran. ¡No se puede ocultar al verdugo de nuestras penas! Grita desesperada la historia mientras unos tratan de olvidar.

-¡Farah María es un gallo ronco! Dijo uno de los presentes esa tarde en el comedor de tripulantes.

-¡Sí, pero está muy buena! Le contestó Pedro el pañolero.

-¿Estamos analizando el cuerpo o la voz? Esta vez fue Febles el timonel, muy raro que se animara a participar en este tipo de discusión. Su carácter introvertido lo mantenía alejado de aquellas tertulias diarias que seguían después de la última cucharada de comida. El camarero participaba mientras retiraba las fuentes de cada mesa y las pasaba por la ventanilla que lo comunicaba con la cocina. En ocasiones se escuchaba la opinión de algún cocinero, nos llegaba como un grito desesperado. -Es lo que yo digo y mantengo, Farah es un gallo ronco, no tiene voz.

-Dicen que está empatada con un pincho y que por eso canta por televisión.

-No se puede negar que está durísima.

-Pero no canta.

-¡Qué coño nos importa si canta o no, está muy rica y eso es lo que vale! Las protestas se cruzaron de un lado a otro del salón y la discusión tomó su camino diario. Por un lado, los amantes de la música, por otro, los desesperados por la carne, los aficionados a la pelota y los nostálgicos que comenzaban a sentir los efectos de más de veinte días de navegación sin ver tierra. Al final, todos convergían en un solo punto de ese fatigoso recorrido, estábamos desesperados por esa carne tibia y olorosa que le daba verdadero sentido a nuestras vidas.

-¡Atiendan acá! El socialismo es la emancipación de la clase obrera, dueña de todos los bienes una vez arrancados de las manos de la burguesía. Los obreros, rotas las cadenas que lo mantuvieron atados… Reinó el silencio en todo aquel salón y cada uno de nosotros observaba, invadidos de estupor y sorpresa el rostro de aquel hombre que, parado frente a nosotros con el descaro del fanático extremista, nos disparaba a boca de jarro una arenga revolucionaria fuera de lugar. Por la ventanilla de la cocina se observaba el rostro de uno de los cocineros muerto de la risa. -En lugar de pasarse tanto tiempo discutiendo mierdas sobre la farándula, deberían utilizarlo para superarse políticamente, eso es lo que espera la revolución de ustedes. Cada uno de nosotros se levantó de sus asientos y abandonamos el salón, dejamos a Plácido Bosh parado en el mismo sitio con un librito entre sus manos, nos había jodido la tertulia, correría el año 69. El escenario elegido fue la motonave Jiguaní, todavía en aquellos tiempos, menos difíciles que los posteriores, podíamos alardear de pertenecer a una inmensa familia, así éramos los marinos de entonces, casi hermanos.

El incipiente núcleo del partido lo llamó a su seno y le dio un merecido jalón de orejas, Plácido era la primera papa podrida que lograba penetrar a su saco. Muy poco tiempo después se llenaron todos los sacos con papas como esta. Cuando el buque regresó a La Habana movieron fichas y se lo quitaron de encima, su extremismo era un peligro para el sano ambiente de aquel barco, y no solo eso, técnicamente era muy malo para ocupar la plaza de cuarto maquinista.

Me olvidé de él y solo lo veía accidentalmente cuando necesitaba ir al edificio de nuestra empresa, pero Bosh es de ese tipo de individuo que no descansa y lucha con tenacidad por imponerse. Una vez lo vi y escuché por televisión, pensé, ahora no hay quien lo detenga. Daba un enardecido discurso en una tribuna levantada junto a la oficina de intereses norteamericanos en La Habana. El momento era muy apropiado para cualquier oportunista, desfilaron muchos como él durante decenas de horas por aquella tribuna, todos pedían la liberación de unos pescadores detenidos en Estados Unidos.

Después de la efervescencia que producen esos eventos viene una marea de calma y Bosh cayó fulminado por ese silencio que te condena al olvido. Dicen que estuvo varios años enrolado en el barquito Clodomira, esta nave se encontraba fuera de servicio en el muelle Margarito Iglesias. Allí, donde solo se mantenían funcionando los generadores eléctricos, fue ascendiendo de cargo milagrosamente. Se convirtió de la noche a la mañana en Jefe de Máquinas, nadie sabe cómo, nunca podrán explicarlo. Se paseaba con sus charreteras de cuatro rayas entre hombres que habían quemado sus pestañas en la academia, reparado decenas de plantas, bombas, purificadores, calderas y cambiado infinidad de camisas a los pistones. Nada de eso había hecho él, pero las cuatro rayas cargadas sobre sus hombros decían lo contrario. Así fue como un día, sin nadie comprenderlo, descendió de una aeronave de Cubana de Aviación en el aeropuerto de Luanda. Si aquella llegada suya hubiera tenido como justificación dirigirse a los campos de batalla, donde diariamente caía algún cubano, los que conocíamos su terrible trayectoria la aplaudiríamos con la esperanza de que, algún angolano les ahorrara el sufrimiento producido por estos fantasmas en su paso por la tierra a tantos cubanos.

Algo insólito ocurrió en el puerto de Lobitos, tuvimos que salir a navegar toda una noche para que Carlos Mendoza le hiciera entrega del cargo a Bosh. Nunca, en toda la historia de la marina mercante cubana, un barco había tenido que detener sus operaciones y hacerse a la mar para efectuar un relevo. Sacando cuentas, el N’Gola tenía un consumo de combustible superior a las veinticinco toneladas diarias, ¿cuánto pagó el pueblo angolano por ese relevo después de unas doce horas de navegación? Ya teníamos un nuevo Jefe de Máquinas que operaría un motor con más de diez mil seiscientos caballos de fuerza. No solo eso, cuando finalizara su “misión”, regresaría a Cuba con un diploma de “Internacionalista” que sería agregado a su amplio curriculum.

-Yo propongo que renunciemos a la divisa que nos pagan nuestros hermanos angolanos, debemos tener presente en todo momento que nuestra presencia en este país se debe a la condición de “Internacionalistas”, algo que no olvidar jamás. Fueron las palabras expresadas por Plácido Bosh en la reunión relámpago efectuada para hacer la presentación del nuevo grupo, se encontraba el director de Angonave, la compañía que operaba la flota de ese país. Estaba también Amador del Valle, delegado del Ministro de Transporte en ese país.

-¡Pido la palabra! Sin esperar fuera concedida, disparé en una ráfaga todo lo que me vino a la mente en ese instante. –Yo no renuncio a nada, no estoy de acuerdo con la demagogia de este compañero, todo lo contrario, solicito que se nos pague más. Resulta increíble que un simple marinero de este buque cobre once dólares diarios, mientras que su oficialidad solo reciba un dólar diario a partir del último puerto angolano. ¡Yo no renuncio a nada! Eso es baba de este individuo que ayer estaba reclamando un aumento de la asignación de dinero por concepto de “representación”. ¡Coño, qué singao es este viejo! Pensé, ayer reclamaba más plata como Jefe de Máquinas en el camarote del Capitán, aumento que fue concedido y ahora se baja con este trueno. Hubo silencio, solamente quedábamos dos de los viejos, el grupo anterior había sido relevado y todos los presentes eran nuevos en este campo de batalla.

-¡Camarero, retire inmediatamente este animal de mi presencia! Domingo, uno de los mejores y más complacientes camareros con los que me tocó trabajar durante mi vida de marino, se acercó algo asustado y retiró inmediatamente el plato de mi presencia. No puedo imaginar qué rayos les había sucedido ese día, eran magníficos cocineros, pero tenía ante mí un pescado que fue cocinado con sus escamas y tripas incluidas.

-¡Parece mentira que un camarada que se encuentra en “misión internacionalista” se exprese de esa manera. Se le ocurrió decir a nuestro héroe.

-¡Mira, Bosh! Te vas para casa del carajo, hablo así porque me da la gana y tú no eres nadie para mandarme a callar. Parece que se aconsejó y no acudió a la réplica, pero de algo estaba convencido, el año que me quedaba por delante no sería fácil de vivir con este individuo a bordo.

Alambritos por acá, laticas de leche colgando en los lugares donde existían salideros de aceite o combustible, aplicación de la teoría de bombillos apagados para ahorrar combustible, algo que nadie le había solicitado porque Angola es rica en petróleo. Constantes paradas de la nave para efectuar “reparaciones”, demoras, malas maniobras, recalada a los astilleros ADM de Amsterdam y apertura de la máquina principal. Especialistas del astillero le mostraron al Capitán una variada colección de fotografías tomadas donde aparecían las culatas de la máquina principal “rajadas”.

-Capitán, no se puede demostrar cuándo se produjo esta avería. Pudo haber sucedido ayer o cuando se encontraba la oficialidad portuguesa a bordo de este buque. Algo hay muy serio detrás, la reparación se aproximará al millón de dólares. Una de las principales causas que originan este tipo de averías, es haber sacado la máquina de tiempo. Yo solo escuchaba y observaba las fotos.

-Debo consultar con el Armador. Fue toda la respuesta de Calero, no podía decir otra cosa.

-El problema es que estoy enfermo, tengo sinusitis aguda, no puedo respirar bien y me siento muy mal, solicito que pidan mi relevo a La Habana. Fueron las palabras de Bosh después de escuchar las conclusiones de los especialistas del astillero.

-¿Te quieres ir para La Habana? ¡Agente, sáquele un pasaje para mañana mismo a este compañero! Fueron las palabras del Capitán y allí mismo concluyó la reunión. Bosh montaba en un taxi temprano y ese mediodía, se celebró una junta de emergencia donde se abrieron varias botellas de whisky para festejar el deslastre experimentado. Había partido con más penas que gloria, sin dinero, sin pacotilla, sin los regalos acostumbrados a recibir de los astilleros cuando finalizan las reparaciones, sin el diploma de internacionalista. ¡Rajado! Tuvo que haber escrito el secretario del partido que lo sustituyó, pienso. No solamente rajado, rajadas quedaron también aquellas seis culatas del barco, cuya reparación costó el millón de dólares anunciado. A Bosh se lo devoró Saturno y fue condenado al silencio por el resto de sus días, pero no fue muy sencillo masticarlo y luego tragarlo. El daño causado a su paso por esta tierra no puede ser olvidado, la historia no entiende de ditirambos, condena el titubeo y castiga la mala memoria. Varios años después me encontré con su sobrino en Cienfuegos, había sido alumno mío en la academia naval, no recuerdo lo que me dijo de su tío, no sé si aún pueda estar vivo. Tiene que ser un molesto fantasma y el combustible nunca alcanzará para quemarlo en el infierno.

Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2010-02-21

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