Cuba es un cuento, compay

Los primeros “internacionalistas” de la marina mercante cubana

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Las flotas mercante y de pesca, me refiero a Navegación Mambisa y Flota Cubana de Pesca, habían realizado a título colectivo varias “misiones internacionalistas”. Recordemos la incursión del pesquero “Alecrín” en aguas venezolanas transportando armamento para la guerrilla de Douglas Bravo, oportunidad en la que fuera apresado por fuerzas navales de aquel país. Regresemos a las transportaciones realizadas por mercantes cubanos cuando la guerra entre Argelia y Marruecos. No olvidemos tampoco cada una de las incursiones en países africanos como el Congo y Angola entre otros. Recordemos las acusaciones que pesan sobre nuestros buques durante el mandato de Salvador Allende en Chile y la transportación de armamento de manera secreta hacia ese país. Todas esas aventuras fueron asumidas por las tripulaciones de las naves e incluso, muchas de aquellas ocasiones fueron de total desconocimiento de su marinería, quienes solo se enteraban cuando ya se encontraban en el escenario de aquellas operaciones y no tenían otra opción que la de continuar su rol. La mayor parte del tiempo, todas esas aventuras han sido ignoradas por quienes escriben la historia.

El despliegue de nuestros hombres formando reducidos grupos hacia otras tierras, tuvo sus inicios en el año 1977. Por fortuna y para recogerlo en los párrafos de aquella historia por escribir, yo me encontraba dentro de aquel pequeño grupo de hombres. Ya he contado en otra oportunidad que una vez solicitada mis vacaciones y abandono de la Academia Naval del Mariel, fui citado al Departamento de Cuadros de la Empresa de Navegación Mambisa un día del verano de 1977. Allí se me comunicó que había sido seleccionado para “cumplir una misión internacionalista”. El Jefe de Cuadros en esos tiempos era un individuo que había trabajado en la industria láctea (si la memoria no me traiciona), ajeno por completo a nuestro mundo marítimo. Se encontraba presente en aquella pequeña reunión “Eusebio”, lo conocía desde el año 1967, fecha de nuestra incorporación a la flota. Luego continuó trabajando en ese departamento y en el de “Personal” que atendía a los subordinados.

Vuelvo a repetir que nos encontrábamos atravesando fechas muy difíciles de “confirmación revolucionaria” y Angola, aunque ya había finalizado la guerra, era la palabra de moda. Una negativa de cualquier tripulante a cumplir con aquellas órdenes que siempre bajaban desde el cielo, podía significar su separación de la flota por varias razones, sobresaliendo entre todas la “poca confiabilidad”. Razones por las que no me arrepiento haber aceptado, porque si hubiera sido así, es muy probable no me encontrara aquí escribiendo estas líneas.

Como dato importante que pueda tomarse como referencia a las fechas tratadas, pudiera mencionar que solo unos pocos marinos cubanos fueron enviados a trabajar fuera de los dominios de nuestras flotas en el exterior. No creo superaran o llegaran a la cifra de diez hombres. Aquellos marinos trabajaron en buques de la NAMUCAR (Naviera Multinacional del Caribe), creo que ese era el significado de aquellas siglas. Uno de los primeros intentos por unificar las operaciones marítimas en la región del Caribe que explotaba naves de pequeño porte. Uno de los primeros fracasos en esos intentos que actualmente se realizan a nombre de Mercosur, etc. Recuerdo que algunas de aquellas naves, según contaron tripulantes conocidos, llegaron a tocar puertos norteamericanos y a ellos no les permitían bajar a tierra. Luego desertó uno que otro y viven desde esos tiempos en los EEUU. Fuera de ellos, quienes trabajaban por contrata, no existían antecedentes de personal nuestro trabajando en el exterior.

Ninguno de los presentes en aquella reunión supo explicarme a ciencia cierta cuál sería mi misión en Angola y desconocía que formaría parte de un grupo. Solo me orientaron partiera inmediatamente a la sede del Ministerio de Transporte, edificio ubicado en la calzada de Rancho Boyeros. Presenté un papelito que me dieron e inmediatamente me autorizaron a subir a uno de los pisos que hoy no recuerdo. No hubo demora alguna, me estaban esperando.

Ante las preguntas de uno de los extraños personajes que me atendió, le comuniqué que mi pasaporte y vacunas se encontraban vencidas. Consideré que sería un obstáculo importante y me equivoqué. Me pasaron a otros cubículos en aquellas oficinas que, luego no me dejaron espacio a las dudas se trataran de personajes de la “seguridad del estado”. Fui vacunado, me fotografiaron y antes de partir me dieron una chapilla con numeritos indicándome que debía tenerla puesta las veinticuatro horas del día porque en caso de fallecimiento serviría para identificar mi cadáver. Créame que al escuchar aquellas palabras me “cagué”. Esperaba me pasaran a otro local para brindarme mochila y uniforme militar, ya me veía tirando tiros en Angola. Sin embargo, nada de eso ocurrió así. Después de concluidos aquellos rápidos trámites, me dieron otro papelito con la dirección de una oficina subordinada a ellos y ubicada también en Rancho Boyeros. Me ordenaron pasar por allí al día siguiente para recoger mi nuevo pasaporte y el boleto de avión con destino a Luanda. Se los juro, nunca había presenciado tal manifestación de eficiencia en un país tan dominado por la burocracia.

Fui con mi esposa e hijo a la dirección indicada, ella se encontraba embarazada de mi segundo hijo (hija finalmente). Me entregaron el pasaporte y la boleta del avión orientándome presentarme en esa misma oficina al día siguiente en la tarde, desde donde sería transportado hasta el aeropuerto José Martí.

Llegué con mi esposa e hijo a bordo de un taxi una media hora antes de la señalada y me encontré con un grupito de hombres con maletas que, al parecer tenían el mismo destino que yo. Por la vestimenta y sus maletas resultó fácil identificarlos como marinos, pero en realidad no los conocía, creo que ninguno nos conocíamos y fuimos presentados por el encargado de llevarnos hasta el aeropuerto. Allí le entregaron a un joven que se desempeñaba en la flota como Sobrecargo el equivalente a veinte dólares por persona como gastos para la escala que haríamos en un aeropuerto. Llegada la hora, nos embarcaron en un microbús V W que debería pasar por casa de uno de los integrantes del grupo, vivía cerca de nuestro camino y había llamado para comunicar que no lo había recogido el taxi solicitado. Como restaba espacio en el vehículo, accedieron a transportar a mi esposa e hijo en ese viaje al aeropuerto.

Aquel primer grupo de marinos que partiría por primera vez en misión internacionalista, se encontraba integrado por los siguientes hombres:

1.- Calixto Velozo. Graduado de Capitán sin ejercer el cargo.

2.-Esteban Casañas Lostal. Segundo Oficial.

3.-Lazarito (no recuerdo sus apellidos) Sobrecargo.

4.-Gabriel Rodríguez Bas Freixas. Segundo Maquinista.

5.- Carlos o Pedro Balloqui. (No recuerdo exactamente) Técnico de Refrigeración.

6.-Naranjo (No recuerdo su nombre completo) Primer electricista.

Luego de comprobar las características del grupo de acuerdo a los cargos desempeñados en los buques, nació una fuerte corriente de especulación sobre lo que sería nuestro destino, porque aunque resulte imposible de creer, aún motados en aquel DC8 arrendado por Cuba, nosotros continuábamos desconociendo el final de aquella aventura. Antes de abordar el aparato alguien propuso hacer una “vaquita” para comprar una caja de ron “Havana Club”, creo que fue Freixas y la administró durante todo el vuelo. Los únicos civiles que viajaban en ese avión éramos nosotros, el resto, unos más de cien pasajeros, pertenecían a un lote de campesinos miembros de las FAR y aunque viajaban de civil, era muy fácil identificarlos. Sus ropas eran iguales, de muy mala calidad y en algunos casos mal cosidos a mano. Muy escandalosos, disfrutaban como nadie aquella aventura de la que ignoraban si podían regresar. Nosotros nos sentamos en la cola del avión muy próximo al pantry, hicimos escala esa noche en Barbados y una hora después continuaríamos con destino a Sierra Leona. Nos enterábamos del rumbo gracias a Velozo, había sido piloto militar y el Capitán de aquel avión era amigo o compañero suyo.

En Luanda fuimos recibidos por el Capitán Calero, fue la persona que nos dijo iríamos directo para un barco, hacia allá nos transportaron en dos autos. Ya se encontraban algunos cubanos a bordo del N’Gola, entre ellos unos conocidos que se convirtieron en pesadilla para nosotros y los marinos de aquel país.

Ese grupo estaba integrado de los siguientes tripulantes:

1.-Fernando Miyares Gutiérrez. Segundo Oficial.

2.-Carlos Collazo. Telegrafista.

3.-Carlos Mendoza. Jefe de Máquinas.

4.- Pepito (no recuerdo su nombre) Enfermero.

5- Carlos No recuerdo sus apellidos. Tercer Maquinista

6.-Un hombre que pertenecía a los Ferrocarriles. Segundo Eectricista.

Debo detenerme y hacer una breve descripción sobre la llegada de estos tripulantes al N’Gola.

1.-Fernando Miyares Gutiérrez. Viajaba de Segundo Oficial a bordo de uno de nuestros buques conocidos como los “gallegos” y estaba subordinado del Capitán Blanco (el negro) Tuvo que olerle mucho el culo al Capitán Calero para que lo llevara al N’Gola e imagino que el Capitán Blanco aceptara incondicionalmente a cederlo. Su presencia trajo como consecuencia que a la mañana siguiente yo me personara en el camarote de Calero.

-Capitán, con todo mi respeto le sugiero me envíe a La Habana lo antes posible.

-¡Coño! Dime cuales son las razones, acabas de llegar.

-Una muy importante, hace varios años vengo ocupando la plaza de Segundo Oficial y veo que ya tiene uno a bordo.

-Pero es que tú eres el segundo Oficial de este buque, yo te pedí personalmente entre todos los que me ofrecieron.

-Le aclaro, no voy a atender los botes salvavidas ni otra cosa que corresponda al cargo de Tercer Oficial y le repito, yo soy Segundo Oficial en todo el sentido de la palabra.

No hubo necesidad de hablar mucho, Calero resolvió la situación a su estilo. Velozo viajaría como “Imediato”, era una plaza que tuvieron los portugueses y correspondía a un agregado de Capitán. Solo que en este caso, Velozo sería el encargado de todo lo relacionado al cargo de Primer Oficial. Miyares viajaría como Primer Piloto y no tendría vínculo alguno con lo referente a las responsabilidades del Primer y Segundo Oficial. O sea, solo iría montando guardias de navegación y puerto. Amílcar (el único portugués a bordo), se desempeñaría como Tercer Piloto con las responsabilidades del Tercer Oficial. Aquella solución no evitaría se repitieran los encontronazos que ya había tenido con ese individuo a bordo del buque “Jiguaní.

2.-Carlos Collazos. Viajaba como telegrafista a bordo de uno de los provincias que trabajaban en los servicios de cabotaje en Angola. Pudo ser la motonave “Pinar del Río” o “Las villas”, no recuerdo exactamente. Llegó al N’Gola en las mismas circunstancias de Miyares para mal de toda la tripulación. Fue elegido como secretario del partido de aquel reducido grupo y se destacó por su extremismo e ineficiencia demostrada como telegrafista durante los seis meses que ocupó el cargo. Durante todo ese tiempo, ninguno de los tripulantes cubanos recibió mensaje alguno de su familia. Calero tuvo la oportunidad de inclinar su selección por otros telegrafistas que se encontraban en Angola prestando servicios, pero quizás se dejó arrastrar por los sentimientos y quiso beneficiar al viejo. Seis meses después y unas horas antes de regresar a Cuba, Collazo fue abatido a balazos por el Segundo Maquinista Gabriel Rodríguez Bas Freixas. Todo tuvo su origen en una mala evaluación del partido confeccionada por Collazo en contra de Freixas (que no era militante), ya escribí sobre esta historia.

3.-Carlos Mendoza. Se encontraba de Jefe de Máquinas en un barquito de cabotaje angolano y tuvo que arribar al N’Gola por causas similares a las de los antes mencionados. Fue en todo momento un incompetente en su cargo y la mayor parte del tiempo no superó los traumas sufridos por la pérdida de un hermano en combate. Aquella situación provocó que fuera precisamente Freixas la persona que asumió en todo momento sus responsabilidades y cayeran sobre él las de hacer funcionar aquella nave. Sin embargo, nada de eso se tuvo en cuenta a la hora de redactar aquella infame evaluación que le costara la vida a Collazo y de la que Mendoza fuera cómplice en su calidad de Jefe de Máquinas. Algo grave atentaba contra Freixas y lo fue siempre su condición de persona alcohólica, pero nunca se tuvieron en cuenta los méritos mencionados.

4.-Pepito el enfermero. No tengo idea de sus vías utilizadas para arribar a la nómina del N’Gola, creo sin embargo, haya sido la persona más inofensiva y servicial de todo aquel grupo. Se comportaba como el guardaespaldas de Calero y aún teniendo su propio camarote, siempre dormía en uno de los sofás del salón de Calero. Pepito era alcohólico también, eran pocos los días que no estuviera “sonado”, oportunidades que siempre aprovechábamos para pedirle alguna botella de las reservas del Capitán que él nunca se negaba en ofrecer.

5.- Carlos (El Tercer Maquinista) No pertenecía a nuestra flota y tampoco fue maquinista. El había trabajado como mecánico en los talleres de reparaciones que Navegación Mambisa tenía en el muelle “Margarito Iglesias”. Pudo haber integrado la nómina del N’Gola por relaciones de amistad con Calero. Como quiera que sea, creo haya sido uno de los buenos tripulantes de aquella nave. Muy sencillo, discreto, respetuoso y buen trabajador. Luego me encontré en diferentes oportunidades con él mientras las brigadas técnicas realizaban reparaciones a bordo de nuestros buques.

6.-El Segundo Electricista. Era un hombre ya maduro que pertenecía a los Ferrocarriles de Cuba y tuvo que llegar al N’Gola por lazos de amistad con Calero. No recuerdo su nombre, bajo, delgado, muy callado y con unos deseos terribles de regresar a Cuba. Viajó por primera vez a países capitalistas con nosotros y todo el dinerito ganado lo gastó en pacotilla para la familia. Militaba en el partido, pero considero haya sido uno de los individuos más inofensivos de aquel grupo.

Seis meses después de nuestra arribada al buque y cuando apenas habíamos realizado un solo viaje a Europa, aquel grupo de comunistas apeló a un recurso que yo desconocía. Le manifestaron al Capitán que el compromiso contraído por La Habana con ellos solo comprendía unos seis meses de misión en aquel país. Calero los complació quizás por quitárselos de encima, pero de algo estábamos convencidos, nadie viajaría hasta Angola por un período de seis meses. Yo nunca escuché nada de aquello que ellos alegaron, no me lo dijeron.

La compañía naviera y el sindicato del buque manifestaron su deseo por mi permanencia en aquel país, creo que fue el premio a mis excelentes relaciones con cada uno de aquellos prietos. Ofrecieron además la posibilidad de una casa para trasladar a mi familia, algo que deseché rotundamente, no existía seguridad y las condiciones de salud eran pésimas. Sin embargo, acepté gustosamente a continuar un tiempo más. Al Sobrecargo Lazarito le hicieron la misma proposición, solo que unos meses después fue expulsado por Calero y regresado a La Habana. Se había convertido en un furibundo alcohólico al punto de abandonar sus responsabilidades y perderse del buque durante días. En La Habana fue un fracaso total y escapó a Miami cuando los eventos del Mariel. Allá perdió la vida muy joven por dedicarse al negocio de las drogas, dejó a una viuda y un niño en La Habana.

Miyares continuó también, no creo haya sido por solicitud de la compañía o el sindicato de marinos angolanos. Realmente lo detestaban hasta odiarlo, era déspota y racista.

En un viaje que el N’Gola diera a La Habana y Santiago de Cuba, decidí abandonar el barco para resolver los problemas de vivienda de mi familia que ya había crecido. Cuando puse las maletas en el muelle, varios de aquellos negros bajaron a abrazarme y algunos de ellos no pudieron contener las lágrimas. Creo haya sido ésta una de las páginas más hermosas de mi vida como marino.

Hoy les dejo estas notas que algún día formarán parte de la historia de nuestra marina mercante, esto es solo una síntesis de lo que fuera aquel reducido grupo de hombres, los primeros marinos mercantes destinados a cumplir una misión internacionalista. Luego, aquella carrera continuó hasta extenderse a varios países donde se cuentan Libia y Nicaragua entre otros. Nosotros fuimos los primeros.

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