Cuba es un cuento, compay

Golondrinas

Monólogo con Eduardo Ríos Pérez

¡Dímelo, animal! No sabes cuánto disfruto decirte eso cuando suena el celular y veo tu número de teléfono. Nada ha cambiado, al menos entre nosotros, seguimos siendo la misma cosa, el mismo bonche, la misma curda, el mismo relajo. Nunca nos hemos tomado la vida en serio, hasta la muerte será así, con todos nuestros desparpajos. ¿Dónde fue que nos conocimos? No me digas que en casa de María Antonia, si fue allí debió ser una excelente Cufletera, no es la mencionada en una cartica que anda por ahí. ¡Mira que han caído mangos! Dice Elena que ya estoy chochando, peor, dice que estoy padeciendo la andropausia, yo no sé que rayos es eso, pero me suena parecido a la menopausia de las mujeres. Pero mi chochera es distinta, ya sabes como son los viejos, bueno, los de acá, porque ya comienzo a olvidarme de los nuestros, ni me imagino aquella vejez. ¡Compadre! No podrás calcular mis berrinches, cuando caigo detrás de uno de ellos en las colitas que se forman en las cajas automáticas de los bancos, me imagino que en Miami sea igual.

Se les olvida el código de entrada a sus cuentas, imprimen una y mil veces los depósitos o extracciones, se meten media hora para sacar veinte pesos, dan deseos de meterles una patada en el trasero, y pensar que ya estamos cerca de todos esos papelazos. El domingo es terrible para conducir, todos esos viejitos salen a la calle y es para cagarse, me pongo muy nervioso cuando observo a uno de ellos detrás de mí por el retrovisor, y cuando van delante también, es una tragedia. ¿Te acuerdas del marido de mi tía? Que en paz descanse el viejo, pero se metió dentro de una panadería de Hialeah, terrible. Y cuando tienen espejuelos con cristales fondo de botella son más peligrosos, temibles. Y lo lindo, siempre tienen la razón y todos son muy buenos y dignos de compasión. ¡Mira al tipo! Ahora todo el mundo se conmueve de él y no paran de vender su imagen piadosa, ¡cómo cambian los tiempos!, Machado era hijoputa, Batista también lo fue, y este tipo, hasta disfrazado de ecologista no los quieren meter.

¡Asere! ¿Dónde fue que nos conocimos?, ¿te acuerdas del Cordón de La Habana? ¡Qué manera de abrir huecos para sembrar el puto café! ¿Te acuerdas? El que más hueco abriera salía vanguardia. ¡Coño, mira que comimos mierda! Pero no era culpa nuestra, la juventud es así de sana, se lo cree todo. Bueno, la de antes, porque la de ahora es la llama. ¡Cómo pinchamos, animal! Y el indio castigando nuestras espaldas, porque ese sí no cree en nada, era nuestro peor enemigo, igualito que el secretario del partido. ¿Te acuerdas de aquellas depuraciones por las que pasamos?, ¿te acuerdas del chama que quedó eliminado porque le gustaba peinarse? ¡Coño, consorte! Como si peinarse fuera un delito, recuerdo que le dijeron narcicista y tenía desviaciones ideológicas. Total, Narciso con toda su militancia del partido era tremendo ladrón en su puesto de sobrecargo, como destruyeron sueños, ¿quién pudiera pedirle a ese chama que colaborara? ¡Coño! El mismo Taquechel, ¿te acuerdas de él?, chico, aquel feo que era el secretario de la UJC y fue jevo de Aurora, la hermana del chino. ¡Qué hijo de puta era ese blanco! Botó a corojonal de chamacos y luego, ¿luego, qué? Asere, refresca la memoria, el hijoputa cayó en desgracia por cleptómano, ¿no te acuerdas? Vengan huecos y huecos y huecos, la vida era un hueco. Era para cagarse de la risa, nunca he visto algo tan estúpido. El compañero Manuel ha sido seleccionado el vanguardia de la semana e impuso un nuevo record, eso decía Taquechel en aquellas reuniones a las que no debíamos faltar. El camarada Manuel abrió dos mil quinientos huecos en cincuenta y seis horas de trabajo normal, y aportó quinientos huecos en veintiuna horas de trabajo voluntario. ¿Te acuerdas como nos cagábamos en la madre de Manuel? Por culpa de ese comemierda subían las normas diarias y uno sin poder chistar.

Dice que estoy chochando, pero yo veo a los viejos por ahí y no me encuentro ningún síntoma de chochera. ¡Asere! Yo no me orino en la cama, no ando tirándome peos en las guaguas con la justificación de un cólico, no ando con esas jodederas a la hora de comprar la comida, que si esto tiene colesterol, que si esto sube la presión, que si la baja, que si el viagra. Mi chochera es diferente, me ha dado por escribir, ¿qué más se me puede pedir, no estoy en retiro espiritual? ¡Dilo tú que me conoces desde hace años!

¿Te acuerdas cuando íbamos a pescar al Morro de La Habana? ¡Coño, compadre! Con lo difícil que era conseguir anzuelos y tú no parabas de trabarte. De verdad que en el patio la gente la inventa de cualquier cosa, ¿te acuerdas de aquellos anzuelos que la gente fabricaba con clavitos? Ya sé qué me vas a decir, claro que se tenían que oxidar, asere. Se enderezaban con facilidad, pero pescaban. ¿Y el día que andabas haciendo lo indebido en el Johnny Drink, no lo recuerdas? Andabas en cuatro patas debajo de la mesa y tumbaste todo. Esto no tiene nada que ver con la pesca, pero me vino a la mente.

¿No te has enterado de alguna nueva baja en nuestra tropa? Cada vez que hablamos aparece la noticia de algún ñampio, vamos quedando menos y todos son de nuestra generación, y eso que dicen que en el patio las probabilidades de vida son superiores a las de muchos países desarrollados. Los viejos de acá sí que vacilan la papeleta, yo no creo que llegue hasta allá, tú sabes que ahora comienza a salirnos toda la miseria vivida y cargada como lastre. Esta gente no, asere, esta gente ha jamado bien toda su vida y no saben lo que es una libreta, UNA LIBRETA. Esto hay que escribirlo con mayúsculas porque ya tiene casi medio siglo de existencia, esa libreta ha embarcado a un pueblo. ¿Te acuerdas de ella? No me digas que te intoxicaste con la CocaCola como mucha gente del patio. Había que tener más resistencia que Juantorena para llegar a la meta el fin de mes, y eso que su carrera más larga era de ochocientos metros planos, que si llegan a ser con los mismos obstáculos de nuestras vidas, estoy convencido de que no llegaba a dar una sola vuelta. Pero nada, todo lo hacíamos en nombre del futuro, bueno, al menos eso era lo que nos decían. ¿Te acuerdas de aquella consigna con la que nos endrogaron? "El presente es de lucha, el futuro es nuestro." ¡Coño! Si yo llego a imaginarme que mi futuro estaba en Montreal, hubiera vendido el cajetín la primera vez que visité este puerto. ¡Mírate tú! Tu futuro estaba en Miami y no lo sabías. Nada, tal vez Amanda era muy chiquita, pero ahora es temba y puede ayudar a mucha gente.

Yo sé que debes guardarme una bala, ¡asere!, si te descargué todos los días cuando te quedaste en Miami, lo hice para darte valor. Un día me encojonaste con tanto lloriqueo y tuve que decírtelo como lo decimos nosotros, "Si vas a estar con esa mariconería, toma un avión y regresa." Me dolió hablarte así, pero esta vida se ha hecho para los valientes y no se puede andar con lagrimitas, ¿lo recuerdas? Puede que no, yo te conozco bien y supiste interpretar mis palabras, sabes que fueron expresadas de buena fe y tu reacción fue muy positiva, ¡mira cómo estás ahora! ¿Qué querías con tanto lloriqueo, regresar a la isla y volver a trabajar en el almacén del hospital para vender la comida de los enfermos? Ahora que hablo de eso, ¿te acuerdas de aquella jeva que vivía al lado de un círculo infantil y los empleados le pasaban la jama por la ventada de su apartamento? ¡Qué inmoralidad! Todos éramos inmorales, pero había una ecuación lógica, si yo no compraba esa jama, vendría otro y lo haría, la compraba yo y resolvía mis problemas. Ese era el asunto, resolver y no mirar pal lado. ¡Qué inmoralidad! No imagino a nadie robándose la jama de los chamas aquí.

Cuando yo te lo digo, cada vez que paso por el mercado y veo un saco de cebollas me dan deseos de llorar, y pensar que una vez me jugué los años de trabajo, la profesión, y por si fuera poco, hasta la misma libertad por robarme un saco de cebollas que solo cuestan cuatro dólares. ¡Qué país de mierda! Lo dices y nadie lo cree, un Capitán y un Primer Oficial robándose un saco de cebollas, eso sí, en mi casa se jamó.

Hoy me acordé de ese detalle y no pude ocultarlo, yo te critiqué y te di muestras de una valentía que en mi tiempo flaquearon. Yo también lloré como tú, pero con una sola diferencia, no tuve a nadie a mi lado para consolarme o me dijera pendejo, estaba totalmente solo. Lloré mucho más que tú y te comprendí cuando lo hacías, lloramos por lo mismo, por lo que dejamos atrás, tantos años perdidos inútilmente. ¿Te acuerdas cómo soñamos mientras pescábamos en los arrecifes del Morro? Ya sabíamos de Astronomía y podíamos identificar muchas estrellas a la espera de una picada. ¿Cuántos sueños no fueron despedazados contra las rocas por el odio de las olas? Pero nada de eso nos detuvo y aquellos sueños continuaron, hoy en tu apartamentico de 10 de Octubre, estrecho, incómodo, promiscuo. Recuerdo a tu suegro dormido en el sillón de la salita, sin reclamar su escaso metro de losas para tirar su colchoneta. ¡Qué noble aquel viejo! La única vez que hablé por teléfono con él, tú estabas allá, a su lado, no pudiste ver mis lágrimas, las mismas que te critiqué cuando te dije pendejo. ¿Te acuerdas cuando te apareciste de madrugada en Santos Suárez con dos botellas de vino seco? Así de locos éramos, querías celebrar el apartamento que le habían asignado al viejo en Altahabana, nadie se molestó y todos teníamos que trabajar. ¡Qué tiempos aquellos! Todo era diferente, éramos una gran familia, yo lloré mucho por aquellos recuerdos, pero no podía decírtelo. Me gustaba sentarme a la mesa a compartir lo poquito que nos daban, hoy no. Abunda la comida y la soledad, yo sé que se cumplen leyes inviolables de la vida y cada golondrina toma su rumbo cuando aprende a volar. ¿Te acuerdas de Anita? ¡Qué pregunta más estúpida! ¿Cómo no recordarás a tu madre? Me encantaba llegar hasta su solar los días que estudiábamos en casa de Alfredo. Anita empalagaba con su dulzura, aún la recuerdo tratando de alimentarnos como si fuéramos niños, debo confesarte que en ocasiones me encojonaba. Yo sé que lloraste por ella en ese período de pendejadas, ¿y yo no?

Ya estoy chochando, los otros días fue un aniversario de la muerte de mi madre y se me pasó por alto, me di cuenta hoy que comenzamos el mes de Mayo, pero ya no tengo lágrimas aunque sienta deseos de llorar y sentar a todos en mi mesa, aunque fuera una sola vez al mes, no te imaginas los deseos tan grandes que tengo de hacerlo, pero nadie se da cuenta. Ese es el precio que debemos pagar todos por la libertad de nuestros hijos y nietos nacidos y por nacer. Lo triste de todo esto es que, el día que te encierren en una caja de madera, solo ese día se acordarán de tus virtudes, solo las virtudes renacerán las pocas horas detestables que permanezcas en capilla ardiente. Todos se olvidarán de los defectos, como si la vida fuera perfecta y las canas o calvicie sirvan para exonerarte de pecados, ¿no crees que es hipocresía?, yo sé que lo entenderás así.

¿Te acuerdas de aquel compromiso que una vez hicimos en medio de nuestras jodederas? Yo sé que te acuerdas y mientras te mantuviste en la isla existía la posibilidad de incumplirlo, pero ya estamos del lado de acá. ¿Tendré que recordártelo? Como estás medio chocho considero oportuno hacerlo y espero no lo olvides, será la única vez que te lo recuerde aunque en mis viajes a Miami hemos tocado el tema. Si te largas primero yo despido tu duelo, si lo hago yo, tú te encargarás de hacerlo. Ya entramos en la cuenta regresiva y debemos estar preparados, solo eso. Insisto en recordártelo, solo tú estás autorizado para hablar de mí y no debes omitir nada, malo o bueno, pero sin lágrimas. ¡Acuérdate de la música y la botella de ron! Recuérdale a mi familia mi última voluntad, ya ha sido escrita en otra oportunidad, mis cenizas deben ser arrojadas a la entrada de la bahía de La Habana por donde tantas veces entramos y salimos, no hace falta decirte más. A buen entendedor con pocas palabras bastan, bueno animal, ¿sabes una cosa?, suenan tan falsas las palabras amigo, hermano y socio, que prefiero quedarme con ésta. Tumbo katao y apago quinqué, seguro que yes.

Un abrazo.

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