Cuba es un cuento, compay

Treinta y cinco primaveras

A Onix.-

Un día, cuando broten de nuevo los tulipanes,
finalizará el hechizo. Dejaremos de ser piedras,
no tendremos que ocultar nuestro amor.
Jade.

Capítulo 1.- Orígenes.

Las gotas rompían violentamente contra los cristales de las ventanas, eran gotas gigantes, cada una de ellas dibujaba algo diferente, muchas figuras simultáneamente, una batalla entre abstractas y naturales. Todas se borraban de la misma manera que lo hacía su mente.

La lluvia le gustaba, pero aquí esas gotas caían y él no las sentía. No disfrutaba esa lluvia silenciosa y apartada del mundo, prefería aquella producida por las grandes y espontáneas turbonadas de su tierra. Aquellos repentinos chubascos siempre fueron vulgares, chusmas, bullangueros, se vivían intensamente. Tenían mucho de embriagador, una magia que todo los pobres adoraban cuando caían sobre sus tejados de zinc.

Todo se oscureció de repente cuando comenzaron a caer las primeras gotas, aquella situación lo obligó a encender las luces del cuarto para continuar escribiendo. Los fines de semana disfrutaba hacerlo, sabía que la vida era corta, se daba cuenta que en la medida que pasaba el tiempo, se le olvidaban muchas cosas y no quería perderlas como aquellas figuritas dibujadas por el agua. Se resistía a ser como los otros, deseaba dejar algo para los que llegaran después de su partida, siempre condenó a los de memorias vagas. Para Jade no existía nada más importante que recordar y luego compartir esos recuerdos con la gente, no le interesaba mucho con quienes fuera, solo quería que nada de lo vivido se perdiera entre estéreos, láseres y todas esas cosas de la vida moderna.

En el alero de la ventana retozaban varias palomas, siempre vivieron allí, otras lo hacían en un hueco que hay en el techo del pequeño patio, nunca hizo nada para expulsarlas, aquellos hermosos animales no lo abandonaban ni en los más intensos inviernos. Soportaban temperaturas muy bajas, no se podía explicar aquella resistencia cuando el termómetro bajaba los cuarenta. Miró a sus fieles amigas y su vista se extendió por toda la cuadra.

En la esquina de la izquierda el parque comenzaba a ponerse verde, ya habían llegado esas aves que nos visitan todos los años, las escandalosas gaviotas que despiertan a todo el mundo por las mañanas y otros pájaros que han volado miles de millas para llegar hasta aquí en busca de comida, tranquilidad para hacer sus nidos. Luego, cuando llega el frío, parten nuevamente con sus críos por el mismo camino que recorrieron. Jade quería buscar alguna similitud entre él y la de aquellas aves pero nunca las halló, él llegó por razones parecidas, aquí organizó su nido, trajo a sus pichones y ahora ellos se estaban reproduciendo, pero no podían regresar cuando llegara el invierno.

Este año las gaviotas habían arribado el 17 de Marzo, todos los años se adelantaban unos días, el barrio completo disfrutaba el alegre espectáculo que ellas brindaban. Sobrevolaban juguetonas alrededor del parque llamando la atención de todos con sus agudos chillidos. Indudablemente había comenzado la primavera, otra más para sumar a su almanaque.

Los árboles tenían sus botones a punto de estallar, pero el césped siempre se les adelantaba, ya estaba totalmente verde y dentro de esa agradable verdura, se distinguían los tulipanes, las primeras flores en abrirse para dar alegría a nuestro paisaje. Jade disfrutaba con esas cosas tan pequeñas que hacen felices a los hombres, siempre se preguntaba lo mismo; ¿Por qué no los tuve en mi tierra? Luego se contestaba para consuelo, esta es mi tierra, es la que siempre soñé, entonces no lo invadía la nostalgia, todo lo contrario, olvidaba y sentía un gran alivio en su alma, como si nada hubiera sucedido, el pasado se iba borrando con increíble velocidad, por eso escribía.

La gente corría bajo sus pies, aquellos indios con todos esos metros de tela enrollados en sus cabezas, algunos niños mojándose y desafiando un fuerte resfriado. Detrás, alguna que otra negra con vestidos de mil colores chillones y cubriéndose el peinado con una sombrilla, o amarrándose un pañuelo sobre la cabeza para que el viento no le robara la peluca. Unas veces negra, otras veces rubia y aquello le producía risa; ¡Qué raro se mira una negra con una peluca rubia! Se decía, pero no dejaba de disfrutar de esas curiosidades que le brindaba este barrio.

Cayó un rayo quien sabe donde, era algo raro, desde que vivía en este país las tormentas eran mudas. En varios años solo había notado algunas como las que se producían en su tierra, con todos esos relámpagos intermitentes, acompañados de esa rara sensación de bombardeos. Pero fueron muy raras las oportunidades y casi siempre se sentían levemente por la insonoridad de las viviendas. Por eso, cuando cerró las ventanas quedó atrapado en otro mundo, muy distinto al de él. Sin poder evitarlo, aquella agua cayendo en torrentes lo transportaba a muchos sitios de su pasado. Aquí veía a los muchachos jugando bajo ella, pero eran juegos muy peligrosos, la lluvia era distinta, muy fría y unas veces acompañada de hielos. Allá era agradable, refrescaba la sofocante atmósfera, luego, el vapor que despedía la tierra constituyó algo especial para él. Esos olores eran diferentes en todas partes, no era el mismo en la ciudad al del campo, no era igual el que se respiraba cerca de la arena de la playa al de la tierra colorada y menos aún al del asfalto hirviente del medio día. Entonces entraban deseos de bañarse debajo de esa lluvia, aquí el instinto te obliga a protegerte, sabes que un fuerte resfriado significa mucho, pérdida de varios días de trabajo y por consiguiente de dinero.

La lluvia le recordaba su tierra, aquí era muda y nunca la experimentó igual, pero allá era de una sonoridad tremenda. En casa de los pobres la lluvia es un sedante que adormece rápidamente cuando cae en techos de zinc, fibrocemento, papel de techo, encima de las tejas y hasta en los bohíos. Es inexplicable el poder relajante de esa lluvia que pone a dormir a la familia entera. Que provoca los deseos de hacer el amor, donde los gemidos son opacados por esa majestuosa sinfonía producida por el agua y todo esto lo recordaba Jade sin que nadie se lo pidiera. Era maravilloso el efecto de esa lluvia sobre sus sentidos, pero se daba cuenta que en la medida que pasaba el tiempo perdían interés para él. Los sentía como algo agradable que pasó en su vida, pero que cada día se hacían menos indispensables para poder vivir, estaba perdiendo el valor de la nostalgia y el pasado se encontraba cada día más lejos.

Cuando amainó un poco tomó una sombrilla y bajó hasta el pequeño mercado que se encontraba en la esquina derecha, ya lo conocían. Iba directo hasta las neveras y seleccionaba la cerveza de su gusto. En la caja se encontraba ese día una señora griega de unos cincuenta años, de unos ojos azul celeste muy bellos. Siempre lo recibía con una sonrisa y le hablaba mirándolo directamente a los ojos, cada vez que se encontraba con ella pensaba lo mismo, tuvo que ser muy hermosa de joven, no perdía la oportunidad que ella le ofreciera para mirarle las piernas. Tuvo que ser codiciada por los hombres, lástima que tiene a un sanaco de marido. Pagaba y se retiraba, entraba en otro mercadito de un guyanés, donde siempre intercambiaba algún chiste con el hombre. Por último llegaba a la panadería donde compraba el pan acabado de hacer, le rompía la punta y regresaba nuevamente al punto de partida, ya había escampado.

Se dirigió hasta la cocina para colocar la cerveza en el refrigerador y no pudo evitar mirar por la pequeña ventana. Su apartamento se encontraba perpendicular a un corredor que existe entre dos columnas de edificios de unos cien metros de largo. A ambas bandas de ese corredor, hileras de patios que dentro de muy poco darían la impresión de estar ardiendo. Las grandes humaredas llegarán hasta el suyo con agradables olores a distintas carnes, chorizos, butifarras, etc. ¿Por qué no pudo ser así en mi tierra? Siempre se preguntaba. Allí estaban las largas tendederas y nadie sentía temor a que le robaran la ropa, todos vivían tranquilos, indios, negros, griegos, latinos, cada cual disfrutaba de sus músicas, sus comidas, sus religiones, sus modas, sus tradiciones, sin que nadie los molestara; ¿Por qué no pudo ser así en mi tierra? Siempre se preguntaba.

Después de abrir una cerveza puso un poco de música, le gustaba escribir así, oyendo música, ese día seleccionó tres discos de Yanni. Repasó todo lo que había escrito hasta que comenzó a llover, entonces dio rienda suelta a su teclado.

........ Manuel regresó sobre sus pasos y otra vez en la acera, caminó en sentido contrario a la del camión, cruzó la calle y entonces muy despacio fue caminando, mientras su mente regresaba al año 1967. ¡Coño!, Por aquí vivían unas amistades de Luis, Pancho y Jade, recuerdo muy bien que era una casa, en cuyo portal ellos disfrutaban de unas agradables tertulias con sus dueños. Ya recuerdo, era aquella que tiene el 312, déjame caminar otro poco para verle la cara a la gente. Son los mismos, pero como han envejecido. No tiene sentido que los salude, ellos solo me vieron en una oportunidad en la cual llegué con los muchachos. Sigo caminando hasta la esquina, me parece que por allí vivían otros muchachos de esa época, ya recuerdo, en aquella casita vivía una chamaquita que era muy blanca, creo que ellos la llamaban Onix.......

Al escribir ese nombre se detuvo, fue como si recibiera un terrible impacto en su corazón. Tomó el vaso de cerveza y se dirigió nuevamente hasta la ventana, allí continuaban las amigas palomas en su incontenible intercambio de quizás frases amorosas, observó como el macho inflamaba su buche, lamentaba no comprender aquel idioma. Su vista se perdió nuevamente en el vecindario pero ahora no veía nada, solo figuras que se movían bajo su mirada perdida.

¿Por qué me acuerdo de ella?, ¿por qué debo tenerla presente a cada rato?, ¿no fueron suficientes todas mis aventuras en esta vida?, ¿fue ella una aventura? Entonces no la recordaría tanto, ¿por qué recordarla si nunca le di un beso? No recuerdo su olor. ¿Será tan puro el amor que un día sentí por ella? Amor de chiquillos, sonrió mientras le cruzaban todos estos pensamientos. Absurdo, se respondió de pronto, Jade había sido un gran aventurero amoroso, sin embargo, le asombraba no recordar a esas decenas de mujeres que pasaron por su vida, y que fuera precisamente el nombre de Onix el que se aferrara a su memoria.

Nunca imaginé que aquel amor juvenil pudiera sobrevivir la infranqueable barrera de tantos años transcurridos. Tuve que haberla amado mucho para que perdurara tanto tiempo en mi corazón, dudaba.

Bebió y su mirada se dirigió al pequeño parque, los árboles eran pequeños como él, sin embargo, hoy se le antojaban grandes y frondosos, con varios bancos donde los jóvenes se decían algo tal vez tonto pero sublime. Lo embriagaba la idea de ese viaje en su memoria, ahora la recordaba con su uniforme escolar, blanca como la vía láctea, tímida, esquiva, graciosa, tanto, tan graciosa que lo arrebataba. Comenzaba a recordar de nuevo los motivos que justificaran conservarla tanto tiempo en su memoria. Ahora recuerdo, se decía mientras permanecía con la vista fija en el parque, ella pertenece a ese amor tierno ajeno a cualquier tipo de vicio por la carne, creo que fue algo de una pureza sin par luego desaparecida, volátil. ¿Por qué la perdí entonces coño? Se enojaba con solo pensar en eso, había recobrado totalmente la memoria en ese viaje relámpago contra el tiempo. La amé, no tengo dudas de ello, esto debe ser una prueba del destino, tal vez un castigo. ¿Qué será de ella? ¿Estará viva? ¿Cuántos hijos o nietos tendrá? ¿Continuará siendo igual? ¡Claro que si! Ningún árbol puede cambiar su madera.

Jade regresó al mar, allí ejercitó aquello que hoy considera un don, la memoria. Tantas horas gastadas con la mirada perdida en un azul que se extendía en muchas oportunidades hasta el cielo, y donde, cuando la soledad del alma lo invadía en aquellas locas aventuras, los recuerdos le daban fuerzas para seguir viviendo. Onix estuvo allí, viajó muchas veces con él y todo parece indicar que desembarcó en su último puerto, está viva, se dijo a modo de consuelo.

Fue hasta el refrigerador y sacó otra cerveza, regresó nuevamente a la computadora y se colocó los audífonos para alejarse del mundo de los vivos y continuar en el de los recuerdos. El teclado continuó su sordo movimiento, ahora con una pequeña dosis de amor por lo que estaba escribiendo.

Gastó horas sentado con la única finalidad de darle culminación a ese trabajo, sintió como siempre un gran placer cuando mencionaba a seres queridos en ellos. Para Jade, era una simple manera de rendirle tributo a aquellos seres a los que de una u otra manera había amado en la vida. En todas sus historias buscaba el motivo apropiado para usar sus nombres.

Cuando hubo finalizado y como era su costumbre, lo firmó le puso la fecha, 26 de Mayo de 1999.

Capítulo 2.- Silencio

Jade no esperó mucho tiempo, una vez terminado el trabajo y sin revisarlo lo difundió por muchos lugares de la net, foros, páginas y a su lista personal de amistades. Luego, si no existía premura se tomaba un breve descanso y analizaba las críticas de amigos y oponentes. Ganaba experiencia con todo este intercambio de opiniones. Jade nunca había participado en taller literario alguno, sencillamente no se consideraba escritor, lo hacía por placer y necesidad a la vez. Deseaba trasmitir algo útil a sus descendientes y nuevas generaciones, casi todos sus escritos estaban estrechamente vinculados a la vida del ciudadano común de su isla.

La vida para él continuó sin muchos cambios, se levantaba muy temprano en la mañana y ponía a calentar la leche en el microwave, mientras encendía el televisor para ver el parte meteorológico y escoger la cantidad de ropa con la que debía cubrirse. Luego de ver el parte se dirigía al baño para asearse. En este tiempo sonaba la alarma del equipo, retiraba la leche y colocaba la comida del almuerzo. Llenaba el termo de café con leche al estilo cubano y se preparaba la mesa para desayunar en lo que continuaba vistiéndose. Colocaba refresco, alguna gelatina o yogurt dentro de un pequeño bolso preparado para mantener frío esos productos, lo cerraba y colocaba dentro de su mochila. Todos los movimientos los realizaba con calculado sincronismo diario, sabía que solo unos segundos podían significar la pérdida del primer autobús y prefería llegar dos minutos antes a la parada aunque la temperatura fuera de - 50 grados Celsius. Así transcurría su vida diariamente, viajando de autobús a metros y autobús nuevamente para llegar una hora después a su trabajo.

Muchos de sus amigos le preguntaron siempre por qué no se compraba un auto, Jade les respondía risueño; << Porque la vida para mí perdería muchos encantos. Yo viajo con los ojos muy abiertos mirando cada detalle que me brinda el paisaje, rostros, sonrisas, traseros, tetas, árboles, vestimentas, gestos, niños, parques, aves, todo. Yo viajo mirándolo todo y buscando una similitud con restos del pasado. Es precisamente aquí donde nacen todas mis historias, surgen espontáneamente, después las voy preparando mentalmente mientras trabajo, el tiempo transcurre increíblemente rápido, muy veloz y no siento las duras jornadas. Cuando finalmente decido sentarme frente al PC ya todo está cocinado, solo falta darle un poco de imaginación. Si dejara de hacerlo creo que perdería un poco de esa magia que me obliga a escribir. Además, si no hiciera esto creo que me sentiría vacío para escribir sobre algo, no lo haría nunca si no naciera esa inspiración para hacerlo. Viajando en un auto debería tener todos mis sentidos puestos en función del tráfico, supongamos que no sea complicado y hasta viaje disfrutando de la música de mi agrado, no es igual, no tienes tiempo de viajar pensando o soñando en todo caso como yo hago frecuentemente. Al llegar a la casa todo se convierte en lo mismo, pasos medidos, tiempos cronometrados, sexo planificado, en fin, muy poco espacio a lo fortuito y casi nulo a las sorpresas, sencillamente, una monotonía criminal para el ser acostumbrado a una vida activa>>.

Jade rechazó ofertas de autos regalados en varias oportunidades, era un tipo tan sencillo que muchos de sus lectores no se lo imaginarían así. Una persona desprendida y sin intereses que lo esclavizaran por lo material, nunca le faltó un centavo desde su llegada a este país porque emprendía cualquier tipo de trabajo. Si tenía dinero era feliz, si carecía de él era feliz también, solo lo preocupaban las deudas de gratitud, trataba por todos los medios posibles de no contraerlas por considerarlas impagables como la deuda externa. No lo hacía por ingrato, prefería evitarlas por una cuestión de orgullo personal.

El tiempo transcurría en silencio como su vida misma, los hijos se casaron y partieron en ese viaje que impone la vida, ya no eran cachorros a los cuales los cubanos se empeñan en prolongar los mimos y cuidados. Jade se quedó solo con su esposa y en la medida que ese tiempo avanzaba, el silencio hacía compañía de ellos. Hay momentos en la vida donde la compañía de tantos años agota el diccionario y se cae en un vacío muy profundo que muchos seres no saben saltar, puede ser un abismo.

Ocurrieron muchas cosas importantes en ese tiempo, Jade escribió cuentos que arrancaron lágrimas y risas. Lágrimas que en oportunidades se derramaron frente a un PC mientras se presionaban teclas, porque increíblemente y aunque muchas personas no lo crean, el autor siente lo que escribe y sufre cada letra, cada oración, cada párrafo, cada historia. Bueno, eso ocurre solo cuando no se escribe por simple vanidad.

Jade escogió a Miami para esperar el advenimiento del nuevo siglo, nada mejor para él que no podía regresar a su tierra. Precisamente en ese viaje y durante una cena con amistades cibernéticas, conoció a una pareja oriunda del pueblito donde vivió Onix. Casi entre súplicas les pidió que lo contactaran con aquellos seres por los cuales sintió cariño. La vida continuó y Jade regresó al Canadá, increíblemente extrañaba a esta tierra como la suya, bueno, ya no sentía lo mismo por aquella que lo vio nacer y en la medida que pasaba el tiempo se identificaba mucho más con ésta.

Durante una gran tormenta de nieve ocurrida el 12 de Diciembre del 2000, su hija lo llama al trabajo y le dice;

-¡Fíjate, no te alteres! Ya tu nuera está ingresada con los dolores de parto.-

-¿En cual hospital?- Solo alcanzó a preguntar en medio del nerviosismo.

-En el de los Judíos.- Respondió su hija.

Jade partió en medio de la tormenta desesperado, el corazón se le quería escapar del pecho y no recuerda que aquella emoción fuera tan fuerte, como en la oportunidad del nacimiento de su hijo. Se equivocó de hospital y caminó desesperadamente unas doce cuadras inundadas de nieve para asistir al nacimiento de su primer nieto. Al llegar, alcanzó a oír su primer llanto, Jade estaba muy nervioso, nadie sabe el significado de ese momento, por su mente pasaron velozmente millones de pensamientos, pero solo una era importante para él. Esta es mi continuidad, germinó mi árbol, a duras penas contuvo las lágrimas de alegría viendo la llegada de su Principito.

Ocurrieron muchas cosas importantes para la humanidad, no para él que en Julio del 2001, se mudó de aquel barrio al que todos sus conocidos optaron por llamar Bombay. De verdad que llegó a convertirse en una provincia de la India, pero Jade siempre trataba de encontrarle encantos, bueno, si los encontró en barrios bajos de La Habana aquí no pasaría mucho trabajo para ello.

Su nuevo cuarto dispuesto como oficina, poseía una ventana a su espalda que no daba a ningún lugar, solo a la pared del vecino. Lo habían privado de aquel mirador donde disfrutaba el incesante paso de seres de distintas regiones y credos, con diferentes vestimentas, colores y olores, músicas, andares típicos, en fin, ganó en el barrio y tranquilidad pero añoraba su gran ventana. Quedó atrapado en cuatro paredes , su buró, la pecera al lado izquierdo, algunas plantas ornamentales y el corral del nieto a la derecha. Aquella situación exigía mayor uso de la imaginación para escribir algo, Jade se encontraba encerrado en otra pecera.

Algo rompió su tranquilidad, no solo le ocurrió a él, su ira dio rienda suelta sobre el teclado cuando el ataque a las torres gemelas. La noticia la recibió trabajando y viajó con su esposa, hija y amistades hasta la cúspide de ellas. Todo su dolor lo derramó en líneas que pronto difundió por toda la net. Luego volvió el silencio. Jade decidió publicar su primer libro y ello requirió de un sacrificio extra.

Capítulo 3.- Apareciste así - 1

El invierno había sido generoso, uno de los mejores en diez años en esta tierra, solo hubo necesidad de limpiar las calles en dos ocasiones, tuvo que haber sido un record histórico. La primavera no fue tan bondadosa, no paraba de llover y las temperaturas se negaban a subir como en otros años. Jade no podía desprenderse de alguna camisa de mangas largas de lana o corduroy para ir a trabajar, otros seres cargaban abrigos aún.

Una tarde y regresando del trabajo, esperaba el autobús en la avenida Perras, por esas cosas de la vida y cuando no le quedaba nada por observar miró al cielo. Volaban bandadas de gaviotas desorganizadas y bulliciosas, siempre han sido así de locas, pensó, eran seguidas por escuadras casi militares de patos. Las gaviotas deben ser caribeñas, pensó de nuevo. Le llamó la atención la arribada irregular de las aves, recordó que años atrás habían llegado un 17 de Marzo, el año anterior lo sorprendió esa arribada en un viaje a Ottawa, hoy era 11 de Marzo. Las siguió largo rato con la vista, dedujo que algunas de ellas se dirigirían a su antiguo barrio, lamentaba no encontrarse allí en aquellos momentos para disfrutarlo como todos los años pasados. Llegó el autobús y se olvidó de aquellas extravagantes gaviotas, se colocó sus audífonos para consumir el viaje oyendo música, eso lo sacaba de este mundo por minutos, miraba hacia todos lados, unas veces con la mirada perdida.

Los días sucedieron indiferentes, unos bañados de agua y otros fríos, los fines de semana Jade tenía su acostumbrada botellita de invierno, entre traguitos escribía parte de sus historias. Cuando llegaba el verano cambiaba la dieta, después de trabajar horas extras pasaba por un pequeño mercado y se compraba una docena de cervezas. Nada cambiaba, su mujer se adaptaba increíblemente al rol de abuela, Jade no renunciaba a su papel de soñador y aventurero.

Uno de esos días cargados con la cuota de monotonía a la que estaba acostumbrado, y sin romper las silenciosas reglas por él establecidas, después de quitarse las botas antes de entrar a la casa, pasó por su cuarto oficina y prendió la computadora. Luego iba directamente a la cafetera y la conectaba mientras sacaba todos los cacharros de la mochila. Miró por la ventanita de la cocina y observó a una preciosa pareja de Cardenales posados donde él les colocaba alimentos, el recipiente se encontraba vacío y les pidió disculpa mentalmente. Tengo que ir a comprar otro saco, pensó, muy pronto llegarán los Mayitos. Tenía la costumbre de regresar nuevamente a la computadora en lo que la cafetera realizaba su función. Hacía click en el botón de Outlook y observaba como recibía los mensajes acumulados durante el día. Por lo general recibía una cantidad superior a los veinte diariamente, casi siempre se levantaba en lo que el Outlook recibía su correspondencia. Regresó nuevamente a la cocina, ya la cafetera comenzaba a colar y su vista se dirigió nuevamente al patio. Terminó de aplicarle vapor al café para hacerlo espumoso, luego, se sirvió en una pequeña tasa al estilo cubano. Bebió un poco, lo suficiente para evitar el molesto desvelo, prendió un cigarrillo y después de tomar un cenicero limpio regresó a su escondite, ya la computadora había cargado todos los mensajes del día. Colocó cuidadosamente el cenicero en el poco espacio libre sobre el buró y se sentó.

Su mirada se dirigió inmediatamente hacia el origen de cada mensaje y el asunto que trataban, uno de ellos lo detuvo, por momentos no deseaba creer lo que leía, sencillamente lo consideraba imposible, se puso muy nervioso ante aquel mensaje y no lo abrió. Se levantó nuevamente sin retirar la vista de la pantalla, fue hasta la cocina y sacó un vaso del estante. Buscó donde su esposa había guardado la última botella de ron y se sirvió un trago triple, agregó hielo y cola.

Con el vaso temblando en su mano regresó nuevamente a la computadora, se sentó aún nervioso, no tenía valor para abrir aquel mensaje.

-¡Dios mío, no puede ser!- Exclamó Jade mientras acercaba el vaso con licor a sus labios, su vista no se separaba de la pantalla del ordenador, puso el vaso sobre el buró y esperó un poco, el suficiente para disminuir el temblor de sus manos. Su mente viajaba velozmente mientras leía el asunto de aquel mensaje, muy poco decía y mucho; Onix de Antillas.

Cuando logró serenarse accionó el mouse sobre aquel inesperado mensaje.

...... Hello Jade.-

No sé si te suene mi nombre, hace un tiempo leí algo de lo que escribiste sobre Antillas, yo soy Onix. Traté de comunicarme contigo pero todos los mensajes me eran rebotados. Hace unos días vi que le brindabas tu dirección a otra persona y por eso te escribo. Dime si eres tú.

Disculpa la molestia.

Onix.

Jade leyó aquel mensaje una y otra vez, debieron ser cientos las veces que repitió aquella operación. Lo leía al derecho y al revés, lo repetía y no salía de su asombro.

¿Cómo puede ser tan tonta? ¿Cómo puede preguntarme si me suena su nombre? ¿No se da cuenta que precisamente la mencioné en uno de mis cuentos? ¿Pudo pensar que la olvidé? Dios mío, no puede ser cierto, han pasado tantos años que no lo creo. ¿Onix?

Sin reponerse del nerviosismo se dispuso a contestarle inmediatamente, la felicidad invadió su corazón inesperadamente, algo extraño experimentó entonces, algo muerto hasta su repentina llegada renació sin explicaciones.

Hola Onix...

No puedes imaginarte la tremenda sorpresa que he sentido al recibir tu mensaje. Hace unos años viajé a Miami y me encontré con una sobrina de la esposa de Manuel. Por esas casualidades de la vida, mencioné al pueblo de Antillas y el esposo saltó. Le pregunté si conocía al querido viejo Manuel y mira la casualidad. Les pedí que me pusieran en contacto con cualquiera de ustedes con el propósito de saludarlos y saber de sus vidas, pero no obtuve respuesta a aquella solicitud.

Hace once años que deserté de la marina mercante en este país, si no me equivoco estudiaste en La Habana y un día pasaste por casa de mi mamá (pudo haber sido otra persona) pero por la descripción que me dio ella coincidía contigo. Espero continuar este contacto para recordar cosas del pasado.

Recibe muchos abrazos...

Jade.

Hizo click en enviar, se levantó nuevamente y fue hasta la cocina, se preparó otro trago, no se sabe por qué, Jade comenzó a soñar sin motivos. Esperó hasta que se cansó de esperar, pensó por momentos que le habían tomado el pelo, eso era muy frecuente en Internet, lo embargó la duda cuando pasaron dos días sin recibir repuesta. Leyó en varias oportunidades el mensaje recibido y su respuesta, trataba de encontrarle errores, algo que delatara una injustificada pasión por lo sucedido muchos años atrás. No lo encontró, sin embargo se dijo; << Puede que su esposo sea el que controle su correo.>> Entonces, envió otro mensaje tratando de salvar aquella para él penosa situación.

. ....Hola Onix.-

No sé si recibiste el mensaje anterior, si cometí alguna imprudencia en mi respuesta espero me disculpes, no pude evitar la emoción y tratarte con esa familiaridad. Luego me puse a pensar que han pasado 35 años, fue inevitable recordarlos como entonces.

Cuéntame de tu familia, ¿tienes hijos?, ¿ nietos? Yo sigo con la misma esposa desde el año 1970, tengo dos hijos y el varón cumplió 30 el 21 de este mes. La hembra se llama como la madre, trajo a su novio de Cuba y se casaron aquí pero no han encargado todavía.

Mi nieto ya cumplió el año y cinco meses, puedes imaginarte como están los abuelos con él. Lo tenemos diariamente con nosotros porque vivimos en los bajos de mi hijo, ahora estamos buscando comprar un triplex (así le llaman aquí a tres apartamentos en la misma construcción) para vivir todos juntos.

Después de desmovilizarme del servicio militar (yo tenía 17 años), entré en la marina mercante y estuve en esa vida mundana 24 años. Nosotros éramos un trío, Pancho, Luis y yo. El primero en separarse fue Pancho que se fue de chofer a la Brigada Ché Guevara, no sé si recordarás que arrancaron desde Oriente tumbando todos los montes, como siempre andaba por el interior dejamos de verlo, luego se casó con la que era su novia en Felton y comenzaron a llegar los muchachos.

Al yo arrancar a navegar me perdía de Cuba por meses y el tiempo en la isla era contado, joven al fin y al cabo, el poco tiempo libre lo dedicaba a las aventuras de la edad. Hice muchas relaciones por toda la isla y olvidé a las buenas amistades de la adolescencia. Pasé infinidad de veces por Antillas en guagua, sentía muchos deseos de bajarme allí, pero como te dije, el tiempo era limitadísimo.

La sobrina de la esposa de Manuel me dijo en aquel viaje que el viejo todavía estaba vivo, ¿tienes noticias de él? ¿Mantienes contacto con Mary? ¿Ella sigue viviendo en la misma casa? Me interesa mandarle una carta, no podré decirle mucho que justifique tan larga ausencia, pero me gustaría decirle que nunca los olvidé.

En la medida que pasó el tiempo me sobraron los amigos, bueno, en realidad no eran tan amigos y sabes que allá es muy difícil considerar a una persona así. Creo sin temor a equivocarme que las amistades más sanas que tuve en mi vida fueron ustedes.

Dime si puedo mandarte fotos de mi familia por esta vía y si es posible, mándame la dirección correcta de la casa de Manuel, yo recuerdo que era Martí 129, pero no sé si lleva algún código postal.

Bueno, espero no me dejes con tantas interrogantes.

Saludos..

Jade.

Un poco más aliviado con el segundo mensaje, consideró que no dejaba espacio a un injustificado celo. Sintió mucho más interés en saber por la vida de una persona considerada muerta hasta aquel mensaje. Se resignó sin muchas esperanzas a esperar.

Hello Jade.-

En el mismo momento nos estábamos escribiendo, no cometiste ninguna imprudencia y lo mismo me pasa a mí. Sentí mucha emoción al recordar aquellos tiempos, tantas cosas que se quedaron sin decir, en verdad te busqué pues necesitaba hablar o disculparme, me porté como lo que era, una niña malcriada contigo. En fin, ya nos volveremos a ver para compartir todo y recordar cosas de la juventud.

Saludos a tu esposa e hijo, chao, te escribo más en estos días.

Onix.

Aquel mensaje le trajo mucha tranquilidad a su alma, al menos comprendió que no había metido la pata, realmente no lo había hecho, pero conociendo a los cubanos, una sola palabra mal dicha podía condenar a cualquier ser humano. Acto seguido leyó la respuesta que ella le había enviado casi simultáneamente.

Capítulo 3.- Apareciste así - 2

Hello Jade...

No sabes la alegría que me dio ver tu respuesta, disculpa si no te había contestado, pero como tú, también yo tuve mi primer nieto. Bueno, para mí es mi nieto pues yo crié a mis sobrinas, mi hermana murió cuando ellas dos estaban chiquitas. Cuando me contestaste estábamos de hospital.

Bueno, te voy a contar ante todo como supe de ti, no lo vas a creer. El hijo de Manuel, (Manuelito) que es el más chico de sus hijos se ganó el sorteo de visas. Vino con su esposa e hijos , bueno, un día él estaba navegando en la computadora y vio tu escrito donde hablaba de su padre y demás personas conocidas de Antillas. Se interesó y enseguida regó la voz. Así fue que pude entrar y lo leí, traté de comunicarme contigo pero no pude. Entonces, el día que te escribí vi tu dirección en aquella página, se la dabas alguien que quería comunicarse contigo y me dije; <<Lo voy a intentar y ya vez, lo logré>>.

Manuel no vino nunca a vivir, de visita si ha venido, no hace tanto estuvo con Rosa su esposa , ¿te acuerdas de ella? Te digo esto pues hace tantos años. Mary bien, se casó y tuvo una niña que también se casó, muy bonita y buena le salió. Mariela, la otra hija de Manuel también se casó y tuvo dos hijos, hombres ya también. La otra hija Isabel es la mayor, lo último que supe es que se había divorciado (no es chisme solo te estoy actualizando). Todos ellos en Cuba excepto el hijo. De Roberto y Diana puedo decirte vinieron en el 80 por el Mariel. Sabes que los padres de Roberto estaban aquí. La mamá, que era la hermana de Manuel murió hace años, bueno, después de la muerte de ella empezaron mal sus relaciones, hasta que un día Diana decidió divorciarse, ahora cada uno por su lado.

De mí te diré que estudié Veterinaria en la Habana, terminé toda la teoría, después tenía que hacer la práctica y te cuento que me mandaron para Camaguey. En eso mi mamá se enfermó y murió. Como no quise ir me castigaron y no me pude graduar, pues me dijeron que yo había firmado un papel donde se decía; que sería ubicada donde la revolución me necesitara. En fin, las cosas increíbles que pasan allá en ese infierno, renuncié a eso y estudié economía. Trabajé en eso un tiempo, en el 77 me casé y en el 80 mi esposo vino para acá, a mí no me dieron la salida, empezó entonces la lucha por salir. En el 87 me fui a Costa Rica donde estuve un año, después pasé a México donde estuve también un tiempo. Pasé como mojada el Río Grande y aquí estoy, tres años después me divorcié porque las cosas no funcionaron.

Mañana o pasado te sigo contando, espero seguir comunicándonos, pues todavía hay muchas cosas que no te he dicho. Yo también llego del trabajo después de las 5 pm mi teléfono te lo doy al final de la presente, dice mi hijo que le da lastima contigo por tener que leer esta carta tan larga, yo sé que no, pues a mí me dio tremenda alegría saber de amistades tan queridas.

Saludos a todos los tuyos y recibe abrazos. Onix.

Esa noche se acostó cargado de ilusiones, no sabe la razón, pero el sueño lo venció pensando en ella. Desde muy temprano su mente fue conectada con los pensamientos de la noche anterior, su recorrido continuaba siendo el mismo, un poco más agradable por la música. No paraba de llover y las temperaturas se mantenían bajas. Durante toda la jornada se mantuvo silencioso en el trabajo, todo el que pasaba junto a él le decía algo, respondía con una sonrisa y se sumergía nuevamente en sus dulces pensamientos. La gente se daba cuenta, no se preocupaban mucho porque él no les negaba el saludo. Su jefe le pidió quedarse a trabajar dos horas más y Jade rechazó la oferta. <<Que ni lo piense, de ahora en adelante solo me tendrá los sábados.>>

Llegó como de costumbre unos minutos antes de las cinco y repitió los pasos acostumbrados. Se acercó hasta la computadora y revisó sus mensajes, no había ninguno de ella, sintió el agradable olor a café. Fue leyendo y borrando todos los mensajes, su mente estaba en un solo sitio, esperaba a que fueran las cinco y media para encontrarse con ella, el nerviosismo lo invadió nuevamente. Marcó su número de teléfono sin esperar el angustioso avance del reloj, faltaban diez minutos.

-¡Hello!- Dijo una dulce voz.

-Buenas tardes.- Dijo con la timidez de un muchacho.

-Si, buenas tardes.- Respondió aquella agradable voz.

-¿Es la casa de Onix?-

-Si, es su casa.-

-¿Ella se encuentra?-

-Es la que habla.- Su corazón lo traicionaba y el nerviosismo podía sentirse no solo en Miami, la tierra temblaba bajo sí. No se había engañado, aquel timbre de voz tan agradable no sufrió muchos cambios a pesar del tiempo transcurrido.

-¡Muchacha qué sorpresa! No puedes imaginarte por un solo instante la alegría que tengo. Ella habló al mismo tiempo que él y sus palabras chocaron por el camino, indudablemente se encontraba nerviosa también.

-¿Cómo voy a imaginar que sea precisamente el hijo de Manuel, quien encontrara ese cuento?-

-Bueno, aquello fue tremendo porque enseguida llamó a todos los que mencionaste, ¿sabes una cosa?, nadie de ellos se ha olvidado de ti.-

-Yo también los recuerdo con mucho cariño, creo que ustedes fueron mis amistades más puras en Cuba. Tú sabes que la gente allá ha cambiado mucho y hoy es muy difícil encontrar a verdaderos amigos.-

-Yo soy de la misma opinión, pero te perdiste para siempre.-

-Bueno, asumo toda la culpa de ese alejamiento y no encuentro justificación.-

-No te preocupes, lo importante es que nos hemos encontrado de nuevo.-

-Claro que si, ¿sabes una cosa?, en Julio voy de vacaciones a Miami por una semana, espero encontrarme con ustedes.-

-Claro que nos veremos y hablaremos del pasado, de nuestra juventud.-

-Es increíble, mira que el mundo es chiquito, como ha pasado tiempo. Cuando te conocí solo contaba con 17 y ahora tengo 52, me imagino que debas andar por los 50.-

-Así mismo es, ¿tú recuerdas que nosotros fuimos noviecitos?.- Esto lo dijo bajando la voz hasta convertirse aquella oración en un pequeño susurro, me imaginé que lo hacía para evitar que su hijo la oyera.

-¿Crees que lo había olvidado? No lo mencioné en el cuento porque te imaginé una mujer casada y con familia.-

-Pues te he buscado muchos años, me he quedado con un cargo de conciencia terrible por aquella carta que te envié, ¿no me guardas rencor por ello?- Jade, quien conservaba muy buena su memoria, no recordaba absolutamente nada de aquella mencionada carta.

-¿Cómo crees que te voy a guardar rencor? Todo lo contrario, te he recordado con mucho cariño, ¿tú fuiste un día por casa de mi madre?-

-Si, cuando estudiaba en La Habana me llegué un día buscándote para ofrecerte mi disculpa.-

-Me lo imaginé, siempre tuve esa duda, mi madre no me dijo el nombre, pero por su descripción supuse que eras tú. Ella no le daba información a nadie sobre mí, lo lamento mucho porque yo hubiera ido por ti.-

-Yo pensé que me odiarías y eso no me dejó vivir tranquila, por eso te busqué tanto, no sabía que te dedicaras a escribir.-

-Realmente lo hago por hobby, mi trabajo es otro.-

-Yo tampoco trabajo en nada de lo que estudié allá.- Continuaron hablando alrededor de una hora, regresando en viajes frecuentes al pasado, su pueblo, amigos, la familia, temas que trataban con oculta nostalgia. Onix como miles de cubanos también había cargado su cruz, y con ella a cuesta recorrió un espinoso calvario.

Esa noche Jade sufrió un gran desvelo, amaneció y el día lo sorprendió con los ojos abiertos y sin embargo no se arrepentía, bien había valido la pena. Comenzaban a experimentarse cambios en su alma, rejuvenecía su espíritu sin que él se diera cuenta, Onix lo devolvía a la vida. Al día siguiente su mente repetía cada palabra, frase dicha por ella y su tono de voz quedó impregnada nuevamente en su memoria. Aquel amor que siempre mantuvo una pequeña llamita viva en su corazón, cobraba la fuerza de un volcán, no pudo borrarlo el paso de treinta y cinco primaveras.

Se quedó con algunas dudas y decidió escribirle nuevamente, lo haría de manera que si el hijo leyera su mensaje, no tuviera razones para dudar de su madre.

Hola Onix...

Acabo de darme un bañito para quitarme el polvo del trabajo, y como es ya casi un ritual me preparo un traguito de Havana Club con cola (aquí lo venden) pero no me acuerdo desde cuando no lo compro, los muchachos vienen y me dejan alguna botellita todas las semanas (saben que es mi único hobby aparte de escribir) Me viene muy bien porque así me afloja un poco la tensión de los dedos y le entro más fácil a las teclas ( siempre busco una justificación para darme ese traguito), marino al fin y al cabo.

Anoche comencé un cuento y ahora cuando termine contigo lo continúo, bueno, voy a eliminar los comerciales para que no me cuelgues, yo sé lo ocupada que debes estar con todo lo del trabajo, los deberes domésticos y ahora en tu función de abuela. ¿Cómo está el precioso nietecito? Espero que bien y le deseo lo mejor del mundo.

Te cuento que esto del Internet me ha dado grandes sorpresas, la última es este contacto, pero antes aparecieron muchas amistades e incluso, familiares lejanos de los cuales no tenía el más remoto conocimiento. Gracias a Dios que existe este medio, porque de lo contrario moriríamos con la duda sobre la existencia de seres a los cuales hemos querido. No todo es color de rosa tampoco, me escribe gente de todo género, desde homosexuales a los cuales nunca he condenado ni discriminado, hasta personas con problemas amorosos que han leído parte de mis trabajos y me piden consejos. No faltan tampoco los cubanos extremistas que nos condenan por haber vivido bajo el régimen cubano y aquellos que gratuitamente me odian, claro, los fanáticos comunistas. Los otros días borré 46 files con virus y continúan llegando diariamente, gracias que tengo un buen antivirus y la experiencia para que no me jodan nuevamente (disculpa el cubanismo)

Chismeando, los otros días tuve un desvelo tremendo, algo inusual a mi edad, y peor aún cuando llego tan agotado de trabajar y soñoliento.

Resulta que estuve hablando con un amigo muy querido, con el cual había perdido contactos hace muchísimos años. Una ausencia que hoy no le encuentro justificación porque yo quise muchísimo a ese amigo, pudo haber sido la inmadurez de la edad, sin embargo, sentirlo nuevamente me trasladó muy lejos en el tiempo y el espacio.

Hablando con él me mencionó una carta, debo aclararte que a través del tiempo que llevo escribiendo, hago gala de una memoria impresionante, mucha gente se asombra de ello. Para serte sincero, no me acuerdo en absoluto de aquella carta, no sé verdaderamente si la recibí y peor aún, desconozco su contenido. Es esta la principal causa de aquel largo desvelo, porque le mentí a mi amigo, lo hice para tranquilizarlo ante su pregunta de que si no le guardaba rencor por ello.

Fue una mentira piadosa para tranquilizarlo, porque mi amigo al pasar el tiempo no llegó a conocerme profundamente. Ignora que yo nunca he conocido ni experimentado la palabra odio, todo lo contrario, por donde quiera que paso dejo tras de mí una larga estela de amistades y amor.

Mi amigo me confirmó la duda que yo tuve durante muchos años, él había pasado por casa de mi madre porque cargaba algo en su dulce conciencia. Le volví a mentir al decirle que mi madre había negado en infinidad de oportunidades información sobre mí y que habían sido muchas las ocasiones que sucedieron estos hechos. Mentí porque eso sucedió solamente dos veces y yo pude identificar plenamente a las personas, era de suponer, porque yo no andaba por la isla ni el extranjero repartiendo tarjeticas con la dirección de mi madre.

Si le dije una verdad, mi madre (con la cual apenas viví desde los cinco o seis años y lo puedes constatar en mi libro) al recuperarme en apariencias, trataba de conservarme para ella, algo imposible de lograr en una golondrina.

No sé por cual razón te cuento este chisme y tal vez te aburra, pero tengo que desahogarme con alguien y te tocó perder.

Nunca me olvidé de aquel amigo, de su nombre, su apellido (que no lo mencionamos en la conversación), su casita con su portalito del cual yo nunca quitaba la mirada. Bueno, son cosas que pertenecen si se quiere a la historia, pero no a una historia cualquiera. Hoy por hoy, y creo que ha sido uno de los motivos de aquel desvelo, veo en mi madre parte de no solo la responsabilidad ante aquel doloroso abandono, Dios también la pudo haber utilizado, quién sabe. De lo que si estoy seguro es de una sola cosa, mi madre cambió el curso de mi vida y quizás por esa razón, mi libro salga con nombres y paisajes ajenos a mi voluntad. Hoy le perdono todas estas cosas como el hijo que ha ganado en madurez y experiencia, sin embargo, de no ser por ella, yo hubiera ido al rescate de aquel amigo por el que sentí un indescriptible aprecio.

Hablando con él le manifesté que iría a Miami por una semana, lo haría porque mi esposa había consumido una de las de ella en un reciente viaje a Cuba. He reconsiderado esa decisión, voy a ir a Miami por dos semanas de las tres que tengo de vacaciones, porque deseo compartir con muchos de mis amigos allá y porque necesito descansar un poco también. Quiero salir de pesca con mi primo en su lancha y bañarme en el mar, algo que no hago desde hace once años, las veces que estuve allá el tiempo no me alcanzó y estoy blanco como un pomo de leche (algo que no me disgusta)

¡Rayos! Creo que consumí el tiempo del cuento en este chisme.

Recibe muchos abrazos.. Jade.

Hola Jade..

Te cuento que recibí todas las fotos menos la tuya, no me abre, lo he intentado pero nada. Así que vuélvela a mandar, las mías se me borraron pero te prometo que te las mando en estos días OK.

Cambiando el tema, te diré que me he cansado de leer la historia que me cuentas de tu amigo, de verdad es un poco triste pero fue así. Pero es muy lindo que después de todo el tiempo trascurrido se vuelvan a comunicar y contarse cosas que estaban muy guardadas.

Yo tampoco sé por cual razón te cuento esto, a lo mejor te parezca cursi esto que te voy a contar, pero hay un cantante que se llama José Luis Perales que me gusta mucho. Tal vez porque soy una romántica empedernida, pero las canciones siempre dicen algo que llegan muy adentro. Hay una que SIEMPRE que la escuchaba me recordaba a alguien y no sé el motivo, me ponía triste (no es broma) y te voy a escribir la letra aunque con la música es más bonita y dice así:

Hoy he cerrado mi ventana y he pensado en ti,
quería recordarte esta mañana,
te vi sentada en un sillón tomándote un café,
los niños correteando por la casa, me pregunté;
¿será feliz, en donde vivirá, será un hombre enamorado?,
me respondí que no porque el amor es solo flor de un día,
me respondí que no porque lo nuestro no lo olvidaría,
porque no es fácil olvidarlo todo,
el ruido de la lluvia me aparto de ti y me he quedado solo.
No sé por qué cuando estoy solo te recuerdo aun,
será que el vino excita la memoria,
como bien sabes me case ahora,
soy feliz los niños correteando por mi casa,
pero ya vez, no se porque hoy me acorde de ti y quise imaginarte enamorada,
me respondí que no porque el amor es solo flor de un día,
me respondí que no porque lo nuestro no lo olvidaría,
el ruido de la lluvia me aparto de ti y me he quedado solo.

Dime si no es linda esa letra, no me vayas a vacilar, a mí me gustó y lo quise compartir contigo.

Abrazos Onix.

Hola Muñeca...

La canción tiene una letra muy bella, dime cuál es el título del disco para tratar de comprarlo. A veces hago cosas cursis también, casi siempre cuando hay un motivo que me mantiene la mente muy ocupada. Esto se me ocurrió anoche pensando en este encuentro, se lo envié a una amiga mía que escribe poesías y sabes que me contestó, te prefiero con tu verdadero estilo de decir las cosas. Hablar de amor es muy difícil, me dijo ella y se lo creo, en fin, esto no es para publicar, es solo para ti.

Besos..

Jade

Viernes, 20 de Diciembre del 2002

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