Cuba es un cuento, compay

Miscelaneas

-¿Te acuerdas de la cuarentona? Me preguntó una chamaca canadiense asidua visitante del restaurante y que es como de la familia.

-¿Qué es de la vida de ella? Le respondí sin dejar espacio a la duda, sabía perfectamente de quién me hablaba.

-Los otros días estaba aburridísima y no encontré a nadie con quien conversar. A mala hora se me ocurrió la idea de darle un timbrazo.

-¿Te fue mal?

-Ni te cuento, ¿te acuerdas las veces que comentó que deseaba montar un negocio de no sé que mierda?

-Sí, me acuerdo de aquella historia.

-Pues la tipa fue a Cuba y no sabes lo que le pasó, solo te adelanto que anda cagada.

-No se me ocurre nada, ni ideas.

-Pues la tipa dijo allá que frecuentaba este restaurante y que tenía vínculos contigo. ¿Pa’qué fue aquello?

-No te entiendo.

-¡Mira muchacho! Le han dicho que tú eres terrorista y que te encuentras en la lista negra de Cuba.

-¡No jodas! ¿Tan importante soy para que me tengan en una lista negra?

-Así mismo es, yo no sé, yo no entiendo nada de esto. Era de suponer, quien me contaba esa anécdota era una joven canadiense.

-¿Te imaginas a un terrorista que trabaje catorce o quince horas diarias?

-Eso le dije yo, que no comiera tanta mierda con las cosas que le contaban allá. Pero no te imaginas el temor de esa mujer y los consejos que me daba para que dejara de venir al restaurante.

-¿Y qué le dijiste?

-Que se fuera al carajo, pero eso no es todo.

-¿No?

-Dice que le propusieron que fundara una casa cultural cubana.

-¿Ah sí? Ya eso han tratado de hacerlo en Montreal varias veces y la idea ha salido del consulado. ¡Qué casualidad!

-Yo no entiendo nada de eso.

-Es de suponer, pero no te preocupes. Cuando se le ocurra pasar por aquí voy a emplazar mi ametralladora en la barra y le voy a disparar una ráfaga de croquetas. Si no fuera suficiente le voy a lanzar decenas de granadas de papas rellenas, y si con eso no alcanza le voy a volar el carro con una mina de tamales pa’que no joda. ¿así que una casa de la cultura cubana?

-Así mismo.

-A la que hay que temerle ahora es a ella, la captaron.



-¡Señor! ¿De qué material está hecho esto?

-Pero es que eso tiene un nombre, ¿no lo conoces?

-No, no lo conozco, ni ideas.

-¿Tú eres cubana?

-Por supuesto.

-Y no sabes lo que es un guayo.

-De verdad que no.

-Es un instrumento musical.

-¿Y de cuál material lo hicieron?

-Eso lo hicieron con una güira.

-¡Una güira! ¿Y qué es una güira?

-¿De qué parte de Cuba eres?

-De Pinar del Río.

-Y no sabes lo que es una güira.

-De verdad que no lo sé. Me hablaba en un español deformado por el francés.

-¿Y qué tiempo llevas aquí?

-Llevo seis meses.

-Así que eres de Pinar del Río, llevas seis meses en Canadá, no sabes lo que es un guayo, y desconoces lo que es una güira. ¿Qué pudiera contarte? Bueno, ya te dije que era un instrumento musical. La güira se fabrica con los cojones de los elefantes, o sea, se le cortan los huevos, se rellenan con arena y se ponen a secar al sol. Luego y cuando ya están secos, se bota esa arena y se le tallan esas rayas que al frotarlas con una delgada varilla, producen un sonido muy particular y sirve como instrumento de percusión. Ha sido muy utilizada en muchas orquestas cubanas y de otros países.

-¿Conoces aquellos instrumentos? Le señalé hacia otro de nuestros estantes.

-¡Claro! Esas son las maracas.

-Y sabes cómo las fabrican?

-Me imagino que con unas güiras más pequeñas.

-Así mismo es, pero en este caso se confeccionan con los cojones de los toros. No te preocupes, sufren el mismo proceso. ¿Tú no eres de donde dejaron una concretera dentro del cine cuando lo estaban construyendo? Se hizo la sorda y continuó su tour con el canadiense que la acompañaba.

-¿Sabes de que están fabricadas las güiras que hay en la boutique? Le pregunté a la cocinera.

-¿Me estás tomando el pelo?

-¿De qué son? ¡Dímelo!

-¡No jodas! Son hechas con güira.

-¿De qué parte eras en Cuba?

-¿Yo? De Matanza.

-En Pinar del Río no conocen la güira.

-¿Quién es ese comepinga?

-¿Usted manda paquetes para Cuba?

-Bueno, mi mujer los manda de vez en cuando.

-¿Y nunca le han tumbado nada?

-Si así no fuera, no lo estuviera mandando para Cuba. ¡Coño! Esa gente tiene que luchar. ¿Le han tumbado algo? Era una canadiense que viajaba frecuentemente a la isla y tenía varias amistades a las que ayudaba.

-Sí, en uno de esos envíos mandé un par de zapatos y nunca llegaron, se los fumaron, como dicen ustedes.

-Eso es muy natural que suceda, ¿ha probado mandarlos nuevamente?

-Sí, ya he realizado varios envíos y todos llegan a su destino.

-Pues me alegro mucho, es usted muy afortunada.

-De afortunada nada.

-No la entiendo.

-La cosa es que ahora, cuando voy a mandar zapatos, envío en una caja un solo zapato y dos o tres semanas después envío en otra caja la pareja. De verdad que no pude contener la risa ante esa brillante idea, si la cosa me la hubiera contado un cubano lo recibiría con mucha naturalidad, pero el caso es que fue una canadiense.

-¡Pues mire! Aproveche y mande bastante hasta que no le salga un cojo hijo de puta.


-Antillas Express, buenas noches.

-Buenas noches, ¿ustedes hablan español?

-Por supuesto, señor.

-¿Y ustedes son la agencia de envíos de paquetes a Cuba?

-Sí señor, ¿en qué podemos servirle?

-¿A cuánto cobran la libra de medicinas a Cuba?

-La libra de medicinas la cobramos a diez dólares señor.

-¿Y a cuánto cobran la libra de artículos personales?

-Cobramos a doce dólares la libra, ¿podemos servirle en algo?

-Sí, yo deseo enviar un paquete con un peso de trescientas veinticuatro libras.

-¿Trescientas veinticuatro libras? ¿Tiene idea del costo de envío de su paquete?

-No se preocupe, ya he sacado la cuenta con mi calculadora y suman tres mil ocho cientos ochenta y ocho dólares. ¿Cómo puedo pagar?

-Bueno, puede pagar con carta Visa, Master Card o cheques certificados.

-Muy bien, tome nota de mi carta Visa Platino.

-Un momento por favor. Por la línea se escuchaba los alardes de la vendedora por el gran negocio que acababa de cerrar y su disposición a marcharse en cuanto terminara de obtener todos los datos. Uno a uno fueron dictados todos los números de aquella carta que ella copiaba entre nerviosa y paciente.

-Pudiera decirme el contenido de su paquete para la declaración aduanal.

-Por supuesto, ¡mire!, yo he tratado de enviar esa caja desde New Cork, que es la ciudad donde vivo hacia Miami y luego con destino a Cuba, pero es que todas las tarifas son extremadamente caras. Ya yo había averiguado todo lo relativo a los precios que ustedes ofertan en el mercado y me tomé el atrevimiento de enviarlos en el día de hoy por carretera, debe llegarles esta medianoche.

-Por favor, ¿puede decirnos el contenido de su caja?

-Cómo no, es el féretro de mi hermano. El siempre me exigió la promesa de que sus restos serían sepultados en Cuba y estoy cumpliendo con esos deseos.

-¡Oiga! Pero es que nosotros nunca hemos enviado muertos a la isla.

-No se preocupe, siempre hay una primera vez y sus precios son muy aceptables.

-Pero es que yo debo hablar con la dueña de la compañía.

-¡Hable todo lo que usted quiera! Solo le ratifico que la caja arribará dentro de una hora. Muchas gracias por los servicios que ustedes le ofrecen a la comunidad cubana. Bye. La empleada no pudo dormir en toda la noche y nunca supo el origen de la llamada.

Martes, 06 de Junio del 2006

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