Cuba es un cuento, compay

Encontraron la tumba de Jesús

Quién lo iba a decir, miren todo el revuelo que han formado con su tumba, deberían dejarlo descansar tranquilo por lo buena gente que era. ¡Claro! De vez en cuando se le iba la mano con eso de la curda, pero, ¿qué cubano no se ha dado su trancazo de vez en cuando?, aunque en el caso de Jesús era más frecuente la vez que el cuando. Recuerdo aquella oportunidad que regresé de un viaje a Holanda, fue en la época de la ley seca, la gente bebía lo que aparecía. Tenía en la casa una botella de la bebida preferida de Pepe, no me gustaba la ginebra por su olor a perfume y la tenía guardada dentro del escaparate, no era el lugar indicado para guardar bebida, pero mis hermanos se reunían con todos los chamas del barrio y aquellos no entendían, se disparaban cualquier cosa. Se la ofrecí, Jesús me caía bien, era muy chévere. Se la envolví en un cartucho, sí, cuando aquello los había y no se llevaba el pan debajo de los sobacos.

Ese día no se encontraba apurado, la gente comenzaba a ser más calmada y no le prestaba atención al paso del tiempo, las visitas consumían horas. Él la sacó del cartucho y se detuvo varios minutos leyendo toda la información de la etiqueta, la miró por delante y por detrás varias veces hasta que decidió abrirla y echar un chorrito en el piso, lo hizo en el medio de la sala, por donde todo el mundo debía pasar. Dijo que era a la salud de su hermano difunto, el padre de mis hermanos y un poco para todos los santos. El primer buche se lo dio a pico de botella y luego le pidió un vaso a la vieja, me invitó y lo rechacé por tener una cita y por la razón que ya les expliqué.

Bebía sin parar un trago tras otro, como deseando acabar la botella antes de que llegara cualquiera de mis hermanos, a capella, sin nada de saladitos. Mientras la botella bajaba se le iba enredando un poco la lengua y no coordinaba muy bien las ideas. Comenzaba a interesarse por el mundo exterior y sus preguntas viajaban con rapidez de un país a otro, cambiaba de continentes con una facilidad increíble.

-Abuelo, ¿es verdad que existen los angelitos? Preguntó mi nieto a mi espalda y tuve que detener lo que escribía, siempre ocurre eso en esta casa. No comprenden que es el único día disponible para estas cosas, para hacer los mandados, para barrer la nieve, para llevar a fregar el auto, nadie comprende que es mi día de descanso, pero él era uno de esos angelitos que hoy despertó su curiosidad.

-Bueno, eso dicen por ahí.

-Pero tú has visto alguno.

-Para serte franco, no, pero eso no descarta la posibilidad de que existan. ¿De dónde has sacado eso? -Lo vi ahora por la televisión.

-No te rompas la cabeza ni creas todo lo que dicen en la televisión, son programas realizados por una pila de güevones que no tienen otra cosa que hacer.

-Abuelo, los angelitos tienen alitas de verdad.

-Me imagino que sí, así lo han pintado desde hace siglos, pero pienso que no todos tengan alas.

-Pero los que no tengan alitas no pueden ser angelitos.

-Son angelitos, pero no se le puede poner alitas a todos.

-¿Por qué? Si no tienen alitas no son angelitos.

-No te encapriches ahora y entiéndeme, te voy a poner un solo ejemplo y luego te vas para el televisor porque estoy ocupado, ¡me lo prometes!

-Okey, te lo prometo.

-¡Mira! Si a los angelitos de Cuba les ponen alas se van para los Estados Unidos, ¿comprendes ahora por qué no todos los angelitos tienen alitas?

-No comprendo muy bien, me voy para el televisor como te prometí. Él es un niño muy bueno y bastante tranquilo, yo lo comprendo, está arribando a esa edad donde poco a poco va descubriendo su mundo.

Ese día llegó mi hermano Alberto algo pasada las cuatro de la tarde, lo hizo con Luís, ambos estaban muy sudados, el calor era horrible y había que salir de vez en cuando al balcón para respirar. Las cuatro esquinas del barrio estaban repletas de muchachos de ambos sexos y los balcones decorados con sus vecinos intercambiando comentarios que cruzaban las aceras sin tener accidentes. Luisito tenía problemas con el habla, había perdido la audición cuando apenas tenía meses de nacido. Hacía poco que había llegado a vivir con nosotros y ese contacto con el barrio de Luyanó fue maravilloso. Comenzó a oír algo y ya su vocabulario crecía diariamente, aunque a veces resultaba algo problemático porque solo decía malas palabras. Quedaría un tercio de la botella y Alberto se sirvió en un vaso sin pedirle permiso a su tío, no era necesario tampoco, existía buena comunicación entre ambos y Jesús no se encontraba en condiciones de ofrecer resistencia. Su mirada andaba perdida por la puerta que daba al balcón y las pocas veces que se levantó para ir al baño lo hizo como cualquier barco que navega por aguas restringidas, a poca máquina. Se cansó de hacer tantas preguntas y creo que renunció a ese interés suyo por conocer el mundo que existe fuera del alcance de cualquier cubano. De vez en cuando tiraba un pestañazo y se ponía a pescar ante la burla de su sobrino.

-Abuelo, ¿los angelitos hacen caca? Interrumpió nuevamente mi nieto.

-Sí, Pipo, ¿ves esa nieve que está cayendo ahora?, esa es la caca de los angelitos.

-¿Tanta caca hacen?

-Es que son millones de angelitos.

-¿Y cuando cae granizo?

-¡Ahhh! Eso es que los angelitos andan algo estreñidos.

-¿Estreñidos?

-Sí, que comieron mucha guayaba o algo que les apretó el estómago, por eso hacen la caca durita.

-¿Y cuando llueve?

-¿Me prometes que vas a ir para la televisión cuando termine de explicarte?

-No te lo prometo, ya estoy cansado de esa televisión de mierda.

-Entonces, ¿me prometes que vas a irte a jugar con tu Play Station?

-¿Cuál juego pongo?

-Pon uno de combate, ¿no tienes uno de combate?

-Tengo varios.

-Bueno, busca el que más dificultades tenga y donde puedas tumbar a más enemigos.

-¿Y eso para qué?

-No te preocupes, practica bastante para cuando seas grande. ¿Me prometes que me vas a dejar tranquilo?

-Okey, te lo prometo.

-Bien, cuando está lloviendo es porque los angelitos estuvieron de fiesta el día anterior y tienen que orinar, eso es normal, ¿tú no orinas?, los angelitos también. No se quedó muy convencido con la respuesta, pero lo sentí trasteando en el cuarto donde la abuela tiene su computadora. Encendió el televisor y al rato lo sentí jugando con su aparatito, hasta mí llegaron los disparos en ráfagas y las detonaciones de granadas.

Jesús se levantó y tomó la puerta de la calle sin despedirse de nadie, tampoco fue una ofensa para los de la casa que ya se habían acostumbrado a esos repentinos arranques. Dando tumbos bajó la escalera y sentimos el tirón tan familiar que siempre le daba, la hora de mi cita se cercaba y decidí darme un baño, pero antes de abrir la ducha llegó hasta nosotros un gran escándalo desde la calle.

-¡Gloria, me cago en mi madre! Gritaba Jesús a los cuatro vientos.

-¡Gloria!, tu cuñado está formando bateo en la calle. Le gritaba Elena desde el balcón del frente con todas las pasas paradas.

-¡Bájate pendejo! Le gritaban los muchachos al chofer de la guagua.

-¡Gloria!, me cago en mi madre. Repetía nuevamente

Jesús tenía paralizado el tráfico de las calles Reforma y Guasabacoa, una Leyland de la ruta 23 amenazaba con pasarle encima mientras él mantenía una postura viril y desafiante en el medio de las cuatro esquinas. Con la mano derecha invitaba al chofer a que se bajara y con la izquierda sostenía su órgano genital.

-Vieja, ¿por qué Jesús la agarra con su madre cada vez que se emborracha?

-Abuelo, ¿los angelitos son buenos o malos?

-¡Coño, otra vez! Y ahora, ¿cuál es tu problema con los angelitos?

-Si los angelitos son buenos no tienen que estar haciendo tanta caca, ¡mira como te han puesto el carro!

-Pero es que tienen que hacerlo, ¡siempre, fíjate bien, siempre!, los de arriba cagan a los de abajo, ¿comprendiste?

-No comprendí muy bien.

-¿Y jugaste con tu Play Station?

-Sí, maté a ciento cincuenta ninjas.

-¡No, no, no! Busca otro juego, no puedes matar japoneses, no comprendes que ellos son los que inventan esos juegos. Si los jodes te quedas sin juguetes.

-¿A qué juego entonces?

-Tú no tenías un juego de carrera de autos.

-Sí, ese me gusta.

-Bueno, búscalo y conduce a exceso de velocidad, llévate las luces rojas y los pares, manda al carajo a los policías y no pagues las multas.

-¿Y eso está bien, abuelo?

-No está bien, pero hay que practicar para cuando seas grande.

-Es que la madre de Jesús era la candela, le pegó los tarros al marido hasta convertir su cabeza en un bosque. Respondió la vieja mientras observaba a su cuñado desde el balcón.

-¿Por qué no bajas y le das un poco de curdaterapia? Puede que ese rencor oculto de Jesús por su madre, se deba también a las frustraciones sufridas después que ella ejerciera tanto poder en el cambio de vida experimentado por él. Si no hubiera sido por esa vieja bruja Jesús hubiera continuado como era, el ídolo de los fiñes de Párraga. No sé cuales razones lo empujaron a convertirse en revolucionario, no pertenecía a la clase media, pero tampoco a la baja. Tenía buen trabajo cuando Castro llegó al poder, era electricista de la compañía de Transporte de Carga por Carretera y su salario satisfacía cómodamente las demandas de cualquier soltero de la época. Vestía bien, los fines de semana sacaba al aire sus mejores trapos, casi siempre hacendados o drill cien en verano, zapatos Ingelmo o Amadeos de dos tonos muy relucientes. La vieja lo envenenó con esas ideas estrafalarias que lo convirtieron en lo que era hoy, un guiñapo del que todos se reían cuando estaba borracho. ¡Ahhh! Pero en aquellos tiempos nadie podía entrar en relajitos que él interpretara como burla, Jesús era fuerte como un roble y boxeaba. Bueno, no ganó muchas peleas y en eso la vieja pudo haber tenido la razón, si no llegaba la revolución es muy probable que lo hicieran mierda.

Hay que darse cuenta cuando uno no encaja o sirve para algo, pero Jesús era testarudo y muy voluntarioso, él decía que sí y había que creerle. Se levantaba tempranito cada mañana y salía corriendo desde el barrio hasta la calle Lucero donde agarraba el transporte para su trabajo. Atravesaba toda La Fraternidad, que cuando aquello no se encontraba asfaltada, ese recorrido lo repetía cinco días a la semana. Luego de sus ocho horas de trabajo iba a entrenar al gimnasio de Lázaro de La Paz, quedaba a unos metros del paradero de la ruta cuatro, yo era quien le llevaba el maletín con sus útiles y me distraía viéndolo entrenar. Comprendí muy temprano que yo estaba hecho para el ajedrez u otro deporte, pero él nunca lo aceptó. Una verdadera lástima, porque era un blanco bien parecido, fuerte y de ojos azules que volvía loca a todas las periquitas de aquellos tiempos. La vieja bajó y le tiró el brazo por los hombros, vi salir por la puerta de la escalera a mi hermano Luisito, quién desde que bajó el contén de la acera comenzó a decir palabras a medias que ya todos los del barrio conocían; ¡inga! ¡Jones! ¡Uta mare! La gente se reía, pero lo cierto es que lo respetaban y varios guapitos habían probado el sabor de sus trompadas, lo toleraban o se hacían los sordos. La vieja se llevó a Jesús para la esquina donde antes existió una carnicería y lo sentó en el contén de la acera. La guagua pudo continuar su recorrido al grito de los chamas del barrio, ¡Pendejón!, le gritaban al chofer y éste aceleró la marcha seguido de otros siete vehículos. Luego cruzaron los que se encontraban detenidos en Guasabacoa, lo hacían con lentitud, tratando de captar algo del espectáculo. Nosotros continuábamos en el balcón disfrutando de la escena ofrecida donde los actores eran parte de nuestra familia. Mañana o quizás un poco más tarde, aparecería otra de las obras que siempre regalaban los vecinos para el disfrute del barrio. Después, la vida continuaría su curso y casi nunca los contendientes terminaban como enemigos, esa era una de las mejores virtudes de mi gente en aquellos tiempos. Media hora después, Jesús partía con destino a la calzada de Luyanó para pescar una ruta diez que lo llevara hasta su barrio.

No acabo de comprender toda esa algarabía que se ha formado con la aparición de su tumba, él vivió parte de su vida dentro de ella, porque para ser justo, el cuartucho que tuvo en la esquina de San Francisco y Jovellar era solo eso, una tumba. Solo tenía una vía de acceso que servía con frecuencia para renovar el aire viciado de su interior, no podía decirse que fuera un hogar, era una especie de caverna con barbacoa. Arriba, lo que servía de dormitorio y por donde se debía andar agachado por la baja altura. Abajo, lo que servía de salita comedor y cocinita, todo muy reducido. El bañito estaba oculto por una puertecita al final de aquel estrecho y corto rectángulo. Poseía una tasa y el viejo lavamanos, para bañarse había que utilizar un cubo. Como el agua entraba a la tubería de Pascua a San Juan, era necesario elegir entre bañarse y echarle agua al baño. Si no te bañabas era casi imposible dormir por el calor, y si no le echabas agua al baño, la peste inundaba toda la caverna. Hubo momentos trágicos donde el mal olor era capaz de pasar por la rendija de la puerta y confundirse con los olores de la comida que preparaba María.

Por cierto, la noticia habla de María Magdalena y hasta donde tengo conocimiento Mary no se llamaba así, ella era María Caridad y aún se encuentra viva. Siempre fue su mujer, bueno, no siempre, solo hasta el día que le dio el bate, porque coño, hay que darle toda la razón, no siempre las mujeres son putas cuando botan a sus maridos, hay que comprenderlas. Mary era mucho más joven que él, de muy refinada figurita, poseía el cuerpo perfecto para ser bailarina de ballet, hasta la nariz algo alargada, igualita que la de Alicia. Claro, sin clasificar para bruja como aquella y con una voz mucho más agradable. Pero Mary no tuvo la misma suerte o talento para ser bailarina o acostarse con pepillos. Según me contó Robertico, uno de aquellos marineros de cubierta que una vez fue subordinado mío, y por cierto, vecino del mismo barrio de Luyanó, la bruja de Alicia mandaba su carro con el chofer a recogerlo. Yo siempre le preguntaba, ¿cómo puedes meterte a esa vieja?, él solo me respondía, ¡asere, me doy buena vida!, la jama, el varo, los paseos en su carro, el gao. Robertico era un chama fácil, algo bajo en estatura, simpático. Pero por encima de cualquier virtud sobresalía su juventud y como siempre ha ocurrido, los viejos tienen que pasmar el varo para disfrutar de esas excentricidades, ahora le llaman a eso jinetear, no recuerdo como le decían en aquellos tiempos. Robertico salió para Costa Rica y luego logró emigrar a España, dicen que está medio calvo, nunca le pregunté como se movía encima de una cama.

La suerte de Mary fue al revés, vivía en un apartamentico de un solo cuarto donde tuve la oportunidad de entrar cuando todas las camitas y pimpampúes se encontraban armadas. Pude hacerlo por mi condición de privilegiado y pariente remotamente cercano. El cuarto era una especie de alfombra mágica donde flotaban unos doce cuerpos sin espacio para otros menesteres que el de cerrar los ojos. Los deseos de orinar o arribadas imprevistas de las menstruaciones tenían que esperar hasta que se desarmara alguna de aquellas camas y dejaran avanzar hasta el baño.

Jesús no tenía carro con chofer como la bruja, pero tenía un apartamentico, bueno, su caverna con barbacoa. No era gran cosa tampoco, pero mucho más confortable que aquella alfombra gigante donde dormía Mary. No era un viejo como Alicia y como les narré anteriormente, era de bien parecido. Solo que las matemáticas no fallan a la hora de sumar y ese error es cometido por infinidad de seres humanos. Jesús la ligó siendo él un medio tiempo, pero Mary era un pollito en todo el sentido de la palabra, y como fue imposible detener el avance del reloj, al cabo de unos años esas diferencias pesaron. No solo la diferencia de edad, Jesús bebía en exceso, no preñaba y para colmo, la premiaba con sus golpizas de vez en cuando, aunque pasada la embriaguez tratara de disculparse, los moretones continuaban flotando por todo el cuerpo de Mary. El asunto es que un día se cansó y renunció a su caverna apestosa, unos años después me la encontré viajando en sus vuelos nocturnos sobre la misma alfombra. No pude explicarme cómo rayos pudo concebir una hija tan bonita y normal en esas condiciones tan anormales. En ese aspecto debo reconocer la existencia de un milagro divino, pero no en el orden que lo narra la historia.

Jesús se empató con otra María, nada santa tampoco, muy humilde y sencilla al principio, pero de origen palestina. María ocupó la plaza abandonada por María, la misma caverna asfixiante con olor a mierda, pero unas semanas después la peste se había multiplicado, Jesús dejó de ser quien fue. Comenzó a visitarnos con la ropa rota y empercudida, apestaba a dos pies de separación y cuando observabas en medio de sus descuidos el cuello de sus camisas, se distinguía una línea negra en la parte interior. Pocos meses después de su unión con María apareció un hijo de un anterior matrimonio, varios meses después apareció otro hijo, y casi al cabo del año de ocupación, Jesús era padrastro de una pronunciada prole. De la barbacoa descendió a un incómodo pimpampún que le armaban cada noche en la sala, y en la medida que continuaron las semanas siguientes, Jesús llegaba hasta nuestra casa muerto de hambre. Como lo hizo no sabemos, pero aquella palestina logró expulsar legalmente a Jesús de su querida caverna y se vio obligado a retornar a la casa de su madre. Su padre había fallecido y ella era una trabajadora social en retiro, una santa muy revolucionaria.

Desde acá me enteré de la muerte de la madre de Jesús, hablé con él por última vez durante el velorio de la mía, siempre le noté la lengua algo enredada, como si se hubiera sonado un trancazo y no le dije nada. Es tan normal emborracharse para celebrar cualquier evento importante, que no deseaba malograrle la noche a Jesús, solo pedí que no le permitieran despedir el duelo de mi vieja.

No me enteré de la muerte de Jesús y menos aún de la pérdida de su tumba. Otra cosa, no comprendo nada cuando se menciona a José, su padre, el tarrúo, se llamaba Alberto. Además, no debe ser nada sorprendente que se pierda una tumba con el bayú que siempre ha existido en la isla, no me explico a qué se deba tanto escándalo.

-Abuelo, si los angelitos son buenos y tienen alitas…

-¡Otra vez con los angelitos! ¡VIEJAAAAAAAA!

-¡Coño, no grites tanto! ¿Qué quieres?

-¿Qué canal tienes puesto en la televisión?

-El mismo de siempre, donde veo mis novelas.

-¿Cuál es?

-Chico, es Univisión.

-¡Cambia, cambia de canal! ¿No has visto como tienen traumatizado a tu nieto?

-Pero es donde yo veo las novelas.

-¿No te enteraste que les sonaron veinticuatro millones de dólares de multa?

-No, ¿qué fue lo que pasó?

-¿Qué fue lo que pasó? Deberían meterle cuarenta y ocho millones. ¡Chica! Trata de ver un poco de noticieros, los sonaron por estar volviendo locos a los niños como tu nieto. ¡Qué angelitos ni ocho cuartos!

Jueves, 08 de Marzo del 2007

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