Cuba es un cuento, compay

Aquella flota nuestra. Década 1980-90 - 1

La década del 80 al 90 no pudo arrancar peor, arrastrábamos con nosotros la agudización de una crisis económica aumentada por las incursiones guerreristas en diferentes puntos del planeta. Ya he mencionado las razones que me empujan a recordar aquellos amargos momentos, digamos que solo es justificable por la pésima memoria de nuestro pueblo o la ignorancia de todos aquellos que promueven el “paraíso cubano”. Cuba comenzó a desgastarse aún más desde su ingerencia simultanea en Angola, Etiopía, Mozambique, Nicaragua, etc. y etc. Esto trajo como consecuencia otra de las explosiones sociales reflejadas en el éxodo masivo del Mariel, si todo era tan justo y perfecto, ¿por qué la población arriesgaba su vida para escapar del paraíso prometido y tantas veces promocionado? Esta pregunta, al parecer estúpida, no se la hicieron, y aún hoy, no se la hacen todos aquellos que se empeñan en tomar a nuestra isla como faro de una ideología y modelo económico fracasado.

La marina mercante cubana, tuvo que sufrir las consecuencias de los acontecimientos ocurridos en la tierra del pabellón que enarbolaban sus naves. Solo que en el mar, esa situación se sufre multiplicado por diez. Todo fue reducido a una etapa de austeridad extrema, antesala de lo que sería el famoso “Período Especial” que se avecinaba. Nadie pudo predecir la caída del muro de Berlín y sus efectos directos sobre nuestras vidas. Muchos pronosticaron la caída de Cuba como una pieza más en ese juego de naipes, pero no fue así. El bloque socialista se encontraba en tierra firme, nosotros somos una isla aislada del continente europeo y rodeada por tiburones.

Los niveles de corrupción alcanzaron límites desconocidos en nuestra historia, pudieron haber existido, no lo dudo, pero eran totalmente desconocidos a la generación presente y solo tenían como referencia lo que reflejaba la prensa gubernamental, nada de confiar. Los estilos para ordeñar a la sociedad cambiaron radicalmente, todo era posible, necesario, útil. El robo se institucionalizó en la mente de cada cubano y adquirió un carisma diferente. Robarle al estado era una virtud o mérito que se identificó tempranamente como “inventar”, solo que el daño producido a la sociedad aumentaba su valor en dependencia a la posición ostentada en ese momento. El hurto de un simple obrero o marino, era insignificante si lo comparabas con niveles superiores de dirección. El marino podía robarte un litro de pintura u otra propiedad del buque, los oficiales con posibilidades de hacerlo, multiplicaban con creces el valor de sus fechorías. Hablemos de robo al combustible comprado, falsas facturas de reparaciones, facturas falsas de materiales para trincaje de la carga, facturas falsas de asistencia médica, etc., y no mencionemos aquellas facturas realizadas a productos de avituallamiento pagados de superior calidad cuando no lo eran.

Acompañando todo ese clima de corrupción, se experimenta a su vez un alto índice de elementos incompetentes comandando nuestras naves. Quienes por supuesto, provocaban con sus actos de impericia un alto costo de operaciones a la sociedad. Todos ellos, ladrones e incompetentes, poseían en su mayoría el carnet distintivo del partido comunista de Cuba. Ya para esta década, no se experimentaron entradas masivas de personal a la flota, pero existía la exigencia de una militancia partidista para integrarse a ella. Razones sobradas para referirnos a tripulaciones con un alto índice de militancia que puede ubicarse entre el noventa y noventa y cinco por ciento de ellas. No solo participaron en ese fraude los capitanes y oficialidad de nuestros buques. Las representaciones de nuestra empresa en el extranjero, fue quizás uno de los principales detonadores a todas esas cadenas de hurtos muy bien encubiertos. Esas representaciones se encontraban en su mayoría integradas por “hijitos de papá” y en muchos casos, por miembros desmovilizados de la inteligencia cubana. Casi la totalidad de ellos, tenían una ignorancia profunda en lo concerniente a la explotación marítima. Sin embargo, se apresuraron a implantar el desvío de las comisiones que, normalmente se recibían por las compras u otras operaciones realizadas en nuestros buques. Despojados de esos beneficios, capitanes, jefes de máquinas y oficiales crearon los medios mencionados de hurto para sustituir lo que les habían robado.

No los demoro mucho, aún con todas las dificultades experimentadas al inicio de esta década, la flota de navegación adquirió otras cuarenta y cuatro naves. Cifra que conservamos en nuestros registros y puede no ser exacta. En esas compras no se reflejan los buques comprados por la Flota Cubana de Pesca, Navegación Caribe y otras empresas marítimas de la isla. No cometo mucho error si digo que sumando todas las embarcaciones compradas por esas empresas, la isla pudo haber adquirido cerca de las setenta embarcaciones. Una cifra respetable para un país que desarrollaba una crisis de la que nunca ha podido escapar. Sin más, la primera entrega de diez de los buques de aquella flota nuestra en la década del 80-90.

Esteban Casañas Lostal. Montreal..Canadá. 2011-05-04

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