Cuba es un cuento, compay

Aquella flota nuestra. Década 1970-80 - 4

La década de los setenta fue impresionante cuando estudiamos el vertiginoso crecimiento de las flotas cubanas. Como podemos observar, suman cuarenta y cuatro las naves adquiridas para la flota de travesía (Empresa de Navegación Mambisa). Si le sumamos los buques comprados en esa década para la Flota Cubana de Pesca, Empresa de Navegación Caribe y Obras Marítimas, podremos encontrar una cifra muy próxima o superior a las ochenta naves compradas en este tiempo. Todo un lujo para un país subdesarrollado como el nuestro e involucrado simultáneamente en otros planes delirantes que condujeron a la nación a la bancarrota actual.

Existían muchas contradicciones palpables en nuestro mundo marino nacional que, solo recordarán las viejas generaciones y es preciso refrescar por la razón que todos conocemos, nuestra mala memoria y silencio. Fue una etapa donde los buques eran atendidos correctamente, me refiero a sus visitas a dique en los tiempos programados para sus reparaciones y limpieza del casco. El dinero asignado para las compras de víveres, piezas y reparaciones eventuales satisfacían cómodamente las demandas del momento. Sin embargo, puede mencionarse sin temor, el descontrol y exagerado consumo de pinturas en ese tiempo. Navegué en buques que fueron pintados tres veces el mismo año y las compras de pinturas “International”, se suministraban por camiones repletos de cubetas de 20 litros. Deben imaginar que esas pinturas marinas son el triple de caras que las usadas normalmente en tierra. Como es de suponer, las “comisiones” recibidas en esos tiempos eran muy buenas, oscilaban entre un cinco y diez por ciento de las compras realizadas. Una fuerte razón para gastar pintura y que luego, se convirtiera también en una meta de los capitanes y organizaciones a bordo, me refiero a esa casi enfermedad por arribar a La Habana con el buque “bonito”. Cuando no era posible alcanzar esa meta, se conformaban con darle mantenimiento y pintura a la banda de estribor. No es difícil adivinar el motivo, era la que se mostraba durante la entrada del buque al puerto habanero y las oficinas del partido y Ministerio de Marina Mercante quedaban justo al lado de esa orilla del canal. Imagino que a muchos de aquellos capitanes y ex secretarios del partido hoy en el exilio, no les agradará leer estas notas, poco me importa.

Mientras esto sucedía, la alimentación a bordo de nuestras naves iba en picada. Salíamos mal abastecidos de La Habana, ya mencioné en otra parte que la misma Empresa debía asumir el papel de “proveedor”, una función ajena a cualquier empresa armadora y que en el caso de la nuestra, era desempeñaba con demasiada ineficiencia. Hubo viajes que salíamos sin “azúcar” y nuestro café debía ser endulzado con el sirope de algunos dulces enlatados. Peor aún, no fueron pocas las oportunidades donde, se guardaban dos bistec de res en el refrigerador del camarote del Capitán para ofrecerlos al Práctico del Canal de Panamá. ¿No dije que las asignaciones de dinero para comprar en el extranjero podían satisfacer las demandas del momento? Indudablemente que en aquellos tiempos de embriaguez y sueños, no solo ese dinero era suficiente y los capitanes disfrutaban también de una asignación libre de plata para gastos de “representación”, pero gustaban llegar a La Habana con el aura de ahorradores y patriotas por excelencia. De esa manera, muchos de ellos sometían a sus tripulaciones a una austeridad injustificada para tratar de ocultar otras fechorías, o sea, no consumían la plata y luego presentaban un informe de viaje donde reflejaban el “ahorro” obtenido. Las cosas comenzaron a marchar de mal en peor por dos razones, la incompetencia gubernamental para explotar sus naves y la acción depredadora de muchos de nuestros hombres, aunque la tendencia sea solo la de culpar al gobierno de nuestros males.

A mediado de los setenta ocurren todas esas incursiones en las guerra africanas, donde todas las flotas cubanas aportaron su grano de arena. Se destacan las guerras de Angola y Etiopía con el desvío de gran cantidad de nuestras naves para la transportación bélica. Es lógico que nuestro lugar en la economía, tuviera que ser sustituida por buques fletados en el extranjero. Ya pueden imaginar la magnitud del desastre producido, sin embargo, la flota siguió creciendo al mismo ritmo que las necesidades esenciales de nuestro pueblo. Los dejo con estas imágenes de algunas de aquellas naves que fueron adquiridas en esa década, como les manifesté, no poseemos en nuestros controles las que fueron compradas para las flotas de Cabotaje, Pesca y Obras Marítimas. Solo espero que con estas notas tengan una idea del desastre ocurrido en nuestro giro, que se suma al nacional y del que se habla muy poco.

Esteban Casañas Lostal. Montreal..Canadá. 2011-04-10

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