Cuba es un cuento, compay

Walky-Talky

Era bastante bajito y algo pasado en peso, digamos que gordito. No de esa gordura flácida que sofoca y mantiene mojadas las camisas con el olor acre y amargo de casi todos los de su peso. Digamos más bien que estaba fuertecito y que era además bastante ligero. Blanco como una rana platanera, color algo detestado entre los nuestros y que siempre asocian a enfermedades. Pocas veces escucharás que están desempercudidos, limpios, pulcros, siempre escucharás la palabra anemia para asociarlos. Hasta yo me dejaba arrastrar por esa corriente y esquivaba las mujeres de su color. Tanta fue la influencia, que días antes de arribar a Cuba, tomaba baños de sol en la cubierta del magistral a nuestro estilo. ¡Claro! No podíamos darnos el lujo de comprar bronceadores, tal vez no los conocíamos. Subíamos una cubeta con agua salada y lo hacíamos al estilo de los verdaderos hombres de mar, un jarrito por el cuerpo de vez en cuando para acelerar el proceso.

No era un tipo fácil, me refiero al rostro, así le llaman algunas de nuestras mujeres a los que son simpáticos o bonitillos. Solo que las palabras “hermoso, bello o lindo” se reservaban entonces para los “mariquitas”. No imagino a una mujer de esas fechas elogiándome con algunas de ellas, bueno, las que pertenecían a nuestro mundo. Aunque en mi caso y después de adquirir experiencia, traté de apartarme de ese “mundo” tan extravagante y promiscuo de los marinos. No fue arte de magia alguna, solo necesité conocer algo de la importancia de una flor, la oportuna frase bohemia y romántica, música adecuada para el instante y besar la luna a la orilla de una playa. No los mareo, Walky-Talky era feo y su rostro lo veo prendido en algunos muñequitos que consumen mis nietos. Con tales virtudes a las que agregaría su mal gusto para vestir y su andar de cowboy o guajiro natural. Muy malo, pésimo para el baile y poca gracia al hablar, gran pecado o sacrificio oírlo reír, se descartaba la posibilidad de que fuera aventurero o mujeriego como muchos de nosotros. Estaba obligado a una fidelidad severa con Manuela, ante la imposibilidad de asistir a las trabajadoras sociales que practicaban la más antigua y complaciente de las profesiones. No por falta de esos deseos animales que arriban al muelle luego de una penosa travesía, cinco dólares a la semana no alcanzaban para los blúmers de su mujer y otros encargos de su familia. Porque entre otras cosas, no había tenido suficiente tiempo para contarles que era casado, cómo lo logró no se sabe, aunque es muy sencillo comprenderlo ahora que las chicas lo hacen con viejos extranjeros de setenta años.

No recuerdo haberlo visto sin su filipina de camarero, la usaba a cualquier hora del día y la noche. Bueno, mientras las hubo, eran elegantes, pero después desaparecieron. Quizás fueron armas del enemigo, ya saben, desviaciones ideológicas. El caso es que no se las quitaba ni para cagar, yo pienso que no lo hacía por amor a su profesión, me inclino por el ahorro de ropa. En ese aspecto, siempre se podía confiar en sus servicios, estaba listo. Tengo que agregarles algo, él debió poseer varias de ellas para que se diera el lujo de vestirlas diariamente y su blancura fuera intachable. Esa era otra de sus virtudes, habrá sido algo enano y gordo, blanco como la nieve y de unos ojos saltones, pudo parecerse a cualquiera de los muñequitos que pasan diariamente por televisión, pero nadie se atreva a decir que era una persona sucia.

Como ser humano al fin y al cabo, porque si no lo fuera no podía estar navegando en nuestros buques. Tenía defectos y virtudes como cualquier carnal, pero entre todos se destacaba uno, que luego de comprenderlo, comenzamos a considerarlo una virtud. Walky-Talky era chismoso, no era chivato, no confundan la peste con el mal olor. Razón válida para que fuera merecedor de ese nombrete que cargara con mucho orgullo durante el tiempo que navegó conmigo en el buque “Renato Guitart”. Es una verdadera pena que haya olvidado su nombre, porque estas líneas, escarbadas desde las profundidades de mi memoria, solo llevan consigo el propósito de un merecido homenaje.

Ha sido el “chismoso” más digno, honrado, sincero y valiente que he conocido. Su lengua merece un monumento y su recuerdo debe ser registrado en nuestros libros de historia. Al menos, dentro de aquellos que reflejen la existencia de nuestra marina mercante.

-¡Caballeros! No hablen nada delante de mí, ustedes saben que no puedo soportar el peso de un secreto más allá de un minuto. Nos advertía constantemente, ¿puede existir un chismoso más sincero que él?, lo dudo, él era ejemplar. No creo haya vivido en nuestra tierra mejor comunicador, olvídense de Radio Reloj. Muy pronto, nuestra tripulación aprendió a utilizar sus voluntarios servicios, porque demás está decirles que no cobraba por ellos.

-La mujer del Capitán le está pegando los tarros. Lo dijo fulano.

-El buque solo está caminando 11 nudos. Lo dijo el Segundo Oficial cuando confeccionaba el parte diario. -Hay que racionar el agua potable. Lo mencionó el Jefe de Máquinas en el camarote del Capitán.

-No haremos víveres en Canarias. Le dijo el Capitán al Sobrecargo en su camarote.

-Francisquito no mama. Lo dijo el Primer Oficial.

-Pedrito dice que Madrigal es chiva. Aquí fue donde una vez se le trabó el paraguas.

Como Madrigal y Pedrito eran militantes de la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas), se convocó a una reunión y se citó a Walky-Talky.

-¡Yo no he manifestado en momento alguno que Madrigal sea chiva! Expresó Pedrito en alta voz, como tratando de impresionar, un truco muy usado y poco convincente.

-Pues yo mantengo y ratifico que eso lo dijiste frente a fulano y sutano. Le contestó muy calmado Walky-Talky.

-Y yo te digo que eso es mentira. Respondió Pedrito mientras las miradas de los asistentes giraban de un punto a otro de la sala buscando la verdad.

-Y yo lo mantengo y agrego que los hombres que no lo hacen son maricones. Es decir, Pedrito, tú eres un maricón y no me explico cómo coño eres militante de la juventud. Pedrito, como era de esperar y para demostrar su inocencia ante los que presidían aquella reunión, se vio obligado a agredir a Walky-Talky. Pero como les manifesté con anterioridad, además de ser fuertecito, era sumamente valiente y hubo que detener la pelea antes de que acabara con él.

-Eres un maricón y mantengo lo que digo. Dijo el Walky y le soltaron de nuevo a Pedrito. Acabó con él y fue necesario detener nuevamente la pelea, el mulato sangraba por la nariz.

-¡Oye! Sigo manteniendo lo dijiste y eres un maricón. ¡Arriba, suelten a esa yegua! Lo hicieron y al cabo de unos minutos hubo que separarlos de nuevo. Pedrito estaba desecho física y moralmente. No se atrevía a contradecir las afirmaciones de su oponente y creo, la actitud valiente del Walky sirvieran para convencerlos. Aún así, como aquel barco era una verdadera pachanga, Pedrito continuó militando en la UJC, cuando, existían verdaderos argumentos para retirarle la militancia.

El prestigio de Wlky-Talky aumentó cuando hubo conocimiento general de los resultados de aquella reunión. La gente lo respetó y comenzó a considerarlo como el “chismoso” oficial de la tripulación. No lo conocí tan honesto, sincero y valiente como él. Es una verdadera pena no estuviera en los círculos allegados al gobierno y su líder, como buen comunicador, estoy convencido de que el pueblo se enteraría de noticias importantes no difundidas por los órganos de prensa. Todavía recuerdo algunas de sus cartas credenciales: ¡Caballeros, yo soy una tumba profanada! Creo que se llamaba o se llama Pedro también.

Esteban Casañas Lostal. Montreal..Canadá. 2012-01-06

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