Cuba es un cuento, compay

La firma del Zorro

Cuento infantil para tiempos de guerra

Su reacción al descender la escalerilla del autobús no sorprendió al abuelo, la alegría era siempre compartida en cada encuentro. Por los rigores de la vida se veían escasos minutos, algo intermitentes también. El abuelo partía cuando él se encontraba en la escuela y regresaba bien tarde, lo encontraba sumido en profundos sueños. Cada mañana, el niño trataba de despertarlo ante las protestas de su abuela, unas veces lo lograba. Su sonrisa resultaba el mejor premio a ese cariño cultivado desde su nacimiento, ambos lo sabían. La comunicación entre ellos vencía aquella etapa de las palabras incomprensibles, el niño se expresaba como cualquiera de la tierra de sus padres en el seno de la familia. Fuera de esas fronteras, era capaz de comunicarse en francés o inglés con los niños de esta tierra, su tierra. No solo dominaba las tres lenguas con sus seis años de edad, siempre contestaba que era canadiense cuando lo molestábamos sacándolo de sus fronteras.

Luego de dirigirle un saludo cortés al conductor del autobús, el abuelo tomó al niño, quién lo invitaba con sus dos brazos abiertos para bajarlo de los dos últimos escalones y fundirse en el familiar abrazo culminado con un beso. Segundos después, corría libre por la acera con su mochilita colgada a la espalda, lo hacía con la dificultad que impone la presencia de la nieve acumulada. Se detuvo y formó una pequeña bola que lanzó al abuelo con certera puntería, se alejó un poco y volvió a lanzarle otra bola. Repitió la acción hasta el punto donde debían cruzar la calle, nunca dejó de reírse por sus infantiles maldades, pero hoy estaba más alborotado que nunca, pensó el abuelo.

Ese día, debían compartir parte de la tarde solos, su abuela se encontraba ausente y su madre regresaría dos horas después de lo normal. La tarde resultó interminable, mientras preparaba la comida, tuvo que participar en sus juegos y consumir sus muñequitos preferidos, solo lograba permanecer en el mismo sitio dos minutos y el viejo se encontraba agotado. La sala se vio colmada con la presencia de sus juguetes y hasta la computadora fue parte de aquel interminable recorrido. La encendió y luego de buscar su página favorita, el abuelo se vio obligado a escuchar todas sus explicaciones, comprobó que se encontraba bastante adelantado en el uso de aquel equipo.

Cuando llegó la madre se bañó y cenaron juntos, siempre trata de ocupar la plaza de su abuelo en la mesa, se repetía la historia de su padre cuando tenía la misma edad, como si la plaza del mayor significara poder. A las ocho de la noche es la hora de ir a la cama los días entre semana, pero hay que cumplir sus leyes. Un día duerme solo, otro con la madre, otro con la abuela, y no puede faltar el día que desee hacerlo con su Yeyo, porque así le dice desde que comenzó a pronunciar sus primeras palabras.

-¡Hazme un cuento para dormir! Solicitó el niño y le trajo a la mente aquel pequeño cuarto donde se hacinaba con su padre cuando tenía la misma edad. El viejo buscaba dentro de aquel lejano repertorio tratando de encontrar algo nuevo.

-¿El de La Caperucita que revendía las cosas que conseguía en las diplotiendas?

-¡No,Yeyo! Ese me lo hiciste la semana pasada. Protestó el nieto.

-¿El de Blanca Nieves con dificultades para comprarle los zapatos ortopédicos a los siete enanitos?

-Ya ese me lo sé, la cosa se resolvió con los popis que le mandó el príncipe desde Miami, trata de inventar uno nuevo.

-¡Ya sé! Te haré el cuento de la firma del Zorro.

-¿Y sirve para dormir?

-¿Qué si sirve? Fíjate que tiene dormido a once millones de seres humanos desde hace cuarenta y ocho años.

-No será el de La Bella Durmiente que estaba dormida y llegó un turista le dio un beso y se despertó.

-¡No me interrumpas, coño! Se me van las ideas de la cabeza. ¡Y te duermes!

-Bueno, empieza.

-Había una vez un pueblo habitado por dóciles y mansas ovejas que eran gobernadas por un viejo zorro, implacable a la hora de imponer sus leyes, pero con una labia que dormía a cualquiera. Su poder de convicción era tan poderoso, que no solo caían en sus demagógicas trampas las ovejas que pastaban en sus dominios. Mares de baba comenzaron a inundar un continente vecino y hoy, muchas de aquellas otras ovejas reclaman la presencia de un zorro parecido. Resulta que un día, el viejo zorro cae gravemente enfermo y por cosas que solo ocurren en su reino, declaran su enfermedad secreto de estado.

-El zorro, enfermo, secreto de estado. ¡Yeyo, no entiendo nada! Intervino el nieto.

-Y si me sigues interrumpiendo menos vas a comprender. Debes abstraerte y elevarte a las nubes, vas a ver como te duermes rápido. Le contestó el viejo algo enojado.

-Okey, okey, no te pongas bravo y continúa.

-Pues nadie sabía a ciencia cierta cual era la enfermedad del viejo zorro y se desbordó todo un mar de especulaciones. Que si el viejo tiene cáncer, que si era un ensayo de su muerte para ver el funeral que le hacían, que si era un problema con las tripas, que si se había roto y lo tenían escondido. En fin, pasaban las semanas y la gente de su imperio lo mantenían escondido. Bueno, puede ser que para evitar el mal de ojo, porque resulta ser que después de haber sido durante tantos años un reverendísimo hijoputa aquel zorro, ahora resultaba ser muy creyente, y como te dije, tenía una labia que envolvía a cualquiera, hasta al mismo Papa. ¿Qué hicieron los zorritos de su gobierno? Para calmar todas esas especulaciones filmaron varios videos y los presentaron a la opinión pública internacional. La cosa fue peor, la gente convirtió aquella situación en una pachanga que nadie sabe cómo carajo va a terminar.

¡Qué te cuento! De aquella manada de ovejas lograron escapar más de un millón, eran ovejas descarriadas cargadas de problemas ideológicos.

-¿Entre ellas se encontraban tú y mi papá? Preguntó el nieto con esa inocencia infantil que siempre los acompaña.

-Yo no te he mencionado nada de eso, estoy hablando de ovejas y zorros. ¡No me interrumpas más, se me escapa el hilo de la historia.

-Ta bien Yeyo, sigue el cuento.

-Pues aquellas rebeldes ovejas se fueron a vivir a Miami, donde hoy pastorean libremente y han emprendido una nueva vida, pero donde se oculta la semilla del odio que una vez trajeran desde su tierra. Cuando dieron la noticia de la enfermedad del zorro hubo mucha algarabía, la gente se lanzó a la calle para celebrar el evento y eso molestó a otros que aspiran a convertirse en ovejas dentro de este continente. Como quiera que sea, nada ni nadie va a poder frenar la fiesta que tienen pensado celebrar. Y bueno, volviendo al tema, aquellos videos eran ridículos, presentaban a un viejo zorro convertido en una simple marioneta realizando extrañas pantomimas. ¿Qué hicieron entonces para evitar en algo esas burlas?, decidieron que el hermetismo sobre la figura del animal debía ser más sólida. Entonces, comenzaron a cruzar carticas para todos lados, como en una novela muy famosa. Pero la gente no se tragaba el cuentecito de las carticas y comenzaron a dudar de las fotos y hasta los videítos. El zorro se convirtió en el tema de cada día, y como era de esperar, donde quiera que existiera una de aquellas ovejas existiría el debate. Uno de esos días que andaba por la calle 8 de Miami, me antojé de un buen café cubano y me detuve en la cafetería del Versailles…

-¿Y qué dijeron? ¡Ná! A esta gente le bajamos una cartica con la firmita del muñeco y con eso los tranquilizamos un ratico. ¡Pero no! Los gusanos no mordieron, no se tragaron el cuento. -¡Cheo, compadre!- Gritó Aurelio mientras esperaba que le sirvieran su tacita de café en el Versailles. - ¡Esa no es la firma del tipango! Al salir aquellas palabras al éter en la sede del Estado Mayor de la gusanera de Miami, todas las orejas se orientaron en una sola dirección como cualquier radar.

-¿Tú crees, consorte? Le preguntó el amigo algo sorprendido y la gente sintonizó mejor sus receptores.

-¡Claro, mi ambia! Eso es pa'ganar tiempo, ya no saben que inventar, esto se parece a la novela "Las amistades peligrosas", cartica pa'quí y cartica pa'llá. El que hizo la ley, hizo la trampa. Aquí la gente se las sabe todas, ¿no vinimos de allá? ¡Consorte! ¿Cuántos papeles no falsificaste en el patio?

-Una pila, pero nosotros éramos aficionados, nada que ver con esto. ¡Asere, esto es algo serio! Vamos, que no es lo mismo falsificar la firma de un doctor para agarrar una dieta en la OFICODA.

-Pero eso fue lo que tú falsificaste, Cheo. Imagínate lo que habrán hecho allá arriba.

-Puede que tengas razón, ¿tú crees que la firma sea falsa?

-Eso se cae de la mata, pero deja que pasen unas horas para que veas, siempre va a salir un sesudo que lo demuestre, porque si algo tiene este exilio de Miami, es que aquí sobran los cerebros.

-¡Asere! Estamos hablando de cosas serias, fíjate que fue Chávez el que leyó la carta.

-¡Ya sé, ya sé! Lee con bastantes dificultades, al menos sabe leer ese animal. ¿No te das cuenta del pase? Por eso te decía lo de la novela, muchas carticas a sus socios, pero el muñecón no aparece por ningún lado.

-Aurelio, ya apareció dos veces, ¿no lo viste al lado de Chávez y luego solito cuando salía del elevador?

-¡Ese no era él, consorte! Coño, el enemigo es el enemigo, pero aún siendo enemigo merece un poco de respeto.

-No te entiendo, mi panga.

-Siempre estás detrás del palo, ¡despierta!, no se puede masticar y chiflar al mismo tiempo. Ese tipo no era el caballo, esa es noticia vieja, los filtros de Miami lo analizaron y llegaron a la conclusión de que era un doblete.

-¡No jodas! ¿Por qué arribaron a esas conclusiones?

-Muy simple, el caballo será tremendo achepé, pero consorte, no tiene ruidos de pato. -¿Por qué tu dices eso?

-Chico, ¿viste o no viste aquellos videos?, en "A Mano Limpia" lo pasaron.

-Si lo vi, pero no recuerdo ningún pase de pajarería.

-¿No, y la agarradera de manitos con Cháves? Tú fuiste el único que no se la llevó, consorte, deja de estar trabajando dos turnos seguidos y ponte pa'las cosas, te vas a fundir y luego la vida sigue igual.

-¡Coño, verdad que sí! Estaban pájaras esas imágenes, ¿y que piensas entonces?

-¡Ná! Que ese no es el animal, eso fue obra de su sobrina Mariela.

-¿Y qué tiene que ver la chamaca con eso?

-Por mi madre que no me gusta tallar contigo, tómate el café y vámonos pa'jayalía a echar una mesa de dominó, políticamente eres un cero a la izquierda.

-De verdad, no tengo tiempo para ver los noticieros.

-Por eso te estoy aconsejando que aflojes un poco en la pincha y te pongas pa'las cosas, cualquier momento se llena Miami de cedeerres, se joden las horas extras y te veo haciendo trabajo voluntario en la agricultura por allá por Homestead.

-No exageres, no es pa'tanto. No me has respondido lo de esa chamaca.

-Na, ella está al frente de un movimiento por la liberación de los patos allá en la isla, y por deduccióoooooon, puede afirmarse que hayan usado a un viejo mula pa'esa pantomima de mal gusto. ¡Claro! Mula, pero revolucionaria, tú sabes que se debe pasar un filtro, no todos pueden acercarse al animal.

-¡Ñooooooo! Me has dejado frío, no me había detenido en ese detalle. Na, consorte, es lo que tú dices, el caballo será el peor achepé del mundo, pero no se le puede acusar de pato y eso hay que respetarlo. ¿Un movimiento de liberación de patos en la isla?

-Como lo oyes, ya se pueden casar y todo.

-¡Noooooooo!

-Y hasta se pueden cortar el chorizo.

-¡Nooooooooo!

-Y hasta pueden ocupar cargos.

-¡Nooooooooo!

-¡Pero, claro! Eso debe ser para los patos revolucionarios, ya sabes el lema, "Dentro de la revolución, todo, fuera de la revolución, nada.

-Tamos jodidos Aurelio, si esto se demora unos años más, en lugar de viajar para Cuba vamos a tener que sacar pasaje pa'la isla mujeres.

-¡FALSIFICADA LA FIRMA DEL COMANDANTE! Gritaba un vendedor de periódicos que pasaba por la acera. ¡FALSIFICADA LA FIRMA DEL COMANDANTE.-

-¡Te lo dije, coño, te lo dije! Gritó Aurelio sin poder contener aquel sentimiento de superioridad frente a su amigo.

-¡Coño, verdad que te las sabes todas!

-¡OYE COMPATRIOTA, VEN ACÁ, TRÁEME UN PERIÓDICO! Esta vez no pudo ocultar su nerviosismo. El hombre atravesó la zona de estacionamiento abriéndose paso entre la numerosa concurrencia que asistía al interesante debate.

-¿Cuál periódico desea?

-El que trae la noticia, le respondió Cheo.

-Los dos la traen, ¿desea El Nuevo Herald o el Diario de las Américas?

-El Nuevo Herald. Contestó Cheo mientras sacaba un fajo de billetes de su bolsillo derecho.

-¡Qué Nuevo Herald ni un carajo! Siempre andas botado. Aurelio se quedó pasmado ante la repentina agresividad de su amigo, mientras el vendedor permanecía con el periódico en el aire sin saber a quién obedecer.

-¡Da igual, Aurelio! El lío es leer la noticia. Respondió Cheo con voz casi infantil.

-¡No da igual, coño! El Nuevo Herald tiene ruido en el sistema, eres políticamente un burro.

-¡Dame el Diario de las Américas! Solicitó con voz temblorosa y luego de haber pagado, Aurelio se lo retiró de las manos sin bajar el termómetro de su agresividad.

-¡Oigan esto! Manifestó en voz alta para consumo de todos los presentes. -FIRMA DE CASTRO EN CARTA A CHÁVEZ ES FALSIFICADA, SEGÚN GRAFÓLOGO COLOMBIANO "Pronunciadamente ágil y sin ninguna afectación psicosomática"

"Mucho menos podemos admitir que esta firma corresponde a la de un individuo de 80 años". ¿Qué les parece? Se detuvo y dirigió un amplio recorrido visual entre todos los presentes. -Y ahora no pueden decir que ese análisis viene de la gusanera de Miami.

-¡Coño Aurelio, eres un caballo! Por eso me siento orgulloso de ser tu amigo.

-Pero hay tela para cortar, si no es la firma de un viejo cagalitrozo, ¿qué joven de la nomenclatura pudo realizar dicha falsificación?

-Bueno, pudo ser Pérez Roque.

-Cheo, no seas idiota, piensa un poco las cosas antes de manifestarla. Pérez Roque ni habla desde que su dueño cayó en desgracia, ése está descontado.

-Entonces fue Hassán.

-El rey de Marruecos se murió hace muchos años, Cheo. ¡Por Dios! No quemes la última neurona que te queda viva, deja ese análisis para los filtros de Miami. Seguro, segurísimo, que Oscar Haza toca el tema el próximo lunes.

-¿Cuál tú crees que será el próximo paso?

-No sé, ellos son impredecibles, tal vez tengamos que consultar con Walter Mercado por su línea directa.-

-¡Asere! El socio cobra muy caro el minuto. Tiene que haber algo y tú lo sabes, ¡acaba de soltarla!, mira como tienes a este pueblo esperando. Aurelio comprobó que todo el estacionamiento del Versailles se encontraba repleto de compatriotas esperando por sus palabras.

-Bueno, es muy probable que dentro de poco se aparezcan Taladrid y Carlitos Valenciaga en la Mesa Redonda mostrando un mojoncito del comandante.

-¡Ñooo! Esa será difícil de desmentir.

-¡Qué ingenuo eres! Aquí tenemos la flor y nata del pueblo cubano, aquí hay filtros de todos los campos de la ciencia, la técnica y la cultura. ¡Mira! Le agarran la imagen de ese mojoncito por televisión, la suenan en el Jackson Memorial Hospital, ¡y olvídate!, cuando salga de ese hospital, ten por descontado que lo hará con la inscripción de nacimiento del que hizo la caca. Se escuchó un estruendoso aplauso por parte del pueblo concentrado en aquel estacionamiento.

-¿Por qué no organizamos una Comisión de la Verdad? Se escuchó aquella propuesta que llegaba desde el público y reinó silencio.

-¿Quién fue el que habló? Preguntó Cheo mientras dirigía la vista hacia el lugar desde donde brotó aquella voz.

-¡Fui yo! Contestó un anciano cuya cabeza se encontraba cubierta con una gorra de pelotero con la banderita cubana y decenas de medallitas prendidas a sus lados. -Me parece que deberíamos exigirle al gobierno cubano información sobre el estado del animal. No solo por nosotros, es una falta de respeto mantener desinformado a su pueblo.

-¡Coño! No está mala la idea del compatriota, eso se puede hacer. Aprobó Cheo sin consultar a su amigo.

-Sí, pero tiene sus inconvenientes. Eso es algo que requiere tiempo y una sede. Intervino Aurelio.

-¡Qué sede, ni ocho cuartos! ¡Aquí mismo! Esta asamblea ha tomado un curso muy serio y debe aprovecharse la magia de la espontaneidad. ¡Los que estén de acuerdo que levanten la mano! Gritó el viejo y un mar de manos alzadas se observó a lo largo y ancho del estacionamiento.

-Yo propongo al señor de los anillos para presidente de la Comisión, se ve que es un hombre de experiencia y que se las sabe todas. Gritó una mujer que se encontraba entre las primeras filas.

-Pues no hay más nada que hablar. Intervino nuevamente el viejo de la gorra de pelotero con la banderita cubana y las medallas colgadas a los lados. -¡Qué levanten la mano los que están de acuerdo! El voto fue unánime.

-¡Asere! Vas a tener que asumir esta responsabilidad histórica. Le dijo Cheo a su amigo. -¡Consorte! Yo nunca me he dedicado a estos menesteres, si una de las razones por las cuales me escapé de allá, fue precisamente por esta rumba, lo mío es el dominó.

-Pero no vas a defraudar a este pueblo que te ha elegido democráticamente. Todos esperaban en silencio y sus miradas eran inquisidoras, un leve temblor recorrió todo el cuerpo de Aurelio y temió por represalias en caso de una negación.

-Okey, acepto, ¿cómo es la cosa? Preguntó Aurelio con algo de nerviosismo.

-Muy sencillo, subes a la tribuna y tomas nota de las propuestas del pueblo para elevarlas. Contestó el mismo viejo de la gorra, ahora muy entusiasmado.

-¿A la tribuna? Aurelio miró hacia todas partes y no encontró nada.

-Con eso no hay problemas, espérate un minuto. Le respondió el viejo mientras se apartaba de la multitud y se dirigió al patio del restaurante. La gente comenzó a cuchichiar en voz baja mientras esperaban el regreso del viejo. -Aquí tienes para que te encarames y puedas observar a todo el mundo. Colocó un tanque de basura al lado de Aurelio y con la mirada lo invitó a subir.

-Y bien señores, cuales son los puntos que desean proponer. Les preguntó.

-Pero eso no es así, consorte. Hay que levantar acta de esta asamblea constituyente. Le dijo Cheo.

-¿Qué acta, ni acta? No tengo papel ni lápiz. Le respondió bajito.

-Con eso no hay líos, tú verás. Intervino aquel servicial patriota y terminando aquellas palabras se dirigió al mostrador de la cafetería. ¡Oye niña, dame un papel y lápiz!

-Abuelo, no tengo nada de eso aquí. Respondió la muchacha con algo de indiferencia.

-¡Cómo que no, dame aquella libretica!

-No se la puedo dar, es del propietario.

-¡Oye, dámela acá! Dile que la donaste por la libertad de Cuba.

-Abuelo, no puedo dársela.

-Mejor se la entregas, hay que cooperar con la causa. Fue la voz del dueño, quien luego de impartir la orden hizo acto de presencia y fue premiado con una cerrada ovación. El viejito de la gorra le entregó la agenda al presidente de la nueva Comisión.

-Bueno, ¿y ahora qué? Preguntó Aurelio nuevamente.

-Fácil consorte, pon ahí que en el día de hoy y a la hora tal, queda constituida esta Comisión por la voluntad popular. Cuyos objetivos serán en todo momento abogar por el establecimiento de la verdad en lo concerniente al estado de salud del animal, tao, tao, tao. Mientras lo escuchaba, Aurelio se dedicaba a escribir todo lo que el amigo le iba dictando, cuando se detuvo, asumió una posición más cómoda y se dirigió nuevamente a la masa.

-Bien compatriotas, ha llegado el momento de escuchar todas sus proposiciones. Dijo a modo de invitación.

-Yo creo que en el acta debe constar la voluntad de los que lloran por el estado del comandante, y los que desean celebrar su muerte. Intervino una mujer.

-Los que quieran llorar que se vayan pal carajo, Miami no cree en lágrimas. Le respondió otro viejo dentro de la multitud.

-Pero esto es democracia y todos tenemos derecho. Replicó la misma mujer.

-¡Oye! No escribas eso, si tiene tantas ganas de llorar que se vaya pa'la funeraria Caballero, ésta es una infiltrada. La mujer sintió miedo y se retiró de la asamblea.

-¡Compañero! Yo propongo que se haga una colecta. Dijo un tipo que rondaba los treinta y cinco años, todos giraron sus rostros en la dirección de aquella voz.

-¡Mira consorte! De entrada, compañero son los bueyes y lo de la colecta no va, ya nos han jodido mucho con ese truco.

-¡Ese es un infiltrado de la seguridad, coño! Gritó un viejo desde un ángulo opuesto al hombre de la propuesta.

-¡Compañeros! Yo no soy de la seguridad, hace solo una semana que llegué en balsa.

-¡Pues borra el casete, mi hermano. Te puede costar un poquito caro esa palabra. Con la intervención de Aurelio las aguas volvieron a tomar su cauce. ¡Caballeros! No vamos a perder tiempo en nimiedades, tengo una partida de dominó a las dos de la tarde en Jayalía y no voy a renunciar a ella, seamos objetivos y no olvidemos que tratamos el asunto de la enfermedad del muñecón.

-¡Tengo una proposición! Gritó uno que levantó la mano y no dejaba de agitarla.

-¡Diga cuál es su proposición! Aurelio le cedió la palabra y todos se dispusieron a escucharlo.

-¡Miren! Como hay tanta jodedera con el asuntito de los videítos, las carticas, los mensajitos, y el viejo falso que han mostrado por la televisión. Yo propongo y espero quede reflejada en esa acta. Es más, no escriba propongo, sustitúyala por, exigimos categóricamente nos muestren al comandante desnudo. Se detuvo unos instantes, era como si hubiera perdido el hilo de sus ideas.

-¡Encuero en pelotas! Tú estás loco, asere. Eso no lo vamos a lograr.

-Bueno, al menos de la cintura para arriba, o sea, sin camisa. Pero nada de truquitos, que le pasen la cámara alrededor del cuerpo.

-¿Y eso pa'qué, mi panga?

-Se cae de la mata, pa'comprobar que no tiene bolsitas de mierdas. ¿No dijo Chávez que el animal anda trotando? Con una bolsa de mierda nadie puede estar en esa jodedera, se les acaba el cuentecito. Pero de chaquetitas Adidas, nada.

-¡Ñoooo! Usted es un salvaje, hacía rato que no escuchaba algo tan inteligente. Intervino Cheo y todos aplaudieron la proposición del muchacho.

-Los que estén de acuerdo que levanten la mano. Decenas de brazos permanecieron elevadas durante varios minutos. Okay, queda aprobada por votación unánime, se confeccionará un acta que se elevará a las máximas instancias del gobierno norteamericano, la prensa, y se enviará copia de ella al gobierno cubano por medio de las mulas que viajan con frecuencia a la isla, damos por terminada esta asamblea. Una cerrada ovación sirvió como conclusión al evento y los participantes se fueron retirando disciplinadamente. Colorín, colorado, este cuento se ha terminado, ¿no te has dormido? Le preguntó el abuelo cuando giró en la cama y comprobó que el nieto tenía los ojos abiertos.

-Abuelo, quién se va a dormir con esos truenos.

-Ya sé, no comprendiste nada.

-De verdad que no.

-Bueno, duérmete y mañana te hago otro.

-Estaba mejor el de La Bella Durmiente que se despertó con el beso de un canadiense. Terminando de decir el niño aquellas palabras, se escucha por la televisión el anuncio de un nuevo video transmitido desde la isla.

-Te dejo, van a pasar otra vista sobre el animal, parece que la última cartica no convenció a nadie, así que procura dormirte. Yeyo permaneció sereno ante su televisor los escasos minutos que duraron aquellas vistas, después, se dirigió hasta el cuarto para comprobar que el nieto se había dormido y no lo encontró en la cama. -¿Qué haces? Le preguntó desde la puerta del baño.

-Orinando, ¿no me ves?

-Claro que te veo, termina y dale para la cama, ya es hora de dormir.

-Yeyo, ¿ves estas dos bolas que tengo aquí? Preguntó el niño mientras sostenía con sus deditos ambos testículos. Aquella inesperada pregunta lo tomó por sorpresa.

-Sí, las veo, ¿cuál es el problema ahora?

-Que esas dos bolas son mis cojones.

-¡Oye! Eso no se dice, ¿dónde te enseñaron eso?

-En Miami, una de aquellas ovejas.

-Dale a dormir, coño!

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