Cuba es un cuento, compay

El convoy

¿Será comboy? No sé, pero tengo traumas en mi vida con el lío de los idiomas que de verdad ni me imagino que rayos hablo. Podrán imaginarse y colocarse por segundos en mi lugar, mis maestras de español eran malísimas (pienso que es el idioma que se habla en Cuba). Estando de profesor en la Academia Naval del Mariel a mi socio Ríos, debo aclarar una cosa, no era mi socio, Ríos es mi hermano desde hace muchos años, fíjense que salto el peldaño que corresponde al “amigo”.

Bien, y trataré de no apartarme del tema como siempre ocurre, pero es inevitable incursionar en el problema ortográfico. Resulta que un día su hijo Eduardito (que era traya desde niño), tan traya que hace unos años vive en Madrid (es de suponer que los buenos se mantienen en la isla, Eduardito es tan despreciable como yo, con la única diferencia que viajamos libremente por el mundo) Pues bien, Eduardito se le aparece al padre con una nota de la profesora que decía así, y hasta yo fui picado por la curiosidad. Nada, solo por el peo de que era profesor en ese momento y cada vez que realizaba un examen de Navegación, detectaba entre diez o quince faltas de ortografía en los alumnos. Pues bien, aquella nota me sacó de esa rutina diaria de estarle fajando el fondillo a las profesoras del centro, decía más o menos así;

.... Compañero papa.-Le notificamo que su hijo Edualdo a tenido mucha falta de disiplina en esto día, motibo por el cual se ace nesesario una reunion con el consejo de padres del sentro el día 26 del precente a las 5 de la talde.......

Rebolucionariamente...

Margot - Maestra.

Ríos me enseñó aquello y no fue necesario que me invitara a la reunión, fui por simple curiosidad para ver quien era la animal que educaba a su hijo. Salvaje, fue la conclusión a la que arribé a simple primera observación. Este no era el tema, siempre me desvío y caigo en el mismo mueleo de los comunistas, pero para que me entiendan, tengo dificultades por toda esa mezcla de lenguas. En la isla se habla cubano, luego me mandaron para Angola y allí hablé portuñol, caigo aquí en Quebec y se habla inglés y francés. No hablo portugués, tengo serias dificultades con la pronunciación del ingles, detesto arrastrar la erre del francés porque escupo a todo el mundo, y lo más jodido, en la medida que pasa el tiempo se me olvida hablar en cubano. ¡Pal carajo! Dirán ustedes y eso mismo digo.

Miren todo lo que me ha llevado por solo aclararles que no sé si se escribe convoy o comboy, de truco, no es fácil el trauma que tenemos los cubanos, como dicen los centroamericanos y yo me río, son unos traumados. Pues el lío es que hoy me acordé de una de esas cosas que inventaron en Cuba, no digo que fueran los comunistas porque el comunismo en sí no existe y menos en la isla, no me detengo a explicarles toda esta bobería para evitar que me mienten la madre. Es de suponer, si por la diferencia entre una V y otra B, claro, con la N o M que las anteceden me metí media hora escribiendo. Para explicarles las mierditas del comunismo me pasaría varios días (la suya por si acaso) y ese no es mi propósito. Solo deseo hablarles de ese invento que se utilizó en Cuba por los años 70.

Ayer fui a comprar una caja de cereales y dentro de la misma venía un CD de regalo, eso no me asombró después de once años viviendo en este país, pero me trajo recuerdos del mío y me reí un poco. Hay que reírse porque las cosas de los comunistas no tienen nombre. ¿No se acuerdan ustedes de aquella época que les dio por vender los productos convoyados? Bueno, estoy seguro de que los jóvenes no lo recordarán. No todos los tiempos han sido tan malos que digamos, los ha habido regulares, malos, muy malos y malísimos. Porque hablando en plata nunca existieron los buenos, siempre falta algo que complete la felicidad del ser humano en la isla, y en esto último ese gobierno es especialista.

Por allá por el 73 ó 74, las tiendas se vieron algo surtidas y todos pensamos que desaparecería para siempre la odiada libreta de racionamiento. Nos equivocamos entonces porque la libreta viene siendo parte del cuerpo de un cubano, más o menos una costilla. Entonces los que siempre han dirigido nuestro país se pusieron muy nerviosos, pensaron que se encontraban regresando al capitalismo e idearon una forma de salir de aquellas mercancías que se mantenían pasivas en sus almacenes. ¿Cómo? Ahí es donde aparece el convoy (¿comboy?)

Recuerdo que en el barcito que existía entonces muy próximo al faro de Santiago de Cuba, arribamos por esas cosas del destino Ríos y yo, no es éste que mencioné anteriormente, aquel falleció hace unos años, pero era mi socio también. Pedimos dos cervezas y la camarera nos dijo que teníamos que comernos una croqueta. Nosotros sentíamos unos deseos tremendos de mitigar la sed que provoca el asfixiante calor de esa ciudad. No había opción y con disgusto comenzamos a bajar aquella croqueta que siempre se aferraba al cielo de la boca. Fue insuficiente una cerveza para poder bajarla y pedimos otra, pero la empleada nos dijo que tenía que ser convoyada y aceptamos. No hubo maneras de poder bajar la segunda Apollo 11 y la dejamos en el plato. De verdad que cuando tienes el estómago vacío bastan solo dos cervezas para ponerte contento, y ya lo estábamos, que no les quepa la menor duda. Ese fue nuestro primer contacto accidental con el sistema de convoy impuesto en la isla, deben pensar que nosotros siempre nos manteníamos navegando y descubríamos esos cambios de la misma forma que Colón cuando tocó tierras cubanas.

La cosa era peor de lo que suponíamos y el convoy comenzó a formar parte de nuestras vidas. Si ibas con la libreta a comprar bombillos a la ferretería, el empleado te decía con toda la tranquilidad del mundo.

-Si quieres un bombillo tienes que comprar una escoba.-

-Pero bueno, yo solo necesito el bombillo.- Le respondías indignado (encabronado en cubano)

-Lo siento, pero es lo que está establecido.- Te respondía con tremenda pastosidad.

-Pero yo solo tengo problemas con el bombillo de la cocina.- Insistías haciendo de tripas corazón.

-Lo lamento compañero, pero es lo que está orientado.- Te respondía el empleado con esa firmeza que caracteriza a todos los revolucionarios.

-¿Orientado por quién?- Y no dejabas de ocultar tu enojo (encabronamiento en cubano)

-Las órdenes vienen de arriba.- Te respondía el compañero empleado sabiendo de antemano que te había vencido, entonces se te bajaban los humos (encabronamiento en cubano, y gracias a Dios que no me acuerdo en estos momentos de otras palabras) Arrancabas para la casa con el bombillo y la escoba de fibra vegetal. Peor aún era llegar a una farmacia.

-Me da una cajita de supositorios infantiles para la fiebre.- La tipa te miraba de pies a cabeza y con toda la tranquilidad del mundo te respondía.

-Si, hay cajitas de esos supositorios, pero tienes que llevarte un paquete de condones chinos.- La mirabas con ironías y para seguirle la rumba le preguntabas siempre algo.

-¡Ven acá mamasita! ¿Y si quiero comprar el paquetico de condones?

-Eso es otra cosa.- Miraba una larga lista confeccionada a mano y te respondía imperiosamente. -Debes comprar un paquete de Intimas (Toallitas sanitarias).

-¿Y si compro las íntimas?- Revisaba de nuevo su guía cuidadosamente.

-Tienes que llevarte un pomo de Lindano para las ladillas.-

-¿Y si compro el pomo de Lindano?- Volvía a consultar su guía otra vez, pero un poco molesta (encabronada en femenino).

-Debe comprar un pomo de desodorante vaginal.-

-¿Y si compro el desodorante vaginal?

-Mire, si compra el desodorante vaginal váyase al carajo, pero antes de partir tiene que llevarse un pomo de Bismuto para las cagaleras.- No existían dudas de su encabronamiento y había que dejarla sola.

En esa divertida etapa de los convoyes me enamoro de una chamaca que tenía trece hermanos. Bueno, que no es para asombrarse tampoco, eran gente humilde que carecían en sus tiempos de televisor, radio, etc., y esa era la diversión de los viejos. ¿Saben una cosa? Siempre he tenido la duda en saber cómo rayos los mantenían, porque después del 59 era muy difícil mantener a dos. Pues nada, me dije; << Coño, la chamaca es buena, está buena, me gusta, y la voy a pedir.>> Fui de lo más entusiasmado a solicitar su mano (Que en términos generales era lo menos que nos importaba, porque todo el mundo sabe que nadie se conforma con una mano solamente).

Ese día me estaban esperando como cosa buena (es una simple suposición porque vi que la mesa de la sala tenía un mantel) Existía tremendo silencio en los momentos de mi visita y aquello me dio por pensar que se trataba de una emboscada. Me senté muy sereno en la sala por indicaciones de la que sería a partir de entonces mi novia oficial, mientras ella ocupaba un puesto en el sofá en espera de la madre. No puedo ocultar que a partir de esos instantes comencé a sentirme nervioso. Se abrió la puerta de uno de los cuartos e hizo su aparición la vieja totalmente transformada por una gruesa capa de coloretes y pintura de labios, el ambiente se invadió en pocos segundos del aroma de Agua de Violetas que vendían por canastilla para los niños, tuvo que ser así porque como carecía de fijador se evaporaba en ese corto tiempo y desaparecía como un fantasma.

La vieja (muy monona por cierto) se sentó al lado de su hija muy risueña, creo que pensaría en esos momentos; << Bueno, va disminuyendo la cuenta.>> Ya me disponía a dispararle el discurso preparado mentalmente para la ocasión, pero me detuvo el hecho de que se abriera nuevamente la puerta del mismo cuarto, y que saliera de él un cuñadito que indiscutiblemente era mariconcito. Se dirigió a la sala y se sentó junto a la vieja, aquella acción del gansito me sorprendió, y no solo eso, se me trabó el paraguas con el asunto del discursito preparado. Ustedes saben como somos los cubanos, gente cargadas de prejuicios y siempre a la defensiva pensando que todos nos quieren joder. Eso mismo fue lo que me pasó por la mente en fracciones de segundos; <<!Mira a esta vieja! ¿Se pensará que yo soy un tipo fácil? Cuando yo lo digo, hoy salí con la pata izquierda, así que venirme con ese numerito, pero se agarró el fondillo con la puerta. ¡Nananina jabón candao! Si piensa que por pedirle la mano de su hija me va a convoyar al gansito la veo muy jodida. Me levanté de aquella butaca y ante el asombro de ellas desaparecí por la puerta de la calle. ¡Así que convoy conmigo! ¿Comboy? Sigo con el trauma del idioma.

Martes, 20 de Diciembre del 2005

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