Cuba es un cuento, compay

Danzando entre chivas

OBERTURE

-Se ha perdido bastante gente del restaurante. Dijo algo mirando hacia la entrada, trataba de burlar el tedio angustioso que se vive cuando el salón está vacío y la música no puede sustituir la simpatía de cualquier cliente.

-Sí, mucha gente ha desaparecido como por arte de magia, Dios sabrá por qué lo han hecho, solo imagino los motivos de algunos. Respondió Arturo con signos de cansancio y solo por romper el silencio.

- No creo que existan muchas razones, aquí no se ha tratado mal a nadie. Contestó Alfonso tratando de hilvanar una conversación algo lejana y carente de mucho interés para él.-Antes venían más cubanos que ahora.

-Tampoco debemos preocuparnos, no dependemos de ese mercado y la comunidad cubana además de ser relativamente pequeña es muy enigmática.

-¿Y cuales son los motivos que imaginas sobre esas ausencias?

-Algunos ya los conoces, es lógico que se pierdan aquellos que acostumbraban a consumir sin pagar cuando teníamos socios en el negocio. Muchos lo hacen por falta de tiempo, la vida por acá es muy ocupada y estresada. Otros han desaparecido después que recibieran instrucciones de hacerlo.

-¿Instrucciones de quién? Esta vez se sintió atacado por la curiosidad, se dirigió al equipo de música y bajó el volumen.

-Instrucciones de allá, Alfoncito. ¿De dónde va a ser?

-¿De Cuba? No lo creo. Casi se sintió seguro al responderse, lo invadía la misma inocencia de la que Arturo fuera un día víctima. Pecaba como él lo hizo, aquella candidez infantil del que llega y cree que todo el mundo es bueno y todo lo que brilla es oro, su candidez lo convertía en una presa fácil.

-¿Por qué no lo crees?

-No creo que al gobierno le preocupe darle instrucciones a una jinetera.

-Pero no todas son jineteras ni pingueros, esos pertenecen al grupo de los que no pagaban, debes saber distinguir entre la clientela. Además, ¿quién te dijo que una simple puta no sea de interés para el gobierno?

-Yo te lo digo por una razón muy sencilla, ¿qué información de importancia pudieran brindar?

-Cualquier información es útil para ellos, hasta la que brinda una simple puta.

-No lo creo, una jinetera no tiene mucho que informar.

-Eso crees tú, no olvides que una cama ejerce mucho poder sobre la lengua.

-Pero, ¿qué información pueden brindar de interés?

-Ya te dije que cualquiera, para ellos todo es importante, es un sistema enfermo que trata de controlar la vida íntima de todos sus ciudadanos. El asunto es muy sencillo, no es la información de una sola jinetera, ellos se nutren de todo lo que reciben, todo es importante, cualquier detalle por muy insignificante que te parezca.

-¿Y crees que captarán a una puta para que trabaje para ellos?

-No es la primera vez, eso se lo han propuesto a delincuentes comunes que yo conozco en los viajes que han realizado a la isla.

-¿Qué puede informar esa gente que sea de importancia? Me rompo la cabeza y no acabo de comprender.

-Ya te dije que cualquier cosa, ¡mira!, cada uno de nosotros tiene un expediente abierto en la isla.

-¡Nooo! ¿Hasta yo?

-Hasta tú, ¿quién te da el pasaporte, quién te da el permiso de salida?

-Me lo da Inmigración.

-¿A quién está subordinado Inmigración?

-Al Ministerio del Interior.

-Sobran las palabras, está subordinado al mayor órgano represivo en la isla.

-Sí, pero qué les puedo interesar yo.

-Hoy tal vez nada, pero el mundo da muchas vueltas y mañana puedes estar trabajando en un punto clave o de interés para ellos. Puedes estar muy cerca de una persona a la que ellos consideren de importancia, y es precisamente desde ese instante que pasas a ser un individuo que reúne todos los parámetros acorde a sus necesidades. Pero bien, para llegar a ese punto, ellos se nutrieron de toda la información recibida a través de gente sin aparente importancia. Es de esa manera que conocen todas tus debilidades, aficiones, intereses, ambiciones, gustos, etc., o sea, con toda esa información que les llegó, fueron construyendo un perfil de tu persona que luego será utilizado por el agente o enviado con la finalidad de acercarse a ti u otra persona para captarlo, para chantajearlo, destruirlo, etc.

-¡Ñooo! ¿Tú crees? Me has dejado frío con esa trova.

-No era mi propósito, solo puedo recomendarte que abras muy bien los ojos. ¡Mira! En Cuba era muy sencillo detectar a cualquiera de esos personajes, los encontrabas donde quiera y era sencillo distinguirlos de la media poblacional. Si entrabas a un hotel, cabaret, restaurante, etc. Eran aquellos tipos de jeans, guayabera con un bolsillo lleno de bolígrafos y otro de tabacos, Rolex o Seiko, espejuelos calobares y un walky-talky, imagino que hoy tengan celulares y hagan alardes de su posesión. Muy cerca de él un Lada con una pila de elementos que lo distinguían de los pocos distribuidos entre los privilegiados del sistema. Hablemos de las llantas, gomas, equipo de música, cristales ahumados, pintura, caja de velocidad especial, etc. Los tipos no escondían su identidad y eso les servía de pasavante para disfrutar infinidad de privilegios y considerarse temidos por administradores y población en general. Aquí, la rumba es diferente, tratan de pasar inadvertidos, no levantar sospechas para garantizar poder realizar sus labores en silencio. Cuando uno llega es muy difícil detectarlos, pero después de unos años por acá los sacas al vuelo, ya aprenderás a identificarlos.

-¡Ñooo! Pa'mí que la mayoría de los que pasaban por aquí eran jineteras y pingueros.

-¡Abre los ojos y orejas!

PRIMER ACTO - Pas de Quatre

-¿Quieres que le solicite a Bofill un fax diciendo que pertenecías al grupo de Derechos Humanos en la isla?

-No hace falta, mi historia es verdadera y no necesito de esos servicios. En aquella pequeña oficina había tres individuos que tenían causas cumplidas por tráfico de drogas. Sobre ellos pesaba una amenaza de deportación de este país, pero no era la sana intención de ayudarlos lo que se respiraba en el ambiente. Arturo sentía claramente los propósitos insanos de vincular a ese movimiento y delincuentes con el propósito de restarle credibilidad y desprestigiarlo. El tipo que le había realizado aquella proposición era un chamaco joven que arribó a Canadá casado con una canadiense. Fue en aquellos años donde la comunidad cubana no sobrepasaba las ciento veinte personas y el jineterismo se hallaba en fase embrionaria aún. El hambruna experimentada en la isla no había cedido terreno a la invasión de turistas y los casos de arribadas por matrimonios era aún muy escasa.

-Tengo un movimiento integrado por unas ciento cincuenta personas, la mayoría de ellos son profesionales. Le manifestó Bebo en las afueras de aquella oficina donde recibió a Arturo con un abrazo extremadamente familiar. Era cierto que se conocían desde hacía muchos años, pero sus relaciones nunca fueron tan cercanas. Leves contactos de pasillos y escaleras con cruzados saludos formales. Aquel abrazo lo sorprendió y provocó en él un sentimiento de desconfianza tal vez infundado.

-Eres un afortunado, para reunir a diez cubanos que viven en entera libertad paso mucho trabajo. ¿Me hablaste de ciento cincuenta en Cuba?

-Sí, necesito apoyo tuyo.

-Apoyo en qué sentido.

-Si tienes propaganda, dinero y armas que puedas facilitarme te lo agradecería.

-La propaganda puedes venir a buscarla mañana, sacaré fotocopias del periódico del CID, es lo único que tengo a mano por ahora. Dinero no tengo, nuestro grupo acaba de formarse y la mayor parte de la gente anda sin trabajo, son recién llegados.

-¿Y las armas?

-Eso tengo que consultarlo con Miami, mañana sale un enviado para esa ciudad. Me temo que debas esperar por una respuesta y eso corresponderá a tu próximo viaje a Montreal.

-Está claro, mañana paso por la propaganda y espero que el próximo viaje tengas respuesta sobre las armas.

-¿Cómo llegaste a esta ciudad?

-Yo trabajaba en Consultoría Jurídica, es donde se casan los extranjeros con los cubanos.

-Pero eso pertenece al Ministerio del Interior.

-Sí, eso pertenece al Ministerio.

-Y para trabajar allí debes ser funcionaria de ese Ministerio, ¿o me equivoco?

-Bueno, yo era trabajadora civil.

-Pero para ser trabajadora civil del MININT se debe pasar un filtro.

-Sí, pero eso ya está muy relajado.

-¿Muy relajado?, pero hace solo tres semanas que deserté en ese país y no veo el relajo por ningún lado. ¿Cómo llegaste aquí?

-Bueno, es una historia algo complicada. Yo misma me confeccioné una carta de invitación. Ya sabes, como tenía controlado a todos los extranjeros en la computadora, saqué al azar a tres y confeccioné esas cartas que luego las hice llegar a un amigo que vive aquí para que las enviara por correo a la embajada canadiense en La Habana.

-Y como es de suponer, la embajada se tragó el cuento. ¿Y la plata del viaje?

-Yo fui comprando los dólares en la bolsa negra para cubrirme todos los gastos.

-¿Cuánto devengabas en tu cargo?

-Ganaba unos dos ciento treinta pesos mensuales.

-¿Cuánto tiempo te pasaste ahorrando para el escape?

-Unos dos años.

-¿Y cuando llegaste a Montreal?

-Ni te imaginas, llegué al aeropuerto de Mirabel y solo tenía cincuenta dólares en la cartera. Por suerte había un taxista que hablaba español, era un latino. Le conté mi problema y me dijo que con ese dinero no me alcanzaba para llegar a la ciudad, pero se brindó para hacerme el favor de ayudarme.

-¿Y a dónde te dirigiste?

-Le mostré la dirección de un periodista que escribía para Radio Martí y me llevó a su casa. Luego, ese señor me llevó para la casa de una cubana que lleva viviendo aquí unos veinte años.

-Vamos a ver si me cuadra la caja con el billete. Dices que ganabas dos ciento treinta pesos al mes y que comprabas los dólares por la bolsa negra. En esos días el cambio estaba a quince pesos por dólar, o sea, mensualmente podías comprar unos quince dólares y treinta centavos. Al año hacen una suma de ciento ochenta y tres dólares y sesenta centavos. Si lo multiplicamos por los dos años que estuviste ahorrando, llegamos a la conclusión de que en ese tiempo lograste ahorrar tres cientos sesenta y siete dólares y veinte centavos. Si deducimos los gastos de pasaporte, carta de invitación, carta blanca, etc., lo que te quedaba es una cantidad insuficiente para pagarte el pasaje en Cubana de Aviación. Pero como bien dices, aquello era un relajo y lograste que te dieran el boleto por un precio aproximado a los cien dólares porque debías conservar unos cincuenta para el arribo a un país donde no conocías a nadie, ¿me equivoco? Ella guardaba total silencio mientras Arturo sacaba sus matemáticas conclusiones.

-Es probable que no me creas, pero la historia es un poco más complicada.

-Claro que es complicadísima y me imagino que alguien de mucha confianza te haya estado manteniendo durante ese tiempo durante el cual no pudiste comprarte ni una íntima. ¿Tienes hijos?

-Tengo una hija en Caibarién.

-¡Ahhh! Eres de Caibarien.

-¡No! Yo soy de Santos Suárez.

-¿De qué parte de Santos Suárez?

-De la calle La Sola y Libertad.

-¿No conoces a Maritza en tu cuadra?

-No la conozco.

-¡Qué raro! En Cuba todo el mundo se conoce en su cuadra. ¿Sabes una cosa? Yo vivía a dos cuadras de tu casa.

-Yo creo que sufres un poco de paranoia.

-Paranoia, ¿por qué?

-Porque estás viendo un fantasma donde no lo hay.

-No es un problema de fantasmas, esos cuentos están buenos para Inmigración y la gente que lleve viviendo más de veinte años por acá, pero yo acabo de llegar igual que tú.

-¡Oye! Te llamo desde Toronto, distribuí toda la propaganda por el buque. ¿Vas a venir por aquí para tratar el asunto que hablamos.

-No, Toronto no está al doblar la esquina y estoy trabajando. Así que distribuiste la propaganda.

-Bueno, y de lo que hablamos del asunto de las armas.

-¡Compadre! Esos temas no se tocan por teléfono. Ya tengo la respuesta de Miami, pero el asunto hay que hablarlo personalmente, ellos exigen garantías y pruebas, ya hablaremos cuando vengas por aquí.

-Tienes contactos con organizaciones contrarrevolucionarias aquí en Toronto.

-¡Claro que las tengo!

-Hace falta que me conectes con ellos.

-Bueno, anota los números de teléfonos que te voy a dar.

-Oká, voy a tratar de conectarme con ellos, cuando vaya por Montreal me pongo en contacto contigo.

-¡Aló! Doctora es Arturo desde Montreal.

-¡Aló Arturo! Qué noticias nuevas tienes para mí, que sean buenas por favor.

-Doctora, hay un individuo que anda enrolado en un barco cubano que va a tratar de contactarlos. Sospecho que trabaja para la inteligencia cubana y es un provocador, los alerto de ello, se hace llamar Bebo.

-No te preocupes Arturo, voy a llamar a los servicios de inteligencia de Canadá para pedir orientaciones.

-Bueno, luego me explicas.

SEGUNDO ACTO. - Pas de trois

-¿Y cómo va tu organización? No le sorprendió su interés, lo abrumaba la duda de cómo lo había encontrado y coincidir en el mismo turno de trabajo. Arturo había comenzado a trabajar de once de la noche a siete de la mañana en una factoría donde el único blanco era él. Casi todos los trabajadores de ese turno eran de origen africano y algunos haitianos. Le dio una mordida a su sándwich y destapó el termo de café con leche mostrando indiferencia por aquella pregunta.

-La organización va bien. Le respondió con vagancia.

-¿Cuántos miembros suman ya?

-Tenemos veinticinco, pero no creo que aumente mucho.

-¿Por qué?

-Por el miedo que existe entre los cubanos.

-¿Y tienen algunos planes a ejecutar?

-Por el momento no teníamos ninguno, pero han llegado una gente de Miami… Arturo se propuso despertar el interés del que ya comenzaba a considerar un enemigo.

-¿De Miami?, ¿qué buscan por acá?

-Me hicieron unas proposiciones que yo no acepté, ya sabes como son ellos.

-¿Proposiciones?

-Sí, pero nosotros no participamos en actos de violencia en este país.

-¡No jodas! Estás hablando de algo serio entonces.

-Muy serio, ¿y tienes contacto con Bofill?

-¿Para involucrarlo en esas proposiciones?

-No, para que me mande propaganda.

-¿Y qué tipo de acción te propusieron? Arturo sintió que lo había conducido a su trampa.

-¿Sabes que Pablo Milanés va a dar un concierto dentro de unos días en Montreal?

-Sí, yo compré una entrada para el teatro, me costó veinticinco dólares.

-Lo bueno que tiene este país es que te devuelven el dinero.

-¿Por qué lo dices?

-Porque Pablo no va a cantar, lo van a secuestrar.

-¿A secuestrar? Estás hablando de algo muy serio.

-Claro que estoy hablando en serio, ellos me propusieron participar en la acción y yo les dije que no entraba en cosas de violencia.

-¡Coño! Qué pendejo eres. Dile que yo estoy dispuesto a involucrarme.

-Te mencioné como una posibilidad, pero no confían en ti. Raúl no quiso insistir cuando Arturo terminó su última frase.

-Es lógico que así sea, son acciones que deben manipularse con mucho hermetismo. ¿Y cómo van a hacerlo?

-Para serte sincero, me ofrecí como guía de ellos en la ciudad, pero solo eso. El asunto es que tienen hasta franco tiradores dispuestos cerca del teatro.

-¡Coño! La cosa es más seria de lo que pensaba.

-No te estoy hablando boberías.

-¿Y para qué van a secuestrar a Pablo Milanés?

-Para cambiarlo por María Elena Cruz Varela, ¿sabes quién es?

-Sí, una poetiza cubana que está presa y le hicieron tragar sus escritos cuando la detuvieron.

-¡Aló, Arturo!

-¡Hola muchacha!

-Fíjate que citamos al Bebo para un restaurante por indicaciones de los servicios de inteligencia.
-Hicieron muy bien, ¿cómo se desarrolló el encuentro?

-Con mucha tranquilidad, el tipo nos metió la misma trova de su organización en La Habana y solicitó la misma ayuda.

-¿Le ofrecieron algo?

-Le tendimos una trampa.

-¿Cuál?

-Le dimos cien dólares para que entregara a Gustavo Arcos Bergnes en su casa.

-No te entiendo muy bien.

-Eso se cae de la mata, la casa de Gustavo se encuentra bajo vigilancia constante por parte de la seguridad del estado. Si el tipo logra llegar hasta ella y le permiten salir del país nuevamente, es indudable de que trabaja para el G2.

-De eso no te quepa la menor duda.

-Bueno, solo te recomiendo que tengas mucho cuidado en Montreal, es una plaza muy fuerte de ellos y cuentan con un gran apoyo de la comunidad latina.

-No te preocupes, ya pensaré que hacer con ese individuo cuando pase por acá.

-¡Hola Arturo!

-Sí, ¿quién habla?

-¿Estabas durmiendo?

-Por supuesto, me acuesto a las diez de la mañana, ¿quién habla?

-Es Bebo, estoy fuera de Montreal, exactamente en Trois Rivieres.

-¡Humm! Eso queda a dos horas de Montreal y no tengo auto.

-No te preocupes, yo voy a viajar hasta esa ciudad y te avisaré cuando me encuentre allá. ¿Resolviste lo de las armas?

-Ya te dije que esas cosas no se hablan por teléfono, ¿hicieron algo por Cuba?

-Bueno, no hemos podido hacer nada. El asunto es que nos hacen falta las armas.

-¡Mira Bebo! No me vengas a joder con el asunto de las armas, se pueden hacer millones de cosas sin tirarse un peo. El caso es que Miami exige pruebas de la existencia del grupo.

-¿Y no han escuchado nada por radio Martí?

-Yo la escucho diariamente y no hay una puta noticia de ustedes.

-¡Oye! Si la propaganda que me diste la distribuí por todo el barco.

-Sí, pero estamos hablando de una organización de más de cien personas en la isla.

-No te preocupes, ya hablaremos de eso cuando nos encontremos. Solo puedo adelantarte que los amigos de Toronto me dieron una misión y la cumplí.

-¿Cuál fue?

-Me dieron un dinero para Arcos Bergnes y se lo llevé a la casa.

-¿Cuánto le entregaste?

-Le llevé unos seis cientos pesos. Arturo escuchó con atención la cifra y sacó sus matemáticas conclusiones, el cambio en la bolsa negra se encontraba a diez y siete por dólar. Bebo se había quedado con parte de la plata.

-¡Hola Migue!

-¿Qué pasó mi hermano?

-Hay un chiva que viene de Trois Rivieres en estos días, anda embarcado.

-¿Qué propones?

-Vamos a agarrarlo, lo secuestramos hasta que salga el barco y después vamos a ponerle unas plumas en el culo y soltarlo encuero como un papagayo frente al consulado cubano, ¿qué te parece la idea?

-¡Magnífica! Pero vamos a llamar a la prensa para que todo tenga repercusión.

-Eso es.

TERCER ACTO - Pas de deux

-¿Y no sientes miedo por la existencia de agentes de la seguridad en este país?

-Para serte franco, no. En la isla sentí ciertos temores, pero ahora creo que comienzo a ser un hombre libre, ¿por qué me preguntas eso?

-Por nada, simple curiosidad. Veo que llegaste hasta aquí y lo más prudente es mantenerse tranquilo.
-¿Me sugieres o me ordenas?

-Ninguna de las dos cosas, tú vives en Canadá.

-¿Y hay que sentir miedo por denunciar las violaciones de los derechos humanos que ocurren en Cuba?

-No, pero tú sabes cómo son ellos.

-¿Ellos?

-En estos días llega un amigo mío de Cuba y hace falta que le dieras albergue contigo.

-¿Y por qué conmigo?

-Porque yo soy una mujer sola y ya sabes el dime que te dirán que se puede formar.

-Aquí no hay dime que te dirán, esto es Canadá.

-De todas maneras, quiero evitar cualquier tipo de comentarios, ya sabes que soy una mujer casada.

-¿Pero eres casada?

-¿No te había dicho?

-No, que yo recuerde me hablaste de tu hija en Caibarién, pero nunca de tu marido.

-Él se encuentra en Argentina.

-¿En Argentina?

-Sí, en Argentina.

-¿Y cómo salió?

-Ya sabes, casado con una de ese país. Pero eso no es lo peor.

-¡Ahhh! Hay cosas peores.

-Sí, al cabo de un tiempo el tipo regresó a Cuba porque dijo que no le gustaba ese país.

-¿Y luego?

-Le dije que se marchara nuevamente porque yo tenía en mente abandonar la isla.

-¿Y los pasajes quién los pagaba en ese ir y venir de indecisiones?

-La mujer.

-¿Y ahora está en Argentina?

-Sí, pero viene para acá.

-Y por esa razón me quieres sonar a tu amigo, ¿y donde trabajaba tu amigo en Cuba?

-En el mismo departamento que yo.

-O sea, el hombre es miembro del Ministerio del Interior también.

-Sí, pero ya te hablé del relajo que se ha formado allá y yo le cuadré la salida.

-Muy interesante, no te niego que es cautivante toda esta historia de los relajos en el seno del Minint.

-¿Puedes tenerlo por acá?

-Por supuesto que sí, que no se diga, todo en aras de salvar la reputación de una amiga.

-Fíjate que suspendieron el concierto de Pablo Milanés.

-No te creo.

-Dicen que se encontraba enfermo.

-¿Y te devolvieron el dinero?

-Sí, se lo están devolviendo a todo el mundo.

-Suerte de vivir en este país donde existen esas garantías.

-Muchacho, con lo que hay que luchar el varo, menos mal. ¿Y cómo va tu grupo?

-Más o menos, no crece, ya sabes, hay pocos cubanos.

-¡Oye! Agrupar esa cantidad es todo un éxito, nadie lo ha logrado en esta ciudad.

-Ya lo creo, son jóvenes muy entusiastas.

-Y tienen planes futuros.

-Hemos estado discutiendo algunos para hacer sentir nuestra presencia.

-¿Cómo cuales?

-Hay uno muy sencillo de ejecutar y de gran resonancia en caso de éxito.

-Debe ser muy bueno.

-¡Buenísimo!, y sin costo alguno.

-¿Cómo lo realizarían?

-Muy simple, ya sabes de los barcos cubanos que atracan frecuentemente en Montreal. Pues bien, vamos de madrugada y le cortamos los cabos de amarre. Como hay tanto frío y la guardia de portalón estará dentro de la superestructura ellos no detectarán nuestra presencia en proa y popa. Una vez cortado los cabos nos largamos en una lancha o auto y ya sabes, corriente abajo del río San Lorenzo que tú conoces, descojonación en el puente Jacques Cartier y la rumba sigue por ahí pa'bajo.

-¡Ño! Nunca se me hubiera ocurrido esa idea, es brillante.

-¡Brillantísima!

CUARTO ACTO - Pas de trois

-Este es mi amigo del que te hablé, ¿puedes enseñarle la entrevista que te hicieron por el periódico El Popular?

-Por supuesto que sí, aquí lo tienes. Arturo se lo entregó al amigo de María y continuó preparando la mesa para la cena.

-¿Qué cocinas? Preguntó ella tratando de disimular el interés de su amigo por aquella plana dedicada a su entrevista.

-Un fricasé de pollo, ¿y tu amigo no trajo equipaje?

-No, solo esa cajita de tabacos.

-¿Y no temes por la suerte de tu familia en Cuba? Preguntó el tipo cuando hubo de concluir su lectura, Arturo no conocía aún su nombre.

-¿Y no crees que ellos tienen bastante gente trabajando en el consulado cubano? Si algo le pasa a cualquiera de mis parientes los voy a volar a todos, poco me importa si en ello caen niños. Me imagino que también deban temer por la suerte de sus compañeros.

-No te lo he dicho por nada malo.

-Yo tampoco he querido decir nada malo, solo hay una ley que se debe comprender, ojo por ojo y diente por diente, esa es la que yo aplico. A buen entendedor con pocas palabras sobran, ¿no es cierto?

-Tú sabrás lo que haces.

-Por supuesto, ese es mi mensaje. ¿Qué tiempo pasarás por aquí?

-Yo creo que dos semanas, debo esperar por la plata que me enviarán desde los Estados Unidos para pagar el paso de la frontera, ¿conoces a alguien que se dedique a ese negocio?

-No tengo ideas de quienes se puedan dedicar al tráfico humano en este país. Arturo le mentía, no deseaba colaborar con ellos en esa misión.

-¿Y cuál fue la historia que le presentaste a inmigración para aplicar al refugio?

-¿Yo? Preguntó María tomada por sorpresa.

-Tú, él acaba de bajar del avión.

-Les dije que pertenecía a un grupo de derechos humanos en Cuba y que había sido detenida en varias oportunidades. Les dije que en esas ocasiones me violaron y mientras les declaraba todo eso lloré mucho, eso no falla.

-Ya lo creo, eres muy buena actriz y en este país se le cree todo a las mujeres, es una suerte tener una raja entre las piernas. María sonrió mientras preparaba la mesa.

-¡Compadre! Esta jeva es de la seguridad, hay que comunicarlo a los servicios de inteligencia canadiense.

-No creo que le den mucho crédito a tus palabras, no olvides que fuiste oficial de la marina mercante.

-¿Y eso que tiene que ver? Cualquiera es oficial de la marina, es una profesión como otra cualquiera.

-Sí, pero en el caso cubano se debe ser de extrema confiabilidad.

-Eso no me preocupa, nunca pertenecí a nada, si desean escuchar mis declaraciones, bien.

-Yo no perdería mi tiempo, ellos tienen controlada todas nuestras vidas.

-¡Mira compadre! Nada de eso me interesa y quiero ir a denunciar a estos hijoputas. Esa gente trabaja para el G2 y dentro de poco van a infiltrar a ese tipo en los Estados Unidos.

-Hace falta que me lleves a una casa de cambio.

-¿Y dónde está María? Hace días que se encuentra desaparecida.

-No sé, ella me dijo que iba a estar en casa de unas amistades, pero realmente no sé dónde se encuentra.

-Así que ella te trajo de Cuba, se desaparece y tú no sabes dónde coño se encuentra ahora. ¿Quieres que te diga una cosa?

-¡Dime!

-Ahora mismo vamos a partir para la casa de cambio y cuando conviertas esos dólares americanos, me vas a pagar los doscientos cincuenta y nueve dólares que ustedes han consumido de mi teléfono. ¡Atiende bien lo que te voy a decir! No me voy a desprender de ti ni un solo segundo, si no me pagas esa cifra, te juro que no vas a salir de Canadá, ¿comprendiste?, yo no tengo un pelo de maricón ni de comemierda. El tipo guardó silencio y lo invitó a partir. En la calle St. Catherine y luego de cambiar dos mil dólares americanos, el amigo de María le pagó la cantidad exigida y ese fue el último día que se vieron.

Martes, 27 de Junio del 2006

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