Cuba es un cuento, compay

Alarcón, el Ñato

…? Por el amor de una mujer, jugué con fuego sin saber, que era yo quien me quemaba ?…

Su voz era melodiosa, muy pegajosa, como la de cualquier criollo trovador. No era improvisado tampoco, una parte de su vida había transcurrido sobre los tinglados de vulgares escenarios, tabernas atestadas de borrachos escandalosos, putas trasnochadas y quién sabe cuánta gente extraña de nuestra aburrida fauna. Tocaba la guitarra con la elegancia de cualquier clásico maestro que nunca conoció la gloria, solo se revolcó con Gloria sin mirar hacia delante, hasta que el manantial de los espermatozoides se viera afectado por esa sequía que molesta tanto y quieren combatirla con una píldora azul. Entonces, con la voz menguada por el humo de cigarrillos y los ataques de aguardientes baratos, recordó que la vida debía continuar mucho más allá de los surcos dibujados en su rostro y aquella caída del cabello producida por un irreparable otoño. Poca voz y una figura más triste que la del legendario caballero español que luchó contra molinos, la marina pudo ser aquel aro salvavidas del que se agarró ante un inminente naufragio.

Cada vez que terminaba la canción yo le pedía que la repitiera, él no se molestaba, siempre trataba de complacer a los demás. El amor había tocado mis puertas y con ese número muy en boga, yo me perdía, volaba desde aquella azotea santiaguera durante los minutos que duraba. A la cuarta vez alguien protestó o me mandó al carajo, regresé de mis fantasías, me encontraba en el techo de una casa, allí vivía la hermana de Alarcón. Poco antes, solo unos minutos, había escuchado con atención toda la explicación que me dieron sobre la construcción de aquel techo sin utilizar cabillas. Me importaba un pito toda la disertación sobre los métodos de construcción antiguos donde no se usaba acero en los alquitrabes, pero lo cierto es que estábamos allí, gracias al ingenio de unos cuantos cubanos. Antes de subir a la azotea, el sobrino de Alarcón me mostró los moldes artesanales donde fabricaban cada bloque de los utilizados en la construcción de aquella casa.

Poca gente era tan fea como él, horrorosa físicamente, desagradable a primera vista. Una fatal impresión cuando lo observabas de lejos, una invitación a la frigidez, insensibilidad, abstinencia, indiferencia sexual cuando te encontrabas a dos metros de distancia. El Ñato pudo ser la reacción inesperada o traicionera al supremo acto de entrega entre dos cuerpos, la paja obligada con ausencia de encantos, el reto a la atracción o rechazo, el sacrificio con un alto precio, nadie era tan o más feo que él, la fealdad tenía su punto de partida en aquella triste imagen. Alarcón era el maestro de la desproporción, la irregularidad, la alteración o capricho de la naturaleza cuando te premia con una estampa repulsiva y te vende con dones superiores al propio ser humano. Aquella fealdad era ennoblecida por esos sentimientos con niveles de fastuosidad que él poseía y regalaba a todos los que le rodeaban.

…? Por el amor de una mujer, jugué con fuego sin saber, que era yo quien me quemaba ?…

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