Cuba es un cuento, compay

Extraña coincidencia

El último viaje que realicé a bordo del buque angolano “Ngola”, salimos en lastre (vacíos) desde Luanda para Buenos Aires, la navegación fue de doce días hasta la entrada del río La Plata. Allí tomamos Práctico que nos guiaría hasta esa hermosa ciudad, corría el año 1978 y estaba en pleno apogeo la dictadura militar en ese momento comandada por Videla. Siempre que uno arriba por primera vez a un lugar, trata por todos los medios de captar al máximo las imágenes que, luego se conservan en el maravilloso mundo de la memoria.

Argentina era para los cubanos algo que solo asociábamos al tango y que identificábamos por Carlos Gardel, sería erróneo pero es así. A Cuba la identifican por un personaje más tenebroso, cada vez que dices que eres cubano, la palabra que le sale al desconocido interrogador es Fidel Castro. Dicen que Gardel no era argentino, pero hubiera preferido que a mi tierra la identificaran por él o por otro personaje de la cultura y no por este maligno individuo.

Para esperar que la carga estuviera lista nos atracaron en Dock Sud, allí nada había cambiado de acuerdo a las imágenes de las películas vistas en Cuba de la época del cantante. Las viejas grúas, las antiguas construcciones, una anciana termoeléctrica sin funcionar y el barrio a la salida del puerto era el mismo que ya había conocido. Durante esos pocos días en aquel muelle, nos movíamos hasta el centro tomando unos pequeños autobuses que allá le llaman colectivos. La ciudad era encantadoramente atrayente, las calles Corriente, Córdova, Florida, la increíblemente ancha avenida 9 de Julio con su obelisco, La Casa Rosada, el Luna Park, el Teatro de la Opera, la Plaza Once y por sobre todas estas cosas, sus bellas mujeres, allí lo devoraba todo con la vista. Sufrí una desilusión muy grande cuando llegué a Corrientes 348 para tomar una foto, y comprobé que solo era una entrada a un edificio de viviendas, así le debió pasar a muchos turistas llevados por las letras de aquella canción que la hizo tan famosa.

Un día, estando aún atracados en Dock Sud, me encontraba de guardia y veo llegar hasta el barco a un grupo de militares escoltando a varios de los tripulantes angolanos. Uno de ellos sube corriendo la escala.

-Camarada (todos éramos camaradas para ellos), nosotros tenemos problemas y es necesario que nos ayudes.

-¿Qué clase de problemas? Le pregunté.

-Es que nos agarraron con unos libros que están prohibidos en Argentina.

-¿Pornografía?

-No, son libros políticos.

-¡Coñoó! Creo que están jodidos, a ustedes los van a fusilar aquí mismo. Aquel negro se puso cenizo cuando terminé de decir aquello.

-Pero usted tiene que ayudarnos camarada, eso no lo hicimos por nada malo, es que unos camaradas de la calle nos lo pidieron.

-Está bien, vamos abajo y trataré de salvarles la vida. De verdad que al ver en el estado de nerviosismo que se encontraba aquel tripulante, me dio por joderlo un poco y meterle miedo para que no se buscaran más problemas. -Buenas tardes. Dije al grupo de militares.

-Buenas tardes y que bueno que habla español. Me respondió el que parecía ser el jefe del grupo. -¿En que puedo servirles?

-¿Usted es Oficial de ese barco?

-Si, yo soy el Segundo Oficial.

-¿El Capitán se encuentra?

-No, él está para la calle y desconozco la hora de su regreso, ¿hay algún problema?

-Sí, el problema es bastante grave, hemos sorprendido a estos tripulantes con libros comunistas en la calle. Me mostró unos libros que se titulaban “Prostitutas de la Guerra”, ya lo había visto a bordo del buque, estaba escrito en portugués.

-¿Quiere que le diga una cosa? De verdad estoy sorprendido, ninguno de estos tripulantes sabe leer ni escribir. Si lo desean pueden comprobar lo que les estoy diciendo, lo más seguro es que alguien los haya manipulado aprovechándose de su ignorancia.

-Estamos de acuerdo, pero el asunto es que esto es un delito bastante grave de acuerdo a la situación actual de este país.

-Vamos a resolverlo de una manera amistosa.-

-¿Qué propones?

-Mira, qué te parece si hacemos una fogata con toda esa porquería de propaganda comunista, mientras ellos suben al barco y les traen una botella de Licor para cada uno de ustedes y nos tomamos una cajita de cerveza. -Te lo voy a aceptar porque me has caído bien. Di la orden a todos aquellos asustados que trajeran la bebida, mientras continué charlando con los guardias, quienes no comprendían como era posible que siendo cubano actuara de esa forma. Ellos lo que ignoraban era que yo estaba más asustado que los tripulantes por la suerte que pudieran correr. Al final todo quedó en un susto y les prohibí a los marinos volver a bajar del barco hasta que no cambiáramos de muelle.

A los pocos días atracamos cerca de una comandancia militar ubicada en el puerto y comenzamos a cargar frijoles blancos para Angola. En ese muelle le pregunté al capataz de los estibadores la dirección del cementerio de Chacaritas. Se echó a reír diciéndome que era la primera vez en no sé cuantos años, que un marino le preguntaba por un cementerio, consideraba que lo usual era indagaran por los bares y los prostíbulos. Le expliqué que no ganaba lo suficiente para ir a un prostíbulo y que mi intención era visitar la tumba de Gardel. El hombre me comprendió y se asombró cuando le dije que solo me pagaban un dólar diario. Cuando terminamos de cargar los frijoles embarcamos camiones Ford y coches de trenes Fiat para Cuba. Cada vez que oigo a la gente hablando del cabrón bloqueo para justificar lo absurdo de ese sistema, siento tremenda soberbia al ver como se engaña. Aquellos coches de pasajeros dotados de aire acondicionado, servicios sanitarios, cafeterías, etc. A pocos meses de explotación en Cuba eran una verdadera ruina, el aire no funcionaba, los servicios estaban tupidos, su limpieza era deplorable y de esto, seguro que la culpa la tenían los americanos. La navegación por las costas brasileñas parece que nunca acaba, no recuerdo cuantos días consumimos en ese trayecto, creo que fueron cerca de veinte días hasta Cuba, allí nos esperaban nuestras familias y mi hija ya daba sus primeros pasos.

Todos los días que duró nuestra estancia en La Habana los tripulantes me sorprendían con algo nuevo. Una de esas mañanas que me dirigía hacia el buque y mientras caminaba por La Habana Vieja en dirección al puerto, me encontré a un tripulante vestido de kaki que era la tela más común entre los trabajadores. Le pregunté qué hacía a esas horas de la mañana en ese lugar y me contestó que estaba esperando a una chica que había ido a cambiar un billete de 100 dolares. Le dije que regresara al barco pues era difícil que volviera a ver a la chica en cuestión y por el camino me explicó que le habían robado la ropa en la casa donde había dormido. Aquella ropa se la prestaron para resolver el problema y que después la devolvería. Otro día, la policía me trajo a otro tripulante con otro pantalón de kaki, pero éste venía sin documentos, sin camisa y sin zapatos, habían acabado con él en La Habana Vieja y de seguir más días allí partirían a su país desnudo.

En unas de mis habituales guardias, estaba en el portalón del barco pasando el tiempo cuando se me acerca un camarero muy trabajador, uno de los pocos que sabían leer a bordo.

-Camarada, ¿esto que hay en Cuba es el Socialismo? Me extrañó aquello., su pregunta fue realizada con mucha seriedad.

-Sí, Tomás, esto que tú ves aquí es el Socialismo.

-¿Y esto es lo que van a poner en Angola?

-Bueno, supongo que sí.

-Camarada, el Socialismo es una mierda.

-Me alegro que te des cuenta Tomás, el Socialismo es tremenda mierda. El negro se sorprendió por mi respuesta, parece que esperaba que yo lo contradijera y al ver la coincidencia de criterios no profundizó en el tema.

Él ignoraba que tres años atrás, cuando visité a la desaparecida Unión Soviética, al ver el futuro que le esperaba a mi Patria yo había expresado lo mismo. El Socialismo era una mierda y lo demostró su fracaso, extraña coincidencia.

Esteban Casañas Lostal. Montreal..Canadá. 1999.

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