Cuba es un cuento, compay

Legado

Estaba sentado sobre el muro vacilándole el culito a dos fleteritas que acababan de pasar. Iban acompañadas de dos tipos blancos, trigueños, y con un grajo distinto al nacional. Muy fuerte, penetrante, amargo y con mucho fijador que nos trajo la brisa terral. Las muy cabronas hablaban su lengua, una jerga extraña y ruda a nuestros oídos, el grajo se mantuvo varios minutos con nosotros.

Ando, recorro cada espacio de mi mente, de mí. Sudo cuando viajo por mis viejas calles, aceras que evito por razones que conoces, pedazos de balcones que se van desprendiendo a cada paso, ausencia de flores que nunca me atrajeron como hoy. Primavera oculta y sin bendecir, solo polvo y espanto. Humedad que une piel y tela en un solo cuerpo, pegajoso pánico al que dirán y ojos que vigilan cada metro consumido, cada olor, cada voz. Miedo sin feudos, realengo de mis temores, manantial de un no eterno, inercia rota al levantar una mano, derecha o izquierda para decir mudamente que apruebo. Movimiento que no puedo evitar, instinto o reflejo condicionado que me garantiza algo, un premio, un aplauso, un equipo, un mérito. Levanto la mano automáticamente, no pienso.

Ando, recorro cada pulgada de mi malecón sedal en mano, olvido la contaminación y lo lanzo luego de varios revuelos, veo donde cae la plomada, la carnada, la esperanza. Abro una botella de ron. Buscándola dentro de la jaba choco con un pan con tortilla envuelta en un pedazo de cartucho, fría, insípida, pálida. Le doy una mordida y con sumo cuidado la coloco en el mismo lugar. Hablamos, siempre hay de qué hablar, siempre existirán razones que accionen la lengua, observaremos hacia todos lados antes de moverla, al frente, derecha, izquierda. Es una pena carecer de ojos que miren hacia atrás, es una lástima no poseer una mente capaz de retroceder en el tiempo, como el viento mismo, que viene y se va, y nunca pasó. Que triste es olvidar. Mastico y hago un pequeño esfuerzo por tragar, todo pasa por mi garganta seca, ayudo con un trago de ron que me quema, miro hacia el agua, sueño con un pargo.

No existes, no existen los que me rodean, es solo un sueño, pero debo dejarles algo, mi herencia, me anticipo al tiempo. ¿Por qué adelantarme tanto? Temo. No es sencillo vivir con ese temor que me sirve de desayuno y almuerzo, no existes dentro del forro de mis huevos, es solo un sueño, tampoco tengo garantizada una cena con decoro, ¿decoro? Muchas veces pierdo la cuenta, vago entre platos, escucho con atención los cuentos que me dejan.

¡Antes de que se me olvide! Antes del derrumbe del último edificio y deba venir otra generación a construir uno nuevo para vergüenza de los viejos, o quizás lleguen alzando aún más la mandarria para acabar de tumbarlo de una vez por todas, y poder así vivir en un terreno saturado de escombros, y donde cada piedra sepulte con fuerza cada uno de nuestros recuerdos. No te olvides de pagar la cuenta de la luz.

Antes de que el culito del pollo no produzca colesterol y se dejen de hacer chicharrones con su pellejo, y entremos en esa fase tan ridícula (al menos para nosotros), de detenernos en todos los mercados a leer las indicaciones de los fabricantes para conocer la cantidad de carbohidratos y proteínas de cada producto. ¡Oh despiadada puta memoria! No te olvides en este instante del picadillo de soya ni de la pasta de oca. Ahí te dejo la cuenta del teléfono, cierra los días veinte, pero llamé a Cuba quince veces después de la fecha, debes pagar antes del treinta.

-¿Qué comes? Se ve delicioso.

-Es un bistec de riñonada.

-¿De qué?

-De riñonada.

-¿Y está hecho de los riñones?

-No, por supuesto que no.

-¿De que parte de la vaca?

-No sé, le dicen bola, boliche.

-Se ve muy delicioso, tal vez me coma uno. ¿Es la misma carne que se usa para la ropa vieja?

-Esa es otra muy diferente a ésta y un poco más cara.

-¿Y de cual parte de la vaca es?

-Ni me imagino, es una bola. Si te pones a analizar un poco la arquitectura de una vaca, pienso que sea cerca de las nalgas, no hay otro espacio para un boliche.

-¡Hummm! Es interesante.

-¡Prueba un pedacito!

-¡Hummmm! Qué rico, delicioso, voy a pedir uno. ¿Por qué a los cubanos de la isla no les gusta?

-¿Qué no les gusta?

-Claro que no, nunca he visto a un cubano comiéndose una riñonada.

-Es que no lo conocen, apenas conocen la carne.

-¿No comen bistec?

-Nunca he visto sacarle un bistec al guardafango de un camión o de una guagua.

-¡Jajajajajajaja! Tienes cada ocurrencia del carajo.

-¿Ja,ja,já? No hay vacas, ¿de dónde carajo lo van a sacar?

-No hay vacas. Antes de Castro había muchas, ahora no hay. Intervino un parroquiano sin nadie solicitárselo.

-¿Y que pasó? Preguntó con curiosidad aquella vieja dorada por nuestro sol.

-¡Ná! Cosas del imperialismo, metieron un virus, ya sabes, la guerra bacteriológica.

-¿Y mataron a todas las reses? ¡Que hijoputas son los americanos!

-¡No mataron a nadie! Los toros se volvieron impotentes, algunos se convirtieron en maricones. ¡Ah! No solo los toros. Muchas vacas se convirtieron en lesbianas.

-¡Qué degenerados son los yanquis!

-Ni te cuento, acabaron hasta con las posadas. ¿Me permites continuar con el testamento?

-¡Claro, claro! ¿Dejas algo?

-¡Sí! Muchos recuerdos.

Pastor se coloca unos tres metros a mi derecha, coloca su jaba de yute sobre el muro con movimientos estudiados. Saca una latica oxidada repleta de anzuelos hechos a mano. La latica fue un día recipiente de pomada, la tomo en mis manos y trato de leer, es una pena, las letras se habían borrado y quedé con esos deseos de consumir algo diferente a lo que se leía en los periódicos, solo consignas y logros. Extrajo una botella sudada de agua para beber y me ofreció un trago, sentí como viajaba a su destino el pedazo de pan seco que había tragado unos minutos antes.

-Orita pasa el pargo.

-¿Cuándo?

-No sé, dicen que ya comenzó la corrida.

-¿Corrida? ¿Cómo la de los toros?

-No seas comemierda, dale al carajo. Luego se apresuró a revoletear su sedal antes de lanzarlo. Nos agachamos unos instantes hasta que decidió soltarlo, siempre era así, no tenía buena puntería. Unas veces caía a la izquierda, otras a la derecha, no pocas en la amplia avenida. Todos la seguíamos con la vista, la carnada, la plomada y la esperanza. Le dio varias vueltas del sedal a una latica de leche vacía y la colocó sobre el muro. Extrajo de la bolsa un cartucho y le dio una mordida a su pan.

-¿Qué trajiste hoy?

-Pan con tortilla.

-¿Tortilla de qué?

-De huevo.

-No seas berraco, ¿de huevo con qué?

-Huevo con huevo.

-Que aburrimiento, siempre lo mismo.

-¿Y Pancho?, ¿qué trajo? Preguntó o pregunté.

-¿Quién sabrá? Estaba sentado sobre el muro vacilándole el culito a dos fleteritas que acababan de pasar. Iban acompañadas de dos tipos blancos, trigueños, y con un grajo distinto al nacional. Muy fuerte, penetrante, amargo y con mucho fijador que nos trajo la brisa terral. Las muy cabronas hablaban su lengua, una jerga extraña y ruda a nuestros oídos, el grajo se mantuvo varios minutos con nosotros.

-Y hablan de nosotros los negros. Dijo Pancho cuando decidió bajarse del muro para abrir su saco. Extrajo una botella de walfarina y se dio un trago, una macabra mueca mostró su blanca dentadura mientras la botella pasaba a manos de Pastor.

-¿Trajiste algo de merienda?

-No, se me olvidó, se me hizo tarde, la vieja no había llegado del trabajo, ya sabes.

-Ya sabíamos. Pensé, Pastor pensó.

-No hay cráneo, luego compartimos. Ríos permanecía tirado sobre el muro, su teoría sobre el paso del Pargo era bien distinta, no llegaría hasta después del crepúsculo y el sol aún tenía quince grados de altura. Eso solo ocurriría cuando la declinación norte fuera próxima a los veinte grados. No sé quién coño se lo diría, pero no se molestaba en levantarse hasta cumplido esos requisitos donde se descontaban los días de luna llena, cuarto creciente y menguante. Hablaba y hablaba siempre acostado con la cabeza sobre su jaba de yute. Hablaba y hablaba de templetas, solo de eso, tenía un bollo metido en la cabeza.

-¡Me picaron! Gritó Pastor.

-¿Grande o chiquito?

-¡No sé!

-¿Como que no sabes?

-No sé. Solo sé que picó.

-¡Coño! Pero tienes que saber si fue grande o chiquito. Insistió Pancho.

-No lo torturen, dejen al infeliz tranquilo, ¿cómo coño va a saber si es grande o chiquito? Dijo Ríos con sorna.

-Es verdad, nunca lo ha visto pasar.

-¿Van a hacer otra vez la noche conmigo?

-Te estamos ayudando, coño. No puedes meterte toda la vida a pajas limpias. ¡Tienes que chocar con la bola algún día!

-¿No han vuelto a picar? Pancho siempre trataba de desviar los temas de conversación que molestaran a alguien.

-Tal vez se jamaron la carnada.

-Saca entonces. 

-¡Claro Pastor! Hay que meter y sacar, ese es el tema, meter y sacar. Intervino Ríos nuevamente.

-¡Ven acá Pancho! ¿Conoces a algún Babalao?

-¿Pa'qué?

-Me recomendaron hacer unos trabajitos y tengo que darle jama a mi Eleguá.

-En el barrio hay muchos.

-Pica o no pica.

-No pica.

-Ya se los tengo dicho, hay que esperar al crepúsculo.

-Tal vez se jamaron la carnada.

-Saca entonces.

-¿Y tienes que darle de jama a tu Eleguá?

-Eso me dijo el socio.

-¡Coño! Eso es un asunto muy serio. Debe ser grave tu problema para que te manden a darle jama al ecobio. Ni jugando se menciona esa palabra en estos tiempos, ¿jama?

-Siempre aparece algo que darle. ¿Picó algo, se jamaron la carnada?

-Tiene una pequeña mordida, voy a lanzarla de nuevo.

-¡Agáchense nuevamente! Ríos se bajó del muro, todos nos alejamos unos diez metros de la posición de Pastor. Revoleteó unas quince veces antes de lanzar la plomada, la carnada y la esperanza. La seguimos con los ojos y vimos chocar contra la puerta de un camión que pasaba tras nosotros.

-¡Oye maricón, afina la puntería! Pastor recogía a toda velocidad el sedal.

-¡Asere! Antes de ir a un Babalao lleva a tu Elegua a un campo de tiro pa'que te corrija la puntería. Ríos se acostó nuevamente sobre el muro.

Antes de que las mujeres puedan colocarse algo decente en sus partes todos los meses y te olvides de eso, recuerda pasarle algo a la Visa.

-¿Llevas mucho tiempo por acá?

-El suficiente.

-¿Cuántos años?- Hay que tener tabla, es interesante trabajar con público, muchos desean conocer, es una sed insaciable de curiosidad. Otros revientan y te sueltan todos sus problemas a boca de jarro, y tú cargado de ellos sin dirección donde poder disparar.

-Digamos que unos catorce.

-¿Y piensas regresar cuando cambie aquello?

-¡No, men! De aquí pal polo norte. Prefiero vivir entre pingüinos y osos, todo es venenoso al sur del río Bravo. A mí no me agarra más nunca una isla, son una trampa, y este continente es una mierda. La mujer me escucha, calla, piensa. Piensa en el negrito que tiene en Holguín y le baja su manguera de Pascua a San Juan. Pastor comienza a revoletear su cordel nuevamente, Ríos se baja del muro, Pancho y yo nos alejamos unos quince metros. Seguimos atentamente todos sus movimientos, esta vez acertó, vimos como volaban plomada, carnada y esperanza, todas cayeron en dirección al centro del canal.

-¡Asere! No la saques otra vez, no es fácil estar en este sube y baja. Protestó Ríos. ¿Por qué no te empatas con Herminita?

-Porque tiene las tetas grandes.

-Pero es mejor que una paja. Te vas a volver loco con ese queso acumulado en el coco.

-Tal vez si chocaras con la bola afinarías la puntería a la hora de lanzar la plomada.

-Es decir, el tipo que ustedes conocen está falta de aquello.

-¡Asere! No comiencen con la misma trova, luego acabamos en peleas. No se olviden que Pancho es patriota.

-¿Patriota?

-Me suena rara esa palabra, la usan tanto en Miami.

-¿Y como te enteraste?

-Por pura casualidad.

-¿Casualidad?

-Sí, casualmente estaba sintonizando una emisora y me entró Radio Martí.

-¡Qué casualidad!

-Hoy estaba en una parada fumándome un cigarro y cuando llegó la guagua, tú sabes. ¡Muchacho, pa'qué fue aquello!

-¿Mucho lío pa'montar la guagua?

-¡Ná de eso! Viene un tipo y me grita, ¡No lo bote compañero!

-¿Te pidió el cabo?

-Que no era cabo tampoco, era sargento.

-Pero eso es normal, ¿no has visto a los que recogen cabos en la calle para fabricar Tupamaros?

-Sabes que siempre estoy afuera, ¿qué dirán de nosotros las nuevas generaciones?

-No te rompas el güiro, ellos tendrán sus períodos especiales como éste.

Antes de que las cosas cambien y se pueda entrar a un hotel, no pido tanto, solo una posada decente donde hacer el amor, y un lugar donde hacer el amor no sea solo templar, un espacio donde sea posible amar. Antes de que llegue ese inevitable tiempo, te dejo la deuda con la Master Card.

-¿Ese es Silvio?

-Sí.

-¿Te gusta?

-¿Por qué no? Hijoputa aparte, es buen compositor.

-No es por ná malo, solo que como es miembro del Poder Popular.

-Si pudiéramos sentarnos un día a disfrutar a Silvio y Pablo junto a la Stefan y Willy Chirino. ¿No crees que fuera maravilloso?

-No es mala idea, pero ya sabes.

-¿O es que Celia no ha sido una gloria de Cuba?

-No digo lo contrario, solo pienso.

-Pero no se resuelve nada con pensar, hay que hablar.

-Eso creo, ¿te has vuelto moderado?

-¿Y a quién consideras extremista?

-No te considero, son solo rumores.

-Ya pasaron exactamente veinte minutos del ocaso, ¿ven el cielo?, éste es el crepúsculo. Comienzo a pescar. Se bajó del muro y buscó dentro de su jaba de yute. Sacó un cartuchito que fuera sometido a la presión de su pesada cabeza, Ríos era cabezón, lo es porque no ha muerto. Le dio una mordida a algo, Pastor se mantenía en silencio y saltaba ante las picadas de posibles enanos Ronquitos, era así de nervioso. Todos giramos la cabeza al mismo tiempo, la misma chamaca con el tipo de la peste conocida. Andaba mostrando la punta de su blumersito, ¡qué raro!, no era el horario de la brisa terral, se había roto el ciclo, es probable que haya desaparecido la marea barométrica sin darnos cuenta. No es probable, es seguro. Revoleteó varias veces mientras nos agachamos y su plomada, carnada y esperanza cayeron bien lejos, no se puede negar que tenía mejor puntería que Pastor, pero era desesperado.

Antes de que se me olvide y no hagan falta evaluaciones firmadas por el secretario del partido. ¿Evaluaciones para qué? Se preguntarán. Tal vez para una escuela, un refrigerador, un teléfono, un apartamento, pa'lo que sea. Cuando las cosas cambien inevitablemente y todos pierdan la memoria, no te olvides de la renta de la casa.

-¿Y cómo llegaste? Aquella pregunta era una constante como pi por erre al cuadrado.

-Hasta'qui no llegan balsas, esto no es Miami.

-¿Y cómo llegan los cubanos?

-¿No lo sabes?- ¿O te haces el comemierda? Pienso.

-No lo sé. Mientes y lo sabes, trato de fingir.

-Llegué en un barco y deserté.

-¡Ahhh!........Silencio.

-Ya sé que no te gustó mi respuesta, no te caigo bien. Preferirías escuchar que llegué casado con una quebeca. ¡Claro que sí! Y luego inventarte miles de fantasías sobre los lazos que unen a ambos pueblos. ¡Ahhh! Pero ocultas que esos matrimonios duran menos que un merengue a la puerta de un colegio, ¿no es verdad? Ya sé que entre los mojones que tienes metidos dentro de tu cabeza yo soy un gusano, ¿y aquellos?, ¿cuántos se han casado por amor?, ¿cuántos?, ¿no sabes o te haces el bobo?

-¿Conoces Cayo Largo?

-No.

-¿Cayo Coco?

-No.

-¿Cayo Guillermo?

-No, ¿lo conocen los cubanos comunes?

-¡Ahhh!........ Silencio.

-No hablas porque no te conviene, ¿puede entrar mi gente a esos lugares dentro de su propio país? Para qué hablar.

-¿No te han picado?

-No han picado.

-No importa, saca y revoletea de nuevo, cambia de posición la carnada.

-¡Asere! no estés mandando a Pastor a revoletear, el tipo es un peligro.

-Qué importa si debemos movernos o nos rompe la cabeza, algo debe despertarnos.

-¿A qué hora es la corrida del pargo?

-Quién carajo lo supiera, solo pasan jineteras.

Antes de que se resuelva la situación de la carne con el invento de las vacas enanas, y no existan apagones que interrumpan el funcionamiento de las famosas ollitas arroceras. Antes de que resuelvan el problema del transporte y no sea necesario enviar bicicletas. Cuando dejen de prohibir el uso de las antenas parabólicas, y las putas dejen de ser consideradas personas de éxito, y los padres dejen de vivir del sudor de ellas. Te dejo la cuenta de la electricidad, no es mucho.

-¡Me picó!

-¡No jodas!

-Ni se te ocurra sacar y revoletear.

-¿Quieres una cerveza?

-Tráeme una si te llegas hasta la nevera.

-¿Correrá el Pargo hoy?

-No sé, tira el cordel hacia el sur.

-¿Qué será de la vida de Pastor?

-Creo que se casó.

-¡Ñoo! Encontró mujer, cómo será.

-¿Cómo te va, te vas adaptando?

-Es duro.

-Nada es fácil en la vida, te adaptas o continúas con la depresión del principio.

-¡Me picaron!

-¡Deja que se la trague! Tú también eres un peligro. ¿Qué será de la vida de Herminita?

-Debe ser una vieja con las tetas por el piso. 

-¿Estará viva? ¿Y sus hermanas, y Pancho, y Pastor?

-¿Qué será de ellos?

-¿Han picado de nuevo?

-No.

-¡Me picaron!

-¡Deja que se la trague! Tú eres un peligro.

-¿Qué será de la vida de Ríos?

-Hace unos meses que se piró.

-¿Se llevó a la mujer?

-No, salió por carta de invitación.

-¡Qué drama! A saber el tiempo que tarda en sacarla.

-¿Te han picado nuevamente?

-No.

-¡Saca y tira un poco hacia el norte! ¿Pasará el pargo hoy?

-Puede que veinte minutos después del ocaso. Un grave olor amargo, penetrante y fuerte les hizo virar la cabeza. Una chamaquita de unos quince años andaba junto a un extraño de lengua conocida. No era el horario de la brisa terral, es probable que esas alteraciones hayan sido producidas por la presencia del Niño o las perforaciones de la capa de ozono. Pensó Pastor mientras Pancho se dirigía a su Lada en busca de una botella de ron.

-¿Te acuerdas de cuando las mujeres usaban calzoncillos atléticos?

-Sí.

-Te acuerdas de cuando nos hacíamos camisas con telas de sábanas?

-Sí.

-¿Te acuerdas de la Walfarina?

-Sí.

-Hoy le llaman Chispa'e'tren. ¿Te acuerdas de todas las promesas incumplidas?

-¡No! Ni nunca te acordarás, siempre pasa lo mismo, unos pierden la memoria con la CocaCola, otros la pierden con un Lada, que lástima, así se perdió un Unicornio.

Antes de que se me olvide y se reconstruya La Habana, bueno, antes de que renazca como ave de Fénix sobre sus cenizas, porque habrá que construirla nuevamente. Antes de que todo eso ocurra y yo no esté presente, acuérdate de pagar la factura del carro.

-Papi, ¿puedes cambiar la música?

-¡Coño! Pero esta música es cubana.

-Por otra más moderna papichuli.

-¿Les gusta Isaac Delgado?

-¡Perfecta!

-¡Ñoo! Se manda y se zumba esa enana, tremenda cintura. ¿Es de aquí o de allá?

-Es cubana.

-No existe mejor respuesta.

-¿Pica algo?

-No.

-Voy hasta la nevera por otra cerveza, ¿quieres otra?

-¡Tráeme una Presidente!

-Aprovecha y saca, tira más hacia el sur.

-¿Pica algo?

-No.

-Recoge y vámonos pal carajo, este malecón está lleno de jineteras.

Antes de que se me olvide y sea normal viajar en ambos sentidos. Antes de que soplen a todos los palestinos que son policías en La Habana. Antes de que se marchen todos esos viejos de mi generación y se borren las cosas de la mente. Solo deseo una cosa, dejarle a las nuevas generaciones mi herencia. Decirles que aquel sueño bonito en el que envolvieron a tantos cubanos fue una mierda, una reverendísima mierda. No te olvides de pagarle al gobierno los impuestos.

Ando, recorro cada espacio de mi mente, de mí. Sudo cuando viajo por mis viejas calles, aceras que evito por razones que conoces, pedazos de balcones que se van desprendiendo a cada paso, ausencia de flores que nunca me atrajeron como hoy. Primavera oculta y sin bendecir, solo polvo y espanto. Humedad que une piel y tela en un solo cuerpo, pegajoso pánico al que dirán y ojos que vigilan cada metro consumido, cada olor, cada voz. Ríos apuntó y lanzó hacia el sur, ambos seguimos con la vista el viaje de la plomada, la carnada y la esperanza.

Lunes, 13 de Junio del 2005

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