Cuba es un cuento, compay

Mandado a matar

No recuerdo la capacidad de aquel teatro de la empresa, lo imagino para unas doscientas personas, es solo una suposición. Se encontraba en el tercer piso de aquel edificio, allí radicaban todas las oficinas del departamento de Capacitación y sus aulas. Como todo teatro, contaba con un escenario, pero en las contadas ocasiones que me vi obligado asistir a él, nunca disfruté de un acontecimiento cultural.

Me senté por primera vez en una de sus butacas en Julio del año 67, era yo un chamaquito desmovilizado del Servicio Militar Obligatorio, entre mis sudadas y temblorosas manos, tenía la boleta entregada por una comisión del Ministerio del Trabajo antes de desmovilizarme. Yo era un pretendiente a la plaza de marino mercante en este país.

 Vestía un pantalón de muselina china de color gris claro, lo había comprado por la libreta dos años antes de ese evento, llevaba una camisita de nylon que me hiciera una costurera de la playa Santa Fe con tela obtenida de un paracaídas, recuerdo que lo dividimos entre cuatro amigos. Los mocasines tenían gran kilometraje recorrido, los cuidaba como si fueran de oro, porque en aquella época cambiaban la libreta anualmente como siempre a ocurrido, pero en la nueva te anotaban los artículos que ya habías adquirido. Nadie sabía cuando iba a tocar nuevamente una prenda de vestir, ni cual era el límite de tiempo establecido para esas piezas tan necesarias. Esa era la ropita de los sábados y domingos, y la de todas las fiestas.

El teatro se encontraba a tope de muchachos en iguales condiciones que yo, jóvenes cuyo principal equipaje era un baúl cargado de sueños e ilusiones. Al rato se hizo silencio en aquella reunión informal,  presidida por dos elementos de los cuales nunca olvidé sus nombres. Uno era representante del Partido y nombrado Sujo, el otro era un Sobrecargo trigueño y de ojos verdes llamado Savlón, quien luego llegó a ocupar distintos cargos administrativos durante muchos años en Navegación Mambisa.

En la medida que iban alternando su participación en la exposición de calamidades y peligros exagerados hasta límites casi increíbles, pues mientras ese tiempo iba transcurriendo, los muchachos solicitaban la boleta que les habían entregado y se retiraban del teatro. Se rajaban, como solía expresarse en aquellos tiempos. Dos horas después, solo quedábamos poco más de una veintena de suicidas dispuestos a continuar nuestra aventura. Aquellas reuniones se repitieron en tres ocasiones sucesivas, hasta lograr una cantidad aproximada de unos ciento veinte muchachos dispuestos a morir por montarse en un barco. Nuestra primera navegación se desarrolló por varios campos de La Habana, nos mandaron para la agricultura durante un año. Tiempo durante el cual se realizaron infinidad de eliminatorias, muchas más exigentes y difíciles que las Olímpicas. Logramos sobrevivir unos setenta soñadores como yo.

Veinte años después, me encontraba sentado en el mismo teatro pero en diferente butaca. Era un marino experto, un hombre maduro con la piel curtida por el salitre y el cabello premiado por las canas. Vestía uniforme de reglamento color beige, y sobre mis hombros descansaban las charreteras de Primer Oficial. Esta vez mi equipaje era distinto, cargaba conmigo un enorme baúl repleto de desilusiones, sueños rotos, amarguras sufridas en campañas, heridas que no sanaban y fueran producidas por incontables traiciones, amigos y amores que se perdían al disiparse esa fugaz niebla que es la vida.

 Nada había cambiado en aquel teatro, el escenario era el mismo, no recuerdo si hasta su pintura. Las razones de mi presencia eran distintas también, creo que en ese momento recibíamos una conferencia de psicología, el público era otro, entre ellos, solo se encontraba uno de aquellos muchachos, yo. Estaba pasando el curso de recalificación exigido por la OMI (Organización Marítima Intergubernamental) Todos éramos Capitanes y Primeros Oficiales, algunos de los presentes, detestables  individuos a bordo de nuestros buques.

 A mi lado se encontraba un “socio” al que conocía desde hacía más de una década, no quiero dar detalles sobre él para protegerlo, y como es de suponer, su nombre será cambiado en este trabajo. Estoy muy seguro de que si algún día lo lee se reirá de mis cosas. Cuando lo conocí yo era un Segundo Oficial consagrado, él era un simple marinero. En esta fecha estaba a punto de pasarme por el lado, razones sobraban, era militante y yo no.

 Mongo era un socio dedicado entre otras cosas al bizne, pero no a uno cualquiera. Era de esa gente depredadora que estaba acabando con el patrimonio cultural de la isla. No había porcelana francesa antigua que se le resistiera, cuadros, libros, lámparas, joyas, etc. Su último negocio le había reportado entonces una buena suma de fulas, fueron veinticinco mil, algo respetable en la isla. No todo el dinero quedaba en sus bolsillos, pero sí una buena parte de él. Había vendido a un extranjero dentro de la isla un boceto de Picasso. No trabajaba solo, con frecuencia me hablaba de su equipo, nunca los llegué a conocer, pero en el fondo los admiraba, había que ser valiente para dedicarse a esos menesteres en la isla. Aunque formaban parte de esa fauna que acababan poco a poco con reliquias de nuestra cultura, y explotaban también las necesidades y calamidades por las que pasaba la población, yo los aprobaba en silencio. Lo hacía consciente de que todo marchaba mal y aquello era un delito, pero lo justificaba cuando veía que el principal explotador de ese sufrimiento lo era el propio gobierno cubano. Para bien de mi socio Mongo, su equipo estaba integrado por personas ajenas a la marina. Cuanto negocio se hacía entre marinos estaba condenado al fracaso, eran demasiado habladores, pecaban de ostentadores, existía una enorme competencia en el modo de vida entre ellos, y lo peor, cuando caían presos había que darles bofetadas para que se callaran, existieron excepciones muy conocidas dentro de la flota, pero en términos generales actuaban así. Luego, cuando por una u otra razón caías en baja, la mayoría de ellos te daban la espalda por temor a ser señalado. La palabra amigo cobró un altísimo valor al correr de los años, hablemos de socios mejor.

-¿Conoces al gallo que está sentado en el cuarto asiento de izquierda a derecha de la segunda fila? Me preguntó muy bajito.

-Desde hace una pila de años, ¿por qué? Le contesté con igual volumen de voz.

-Cuando llegue la hora de la merienda te voy a poner una. No insistí, sabía perfectamente que no podía ser escuchado por otras personas y nos mantuvimos atentos a la arenga disparada a boca de jarro por la psicóloga de la empresa.  Media hora más tarde bajábamos como de costumbre a tomarnos un café aguado que vendían en la cafetería La Luz, ubicada en la calle Obispo y frente a la entrada del Ministerio de Educación.

 Perdíamos unos minutos en la acera frente a nuestra empresa, casi siempre saludando a socios que dejábamos de ver por las navegaciones. Esas separaciones podían tomar años y un nuevo encuentro se celebraba con fuertes apretones de manos. El intercambio de palabras expresadas según nuestras reglas de urbanidad, casi siempre a todo el volumen de salida de nuestras gargantas y adornadas también con alguna palabra obscena era muy común entre marinos. Ese día perdimos casi la mitad del tiempo asignado para la merienda en esos intercambios, luego, Mongo me invitó al bar de El Patio y hacia allí dirigimos nuestros pasos con toda la naturalidad del mundo. Digo que era natural, porque no era nada asombroso perder un turno de clases y hasta el resto de la clase arreglando al mundo entre tragos de mojitos.

 A esa hora de la mañana no hay muchos clientes en el lugar, solo una colita de aquellos que deseaban merendar algo en el portal, cosa que no hicimos con frecuencia debido a la lentitud de los servicios existentes en toda la isla. Mi socio pidió dos mojitos y nos fuimos a sentar en una de las pequeñas mesitas que había en ese bar.

-Me enteré que tuviste tremenda candela en el último viaje que diste en el “Bahía de Cienfuegos”. Dijo evitando todo preámbulo, como si deseara que le contara todo en el tiempo que nos tomábamos aquel trago. Mi dedo índice recorría una grieta experimentada sobre el mármol de la mesita, la encontraba muy parecida al recorrido de un río con varios afluentes, pero en ese caso las aguas eran negras como el asfalto, debió ser el churre acumulado durante años. Puse el dedo sobre la superficie donde nacía aquel imaginario riachuelo y al levantarlo para tomar el vaso la sentí pegajosa. El vaso estaba empañado, se notaba la ausencia de detergente, pero aquel detalle era insignificante para nosotros los cubanos, nos acostumbramos a vivir en tranquila armonía con la mierda. Dentro del vaso, además de los cubitos de hielo, la ramita de hierba buena y el zumo del trago, descansaba una cucharita de aluminio, no había revolvedores plásticos con la figurita de La Giraldilla. Siempre teníamos la costumbre de llevárnoslos y yo poseía una buena colección de ellas en mi casa de todos los colores. A los camareros no les importaba que te las llevaras siempre que les dejaras una buena propina, era una manera fácil de coleccionar copas, vasos y hasta cubiertos.

-Ya lo dijiste, tremenda candela tuve y de milagro estoy sentado contigo. Le respondí mientras me llevaba el vaso a la boca, me cambié de asiento y le di la espalda a la pared. Mongo comprendió las razones.

-Creo que es mejor ese lugar, imagino la cantidad de enemigos que tengas ahora. Esa medida de precaución la mantuve durante muchos años, el día que la consideré innecesaria, pues ese día por poco me cuesta la vida aquí en Montreal.

-No eres bruto y sabes de la pata que cojean muchos pendejos, quiero verle la cara al tipo que trate de agredirme.

-¿Y cómo fue la cosa? Porque para fumarse a tanta gente a la vez tuviste que moverte rápido.

-Yo me río de las conferencias que nos da la psicóloga, tantos años lidiando con hombres me han enseñado a conocerlos y si algo me ha salvado, es precisamente esa rica experiencia adquirida.

-Tu problema sonó y llegó bien alto, no es fácil ganarle una pelea al capitán, a todo el partido de abordo y al político.

-Así mismo es, pero como te dije anteriormente, conocer a los hombres fue mi salvación. Estando atracados en Polonia hubo una reunión del Partido, ¿pues que tú crees?, al día siguiente nadie me miraba a los ojos, todos evadían esa mirada delatora, porque déjame decirte algo, si deseas saber cuando alguien te ha traicionado, nunca dejes de mirarle a los ojos, ellos solos hablan. Como te contaba, al notar aquella actitud tan rara entre hombres que normalmente compartían conmigo me dije; aquí hay gatos encerrados. ¡Mira muchacho! Me pasaba todos los días escribiendo a máquina un informe detallado sobre las fechorías cometidas por esa banda de hijoputas, aquel informe era de 25 páginas y con copias para todos lados. Tú sabes que mi mujer dio ese viaje conmigo, tuvo una duración de nueve meses y si no llegué preso fue porque al menos despejaba con su presencia, pero deseos de matarlos no me faltaron. Tomé el vaso nuevamente mientras observaba el interés de Mongo por el tema.

-Me imagino, ¿y cuándo es que explota la candela?

-Frente a las costas de Oriente, creo que navegábamos al norte de Boca de Samá con destino a La Habana. Me toca el secretario del partido a la puerta del camarote y me pide que llegue hasta el del político, tú sabes que en esos buques se encuentran al lado del camarote del Primer Oficial. Pues cuando llego allí, el personaje se encontraba sentado en su buró con unos papeles en las manos. No creo que lo hayas conocido porque este negro no era miembro de la flota, era un oportunista que trabajaba en el dique y cuando hicieron la captación para ese curso enseguida se apuntó. Bueno, déjame hacerte bien el cuento, me paré frente a él y a mi lado derecho se mantuvo el secretario del partido, un mulato engrasador al que todos conocen como “El Chino”, este tipo había navegado conmigo en el buque “Aracelio Iglesias”, en fin, el negro Ignacio me da esos papeles.

-Mire Primero, esta es la evaluación política que cada viaje se le hace a los oficiales, esa es la opinión del partido, así que la firma si está de acuerdo, y de no estarlo la puede firmar al lado donde dice que no está de acuerdo. La tomo y leo lo siguiente:

 …En reunión efectuada en la fecha tal, y abordando el punto referente a las evaluaciones políticas que se efectúan a los oficiales con cargos de “dirigentes”. El núcleo del partido de la motonave “Bahía de Cienfuegos” en pleno y según consta en las firmas del acta levantada en la mencionada reunión, llegó al acuerdo siguiente en el caso del primer oficial de cubierta nombrado Esteban Casañas Lostal.

 El mencionado Oficial debe ser separado del cargo que ocupa dentro del buque, y se recomienda su expulsión de la flota por las siguientes razones; No posee las condiciones políticas necesarias para desarrollar esa función…

 -¡Mira Mongo!, después de leer aquel panfleto con toda la calma del mundo, y aunque te manifiesto que estaba preparado para cualquier cosa, nunca imaginé que llegaran a tanto. Hice una pausa para beberme un trago, Mongo le hizo una señal al camarero para que repitiera, evidentemente estaba más interesado en mi historia que en la conferencia de la psicóloga, ya había transcurrido el tiempo disponible para la merienda.

-¡Coñó! Me has dejado frío con eso que cuentas, todavía no me explico como pudiste escapar, ¿y en qué paró la cosa, firmaste? En ese instante el camarero trajo los tragos y terminamos de vaciar el contenido de los anteriores.

-Eso es para los bobos, mi expediente está repleto de evaluaciones sin firmar y a cada rato me llaman para que los firme y me niego.

-¿Pero ni estando en desacuerdo?

-Nada Mongo, no lo firmo de ninguna manera, si lo hicieras le darías valor a esos panfletos y como están sin firmar no pueden darle curso.

-¿Y como siguió la cosa después?

-Bueno, le tiré los papeles sobre el buró y le dije que no firmaba ni cojones, me viré para El Chino y le dije lo siguiente: ¡Mira pedazo de maricón!, cuando lleguemos a puerto te voy a agarrar en el muelle para explotarte la cara como hizo Robertico en Polonia. Me refería a un marinero que no levanta cuatro cuartas del piso, el político interviene y le dice: ¡Déjalo! No te busques líos, ya él está embarcado. El Chino no contestaba, yo lo conocía bien y sabía que era un pendejo. -Vamos a ver quién está embarcado maricón, le respondí al político. Y no te olvides de esto que acabo de decir, putica. Le manifesté al Chino. Salí de aquel camarote y subí inmediatamente al del capitán.

-¡Coñó! Tremenda candela, ¿y cuántos días antes de arribar fue que te dieron ese papel?

-Nada de días, ya te dije que fue navegando por la costa norte de Oriente. ¡Mira, muchacho!, entré al camarote del capitán y cerré la puerta tras de mí, estábamos solos y cuando me vio creo que se cagó. Recuerdo que solo le dije esto: Una vez te dije que trataras de no joderme, te ofrecí todo mi apoyo como primer oficial, pero fuiste tan maricón que te dejaste quitar el mando por ese hijo de la gran puta. Ahora amárrate los pantalones porque conmigo la cosa no es fácil, vas palante tú y el maricón que durmió contigo en este camarote en Santander. Creo que por poco le da un infarto sentado en su buró, aquello no me preocupó mucho y salí en búsqueda del camarote del primer electricista. En esto hice una pausa para beber, no me había dado cuenta de la presencia de una mosca en el borde del vaso, la espanté y se posó tranquilamente sobre el pequeño riachuelo de churre dibujado el la mesa, observaba como bebía con tranquilidad, parece que era una parroquiana acostumbrada al lugar, como nosotros.

-Yo no creo que tú hayas puesto eso del maricón en el informe. Me dijo Mongo.

-¿Qué no lo puse? ¿Y no me pedían la expulsión de la flota? No, mi socio, poco me importa lo que hagan las personas con su culo, pero estaba en juego toda una vida dedicada a esta profesión, debes pensar que era yo “solo” contra todos ellos.

-Pues mira, tremendo bombazo sonaste en ese informe, imagino el corre-corre que se formó en la empresa y el partido.

-Eso ni te lo puedes imaginar, pero si no lo hubiera hecho a estas alturas estuviera vendiendo maní en la calle.

-¿Y a qué fuiste al camarote del Primer Electricista?

-¡Compadre!, si algo me dolió de verdad, fue que ese panfleto fuera firmado por él. Lo consideré el único con cierto valor dentro de toda esa masa de descarados y vagos. Cuando entré a su camarote le dije lo siguiente: Quiero que me digas la opinión que tienes sobre mi persona. El hombre comenzó con evasivas de que si el partido, de que si no sé que mierda, en fin, estaba cagado también y le repetí la misma pregunta sin obtener respuestas. ¡Fíjate bien! Hace solo unos minutos que acabo de salir del camarote del político donde me mostraron la evaluación que me hicieron firmada por todos ustedes. Es una verdadera lástima, yo tengo un informe hecho donde hablo del trabajo de ese partido y el político. Sin embargo, en ese informe manifiesto que tú eres el único militante con vergüenza y moral en este buque. No te preocupes, para tu tranquilidad solo te digo que no voy a cambiar el contenido de ese informe, pero quiero que sepas una cosa y no necesito de ninguna reunión para decírtelo, eres otra puta igual que ellos. Le di la espalda y me fui al camarote, debo confesarte que la cabeza se me quería reventar en ese momento.

-No es para menos, creo que yo me encontraría en similar situación, con ese trueno no hay nadie que pueda dormir. Mientras Mongo hablaba yo bebía otro sorbo de mojito y observaba a la mosca que compartía tragos con nosotros.

-¿Y cual ha sido la reacción del electricista?

-El pobre hombre cuando me ve por la calle baja la cabeza, lo siento por él, pero eso le pasó por carecer de criterios. Es un tipo serio y con el cual yo conversaba mucho, pero a partir de ese instante no deja de ser una putica para mí.

-Razones te sobran, coño. Imagino que donde quiera que te encuentre deba meterse la lengua en el culo, ¿y vinieron para La Habana?

-¡No, compadre! A los pocos minutos de entrar a mi camarote recibo un mensaje, donde se me solicitaba hacer cálculo de los calados para ver si podíamos entrar a Nuevitas.

-Lo que tenías arriba era un saco de sal, porque no creo que a esa hora tengas bien  la cabeza para realizar cálculos.

-Así mismo es, pero tampoco podía mentirle a La Habana, ya sabes lo que eso significa. Nada, traté de relajarme un rato y me senté en el buró a realizar esos cálculos, mi respuesta fue positiva, podíamos entra a ese puerto. Mi vista no se apartaba de la dichosa mosca, sin darme cuenta el bar había comenzado a llenarse y hasta la mesa llegó María Bollo de Palo, era una camarera muy famosa en la flota. Nunca me dio por averiguar las razones de su apodo, pero creo que lo dice todo. Parece que era amiga de Mongo y nos presentaron, iba acompañada por otra mulatica y por fortuna prefirieron sentarse en la barra, seguro que tenían algún ligue entre manos, pensé. Busqué sobre la mesa y la mosca se había marchado, habían varias en el lugar, no podía distinguir cual era nuestra compañera entre todas, poco importaba, lo mismo ocurre en un grupo de humanos, pero el vuelo libre de aquella mosca me atrajo.

-Entonces, ¿el buque entró por Nuevitas? Intervino Mongo nuevamente sacándome del mutismo donde caía con frecuencia.

-No creas que fue fácil Mongo, creo que solo Dios pudo dotarme de esa serenidad tan necesaria para esos casos. ¡Mira! Aprende esto y nunca lo olvides, hace muy poco que ocupas ese cargo y tienes poca experiencia, nunca confíes en nadie, cuando te digo en nadie, no lo hagas ni de tu mejor socio, esta divisa que te regalo mantenla vigente mientras seas primer oficial y capitán. Bueno, eso es si quieres cuidarte el culo.

-No creas que yo soy muy confiado tampoco. Me interrumpió mientras observaba el regreso de la mosca, miré hacia la barra y habían algunas volando en el área. En ese instante una de ellas se posaba tranquilamente en el fondillo de la mulatica que acompañaba a María, era fácil distinguirla porque aquella iba vestida con un jean blanco.

-Ya había tenido amargas experiencias ese viaje en cuanto al movimiento de lastres en el buque, sabes perfectamente que en ese tipo de barco hay que lastrar la bodega número tres cuando se navega vacío, pero llenar esa bodega con más de tres mil toneladas métricas de agua de mar, requiere cumplir ciertos requisitos que son inviolables porque de incumplirlos se puede partir el buque. Pues en varias oportunidades y sin contar conmigo se deslastraron varios tanques, afortunadamente no ocurrió nada relevante, pero descubrí que se habían roto varias tuberías que corren a lo largo de la eslora del buque en el interior de esa bodega. Tuberías que pudieron inundarme la bodega y averiar a la carga, esas roturas se produjeron cuando el barco fue sometido a esfuerzos de flexiones anormales. Pues los responsables de aquellas averías que luego reclamamos al Seguro, fueron directamente el capitán y el jefe de máquinas. Después de aquellos truenos y el escándalo que les formé en el puente mientras navegábamos por el estrecho de Malaca en demanda de Singapur, no podía confiar en nadie, ¿por qué debía hacerlo a la entrada de Nuevitas, cual era la diferencia? Cuando embarcó el Práctico hablé con él y le dije que en la recta existente hasta la recalada de la isla Ballenatos, necesitaba que parara máquinas para verificar los calados. Me detuve a beber nuevamente, la mosca andaba ahora con una compañera sobre nuestra mesa, ambas bebían complacidas.

-¡Asere! ¿Y cómo carajo ibas a verificar los calados? Me preguntó sin ocultar su asombro.

-Mongo, como lo hacen los locos, en el terreno. Ordené que me colocaran una escala de gato próxima a la popa, es de suponer que supervisé los amarres y le dije a mi mujer que se mantuviera al lado de ella. Cuando el Práctico me avisó por el walky talky que había parado máquinas, bajé por esa escala estando el buque en marcha y no sabes cuál sería mi sorpresa. Me detuve nuevamente, las moscas estaban templando y Mongo también las observaba. Ordenó dos tragos más al camarero por medio de una seña, él sabía que yo andaba sin dinero, pero eso no importaba, éramos socios y siempre existían desquites.

-¡Asere! En este país hasta las moscas son descaradas, mira como tiemplan las muy hijaputas, seguro que ya están curdas.

-Por lo menos el macho ha bebido como un caballo, imagino dándole a la mulatica que anda con María, fíjate en el trozo de culo que sobresale al asiento.

-Hace rato que le estoy dando campana, de verdad que se manda la mulata. Pero no cambiemos, porque me tienes atrapado con este bateo, ¿qué fue lo que viste cuando bajaste por la escala de gato?

-¡Ay, muchacho! Para cagarse, el barco andaba pasado de calados en la popa más de un metro.

-¿Y tus cálculos?

-Ahí es donde radica el quid de la cosa, eran varios años de experiencia y yo confiaba en mí, apostaba a mí siempre. Grábate esta otra divisa Mongo, el día que dejes de confiar en lo que haces, cuelga los guantes y retírate, el miedo será tu sombra eterna.

-¡Coño!, en eso tienes razón, y olvídalo, soy una esponja, ¿y entonces?

-Después que subí por la escala llamé al Práctico y le dije que dirigiera el buque al fondeadero, no podíamos entrar en ese momento hasta Tarafa. De haberlo hecho, de no haber bajado por esa escala de gato, hubiéramos largado la pala del timón y propela en el paso al norte de Ballenatos, ¿no has oído hablar de la roca existente en esa parte del canal?

-¡Claro que sí, asere! Estás sentado aquí de milagro.

-Pero bueno, cuando subo al puente, el maricón del jefe de máquinas llamado Manolito y el capitán me preguntan las razones del problema, y solo atino a responderle algo así: Si así lo desean pueden llamar ahora mismo a la Seguridad del Estado, yo sé lo que ha sucedido y ahora mismo voy a tomar sondas de los tanques de lastre. Ambos se metieron la lengua en el culo.

-Fíjate que estoy grabando todo esto en la computadora de mi mente, asere, no es fácil.

-No es fácil para mí que no soy militante Mongo, si esas cosas hubieran ocurrido, estoy seguro de que los 20  siglos en el Combinado del Este nadie me los hubiera quitado por contrarrevolución. Sin embargo, sabes bien que hay militantes que han producido averías superiores y solo han sido condenados a multicas en pesos cubanos.

-Así mismo es, asere, bueno, voy a pedir otro trago para nosotros y las moscas. Nos reímos por su ocurrencia y fui al baño, al regresar me lo encontré en la barra hablando con María y la mulatica. Mongo era un cabrón, todos éramos unos cabrones detrás de un culo, pero hasta ahí. Regresó nuevamente a la mesa.

-Los pollos están cuadrados.

-¿Los pollos?

-Si, María y la mulatica.

-¡No jodas, compadre! María tiene más balazos disparados que el cañón del Morro.

-Olvida la rumba y canta bolero, me interesa más esta historia, no olvides que apenas comienzo, ¿y después?

-¿Después? Allí fue donde de verdad comenzó la película. Los que estaban franco se dispusieron a salir para La Habana, era de suponer que yo debía permanecer en el buque porque las operaciones no comenzarían hasta el atraque.

-Si, ¿pero como resolviste el lío del atraque del buque?

-Muy sencillo mi hermano, terminando de fondear el buque y antes de dar tiempo a cualquier movimiento con los líquidos me lancé a cubierta y junto al pañolero tomé sonda de todos los tanques del buque. Ocurrió lo mismo que yo suponía, habían vaciado los tanques número dos, sabes perfectamente que al librar al buque de ese peso en la proa se hunde la popa, muy sencillo, yo no me había equivocado en los cálculos, por eso te manifiesto y repito que juegues a ti.

-¿Y cuando revienta el problema?

-¿El problema? Lo que menos se imaginaban ellos era de la existencia de ese informe, pues bien, mi mujer partiría para La Habana ese mismo día, lo haría con el tercer oficial y su esposa. Antes de que ellos partieran para Camagüey con la intención de tomar un avión con destino a La Habana, le advertí bien claro al tercero que si solo existía un pasaje, ese debían dárselo a mi esposa. Todos partieron en el mismo vuelo por fortuna.

-¿Pero el tercer oficial no era el Secretario de la UJC?

-Sí, el mismo que tú conoces.

-¿Y no te apoyó en nada? Tengo entendido que navegó en el Aracelio contigo y que lo conoces desde hace un millón de años.

-Así mismo es, inclusive, lo puse al corriente del informe que yo había hecho sobre todas las anormalidades sucedidas en ese viaje, y para serte franco, es un pendejo.

-Pero bueno, si eso que manifiestas llegaba a niveles superiores y en su informe de viaje no aparecía reflejado nada le podía costar caro.

-Eso yo lo sabía perfectamente, pero tampoco podía obligarlo a que lo informara.

-Bien, salió tu mujer y el barco atracó, ¿qué pasó después?

-Mongo, fueron días negros, estuve con fiebre durante todos esos días y los problemas no terminaban. Debes sumarle a ello la imposibilidad de comunicarte con tu gente para saber como marchaban las cosas. Como lo prometí, bajé diariamente a la salida del puerto para esperar al Chino y éste nunca salió del barco. El Capitán se fue para Camagüey y yo me quedé solo con el segundo oficial. El día que atracamos se presentó el jefe de operaciones en mi camarote y me dice lo siguiente: Primero, acabamos de hablar con el político y vamos a comenzar la descarga por no se cual bodega. Tú sabes que yo me mando mal por la lengua y le respondí algo así: Muy bien, bajen de nuevo del buque, vuelva a subir y diríjanse al camarote del primer oficial, porque hasta donde tengo entendido, el político no tiene que ver ni pinga con la carga de este buque. Mientras no hagan eso, camaradas, en este buque no se abre una sola bodega.

-¡Coñó! Ya estabas alzado.

-Claro que lo estaba, me daba lo mismo chicha que limoná, yo me inmolaría, pero a ese hijoputa nunca me subordinaría, y créeme, eso era lo que más le dolía. Pues quién te dice que así mismo fue la cosa, el jefe de operaciones del puerto tuvo que entrar por la goma conmigo. Así estuve varios días Mongo, con fiebre y atendiendo las operaciones del barco, esperando al maricón del secretario del partido a la salida del muelle, y esperando noticias de La Habana.

Uno de esos días se presenta un inspector de averías a mi camarote, siempre que se detectaba una avería en la carga había que levantar un informe. Pues ese día el chamaco se me aparece con un paquete de medias y ropa infantil, imagínate con la candela que yo había recalado a ese puerto y el mensaje que me trae el tipo. ¡Primero!, yo soy el Inspector y tú lo sabes bien, pero compadre, la verdad es que lo que gano es una mierda y tengo chamacos. Mira, yo me voy a clavar esta mercancía, la vendo en la calle y te doy la mitad. Aquello me dejó petrificado, bueno, tú eres biznero y sabes a lo que me refiero. -Mire compadre, yo acabo de llegar de un viaje de nueve meses y lo hice en candela, tengo plata suficiente y no me interesa nada de lo que me propones. Vamos a hacer una cosa, dejas ese material donde debe ir y olvídate de la proposición que me hiciste, ¿vale? No creas que el chama se rindió, insistió hasta donde no eres capaz de imaginar. Para no cansarte, porque de verdad que el tipo me cansó a mí, al final de ese tira y encoge le dije lo siguiente: Vamos a hacer una cosa, me duelen los cojones de oír tus explicaciones, vuelvo y te repito que no necesito dinero ahora. Pero bien, pasa a mi baño y clávate esos artículos, sales a la calle y los vendes, pero fíjate bien cabroncito, si por una de las casualidades de la vida yo tengo el más insignificante problema, eso será suficiente para que te mate. Mongo, es increíble, creo que es una cuestión de suerte también, el chamaco dio varios viajes mientras descargábamos en ese puerto y nunca tuve problemas, se buscó sus varitos y se hizo “socio” mío. Bueno, ya no sabía como pagarme al ver que yo no aceptaba nada y él estaba haciendo el pan. Uno de esos días me dijo: ¡Mira, Primero!, en estos días comienzan los carnavales en Nuevitas y yo voy a administrar un kiosco que pertenece al puerto, si acaso necesitas algo me lo dices y punto. Nada, el chamaco era de puntería y aunque no lo creas, me llevó a una casa donde una señora tenía reliquias para vender que a ti te interesarían mucho. En eso levantó la mirada y de verdad que no le estaba mintiendo. El bar continuaba llenándose, detrás de María y la mulatica estaban parados dos marinos a los que conocía de vista, ya nuestra mesa estaba habitada por otras moscas borrachas, eran como nosotros. Mongo pasó los dedos por la superficie de la mesa y luego se los frotaba, debió sentir la misma sensación que yo, pero no decía nada, en este país nadie protestaba y todo estaba bien hecho. Pidió dos tragos más y se negó a partir como le sugerí, su mirada viajaba entre el culo de la mulatica y los vuelos de las moscas, yo encontraba más grande y caudaloso mi riachuelo, pero no le decía nada tampoco. En la medida que pasaban los trago acompañados de nuestra ayuna, era feliz, todos éramos felices aquí navegando en la mierda.

-¿Cómo se  termina este bateo que nunca terminará? Por primera vez puse atención a la pregunta que me hacía, no por desconfianza, supuse que detrás de ella había algo que él dominaba y no quería soltar hasta tener otros vasos más en su mente.

-Bueno, en esa agonía de la espera atracados en el muelle de Tarafa, recibo finalmente una llamada de mi esposa por el mismo walky talky, recuerdo que me aparté del grupo que se encontraba en el portalón en ese instante. ¡Oye! Fíjate que le he repartido las copias a todos los que me dijiste y tengo en mi poder la del Comité Central, solo puedo decirte una cosa, ni se te ocurra meterle un trancazo a nadie porque pierdes una pelea ganada. Han suspendido el relevo de la tripulación hasta que no vaya una comisión investigadora, ni se te ocurra hacer nada porque la vas a cagar. Aquello me devolvió un poco la tranquilidad y esa noche salí a disfrutar de los carnavales en un parque de Tarafa.

Cuando regresé, me encontraba en el portalón con el walky talky en la mano conversando con el timonel Rojitas. Le hacía el cuento de la conversación con mi esposa y en eso llega el contramaestre del buque llamado Pascasio algo borracho.  ¡Oiga, Primero! Yo creo que usted está equivocado, de verdad que erraste. Por donde salga el político, por ahí salgo yo porque ese es mi hermano, de verdad que estás errado. Le partí para arriba y fue Rojitas el que me detuvo a mitad del camino. -Mira pedazo de maricón, piérdete de este portalón antes de que te reviente la cabeza, no te preocupes hijoputa, vas a salir por donde mismo saldrá tu político. Rojitas se lo llevó para su camarote y a los pocos minutos estuvo de vuelta para cubrir su guardia.  ¡Compadre! No vayas a meter la pata ahora que todo lo tienes ganado. Fue lo que me dijo.

-Rojitas es un negro que vale lo que pesa, yo lo conozco de otro barco y el chamaco es hombre. Me dijo Mongo y aproveché esa oportunidad para refrescar la garganta.

-Claro que lo es, y muy buen trabajador también. Continuamos conversando en el portalón por un rato hasta que vimos aproximarse dos autos Volgas que parquearon al lado de la escala del buque. -Rojita, ahora es que comienza la rumba. Alcancé decirle mientras unas seis personas subían por la escala.

-Ya estamos aquí. Me dijo Miguel Haidar mientras me saludaba, él era el capitán de este buque y una de las personas a las que envié copia de mi informe.

-Tranquilo, ya leímos todo el informe. Me dijo Laguna, quien en esos momentos era uno de los subdirectores de la empresa, pero nos conocíamos de la Academia Naval donde habíamos trabajado como profesores.

-¿Dónde se encuentra el camarote del político? Preguntó uno de los que conocía de ese grupo, trabajaba en el municipio del partido de marina mercante. Le ordené a Rojitas que los acompañara y créanme que a partir de ese momento experimente una leve sensación de tranquilidad. Rojitas regresó a los pocos minutos y continuamos conversando tranquilamente en el portalón. Una media hora más tarde abren la puerta que da acceso a la superestructura, era el Político y me informa que deseaban hablar conmigo en mi camarote, vi un aire triunfal en su manera de decirme aquellas cuatro palabras, le hice una seña a Rojitas y partí.

 Sentado frente a mi buró se encontraba un representante del comité del partido de marina mercante. No hubo mucho protocolo y me senté en el asiento de mi buró.

-Tú sabes que hemos venido desde La Habana con la orientación de investigar lo que escribiste en ese informe. A título personal solo te digo una cosa, empleaste palabras duras en contra de militantes del partido.

-¿Duras, cómo cuales?

-Acusas al capitán de maricón. Me respondió el tipo esperando una variante.

-No la encuentro dura, cuando a un maricón le digan carpintero o albañil tú me avisas y hago el cambio, mientras tanto, mantengo la palabra maricón hasta las últimas consecuencias.

-Bueno, si ese es tu deseo así se mantendrá, ahora bien, como has formado toda esta candela se hace necesario un careo con todo el núcleo del partido.

-Un minuto y aclaro, yo no he formado ninguna candela, me defiendo contra la acusación de todos los militantes de “tu” partido, si eso es imprescindible, te sugiero que me reúnas a todas las putas que integran ese partido, como es de suponer, encabezados por su secretario y el político.

-Muy bien, yo me voy a reunir con ellos y te avisaremos. El tipo se retiró de mi camarote y regresé nuevamente al portalón, pocos minutos después arribaba el tercer oficial y secretario de la UJC. Rojitas pudo captar una sonrisa olvidada en mi rostro, ya estaba seguro que mi informe los había hecho pensar, algo vedado en nuestra tierra. A eso de las nueve de la noche convocaron a una supuesta reunión de arribada, evento de carácter obligatorio en la flota y que de paso espantaba cualquier sospecha referente a la finalidad de la misma.

-Compañeros, hemos realizado este viaje desde La Habana con el propósito bien conocido de realizar la reunión de arribada. Esa fue la introducción del representante del comité del partido. El tiempo se fue consumiendo entre los puntos normales a tratar, digamos reparaciones, solicitudes de materiales, relevos de tripulantes, programas para futuro viaje, etc. Todo marchó normal hasta arribar al punto “Asuntos Generales”. Hubo silencio por unos minutos y al parecer nadie tenía valor de romper el hielo.

-¡Compañeros! Tenemos información referentes a ciertas anormalidades ocurridas en este viaje que hoy termina, espero que tanto el capitán, secretario del Partido, UJC y CTC, se dignen a rendir cuentas del viaje que hoy culmina. El silencio continuaba y aquello me beneficiaba.

-Muy bien, al parecer en este viaje no ha ocurrido nada, sin embargo, tengo en mi poder un informe de 25 páginas y razón de nuestra presencia a bordo de este buque. O sea, capitán, el viaje se desarrolló con normalidad, ¿no es así compañero político?, ¿qué puede decir el secretario del Partido, no ha sucedido nada?, el silencio continuó por unos segundos hasta que fue roto por el capitán del buque. Bueno, hasta estos instantes quise mantenerlo anónimo por una cuestión de ética, luego me dije, a la mierda la ética, ¿pensó en ella cuando me propusieron la expulsión de la flota? Al carajo esa falsa ética, hablo del capitán Montalbán.

-Bueno, el viaje se desarrolló con normalidad, solo se puede hablar de la actitud del primer oficial, yo la definiría como un problema político administrativo.

-Disculpe capitán, según su informe y lo que acaba de manifestar, en este viaje no ha sucedido nada, solo el caso del primer oficial. ¿Y qué tiene que manifestar Ud., secretario del partido?

-Bueno, que apoyo lo manifestado por el capitán del buque.- Expresó El Chino.

-¿Y Ud., Político, no tiene nada que agregar?

-Positivo, me sumo al criterio del capitán y secretario del partido, pero desearía agregar la insubordinación del personal de la UJC, y que el enfermero-sobrecargo se bebía todo el alcohol destinado a las inyecciones.

-O sea, en este viaje no ha pasado nada de acuerdo al criterio del capitán, secretario del partido y político. Compañeros, sepan que no he viajado desde La Habana con una toalla en la mano, he venido a pedir sangre y tengan por seguro que me voy con ella para la capital. Reinó el silencio y desde aquel momento comenzó a bajarme la fiebre que me abrazaba desde hacía más de una semana.

-Capitán, puede hablarnos del maricón que durmió en su camarote en el astillero de Santander.

-Político, puede hablarnos de las prostitutas que embarcaron en Adbiján alentadas por Ud. Puede decirnos algo referente al robo a la carga, o del contrabando en el puerto de Rangoon?

-¿Tiene algo que agregar secretario del partido para justificar la insubordinación de la UJC, o para desmentir el informe del primer oficial? Todos se cagaron ante aquella inesperada sorpresa. Créeme que me reí interiormente mientras los veía derrumbarse ante mí. Al salir de aquella reunión había desaparecido la fiebre que me acompañó durante más de una semana, yo sabía que los había vencido, pero el careo producido en aquella reunión no era prueba convincente para el partido. Aquella reunión finalizó a eso de las cuatro de la madrugada, aún así, la comisión investigadora se dedicó a interrogar a los tripulantes abordo. Para sorpresa mía y enterado cuando ya estábamos en La Habana, una gran parte de los tripulantes que incluía a militantes del partido, declaró a mi favor. Sin embargo, socios como Robertico, el mismo que le explotara la cara al secretario del partido en Polonia, se retractó de cualquier acusación y lo fui a visitar a su casa. En ese caso, le dije a su esposa (quien había dado el viaje con nosotros) yo podía acusarlo de falso testimonio. Nieves tuvo una posición mucho más valiente que su marido, manifestó apoyarme en todo momento.

 El careo con el núcleo no se efectuó, después de los interrogatorios la comisión se reunió con el núcleo del Partido con el fin de hacerles un informe preliminar. Allí surgieron amenazas de agresión física a mi persona por varios de los involucrados, y fueron alertados de que no me podía suceder absolutamente nada, de eso me enteré por boca de varios militantes. El secretario de la juventud fue alertado en La Habana por Miguel Haidar sobre la situación y la ausencia de detalles sobre ese viaje en su informe. Los incluyó durante su viaje de regreso a Nuevitas y pudo escapar, para colmo, ignoraba que a todos ellos les pedían la cabeza. Ese mismo día regresó la mencionada comisión para la capital y al finalizar sus investigaciones autorizaron el relevo de la tripulación. Me detuve a beber, ya sentía los efectos del alcohol, era normal en esas condiciones de semi-ayuna que vivíamos los cubanos, el bar se encontraba más animado y la presencia de las moscas era más notable, otra pareja de ellas estaba templando ante nuestra curiosa mirada, ya no podía distinguir si eran las mismas de la primera vez.

-Pero tuvieron que llamarte a alguna reunión o darte las conclusiones. Dijo Mongo rompiendo un repentino hielo mientras revolvía su trago con la cucharita de aluminio.

-¡Mira, Mongo! Ese día desapareció la fiebre y yo me fui para los carnavales. En horas de la tarde había alquilado un taxi para que me llevara a La Habana al día siguiente, ya sabía que el relevo venía en camino. Pues, ¿qué te cuento?, estando en el parquecito de Tarafa, se encontraba la orquesta “Jóvenes del Feeling” amenizando el baile. Varios tripulantes compartían con los miembros de la orquesta y me presentaron al director. En una de las actuaciones le di dinero a un tripulante y le pedí que comprara una caja de cerveza Tínima y se la pusiera en el escenario a la orquesta, así éramos en Cuba, aquella gente estaba bastante jodida en esos tiempos. Poco después llega el director de la orquesta y me pregunta si quería esperar al relevo de la tripulación con la orquesta tocando en la escala. ¡Mire, compadre!, pa musiquita estoy yo con la candela que acabo de pasar. Fue todo lo que respondí.

 Al siguiente día y luego de hacer un relevo masivo en el buque, parto de descanso por unos días para La Habana, llamo a casa de una vecina y mi mujer me dice que en la capital no había nada de beber, era mi cumpleaños. Tomé dos sacos de yute vacíos y los puse en el piso del taxi, le dije al chofer que parara en el kiosco de los portuarios.

-¡Oye chama! Hoy es mi cumpleaños y no tengo nada para celebrar. Fue todo lo que le dije al inspector de averías.

-¡Nada, mi hermano! Ya sabes que este kiosco es tuyo.

-Bueno, tengo dos sacos de yute que me hace falta llenar de botellas de cerveza.

-Sin líos, suena pa’ca y te los lleno. Regresé al carro por los sacos, minutos después el chama comenzaba a llenarlos de botellas que sacaba de viejas bañaderas repletas de hielo ante la mirada de los parroquianos.

-¡Coño! Pero ese tipo se va a llevar todo el laguer de los carnavales. Protestó uno de los borrachos.

-¡Caballeros! Aquí hay la cerveza que ustedes no se pueden beber, además, ese socio es el primer oficial del Bahía de Cienfuegos y hoy es su cumpleaños, no jodan. Les contestó el chama inspector.

-¡Sin lucha, asere, llénale los sacos al socio! Intervino otro borracho y me dirigí al taxi en busca de cigarros para repartirles.

-¡Mira flaco! Este cartón es para ti, reparte este otro entre la gente.

-¡Arriba, viciosos! El primero les regala cigarros a todos. Dijo el Chama mientras iba colocando una cajetilla por consumidor.

-¡Coño, caballeros! Un felicidades pal socio en su cumpleaños. Dijo otro de los borrachos y cada uno alzó su perga para brindar por mí.

-¿Cuánto te debo, flaco? Le pregunté al chama mientras metía la mano en el bolsillo, nunca acostumbré a llevar la plata en billeteras.

-Nada, mi hermano, esto va por la casa, el tiburón se moja, pero salpica. Me respondió el muchacho con una enorme sonrisa. Nos dimos un fuerte apretón de manos y cargué con el tercer oficial los sacos hasta el taxi, los acomodamos en el piso del carro porque el maletero estaba repleto de equipaje. Le pedí al chofer que parara en algún kiosco donde vendieran ron y así lo hizo.

-Compañera, déme una caja de Puerto Príncipe.

-¿Una caja? Me preguntó extrañada.

-Si, una caja. Le respondí.

-No puedo vendérsela.

-¿Por qué?

-No sé, porque aquí nadie ha comprado una caja.

-¡Coño! Pero yo quiero comprarla.

-¡Oye! No jodas y véndele la caja al hombre. Le gritó un borracho desde la barra.

-Si, pero el lío es que nadie compra una caja. Insistió ella sin dar señales de aflojar en su absurda posición.

-¡Chica, no seas comemierda! Nadie compra una caja porque no hay varos, acaba de vendérsela al hombre. Intervino otro borracho.

-Vamos a hacer una cosa, dame una botella y la llevo al taxi, después me das otra y la vuelvo a llevar al taxi, así haré hasta que me vendas las doce botellas que tiene una caja. No te pondrás brava ni nerviosa porque como puedes ver, no me vendiste una caja. Le dije tranquilamente.

-¡Oye, véndele la caja y no comas tanta mierda! Hay varos y no estás acostumbrada a verlos. Le dijo otro borracho y la muchacha puso la caja sobre el mostrador. En otro kiosco compré 20 panes con lechón y en uno a la salida del pueblo un cake. Ya tenía para celebrar el cumpleaños y mi victoria sobre los hijoputas del barco, eso pensaba yo.

-¡Coño, hiciste el pan en esos carnavales!. Me dijo Mongo con la lengua medio enredada.

-Y dilo, en La Habana no había ni agua, al llegar me esperaba toda la familia.

-¿Y en qué terminó toda esta candela?

-Ni yo mismo lo sé, el partido pidió mi desenrolo del barco y no procedió, fueron desenrolados todos ellos. Días más tarde regresé nuevamente a Nuevitas y partí para Canadá. Al regresar me pidieron permanecer en Cuba por si se desarrollaba un juicio por el caso y me fui para la microbrigada de San Ignacio y Jesús María a esperar. Uno de esos días hubo un trabajo voluntario y coincidimos Gary y yo, él se encontraba de ecretario del partido de marina mercante.

-¿Alguna vez te dieron las conclusiones del caso? Me preguntó mientras merendábamos.

-Nunca, no sé en qué terminó toda esta putería. Le respondí.

-Pues el capitán fue sancionado a segundo oficial por tiempo indefinido, el núcleo completo del partido fue sancionado y nunca podrán ocupar cargos de dirección, y el político fue expulsado de la empresa. Así me resumió toda aquella tragedia.

-Pues me desayuno con todo esto, y creo que merecía una explicación.

-Bueno, ya te la estoy dando, pero creo que usaste palabras fuertes en ese caso.

-¿Fuertes? Si quieres reúnelos a todos para decirle maricones en su cara, lo que no hicieron ellos conmigo.

-Ya todo acabó-

-Pues me alegro, porque de verdad que no sabía nada. Allí terminó la conversación con aquel gallo. Debo decirles que Gary y yo navegamos juntos en el “Viet Nam Heroico” a Venezuela, él era muy joven en esa fecha, y su popularidad radicaba en que era un repatriado, no recuerdo si había nacido en EU o su regreso se debió a sus familiares que pertenecían a la inteligencia cubana.

-Pues allí no había terminado el asunto. Me dijo Mongo cuando ya pensaba que nos íbamos a retirar, eran cerca de las cinco de la tarde.

-¿Por qué me dices eso?

-¿Recuerdas cuando te pregunté por el tipo que estaba sentado delante de nosotros en el teatro?

-¡Claro que lo recuerdo! Hace muchos años que lo conozco.

-Pues en el primer tiempo de la conferencia de hoy, el tipo se acerca y me pide que no anduviera contigo.

-Eso si me sorprende, ¿y no te dijo las razones?

-¡Claro que me las dijo! Estás mandado a matar por el partido, y me dijo que andar contigo podía ensuciarme.

-¿Mandado a matar? De verdad que no te entiendo.

-Ni lo entenderás nunca, tenías la razón, le ganaste la pelea al partido, sancionaron a todos los hijoputas que te quisieron joder, pero perdiste con ellos, estás frito mi hermano.

-Bueno, en este caso apártate de mí para que no agarres por carambola, no vaya a ser que te ensucie andar conmigo.

-¡Vamos, compadre! Parece mentira que me digas eso, ¿somos socios o qué?. Por unos instantes me detuve a pensar, de verdad que éramos socios, amigos nunca lo fuimos, pero bueno, Mongo era un socio especial, algo valiente. Aquella información me sirvió de mucho y no pudieron matarme, recuerdo que para esto, me enrolaron con los capitanes más hijoputas de la flota, pero desgraciadamente estaban fracturados por el cerebro, brutos, animales en los que confiaban la vida de la tripulación y la seguridad del barco. Remigio Aras Jinalte fue uno de ellos o el primero designado para ejecutarme, pero era un imbécil.

-Primero, pídele algún relojito al shipshandler aquí en Tokio. Me dijo el negro a bordo del Otto Parellada.

-¡Qué poco me conoces Remigio! Yo no soy hombre de relojitos. Fue toda mi respuesta.

-¡Mira! Hay que tomar esta carga con carácter urgente, tiene prioridad. Me ordenó en Shanghai.

-¿No me digas? Así que debo cargar productos químicos con alimenticios.

-Es una orientación que recibimos desde Pekín.

-¡Fírmame esta acta de entrega! A partir de estos instantes eres el primer oficial de este buque, pero yo no recibo esa carga.

-Te llamamos con la finalidad de alertarte, tú eres un hombre casado y no sabemos hasta donde quieres llevar esas relaciones con la camarera.

-Ninguno de ustedes tiene derecho a inmiscuirse en mi vida privada, ¿tienes la lista de enrolo contigo?

-Sí, aquí la tengo.

-Revísala para que veas que vine enrolado como primer oficial, si encuentras algo diferente, ese no soy yo. Te equivocaste conmigo, yo no soy parte de esa tropa que te huele el culo.

 Nunca comprendí esa rara postura del partido al ordenar matarme, yo tenía toda la razón en aquel caso, yo era todo un profesional en mi trabajo, un protector del buque y su tripulación. En casos diferentes, el partido trataba de salvar a sus militantes para proteger su imagen, lo hacía sabiendo que sus miembros había cometido delitos sancionados por las leyes cubanas, solo que esas leyes eran aplicables a los que no éramos nada, solo unos insignificantes “simples”, yo no cabía en aquella isla.

 Mongo me escuchaba en su etílica concentración, una de las moscas cayó dentro del vaso, todos caímos en nuestra embriaguez.

  Esteban Casañas Lostal. - Montreal..Canadá - 2003-12-22

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