Cuba es un cuento, compay

La Corporación

-Lleva no sé cuantos meses pasando miles de calamidades en ese barco, no le pagan, la comida es un desastre, es divorciado y le propuse unas relaciones formales. Sabe perfectamente que conmigo no tendrá problema alguno en lo que se encamina, no es lo mismo llegar solo a este país. Pues el hombre está empeñado en regresar a la isla, y créeme, ya he ido varias veces por allá y siento mucha pena por la suerte de los cubanos.- Creo que se desahogó conmigo y noté mucha sinceridad en sus palabras.

Siempre fui una persona muy sociable, tras de mí he dejado una estela muy grande de simpatías regadas por el mundo. Debe ser un don muy preciado ese de caer bien por donde quiera que pasas, mirarle fijo a los ojos de las personas y andar sin temor a que ellos te delaten. Nuestros amigos de la infancia fueron inolvidables, entrañables los de la juventud, existe un vacío muy grande una vez arribado a la adultez. Con los cambios experimentados en nuestro laboratorio cambió también nuestra gente; "Donde comienza el deber termina la amistad" Creo que lo dijo el alcohólico de Raúl, y de verdad que muchos seres se tomaron aquellas palabras en serio. Yo también quisiera tener un millón de amigos como dice la canción de Roberto Carlos, solo que en la isla me quedé con dos. El resto, 999 998 eran solo socios y algunos "compañeros", aquellos que se arriman a ti en las buenas y escapan en las malas. Los que a tus espaldas levantan la mano para condenarte y luego se sientan contigo a beber un trago. Perdí la fe en la amistad y la he ido recobrando, hoy cuento con buenos amigos por todo el planeta. Seres a los que he conocido y quiero sinceramente, personas que destilan amor por cada poro de su cuerpo. Me falta por conocer a muchos, gente desprendida también y abierta, como aquellos que un día conocí en mi tierra. Evado a los míos con dolor, puede que sea el resultado de amargas experiencias, pero los esquivos. No me gustan los socios, prefiero a los amigos.

Socio Nr.1

-Compadre, estuve hablando con mi hermano y saliste en el tema de la conversación.-

-¿A cual hermano te refieres? Le pregunté algo intrigado, porque lo cierto era que yo no conocía a ningún miembro de su familia.

-El que pertenece al G2, no sé si te había hablado de él con anterioridad.-

-No, nunca me habías dicho que tenías un hermano en el aparato.-

-Así mismo es, lo que pasa es que no se puede anunciar como la Coca Cola.-

-¿Y qué fue lo que te dijo tu hermano?-

-Dice que estás en llama y te recomienda volar.-

-¿Y cómo llegó a esas conclusiones?-

-Mi socio, él está participando en los interrogatorios que le están haciendo a la gente.- Fue una especie de cacería de brujas realizada en el barco "Viñales", posterior a la deserción del Capitán López Sánchez en el puerto de Castellón de la Plana.

-¿Y qué rayos tengo que ver con eso?-

-Yo sé que nada, pero esta gente no entiende, como tú eras el que mejores relaciones tenías con él a bordo, a cada tripulante le preguntan por ti. Además, alguien te caminó con el asunto de que oías La Voz del CID en el puente.-

-Tuvo que ser el timonel Collejo, creo que se me fue la mano y olvidé que era el secretario del partido.-

-Bueno, yo solo te digo lo que hay, lo mejor que puedes hacer es pensarlo bien porque si no, vas para el tanque. Lo que menos te puede suceder es que te boten de la marina por gusano.-

-Ta bien, voy a pensarlo, pero no se encuentra en mis planes.- Claro que no se encontraba dentro de mis planes, pero sí muy próximos a ellos. Al concluir mi conversación con él creo que ya estaba decidida mi deserción. Me horrorizaba verme encerrado en cualquiera de las cárceles cubanas. Partimos para el puerto de St. Stephen en la costa atlántica de Canadá.

-Mi socio, tengo una carga clavada en el barco, son diez cajas de Cohíba. Ya sabes el precio de cada una de ellas, no te vuelvas loco como hicieron el viaje pasado, trata de venderlas lo más caro posible. Hace falta que le lleves el dinero a mi mujer, no olvides que pueden pasar varios meses hasta que yo logre mandar algo, y que a partir de poner los pies en tierra dejarán de pagarle.-

-No te preocupes mi socio, ese dinero llegará a manos de tu mujer en cuanto regrese.-

Eso pensé yo, pero el tipo se zampó toda la plata, unos mil dólares con los cuales podían soportar mi ausencia por un tiempo, así son los socios. El mundo da vueltas y me falta mucho por escribir

Socio Nr.2

-Oye, si reconoces mi voz no menciones nombre, ¿sabes quién te habla?- Habían transcurrido dos meses solamente desde mi deserción en Canadá y llamaba a un socio en La Habana con el que mantuve estrechas relaciones desde hacía varios años. Juntos nos movimos en el trapicheo de los tabacos y otros materiales para vender en Cuba. Yo estaba seguro de que él tenía dinero, y yo tenía unos ahorritos conmigo.

-Si, ya caigo, ¿como estás?- Me preguntó y sentí nerviosismo en su voz.

-Yo estoy bien, ¿está el hombre por ahí?-

-Si, ahora te lo paso.- Oí cuando le dijo que la llamada era para él y algo sobre la persona al otro lado de la línea, pero eso me llegó muy bajito.

-¡Aló! ¿Qué es lo que hay?- Me dijo el socio al contestar al teléfono.

-Oye mi socio, nada, ya debes imaginarte. Te llamo porque hace falta que me tires un cabo.-

-¿Qué bolá?-

-Necesito que le pases una raya a mi mujer (cien dólares) Yo tengo la plata conmigo, pero no sé como mandarla y debo averiguar. También el otro socio que se movía con nosotros debe pasar a dejar en mi casa unos mil fulas, ¿puedes resolverme?-

-Asere estoy en carne.- Yo sabía que me estaba mintiendo.

-Así que no puedes resolverme.-

-No mi socio, de verdad que estoy pelado, además, ten mucho cuidado con estos callers (llamadas).-

-No hay cráneo, no te preocupes por las llamadas, esas no se repetirán.- Hasta el sol de hoy, me enteré que andaba tratando de averiguar mi teléfono y ordené que no se lo dieran. Ese fue de los primeros en levantar la pata de mi casa para no ensuciarse.

Socio Nr.3

-Y hablando de otras cosas, fíjate que por poco se me olvida, ¿tú conoces a Juan Pirindingo? Un maquinista que vive en el cerro.- Maggy llevaba más o menos el mismo tiempo que yo en Montreal, conversábamos con mucha frecuencia para matar el gorrión.

-Si, como no, lo conozco desde hace una pila de años y estudiamos juntos, ¿sabes algo de él?-

-Claro que sí, anoche estuvo aquí en mi casa y me preguntó por ti.-

-¿Y en cual barco se encuentra?-

-¡Muchacho! Está en el barco que tienen preso metiéndose tremendo cable, no le pagan desde hace bastante tiempo y la comida está perra también. Anoche lo invité a comer y yo quisiera que vieras con el desespero que lo hizo, comió como un animal, dice que quiere verte.-

-Bueno, no creo que haya problemas porque yo estoy de vacaciones, mañana mismo trataré de verlo.- Al día siguiente me llegué hasta el viejo puerto de Montreal, actualmente es una zona turística, pero a finales de los sesenta atracábamos en esos espigones. En uno de los bancos situados en el paseo existente, vi a dos tripulantes cubanos, era muy fácil identificarlos por su aspecto. Uno de aquellos marinos había navegado conmigo años anteriores, no quise asustarlos y menos aún los saludaba cuando andaban en parejas o grupos. Me senté a unos cinco metros de ellos y podía escuchar lo que hablaban, solo hacían referencias a los culos de las mujeres que pasaban. En un instante de aquellos, el que había navegado conmigo giró su cabeza hacia mi posición, y su reacción fue la misma de cualquier persona que se hubiera encontrado con el diablo. Solo atinaba a decirle a su compañero; ¡Vamos echando! ¡Vamos echando! El otro se asustó ante aquella repentina reacción y se montó presuroso en su bicicleta, ambos partieron en dirección a su buque que estaba atracado al lado de la cervecería Molson. Fui hasta un bar situado en una pequeña elevación de la parte este del puerto, desde allí podía divisar una parte de la eslora del buque, solo la parte de popa. Junto al portalón conversaban un grupo de marinos, ya conocía de esas costumbres, la gente hacía sus medias a la entrada del barco cuando no salían a la calle por falta de dinero. Entré al bar y pedí una jarra de cerveza, cuando el camarero me la trajo le pedí un bolígrafo y una hojita para hacer una anotación. En aquel papelito le escribí como si fuera novia de él y le explicaba donde encontrarme, el asunto era cómo hacerle llegar el mensaje. Luego de beberme la jarra de cerveza salí al exterior y vi a un prieto africano que vendía gangarreas de fantasía, tenía una maleta abierta sobre un pedestal de madera.

-¿Tienes carro?- Al tipo le sorprendió mi pregunta.

-Si, ¿por qué?-

-¿Quieres ganarte veinte dólares por llegar hasta aquel barco?-

-Si es para algo sucio no cuentes conmigo.-

-No es nada sucio, el asunto es que yo tengo un amigo allí, pero no puedo ir hasta ese barco porque trabajé en esa compañía y perjudicaría a mi amigo.-

-¿De donde tú eres?-

-Yo soy cubano, ¿y tú?-

-Yo soy etíope.-

-Ya sabes más o menos cual es la historia de los comunistas.-

-¿Qué debo hacer para ganarme esos veinte dólares?-

-Solo llevar este papelito, si alguien te preguntara algo le dices que es de parte de una mujer, y que esperas la contesta de él.-

-Trato hecho, dame la plata.- Le di los veinte dólares y el mensaje, cerró la maleta y recogió el pedestal, ambos fueron colocados cuidadosamente en el maletero. Desde aquella posición pude ver como el auto se desplazaba por la estrecha calle que corría paralela al río, se detuvo junto a la escala. Quince minutos más tarde el prieto se encontraba de regreso y me entregaba la respuesta; "Mi amor, hoy estoy de guardia, mañana pasaré por ese bar a las tres de la tarde". No puedo negar que me dio mucha alegría pensar en aquel encuentro con viejos socios de la marina.

Ese día nos bebimos varias jarras de cerveza mientras hablábamos del pasado, su aspecto era deplorable y el tono de su voz anormal en este país. Algo borracho partió de nuevo para su barco y quedamos encontrarnos al día siguiente para ir a casa de Maggy. Ese día ella tenía un compromiso fuera de Montreal y nos quedamos compartiendo con el viejo y su esposa. Yo fui hasta el mercado por cervezas, doce no fueron suficientes regresé por otra docena, vimos mientras tanto un documental titulado; "Cuba, Socialismo o Muerte". Ya había disfrutado de ese documental en varias oportunidades y me llamaba más la atención las reacciones de mi socio. Por mucho que el tipo tratara de ocultar sus sentimientos, ellos brotaban por cada poro de su piel. El socio era militante del Partido y si había logrado llegar a esa posición en el barco, se lo debía enormemente al empuje de su carné.

-¿Qué te parece si mañana vamos hasta casa de una jeva que tengo aquí?-

-Tú no cambias, pero mañana estoy de guardia, creo que es mejor dejarlo para el día siguiente, ¿la jeva es cubana?-

-No compadre, la jeva es centroamericana, pero ya llevo varios meses con ella. ¡Okey! Pero fíjate, mejor te espero en la estación del metro próxima al viejo puerto, ¿sabes donde está?-

-Si, claro, no hay líos, ¿te parece bien a las dos de la tarde?-

-Creo que es buena hora, así me das tiempo a preparar algo de comida cubana en su casa.- Nos despedimos, al día siguiente hice unas compras y otra caja de cerveza de 24 botellas.

Pasamos una tarde muy alegre, pero en varias oportunidades tuve que llamarle la atención por el volumen de la voz y algunas mala palabras que se le escapaban. Ese día mi amiga le regaló un abrigo que perteneció a su hermano, era de piel. Por el camino hablé con él y le dije que necesitaba le llevara algunas cosas a mi familia, no era mucho, solo un pequeño surtido de pintura de uñas, acetona, y otros materiales necesarios para dedicarse al arreglo de uñas. Le hablé de la situación por la que estaba pasando mi familia y él aceptó gustoso a llevar aquella pequeña encomienda.

Cuando nos volvimos a encontrar le entregué lo pactado dentro de una mochila, le di dinero para que le comprara algo a su familia también. Me dijo entonces de que si deseaba mandar algo más que no me diera pena. Le tomé la palabra, le di un traje que aunque de uso se encontraba en perfectas condiciones para él, y le pedí que llevara dos más para mi casa, uno para mi hijo y otro para un amigo, es de suponer que el enviado a mi hijo era con el fin de que fuera vendido.

Permaneció varias semanas en el puerto, durante todo ese tiempo no dejé de llevarlo a compartir con mis amistades en pequeñas fiestas y actividades que se dan en los parques naturales de esta ciudad. El socio me presento a una mujer con la cual mantenía relaciones, era de unos 40 años y de buen aspecto, para colmo de su suerte, la mujer tenía un negocio y se gastaba la plata con él. En una barbacoa realizada en uno de los parques de Montreal, yo le dije que la invitara a compartir con nosotros, era una mujer muy agradable en el trato, y hasta donde pude ver, se encontraba algo enamorada de él.

-Esteban, yo no puedo comprender a tu amigo.- Me dijo ella en uno de esos instantes que quedamos solos en la mesa, tampoco quise rectificarle nada sobre el uso de la palabra amigo para nosotros.

-¿Por qué me dices eso?- Dejé de prestarle atención a los muchachos que se encontraban jugando fútbol cerca de nosotros.

-Lleva no sé cuantos meses pasando miles de calamidades en ese barco, no le pagan, la comida es un desastre, es divorciado y le propuse unas relaciones formales. Sabe perfectamente que conmigo no tendrá problema alguno en lo que se encamina, no es lo mismo llegar solo a este país. Pues el hombre está empeñado en regresar a la isla, y créeme, ya he ido varias veces por allá y siento mucha pena por la suerte de los cubanos.- Creo que se desahogó conmigo y noté mucha sinceridad en sus palabras.

-El caso de los cubanos es enigmático, nunca sabrás que hay dentro de la mente de ellos. Yo creo que tiene miedo comenzar desde cero otra vez.-

-Pero miedo a qué, yo estuve en su casa y vive en condiciones paupérrimas.-

-Así vive la mayoría de la población, pero viven aferrados a sus mierditas, no olvides que se han pasado toda una vida luchando por conservar eso poquito que tienen. Además, son muchas las mentiras que oyen diariamente, es indudable que con el tiempo una mentira puede ser convertida en verdad, aunque nunca deje de ser falso. El regresará y por el momento será feliz mientras pueda salir de Cuba en un barco, comprar algunas porquerías y luego revenderlas en la isla. Solo cuando esa posibilidad de salir sea frenada, es que se dan cuenta de la oportunidad perdida y vivirán lamentándose eternamente. Si ya te dijo que regresaba no insistas, vas a perder el tiempo.- Pocos minutos después él fue hasta la neverita portátil y abrió cerveza para nosotros, el tema de la conversación cambió bruscamente en cosas banales.

Yo comencé a trabajar y se me dificultaba ir hasta el puerto, conversamos en varias oportunidades antes de su regreso a la isla. Mi familia se cansó de esperar por la encomienda enviada con este socio. Por suerte me acordé que él tenía un amigo en el edificio donde vivía mi gente y mi hijo logró obtener su dirección.

La hija del socio se encontraba muy ocupada arreglando uñas con los materiales que yo había enviado para mi hija con idéntico propósito, los trajes fueron vendidos al parecer. En este caso le dije a mi hijo que no reclamara nada, ni lo acusara en ningún lado. Cualquier escándalo de este tipo provocaría su expulsión de la marina por vincularse a contrarrevolucionarios. Yo preferí que continuara saliendo, el mundo no ha dejado de girar.

Socio Nr.4

-¡Oye! ¿Cómo estás?- Fue una mañana de pleno invierno, tuvo que haber sido en los finales de la temporada, las temperaturas no eran muy bajas entonces. No necesitó presentarse, aquella voz la distinguiría entre miles de personas hablando al mismo tiempo, fueron muchos los años que navegamos juntos. Después de varias traiciones recibidas en un período que apenas sobrepasaba el año, ya había desistido de los intentos por entrar en contacto con antiguos socios. Sin embargo, aquella voz me devolvió la esperanza.

-¡Coño qué sorpresa! ¿Por dónde andas metido?-

-Estoy aquí en Montreal, exactamente en la estación del Metro de Frontenac.- No me asombraba oír aquello, la calle Ontario era sede de varias tiendas de segunda mano frecuentadas por los marinos cubanos.

-¿Vas a estar mucho tiempo por ahí?-

-Bueno, si quieres venir yo te espero, dispongo de todo el día libre.-

-Está bien, en aproximadamente una hora debo estar allí, mantente dentro de la estación para que evites el frío.- Cuando llegué y ascendía por la escalera eléctrica de la estación, lo vi acompañado de otros tripulantes. Me mantuve alejado de él y le di la espalda, no deseaba que los otros vieran mi rostro, yo estaba seguro de que me reconocería, pasaron unos diez minutos antes de que aquellos marinos partieran. Se acercó y me tocó por la espalda, me extendió la mano y la acepté como siempre, solo que esta vez la sentí fría y me trasmitió algo de su nerviosismo.

-¿Cómo está tu gente?- Le pregunté para romper el hielo.

-Más o menos, tú sabes como está aquello, y si me agarran contigo no la voy a pasar muy bien que digamos.- No pudo ocultar el miedo que lo embargaba y yo me di cuenta.

-Vamos a hacer una cosa, allá al frente hay un restaurante de comidas rápidas, entra y siéntate de espalda a la entrada en una de las mesas finales. Yo me sentaré de frente y si veo algún tripulante me levanto y salgo, puedes pedir lo que quieras y solicita un café para mí, hace solo un ratico que desayuné.- No tuve que repetir dos veces lo que le había dicho y desde la estación vi cuando entraba al restaurante. Salí y tuve la precaución de mirar a ambos lados de la calle Ontario, una vez en la esquina, recorrí con la vista la calle Frontenac.

-Bueno, no hay nadie a la vista.- Le dije mientras echaba dos cucharadas de azúcar a mi café y vertí en él dos cubitos de crema de leche.

-El lío es que en la isla se hablan muchas cosas de ti, es un verdadero riesgo verte.-

-¿Cosas cómo cuales?- Le pregunté y observé un ligero temblor en sus manos.

-El asunto es que dicen que andas metido en el terrorismo.-

-¿Y tú lo crees?-

-Es lo que dicen por allá.-

-Tú me conoces desde hace miles de años y te repito la pregunta, ¿y tú lo crees?-

-No es que lo crea o no, es todo lo que se habla y el lío es que tú estás aquí y yo estoy allá.-

-Pero bueno, yo no te he pedido que vinieras a verme, ha sido un gesto muy espontáneo tuyo que te agradezco.-

-¿Pero andas metido en asuntos de terrorismo?- La voz le tembló al mencionar aquellas palabras.

-Mira, no estoy metido en nada, son bolas que ellos hacen circular para sembrar el miedo en seres como tú. Aún así, suponiendo que un día me metiera en algo, puedes estar seguro de que nunca haría nada en contra de mis ex compañeros de trabajo, ¿te sientes más tranquilo ahora?-

-No es eso, es que se habla tanto, hasta en la reunión de arribada a este puerto se tocó el tema y han reforzado la vigilancia.- Yo lo miraba a los ojos y él trataba de escapar, el ritmo de los temblores se acrecentaba y sentí mucha pena por él.

-Mira, yo voy a hacer una cosa para que estés tranquilo, me voy a levantar y pagaré la cuenta en la caja. Voy a entrar a la estación del metro y me perderé allá adentro. Muy sencillo, regreso a mi casa nuevamente. Si algún día te acuerdas que tienes cojones entre las piernas y recuperas un poco de valor, ese día me vienes a ver de nuevo, pero mientras estés temblando como una yegua ni se te ocurra llamar a mi casa.- Me dirigí a la caja y pagué, en los segundos gastados en obtener el cambio miré hacia la mesa y allí continuaba sentado como un témpano de hielo. Pocos días después su mujer me llamó desde Cuba y le expliqué lo sucedido.

-Deja que llegue, yo me encargaré de él.- Yo la conocía bien y sabía quien llevaba los pantalones.

El barco tenía línea fija a Montreal y cada mes era muy normal enterarse que se encontraba atracado en un área aún activa del Viejo Puerto. Volví a recibir una llamada de él y lo invité a venir hasta la casa, ese día le preparé almuerzo y se notaba mucho más tranquilo que el viaje anterior.

-Tú crees que puedas llevarle una bicicleta a mi hijo, es para que la venda y se busque algo, ya sabes como está la cosa por la casa.-

-El problema es que ya hice un compromiso con un vecino de llevarle una y no puedo meterme en esa candela, ¿quieres mandar otra cosa?- Si las tenía, pero me dio mucha rabia oír aquella negativa sabiendo de los inventos que se hacen en los barcos. Aquel que ahora se negaba, había recibido ayuda mía en varios viajes, pero bueno, aquellas acciones fueron desinteresadas en su tiempo.

-No, no tengo interés en mandar más nada para allá.- Dos horas después partiría, viajes posteriores se limitó a llamarme desde casa de un socio que tenía aquí. Casi siempre lo hacía unas horas antes de largar los cabos y nunca tuvo interés por un nuevo encuentro.

-¡Oye! ¿Te enteraste de la última?- El que hablaba del otro lado de la línea era el mismo socio desde donde me llamara Juan Pirindingo en viajes anteriores.

-No tengo remota idea de lo que quieras decirme.-

-¡Compadre estás atrás! Que la jeva de Juan lo agarró en paños menores dentro de la casa con un amigo, el lío es que el tipo es cherna.- Tuvo que ser traumático, pensé por unos instantes, aquella mujer era todo un monumento, bellísima.

-No me asombra, no puedo decir que sea un tipo duro.-

-Pues tremenda candela se le formó al socio y hasta los vecinos se enteraron.-

-Esa es mala para él, no te olvides que el tipo tiene el carné del partido.- El socio de Juan disfrutaba mientras me relataba con lujos de detalles todos los acontecimientos. Uno de esos días llamé a la suegra de Juan, éramos grandes amigos desde hacía muchos años.

-¿Y no te enteraste del problema entre Juan y mi hija?- Me dijo la vieja a mitad de la conversación.

-No tengo idea mi vieja, hace rato que no lo veo, y cuando viene a Montreal siempre me llama unos minutos antes de partir.-

-No puedo creerte, yo no creo que él vaya por allá y no se llegue a verte.-

-Pues así mismo es, tal vez tenga miedo y yo le doy la razón, el único que puede perder es él.-

-Eso no me convence, bueno, el asunto es que Yamilé lo agarró con un macho en su casa, estaban en paños menores, debes imaginarte el golpe que recibió la pobre.-

-Eso no me sorprende mi vieja.-

-¿Pero tú sabías que era maricón?-

-Yo no sabía nada mi vieja, pero hay muchas cosas que lo delatan.-

-¿Cosas cómo cuales? La verdad es que no te entiendo.-

-Mi vieja, cosas de hombres. ¿Quién ha visto un macho revisando tanto la ropa cuando la van a comprar? Que si los ojales, que si la costura, que si patatín, que si patatán, eso es cosa de maricones. Fíjate, nosotros los marinos somos mujeriegos, yo nunca le he conocido una querida en todos estos años. Puede que sea por fidelidad a tu hija, pero es un caso muy extraño en nuestro mundo, más aún cuando estamos en puertos del interior.- Del otro lado de la línea mucho silencio, luego de varios segundos ella continuó.

-Es posible que tengas razón con esas observaciones, pero nunca me habías comentado nada.-

-¿Qué sentido tendría? Si me equivocaba perdía la amistad de todos ustedes, y bueno, las mujeres tienen mejor visión que los hombres para detectar estas cosas. No me explico cómo tu hija no se dio cuenta en tantos años de relación.-

-Así mismo es, nos engañó a todos. Ni te imaginas como se encuentra ella.-

-¿Cómo no voy a suponerlo? Tu hija es un monumento de mujer y le queda mucha vida por delante. En lo que he estado pensando mucho es en lo relacionado a cualquier escándalo, no quiero estar en su pellejo si se enteran en la empresa. ¡Imagínate tú! El socio es militante del partido y ya tiene el título de Capitán, se lo fuman completo, hasta el cabo.-

La conversación giró sobre temas familiares, la suegra del socio es de aquellas personas que no se han adaptado al sistema americano. Me dijo en varias visitas que ese "sueño" no existe, yo le respondo siempre que sí, solo que ellos llegaron muy tarde.

Pasado un tiempo llega mi familia, precisamente en esas semanas del arribo, lo hizo también el socio. Nos encontrábamos de paseo por la calle St. Catherine y mi hija le envió una nota al socio con uno de aquellos marinos. Al siguiente día lo teníamos de visita por la casa, yo me había mudado para un apartamento en una zona más alejada del puerto, y donde también existía muy remotas posibilidades de encontrarse con un marino. La conversación abarcó diferentes temas, he aprendido a escuchar, pero me gusta estudiar cada palabra que oigo, más aún cuando llegan de un cubano de la isla, por muy conocido que sea. Ese día hubo un pasaje que me llamó mucho la atención.

-El día anterior a la salida de Cuba recibiste una visita, ¿verdad?- Le preguntó el socio a mi esposa.

-Si, llegó un tipo en una bicicleta y se presentó como miembro del MININT.-Le respondió ella.

-¡Qué raro! Por mi casa había pasado en moto con el pretexto de pedirme una bujía.-

-Pues de moto nada, ¿y qué fue lo que te dijo?-

-Solo me preguntó por la dirección de tú mamá porque habían pasado por Alamar y le dijeron que partiste desde horas tempranas.-

-Está muy extraño eso, ellos conocen esa dirección de memoria, saben que vivimos allí muchos años.-

-¿Y para qué quería verte?-

-El tipo quiso dárselas de buena gente, pero el contenido de su mensaje decía lo contrario. Entre otras cosas que recuerde me dijo algo así; Dígale a su esposo que se mantenga tranquilo, nosotros sabemos que en estos momentos no está en nada, pero que no olvide que aún le queda a su hijo por aquí.- El socio dio un cambio brusco a la conversación, se dio perfecta cuenta de la atención que yo ponía al diálogo, ya sabía que había metido la pata.

En uno de sus viajes posteriores nos visitó acompañado de su maridito, cuando estuvimos solos le entregué una carta para mi hijo. Su buque tenía línea fija a Montreal y no era difícil tenerlo mensualmente entre nosotros.

-¿Le entregaste la carta a mi hijo?-

-No pude, tuve miedo y la rompí.-

-Nunca tuviste miedo para meter contrabando en el barco, sabes perfectamente el bulto que hacen diez cajas de tabaco. ¿Quieres que te crea de veraz? Por una carta que bien te podías meter en el culo, no jodas.-

Las pocas cartas que mandaba para la isla con todos estos socios, iban a parar casi siempre a Villa Marista. No son suposiciones, varias personas fueron llamadas a interrogatorios y desistí de escribir. Nunca más regresó el socio por Montreal, fue cambiado de barco después de aquel incidente. Viajé a Miami en varias oportunidades y nunca dejé de visitar a su suegra. Su hija continuaba viviendo con él, ella había olvidado viejos resentimientos y me hablaba maravillas de su yerno. El matrimonio le funcionaba de maravillas y al yerno le habían entregado un carro nuevo, ya su hija sabía manejar.

Socio Nr.5

Hacía más de trece años que no nos veíamos y la noche nos sorprendió en el portal de la casa de su hija. Allí, sentados frente a una mesita repleta de saladitos, acompañados por el croar de las ranas y ese canto molesto de los grillos, entre trago y trago, tratábamos de rescatar cada episodio de nuestras vidas. Reímos con temor a despertar a los vecinos, no recordamos que todos viven refugiados en ese silencio impuesto por el aire acondicionado. Fuera de ese mundo solo existíamos los dos y nos llamó la atención aquel cielo despejado, poco pudimos evadir viejos conocimientos de astronomía. Pudo ser un poco la curda, pienso, pero no estábamos borrachos, solo embriagados por los recuerdos.

-¡Compadre! Qué clase de metedura de pata la tuya antes de que yo partiera de Cuba.-

-¿Por qué me dices eso?-

-Creo que vas perdiendo la memoria, ¿no te acuerdas del día que te encontraste con mi mujer, y le dijiste que la habían visto conmigo por Santiago de Cuba?-

-¡Coño! Pero yo no tengo la culpa nagüito, eso fue lo que me había dicho un socio.-

-Tremenda candela me buscaste.- Ambos nos reímos, pero yo lo conocía bien y se lo leía en el rostro. Mi socio llevaba algo guardado en el alma que necesitaba soltar.

-Ni te imaginas la que pasé allá, nada de eso te podrá pasar nunca por la mente.-

-¿Me hablas de cuando te desterraron de La Habana?- Algo que para muchos resultaría increíble, pero después de estar hospedado en varias de las prisiones de Cuba, mi socio fue deportado hacia otra provincia.

-Si fuera eso, la última vez que estuve en Villa Marista perdí estos dos dientes.- Me mostró la prótesis que los sustituyeron, y si algo puedo decirles es que mi socio tenía una dentadura bellísima, envidiable.

-No me has hablado de eso.-

-Hubiera deseado que fuera en otro instante que no empañara este encuentro, ya estamos afuera y debo tratar de borrarlo.- Vi como se le aguaron los ojos.

-Sabes que conmigo no hay penas que valgan, suelta todo lo que tengas dentro.-

-La última vez que me agarraron fue la peor de todas, un día te contaré con detalles como es la vida dentro de Villa Marista. Desde que entras allí eres solo un número, nunca le observas el rostro a tus verdugos, casi siempre te mantienen con la vista fija a la pared cuando van a realizar algún movimiento. Puedes reconocerlos por la voz solamente, y te juro, tengo bien grabada la del tipo que me arrancó los dientes.-

-¿Cómo fue eso?-

-En un interrogatorio, yo diría que en una sección de tortura, porque nunca le vi el rostro a ese hijoputa. No puedes imaginar la cantidad de golpes que me dieron por las costillas, la espalda, y solo una pregunta. No creo que fuera una pregunta, era una orden a la que yo me negaba a cumplir y eso lo irritaba aún más. Parece que la paciencia se le agotó de tanto insistir y recibí un fuerte golpe por la cabeza, mi rostro chocó de frente con la pared y al instante perdí los dos dientes.

-¿Qué te preguntaban?-

-Primero me preguntaban si pertenecías a la CIA, luego quisieron que aceptara para vincularme contigo. Yo no les mentía, nunca supe en qué rayos andabas tú, no podía decirles otra cosa.-

-No sé de dónde habrán sacado esa historia, sabes bien que esa psicosis se vive desde hace muchos años. Para tu tranquilidad puedo asegurarte una cosa, yo nunca he pertenecido a nada desde que estoy en el extranjero.- No le mentía, no tenía razones para hacerlo con él.

-Siempre salía tu fantasma cada vez que me detenían, no tenía ideas de lo que pudiera estar sucediendo por acá, pero se ensañaron conmigo. Estaba pagando por todos tus actos, por los que yo pensaba estabas realizando. En muchas oportunidades estuve a punto de desfallecer y aceptar por algo desconocido. Ya te habrá contado mi hija cómo me encontró, ¿te imaginas llegar a pesar ciento diez libras con esta estatura?-

Las manos le temblaban como nunca y no dejaba de llorar, tuve que hablarle fuerte para que regresara. Me lo encontré destruido moralmente, aquel hombre que compartió tantas aventuras en la isla había perdido su alegría y deseos de vivir, su hija estaba muy preocupada. Volví a visitarlo al año siguiente, era otro, regresaba aquel que conocí.

Creo que me equivoqué, éste no clasifica como socio, hablo de uno de mis mejores amigos, uno de los dos que tuve en Cuba, el otro se encuentra allá, cautivo.

A veces siento que corro tratando de escribir todas estas páginas que pertenecen a la vida de mi pueblo, quisiera disfrazarlas, envolverlas en estuches perfumados repletos de poesía, me resulta imposible. Veo tanta miseria a mi alrededor que la prosa no resulta fácil, me agota, me revuelca en la mierda de mi pasado, en esa niebla que opaca la vista y la memoria. Busco y no encuentro lo que fui, lo que fueron mis amigos, mi gente, mis vecinos. Hallo rostros desfigurados por la hipocresía, falsos, vanos, y aún así conservan la misma sonrisa, mueca incomprensible para el que no haya nacido allí. Mi mente y espacio se llena de "socios" que comieron de mi plato, bebieron en mi mesa, y un día, sin pensarlo dos veces levantaron su mano para hundirme. Siento espanto cuando recuerdo que esquivaron la mirada, gracias a Dios por regalarnos la posibilidad de penetrar por ella hasta el alma, varias veces me salvó de traiciones. Trato de olvidarlos, como olvidaron también a mi familia que deserté, pero me persiguen como fantasmas de mi pasado, unos muertos, otros allí, levantando aún sus manos.

Sueño que todo desaparecerá, que la jaula se abrirá, andarán con miedo los primeros días, creerán que es imposible volar. Llegará gente nueva, odio mencionar al "hombre nuevo", seres como los que conocí alguna vez. El guajiro que ame su tierra y un pueblo que no quiera escapar de su pueblo. Vendrá quien te mire a la cara sin miedo, quien sepa hacer uso de la palabra y se considere su dueño. Entonces, cuando nuestra tierra esté limpia de todo el odio con la que fuera anegada, y enterradas todas nuestras vergüenzas por haberla arruinado. Ese será el día más feliz de todos los que habiten en ella, regresará el amor como una golondrina que estuvo perdida, y podrán llamar sin susto al amigo, amigo, y al hermano, hermano. Desaparecerán los "socios", dejaremos de ser una "corporación".

Viernes, 28 de Mayo del 2004

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