Cuba es un cuento, compay

El viaje que tumbó Jesús

-¿Se enteraron de la pira de Jesús? Solté la pregunta al aire sin saber las posteriores consecuencias. No recuerdo a quién andaba visitando en Párraga ese día, mi recorrido en ese barrio era bastante amplio y no me encontraba aún afectado por el síndrome del salitre y la lejanía. También, otras de las razones por las que dejamos de frecuentar a nuestros amigos y de lo que nadie comenta, era ese constante asedio de peticiones como si tú, ganando solamente $0.75 centavos diarios, podías resolverle el problema a todo un país cuando no alcanzaba para el de tu propia familia. ¡Qué falso eres! Te disparaban a boca de jarro en cualquier parada de guagua cuando coincidías con cualquier conocido.

Siempre me bajaba en La Curva y caminaba por San Agustín hasta Estela. Felicito Valdés Amable vivía en esa calle, no recuerdo si antes de llegar a Isabel, creo que sí. Allí hacía una media prolongada conversando con la vieja y sus hermanos. Aquella visita fue fatal, me enteré que uno de ellos se había ahorcado en la propia casa. Alí, un perro que llevamos para su casa cuando nos desmovilizamos del Servicio Militar Obligatorio, permanecía amarrado en el patio y se convirtió en una verdadera fiera, no me reconoció y estaba demasiado agresivo. La vieja era un pan de dulce, siempre tratando de organizar el nido de su retahíla de hijos, todos machos.

De casa de Felicito yo continuaba por toda Estela hasta Carlos y allí doblaría nuevamente a la derecha, esa era mi cuadra y me demoraría un poco más que en la anterior visita. Pasaba por casa de Alfredo y compartía bromas con todo el mundo, allí fue donde me celebraron la fiesta de despedida para el Servicio Militar en el primer llamado. Si había alguien en el número 28 tocaba y dedicaba otros minutos, allí viví yo, pero nunca encontré a nadie. Saltaba a la acera del frente y pasaba unas agradables horas con Pancho y Olga. Coincidí varias veces con la presencia de Gladys, aquella nieta que fuera el amor secreto de mi infancia. Lograba regresar al pasado y rescatar momentos felices de aquella edad, luego me perdía nuevamente por esa calle que lleva marcada las plantas de mis zapatos. Bajaba hasta donde Carlos termina y doblaba nuevamente a la derecha, allí nacía la calle José Miguel y a pocos metros del arroyo una cuartería donde pasé muchas horas siendo niño. El primer apartamento es el único que posee portal, los demás se perdían en un profundo pasillo. No recuerdo exactamente cuántos vivían en ese apartamentico de un solo cuarto, varones eran cuatro Pastor, René, no me acuerdo si el tercero era Lorenzo y el más pequeño se llamaba Mario. ¿Hembras? Eran varias y bellas todas. Esther era la mayor y ya no vivía en aquella prisión. Mary fue la esposa del hermano de mi padrastro y razón por la que llegara hasta aquella humilde casa, luego se convirtió en ese amor enfermizo de mi juventud. Alicia era la más aristocrática de todas, bajita de estatura y muy elegante al vestir. Elena fue mi primer amor mudo, aquel donde amas y tienes miedo manifestarlo. Le seguía Mercedita, una chica que despuntaba con bonito cuerpo y muy parecida a Mary. O sea, contando a la vieja, una señora de carácter muy dulce y cariñosa, estamos hablando de nueve seres humanos viviendo en un apartamentito de un solo cuarto.

Estando en el exilio mandé a una amiga para que los visitara y la vieja se encontraba viva y lúcida, se acordó perfectamente de Estebita. Todo el tiempo que pasaba con ellos era gastado entre bromas, nunca los vi pelear pero no descarto hayan sido repetidas esas situaciones en el estado de hacinamiento que vivían.

-¿Se enteraron de la pira de Jesús?

-¡Nooooooooooooooo! Fue la respuesta colectiva y me asusté. -¿Qué estás diciendo? Preguntaron casi todos a la vez y tuve deseos de cambiar la conversación, pero era demasiado tarde, había metido la pata. Mis cálculos salieron mal, ya habían transcurrido unos quince días desde nuestro arribo a La Habana y supuse la familia tuviera noticias de aquella deserción.

-¡Jesus tumbó el caballo en Santander! Respondí entrecortado.

-¡No te creo!

-¡No puede ser!

-¿Con lo comunista que era? ¡Eso es falso!

-¡Qué tumbó, cojones! Estábamos estudiando en el mismo barco.

-¡Jajajajajajajajajajaja! La risotada fue colectiva y en eso entró una negra.

-¿Qué están celebrando?

-¡Jajajajajajajajaja! No se detenían y hasta la negra compartió un poco de aquella repentina alegría.

-¡Qué Jesús se quedó! Logró decir una de ellas aún faltándole el aire.

-¡No puede ser que el camarada haya traicionado, eso no lo creo! Dijo la negra cuando otras de las presentes lo confirmó. Escuchando aquello salió volando de la casa y sentí mucha preocupación por aquella indiscreción cometida.

-¿De verdad que Jesús era tan comecandela? Pregunté con cierto aire de ingenuidad, yo conocía muy bien a su familia desde antes del 59, pero hay detalles que siempre escapan a nuestros conocimientos.

-¡Mira, muchacho! Dijo una de ellas. -¿Te acuerdas de Nelson?

-¡Claro que sí, y de Esperancita su hermana!

-Dicen las malas lenguas, Nelson era mala cabeza. ¡Ya sabes! Con algunas desviaciones ideológicas, como las de cualquier joven. ¡Pues, qué te cuento! Jesús se convirtió en un verdugo para Nelsito con ese lío de la revolución. ¡Lo tenía loco con sus constantes amenazas hasta ese día!

-¿Qué día?

-¿No sabes nada?

-¡No!

-Nelsito trabajaba en un barquito de pesca donde bajan dos hombres en un bote y de buenas a primeras le dijo a su acompañante; ¡Oye, pal agua que voy echando! Hasta el sol de hoy.

-¡Cojones, qué noticia!

-¿Y tú no pensaste?....

-¿Cómo voy a imaginar algo? Jesús era el secretario Ideológico del comité de dirección de la Unión de Jóvenes Comunistas a bordo. O sea, tenía subordinado a unos diez comités de base por la cantidad de tripulantes que estaban enrolados en esa nave. Era más comunista que Lenin y todos le temían, hasta yo que lo conocía desde la infancia. Terminando de decir aquellas palabras se abrió con violencia la puerta de la sala y entró Esperancita, la hermana de Nelson y Jesús. Era una hermosa rubia cuyo rostro estaba transformado en el de cualquier fiera, rojo como el tomate y a punto de estallar como una olla de presión.

-¡No te permito que estés difamando de mi hermano! Jesús es militante comunista, cederista a todo dar que nunca faltó a una reunión y menos a sus guardias, es miliciano desde el ataque de Girón. ¿Cómo carajo vienes a difamar de mi hermano? Luego se detuvo y estalló en lágrimas. Era cierto que no había recibido noticias de su deserción y yo me preocupé por adelantarme a las vías oficiales. Salí de aquella casa con mucha preocupación por mi futuro. ¿Quién sabe? Tal vez Esperancita se encuentre también en Miami y Jesús haya sido uno de aquellos que descubrió el éxito del uso de la doble personalidad. Estoy hablando del año 1973.

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