Cuba es un cuento, compay

Carta a un marino cubano

Amigo.-

Permíteme llamarte así aunque no lo fuéramos, sabes perfectamente que nunca lo fuimos y que esa palabra fue vetada entre nosotros hasta desaparecerla de nuestro vocabulario. Creo más bien que fuimos "socios" con los limitados beneficios que significan esa palabra, poca lealtad, sinceridad, solidaridad, etc.

Me dirijo al hombre de mar, al ser valiente que tantas veces arriesgó su vida en medio de galernas, ciclones, nieblas, guerras. Hablo con el individuo que amó su profesión y le dedicó una parte muy importante de su vida. Me robo algo de tiempo para conversar con alguien que supo ocultar sus miedos o temores en presencia de olas monstruosas. No te avergüences, sentir miedo no es de cobardes, es una reacción de cada ser humano ante el peligro, una lucha interna por la supervivencia. Dirijo estas líneas al individuo que una vez puso su vida en un terrible juego de azar, tómbola manipulada por un solo dedo caprichoso y que te situó donde nunca hubieras querido estar. Escuchaste el rugido de aviones y te estremeciste luego de su paso con verdaderas detonaciones, millones de seres no saben de lo que hablo y solo las han consumido en películas.

Hablo con aquella persona sometida a esa cruel constante protesta de sus tripas, sin tener dónde aliviar o apagar el molesto ruido. Consolado tal vez y por escaso tiempo con un vaso de agua con azúcar y la mirada perdida en ese infinito, lejano y siempre desesperado horizonte. El hambre en esas circunstancias no puede aliviarse con el azul del océano y cada vez que la sufrías a miles de millas de distancia de tus playas, te llegaba un ¿por qué? que nadie respondía.

Le dirijo este panfleto al profesional que amó su nave y profesión, al que se casó con ella y convirtió al mar en la mejor de sus amantes. También al que no pudo asistir a una escuela y corría por cubierta arrastrando una defensa cuando el barco iba a atracar. Lo hacía con todo el amor del mundo para evitar se dañara el casco de su buque en esos golpes que ocurren durante esas maniobras. Hablo del sujeto que se empinaba como un papalote para engrasar toda la jarcia, pintar los palos o chimeneas. Chimenea de la que un día se sintió orgulloso y se empeñaba mantener reluciente aquella mano que empuñaba un machete. Era bella y distinta a las demás, podías distinguirla a millas de distancia o entre centenares de buques surtos en cualquier bahía. No puede negarse que todos nos sentimos muy engreídos al transportarla en nuestras naves, nuestras digo porque nos hicieron creer que éramos sus propietarios.

Permítanme unas líneas a mis enemigos, que no lo fueron míos en realidad, eso les hicieron creer. Me refiero al chivato que siempre estuvo pendiente de cada una de mis palabras y luego las llevaba al seno de su partido. Sirvan de paso a quienes me conocieron y se han dejado convencer que yo trabajaba para la seguridad del estado. Los perdono aunque sean escasos de mente o pendejos, lo hago porque eso mismo trataron de hacerle creer a mi familia. Hoy, veinte años después de mi deserción, escucho claramente las palabras que mi hijo, menor de edad, me dijo por teléfono. ¡Pipo, prefiero saberte muerto a que trabajes para esta gente! Por ese motivo los perdono, poco importa si me conocieron a través de sus padres cuando eran unos niños.

Siento la imperiosa necesidad de escribirle a ese grupo de incompetentes ascendidos por su incondicionalidad al régimen, ya saben quienes son, muchos de ellos colaboraron en la destrucción de sueños. Algunos están acá y otros no lograron escapar, siempre viviendo con la esperanza de que todo iba a cambiar, y cambió, no lo dudo, solo que fue para mal.

Deseo dedicarle unas palabras al que fue bandolero y puso en peligro su libertad para sacar o meter su contrabando. Al promiscuo, al borracho, al tarrúo, al pacotillero. Al depredador que luego se robó las pertenencias de nuestras naves, quiero referirme a todos, porque todos fuimos parte y testigos de un fracaso.

Durante dos décadas, el gobierno cubano se ha empeñado en tender una cortina de silencio sobre lo que fuimos, aparentemente nunca existimos, ni nosotros, ni aquellas majestuosas flotas de las que tan orgullosos nos sentimos formar parte. Hoy, un reducidísimo grupo de hombres, se incluye a individuos que nunca formaron parte de nuestras flotas, se encuentran empeñados en el rescate de toda información que ayude a la construcción de lo que sería su historia.

Permítanme decirles que siento cierta vergüenza de algunos de los valientes hombres que conocí en nuestro giro, es una verdadera pena. Yo, como nadie, comprendo sus miedos. No todos están dispuestos a "ensuciarse" por mantener vínculos conmigo u otras personas bien identificadas públicamente por sus posiciones políticas. No es nada nuevo, así se comportaron cuando aún vivían en la isla. No crean que no lo comprenda, no es una tarea muy sencilla despojarnos de nuestros miedos. Peor aún, sé perfectamente que muchos de ustedes están regresando a la isla, y créanme, no me importa. Todo el mundo conoce la existencia de ese cabo que se encuentra atado a los testículos de cada cubano en el exterior y que muy pocos son capaces de soportar el dolor cuando el gobierno tira de él. Solo que esta vez, el miedo experimentado ante la peor galerna o países en estado de guerra, se minimiza y rinde ante la posibilidad de perder una visa. Nada de eso es importante para mí y dejo la sentencia de sus actos al juicio de sus conciencias. No les reclamo a algunos por ese alejamiento de mi persona, como he manifestado en muchas ocasiones, viviendo en la isla solo tuve dos amigos, los demás eran 'socios" con los beneficios que significa esa palabra.

Me he tomado el tiempo y molestia en redactar esta carta por una sola razón, el tiempo se nos acaba a todos, nadie es inmortal. Poco importa si se encuentran en el extranjero o en la isla, marinos fuimos todos y cada quien se encuentra representado en el arco iris descrito en esta carta. Solo deseo llamarles la atención, la única manera de construir nuestra historia, es con el valioso aporte de cada uno de ustedes, sus verdaderos protagonistas. Tampoco debe considerarse una demanda con carácter obligatoria, debe interpretarse solamente como una sugerencia. Existen infinitas formas de hacernos llegar esa información que posees, historias, fotos, etc. Si aún sientes miedo y no quieres identificarte, esos datos se pueden enviar de manera anónima.

Ya les dije que el tiempo se nos acaba y es una verdadera pena que todo eso que vivieron y saben, se marche con ustedes a la tumba. A corto plazo no ocurrirá absolutamente nada, pasado un tiempo, la verdad tendrá que salir a flote, no lo duden. Será entonces cuando sus hijos y nietos comiencen a cuestionar sus existencias, ese día llegará. Creo deba resultar doloroso el juicio final, el alejado de todos los vicios que siempre conducen a un poder divino y sobrenatural. Me refiero a la condena que recibirán por parte de hijos y nietos, todos coincidirán en un solo punto cuando arriben a la verdad. ¡Mi padre o abuelo fue un cobarde! Tú eliges.

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