Cuba es un cuento, compay

Todos los cubanos son emigrantes económicos

Lo conocía desde hacía solo unos días y para serles franco, no me simpatizó desde la primera oportunidad. Para tratar con cubanos acabados de llegar de la isla hay que tener una inmensa reserva de paciencia, no es sencillo lograr comprenderlos. Cuando los escuchas exponer cualquier argumento, viajas involuntariamente hasta una nave espacial y los observas descender. Pocos minutos después de ese aterrizaje, no tienes duda alguna de encontrarte en presencia de un extraterrestre. No debo ser injusto, existen muchas excepciones.

Mi antipatía nace cuando el individuo, solo unos minutos después de la formal presentación, muestra unas cartas credenciales que resultarían objeto de admiración para cualquiera que no naciera en nuestra tierra.

-Yo gano unos dieciséis mil dólares mensuales! Expresó sin nadie preguntarle por su oficio, profesión o estado económico. Creo más bien, fue una carta de presentación utilizada en planes de conquista.

Coincidimos en la casa de una atractiva mujer a la que yo le había terminado un trabajo, una hermosa mujer. Estos seres, me refiero a los que utilizan como arma cierto bienestar económico y hacen alarde de él con la finalidad de distinguirse entre los demás o, simplemente conquistar a una mujer, yo los considero unos infelices miserables. Unas veces provocan lástima y en la mayoría de los casos un asco terrible. Son repulsivos en términos generales y carentes de las bondades otorgadas por la naturaleza al más humilde de los hombres.

-¡Síiiii! ¿Y qué haces? El tono asombroso salió muy falso y la pregunta realizada para cumplir vagamente con el protocolo. No me importaba en lo absoluto la vida de aquel idiota.

-Hago cosas que se emplean en la construcción, ¡claro!, de manera artesanal, el gobierno no le asigna materia prima a los nuevos "empresarios" y nos vemos obligados a "luchar", inventar, reciclar algunos productos plásticos, etc. La mayoría de nosotros conoce perfectamente el significado de esa palabrita tan usada en la isla, "luchar" incluye de un modo u otro cualquier tipo de robo. Por el magnánimo de su tono y enfoque, no dejaba mucho espacio a las dudas, se esforzaba en hacernos comprender de manera concluyente, que el resto de los presentes se hallaba compartiendo con un importante "empresario". Bueno, al menos él se considera así.

- Y ahora que mencionas "reciclar plástico", ¿pudieras ilustrar un poquito esa parte? Es que no comprendí muy bien. Le mentía con el propósito de escucharlo decir otras tonterías.

-¡Sí! Bueno, ya sabes, yo les compro las botellas y otros envases plásticos a personas que viven de eso, me refiero a recogerlas. ¡Claro! Ese proceso de reciclamiento en el caso del plástico es muy limitado. Agregó y no me interesó profundizar en el tema.

-Muy bien, te felicito. Disfruta esta oportunidad que ha puesto la vida en tus manos, ¡hazlo!, es muy transitoria y volátil. Mañana las cosas pueden dar un giro de ciento ochenta grados y no quiero pensar que deberás hacer con esas cosas que fabricas. Tenía deseos de decirle: ¡Mira, idiota! Te voy a llevar hasta Home Depot para que observes las cantidades, diámetros y longitudes de esas cosas que hoy fabricas artesanalmente. Esas cosas que hoy te engrandecen y distinguen ante millones de muertos de hambre en la isla, son fabricadas por industrias especializadas y cuentan con certificados de calidad y garantías. ¿Sus precios? Al alcance de cualquier bolsillo y disponibles todo el año. Su encubierta arrogancia me obligó a viajar hasta la isla y verlo sentado en cualquier bar o restaurante con alguna chica haciendo alardes de ser un "maceta". Solo así, estos infelices de cuerpos nada atractivos, pueden llegar a disfrutar de aquellas muchachitas hambrientas. Quizás me equivoque, pero la experiencia de haberlos conocido en su terreno no me podía traicionar. Pidió permiso para ir al baño y a su regreso continuó su aventura.

-Yo soy de la opinión que todos los cubanos en el exterior son "emigrantes económicos". Lo dijo con mucha seguridad, supuse estar frente a un hombre de vasta experiencia para expresar aquella boludez con tanta convicción. Tuve que contar hasta cien varias veces y rogarle a Dios por una cuota extra de paciencia.

-¿Haz viajado mucho? Ya el tono de mis palabras se escuchaba saturado de ironía.

-¡No! Es la primera vez que salgo del país.

-¿Y cómo lograste llegar a Canadá?

-Como ciudadano español. Respondió alguno de los presentes que acudió en su ayuda y suponía lo que venía detrás.

-¿Qué edad tienes?

-Treinta y tantos. No recuerdo con exactitud, pero creo andaba en la mitad del camino para llegar a los cuarenta.

-¿Sabes cuántos países yo he visitado?

-No tengo idea.

-Él era Oficial de la marina mercante. Intervino la misma voz que había acudido en su ayuda unos minutos atrás.

-¡Te lo diré! Estando en la marina visité cuarenta y nueve países, si le agregamos otros tres a los que he ido como "turista", estamos hablando de cincuenta y dos en total. ¿Me equivoco? Como puedes observar, es una cifra bastante elevada de países de todo género y distribuidos en diferentes continentes. Visité los más ricos y desarrollados, también los más pobres y subdesarrollados. Conocí guerras, dictaduras, etc. ¿Sabes algo? Yo nunca tuve intenciones de abandonar la isla, lo hice porque tuve muchos problemas allá que no vienen al cuento. ¿Y por qué, no? Para regalarle a mis hijos y nietos un país donde un día pudieran alcanzar sus sueños. Yo no soy un "emigrante económico", ¿qué edad me dijiste que tenías?

-Treinta y cinco. Ahora fue más clara su respuesta y mi mente comenzó a elaborar una simple cuenta.

-O sea, si a tu edad le restamos los veinte años que llevo en Canadá, se comprendería fácilmente que tú tendrías unos quince años, ¿cierto?

-Así mismo es.

-Y si a esa edad le restamos unos veinticuatro años que estuve en la marina mercante, podemos llegar a la conclusión de que cuando yo me encontraba navegando, tú aún no te encontrabas entre los espermatozoides conservados en los testículos de tu padre. No quise humillarlo, pero sentí muchos deseos de decirle que cuando él era un simple guajirito embarrado de fango y mierda de vacas, yo era uno de los pocos afortunados que había salido por la boca de El Morro, pero eso se apartaba del tema en cuestión. ¿Quieres que te de un consejo?

-¡Tú dirás! No creo le importara mucho, resultó muy vaga la respuesta, tampoco me interesaba mantener aquella absurda conversación con alguien tan infestado como él.

-No se te ocurra manifestar eso donde se encuentre un grupo más amplio de cubanos, no puedes meter a todo el mundo en la misma bolsa. Yo no salí de la isla por problemas económicos, mi salario andaba entre los setecientos y ochocientos cincuenta pesos mensuales, todo dependía del viaje. ¿Sabes cuál era el salario de un médico? Yo te lo respondo, eran doscientos treinta y un pesos mensuales. ¿Sabes cuál era el de un ingeniero? También te lo voy a responder, ellos ganaban entre trescientos y trescientos cincuenta pesos. Como puedes comparar, yo ganaba más que dos de ellos y tenía mi apartamento amueblado por encima de la media nacional. No me faltaba nada. El tipo escuchaba sin decir esta boca es mía, sabía perfectamente que había metido la pata y se hacía eco de toda la propaganda gubernamental, la única que podía consumir en la isla. Tuve deseos de decirle muchas cosas más, pero era perder miserablemente el tiempo, no era mi propósito convencerlo, no lo lograría. Él estaba convencido ser un "empresario", era feliz a su manera, un turista. Yo soy feliz a la mía.

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