Cuba es un cuento, compay

Una sección de Esteban Casañas Lostal

Ponía un ejemplo una famosa periodista española, sobre la diferencia que existe entre los españoles y el resto del mundo, decía que si a alguien le atropellaba un coche y a éste le fracturaba una pierna, el herido exclamaba: "¡¡¡Dios mío, me he quedado sin una pierna!!!!, mientras que el español diría: "Buffff, menos mal que no me ha fracturado la otra".

Esta periodista hablaba desde el conocimiento de haber estado de corresponsal siempre fuera de España, pero estoy seguro que su corresponsalía nunca se encontró en Cuba, porque si fuese así, sabría que el cubano es exactamente igual que el español en éste y en otros muchos aspectos, como puede ser el poseer el suficiente sentido del humor para reírse de sus propias desgracias, y ese es "mi hermano" Esteban,… ESTEBAN CASAÑAS ES CUBA, la auténtica Cuba sin muchas florituras, con sus grandezas y sus miserias, con sus lágrimas y sus risas.

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Sugerir la lectura de la obra de Esteban, es sugerir un viaje a Cuba a través del espacio y del tiempo, un viaje al recóndito interior del corazón de la cubanidad; un viaje mágico a ese país que lo parece, pero que no es un cuento.


Monumento a la jinetera desconocida

Murió Celia la hija de Victoria, si la memoria no me traiciona, ella debió ser la séptima en el orden de los hijos paridos por su madre. Todos eran de diferentes colores, unos con pelos lacios envidiables, otros rizados y los más atrasaditos lo tenían encaracolados, ese que en el patio señalan como "pasa", pero muy noble ante el peine, nada rebelde.

Victoria fue muy agradecida con la revolución y bautizó a sus últimos hijos con nombres de mártires cuando la rescataron de lo que ella consideraba una tragedia. Tampoco fueron bautizados por la iglesia como puedan interpretar, ya para esas fechas gobierno y clero eran ácidos enemigos. María, Carlos, Arturo, Luís, Mirtha, René, Celia, Camilo, Fidel, Haydee, ninguno guarda parecido entre ellos y todos comentan, con mucha razón, eran de padres diferentes.

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Contando hasta cien. ¿Qué es una revolución?

-No sé qué haces por acá. No le prestaba mucha atención entonces. El auto se deslizó unos siete metros luego de aplicar el freno a tope. Un ligero susto hizo que concentrara la mirada en los autos que esperaban por la luz verde en la avenida perpendicular. Por suerte, la mayoría de los conductores se toman unos segundos más antes de poner sus vehículos en marcha. Debía reducir la velocidad, cuarenta kilómetros por hora eran demasiados para las condiciones actuales. Hacía solo dos horas que estaba lloviendo hielo y todas las calles de la ciudad se convirtieron en una pista de patinaje, agravada la situación por la nieve caída dos días atrás. Ésta es la etapa más difícil del otoño, llueve, nieva, cae hielo. Luego, cuando las temperaturas descienden hasta saltar por debajo de los treinta, todo se torna normal y la gente se adapta a su vida de pingüino.

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Cotorrita

Son frecuentes las fotos de turistas cubanos al lado de la estatua del "Caballero de Paris" en La Habana Vieja y con esa misma frecuencia que las veo, practico una especie de auto trepanación. Busco entre las gavetas de mi mente y no encuentro a ese hidalgo caballero de la realeza francesa caminando por ese barrio habanero. Está bien que los extranjeros sean emboscados con estatuas de Lady Di o con la de Juanito Lenon después que despotricaron tanto de ellos, pero que sean cubanos los que caigan tan fácilmente en esas trampas.

¡Puede que sí! Puedo estar equivocado en mis apreciaciones y veinticuatro años pisando esas calles me hayan traicionado. Es posible que ese eterno gitano o nómada criollo, disfrazado de mosquetero, anduviera por las mismas aceras durante mis ausencias, todo es posible.

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Amor en el ocaso

Cuando el amor llega tarde es mal visto, puede ser considerado inmoral, como si los viejos no tuvieran derecho a amar o ser amados. Todo es incorrecto y hasta ridículo. No se te ocurra nunca contar un sueño, describir un rostro, cuerpo o figura. Besar es rancio, debe serlo también los labios que se besan. Babosos, dirán algunos, hasta envenenados de mal aliento. ¿Una erección? Ridículo, pecaminoso, falso, pura comedia. Así nos juzgarán a los viejos, y a los que no lo son tanto.

¿Qué desean para nosotros? La tranquilidad de un sillón asignado como cualquier trono, hasta la muerte llegue. Luego, solo unas horas después, arderá su madera como aquellos Ninots que no fueron premiados. Sobrevirá uno de ellos, después, correrá la misma suerte el día que moleste su existencia, cada viejo tiene su Falla. Un poquito más tarde, solo un poco, dichoso el que sobreviva a los dominios de ese aparatico que ha sustituído nuestros rostros, voces, sentimientos, corazones y también a la familia, seremos pocos los afortunados.

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Pupa está transmitiendo en vivo

¡Qué sorpresa! Hacía muchos años que no sabía de ella y la hacía muerta. La última vez que la vi estaba muy maltratada, y les cuento, aun no existía ese Periodo Especial. No era necesario, Pupa arrastraba todas las calamidades vividas por nuestros esclavos, es negra. ¿Quién iba a decirlo? Tampoco crean que resultó muy fácil identificarla, nada de eso, sigue siendo fea, aunque ahora se encuentra rejuvenecida. Bueno, tampoco me creí la imagen de su techo, tiene que ser una peluca porque Pupa era peloncita. ¡No digo, yo! Las veces que la vi pasarse el criminal, que en aquellos tiempos no era eléctrico. Recuerdo que lo calentaban en un reverbero y cuando estaba listo, se lo pasaban usando aquella vaselina sólida de marca desconocida, algo verdosa.

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Cadena perpetua pal que diga mentira, ¡coño!

¡Que no lo dije yo, carajo! Lo dijo Abelito Prieto, el hermanito de Pinocho. Su padrecito no se llamaba Gepetto, creo que no sabía ni timbales de carpintería. Todo lo contrario, desde que vio la luz del día se acabaron los muebles. Pues dijo Abelito, con su nariz estirada como la de Pinocho, que le daría cadena perpetua a todo el que dijera una mentira. Aparte de la madera se joderá el acero, porque miren que se necesitarán eslabones y grilletes, se jodió la construcción de la placa en casa de mi tía. Dime tú, si para cada mentiroso hay que fabricar una cadena, no se podrán elaborar las cabillas.

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Esmirdo Rodríguez, últimas singladuras.

Siempre escribí su nombre con 'l', tiene que haber ocurrido por ese vicio propio de los cubanos en no pronunciar la "r". Lo he mencionado en varios de mis trabajos porque ha formado parte de mi historia como marino. Luego reviso todo lo que he escrito sobre mis compañeros de profesión y encuentro que excluyendo un solo caso, todos son temas de homenajes póstumos.

Al día siguiente de mi primer viaje a Miami en el año 1994, le pedí la guía telefónica de esa ciudad a mi tío.

-¿A quién piensas buscar? Preguntó el viejo, algo majadero, pero tolerable aún.

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El hombre que se creyó inmortal

Su cuerpo descansaba frío y había adquirido el color de cualquier vulgar cadáver. Despojado de su uniforme y chaleco antibalas, adquiría matices casi humanos, los mismos que un día disfrutara aquel viejo caminante que no era de Paris y fue conocido en toda La Habana. Sin escolta que velara por su despojos, aquella figura, aún muerta, mostraba la invalidez de cualquier niño indefenso que clama por la presencia de su madre. Restos de su arrogancia sobrevivían a su muerte, y aquel temor que causara con su sola presencia, comenzaba a apagarse como le sucede a cualquier vela.

Había perdido la noción del tiempo transcurrido dentro de esa cámara, su espíritu, encerrado junto a él, permanecía casi congelado esperando por el destino que le asignaran. Oscuridad y silencio, serían las peores condenas a las que fuera sometido por más de medio siglo de existencia. Aquella ausencia de plazas llenas de banderitas agitadas y altavoces que retumbaban una ciudad entera, iban desapareciendo en la medida que navegaba por un estrecho túnel con una lucecita al final, fin que nunca pudo alcanzar y moría remordido por la intriga.

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Un bistec para el Práctico

- ¡Adelante! Casi gritó ante los insistentes toques en la puerta de su camarote.

-Buenos días, Capitán. Saludó el visitante una vez adentro, era un hombre de figura estrafalaria que vestía un delantal embarrado con gotas de sangre, como si hubiera terminado de cometer un asesinato. Llevaba puesto el gorro de cocinero establecido por el reglamento, una especie de butifarra plisada que se ampliaba en el tope y debía tener la figura de un ridículo hongo. Solo que esta vez se negaba a mantener el equilibrio y estaba más inclinada que la Torre de Pisa. En sus manos cargaba un diminuto paquetico y no logró despertar la curiosidad del Capitán, quien tampoco apartaba los ojos de un montón de panfletos entregados hacia unos momentos por el Primer Oficial.

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La Pequeña Habana

Miami es una ciudad joven, creo que cumplió unos ciento cuatro años encontrándome allá. A su juventud debe su escasa historia, eso nos pasa a los humanos también, solo que en su caso el rol jugado por los cubanos ha sido importantísimo, allí han crecido varias generaciones de los nuestros. Sin embargo y muy a nuestro pesar, la historia, la muy corta historia de esa ciudad, adquiere notoriedad a partir de los éxodos producidos después del año cincuenta y nueve. Nadie dice o explica el por qué, una corriente de aire embriagador duerme a todo este continente y mira con desprecio a esa masa humana que arriba a las playas de lo que fueran manglares, ciénagas y feudos de cocodrilos.

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El Capitán Chocoleito y la Emulación Socialista

Si no fuera por lo bruto que era, yo hubiera pensado que se trataba de un agente de la CIA, pero estaba obligado a descartar esa loca idea, Chocoleito era militante del partido comunista. Me cayó mal desde que arribó al buque y estacionó su viejo Fiat al lado de la escala real. Tampoco comprendo por qué no había aduanero en ese muelle, estábamos atracados a un costado de la termoeléctrica de Regla. Sin piedad alguna y sin habernos sido presentado a la tripulación, Chocoleito bajó con el "portafachos" sobrecargado, por la tensión de los tendones de su mano derecha, pude comprender que estaba pesada la carga de su interior. Sansonetti nunca imaginó que aquellos pequeños maletincitos, diseñados para transportar folios, tuvieran un uso tan diferente al de sus propósitos, ¡mira que cargaron "fachos"!. Es muy probable que estuviera repleto de botellas de ron Havana Club, se lo llevaban por cajas a los capitanes para uso de representación. Aunque trató de ocultarlo envuelto en un trozo de papel kraft, se llevaba también una pierna pequeña de puerco, como ese papel era bastante grueso se desdobló y dejó a la vista un pequeño hueco para que yo viera, "accidentalmente" como el Capitán del barco se robaba algo que era de consumo colectivo. Su jeva, una trigueña monumental, llevaba también las manos ocupadas con otros productos "decomisados" a la tripulación, todas estibadas correctamente en una bandeja que perdería su camino de regreso a la nave.

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